{"id":2074,"date":"2020-12-05T19:34:58","date_gmt":"2020-12-05T17:34:58","guid":{"rendered":"https:\/\/donoso.es\/?p=2074"},"modified":"2020-12-05T19:50:21","modified_gmt":"2020-12-05T17:50:21","slug":"espartero-su-pasado-su-presente-y-su-porvenir-3-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/donoso.es\/?p=2074","title":{"rendered":"Espartero. Su pasado, su presente y su porvenir 2\/5"},"content":{"rendered":"<header>\n<h2 class=\"ac c4 k5\" style=\"text-align: center;\">II<br \/>\nCuatro a\u00f1os de emigraci\u00f3n<\/h2>\n<\/header>\n<p>Si el movimiento de 1843 despoj\u00f3 a\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0de la regencia, no pudo despojarle as\u00ed de su popularidad: si arranc\u00f3 el poder de sus manos, no le quit\u00f3 ni pudo quitarle su gran importancia, edificada sobre gloriosos antecedentes: si pudo, en fin, proscribirle, no pudo borrar su historia ni sofocar el eco que en toda la Europa hab\u00eda producido su nombre, ni evitar que la brillante acogida que tuvo en un pa\u00eds extranjero, cuya hospitalidad se vio precisado a pedir, le vengara de la ingratitud de sus conciudadanos. Porque, con efecto:\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0ca\u00eddo no hizo m\u00e1s que mudar de patria como hab\u00eda mudado de posici\u00f3n, y la Inglaterra fue para \u00e9l otro pa\u00eds natal, donde como en el suyo, ejerci\u00f3 un poder aun mas grato, el gran poder moral que dan la popularidad y la estimaci\u00f3n p\u00fablica.\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0cay\u00f3, pero en nada por esto se rebaj\u00f3 su fama; verdad es que todas las revoluciones del mundo no hubieran sido capaces de hundir en la oscuridad al hombre colocado por sus haza\u00f1as al nivel de las m\u00e1s altas notabilidades de la \u00e9poca. Napole\u00f3n en Santa Elena, era el grande hombre que hab\u00eda hecho estremecer al mundo con su espada;\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0ten\u00eda que ser en la emigraci\u00f3n el hombre valeroso a quien las victorias hab\u00edan abierto un camino de triunfo hasta el supremo poder.<\/p>\n<p>El per\u00edodo que vamos a describir ligeramente en este cap\u00edtulo, es uno de los m\u00e1s interesantes de la vida de nuestro h\u00e9roe, y para \u00e9l uno de los m\u00e1s lisonjeros, si no hubiera tenido que devorar la amargura de verse lejos de su patria, e imposibilitado de hacerla como en otro tiempo libre y feliz. Fuera del bullicio y del estr\u00e9pito de las batallas, libre de la agitaci\u00f3n de los negocios p\u00fablicos,\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0ve\u00eda pasar su vida tranquilamente en medio de las dulces conmociones a que continuamente le brindaban las simpat\u00edas de un pueblo liberal y hospitalario, que admiraba en \u00e9l la heroicidad con que sobre los destrozos del absolutismo hab\u00eda enarbolado el estandarte de la libertad, y la magnanimidad con que sab\u00eda sobrellevar la desgracia. Pero recordamos que estas reflexiones nos ocupan el tiempo que necesitamos para escribir la vida de nuestro h\u00e9roe durante su larga emigraci\u00f3n, y nos vemos precisados a abandonarlas por cumplir el compromiso que nos hemos impuesto.<\/p>\n<p>El\u00a0<a href=\"http:\/\/www.filosofia.org\/his\/1848esp1.htm\">cap\u00edtulo anterior<\/a>\u00a0dej\u00f3 al\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0embarcado en el\u00a0<i>Malabar,<\/i>\u00a0que lo condujo hasta Lisboa, donde se traslad\u00f3 a bordo de otro nav\u00edo, tambi\u00e9n ingl\u00e9s, llamado\u00a0<i>Formidable,<\/i>\u00a0en el que fue recibido con los honores que correspond\u00edan a su alta dignidad; dignidad de que estaba aun investido de derecho, por mas que de hecho no fuera entonces mas que un noble proscripto. Hubiera\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0desembarcado en Lisboa, y aun quiz\u00e1s hubiera permanecido en ella alg\u00fan tiempo; pero se lo impidieron instrucciones comunicadas por el gobierno provisional a nuestro embajador en aquella corte, y se resolvi\u00f3 a establecer su residencia en Londres, no sin consultarlo antes, por medio de D. Ignacio Gurrea, con el gobierno ingl\u00e9s, que por contestaci\u00f3n a la demanda dio las \u00f3rdenes m\u00e1s terminantes para que pudieran cumplirse los deseos del Duque. Desde luego se hubiera hecho a la vela para la capital de la Gran Breta\u00f1a, a no haber tenido que pasar al Havre a reunirse con la Duquesa; pero no debi\u00f3 pesarle hacer esta traves\u00eda, porque tuvo en ella ocasiones de saber cu\u00e1nto era el prestigio de su nombre aun fuera de su pa\u00eds, y de estudiar en el contraste que hac\u00edan los homenajes que recib\u00eda de los extranjeros, con la conducta ingrata de sus compatriotas, el origen verdadero de la revoluci\u00f3n que le hab\u00eda quitado de las manos el poder. Lleg\u00f3 el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque<\/span>\u00a0al frente de Bayona, de paso para el Havre, el 16 de agosto, y encontr\u00f3 en el puerto de aquella ciudad un gent\u00edo inmenso que le esperaba con ansia y que al divisar el buque que le conduc\u00eda, manifest\u00f3 vivos deseos de contemplarle: el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque<\/span>, sin embargo, no sali\u00f3 del\u00a0<i>Prometeo,<\/i>\u00a0que era el buque en que hab\u00eda hecho la traves\u00eda; pero en cambio se dej\u00f3 ver en cubierta para satisfacer los deseos de la multitud. No fueron solo obsequios populares los que recibi\u00f3\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>; pues las personas de m\u00e1s consideraci\u00f3n de Bayona, el subprefecto, el comisario de marina, el inspector de aduanas, el conde de Harripe y su ayudante pasaron a cumplimentarle a bordo del buque. No menos se manifestaron en el Havre deseos de verle, pues reunido ya con la duquesa, y mientras se hac\u00edan los preparativos para su marcha, se agrup\u00f3 en los muelles una inmensa multitud, que se disputaba la gloria de contemplar al hombre ilustre cuya fama hab\u00eda resonado en ambos continentes.<\/p>\n<p>El 23 de agosto pasaba el capit\u00e1n del Prometeo al capit\u00e1n superintendente del arsenal de Woolwich una comunicaci\u00f3n en que le participaba haber llegado a este punto con el vapor de su mando conduciendo a bordo de \u00e9l a los duques y su comitiva. A consecuencia de esta comunicaci\u00f3n pas\u00f3 el capit\u00e1n almirante a bordo del buque, y present\u00e1ndose al\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0en nombre de su gobierno, le hizo las m\u00e1s lisonjeras ofertas y puso a su disposici\u00f3n los carruajes que estaban preparados para conducirle a Londres: el Duque se manifest\u00f3 agradecido a estas atenciones de una manera expresiva, pero no le fue posible aceptar los ofrecimientos del jefe del arsenal, por tener ya dispuesto de antemano hacer el viaje hasta el muelle de Hungerford en un vapor de los que hacen la navegaci\u00f3n en el T\u00e1mesis: as\u00ed lo hizo con efecto, habi\u00e9ndose encontrado en Hungerford algunos carruajes que le condujeron en compa\u00f1\u00eda de la Duquesa y de la comitiva hasta la fonda Mivart, donde se alojaron al llegar a Londres.<\/p>\n<p>Ya tenemos al h\u00e9roe de cien batallas en la emigraci\u00f3n siendo ejemplo vivo de la inestabilidad de la fortuna. Todo para \u00e9l ha cambiado, y \u00e9l ha cambiado completamente para nosotros: ni se presenta a nuestros ojos como antes lo hemos visto, siendo el genio de la guerra, ni podemos ofrecerlo a la consideraci\u00f3n de nuestros lectores desempe\u00f1ando con honradez y constitucionalismo las altas funciones anejas a la gobernaci\u00f3n del Estado; nada de esto: lo que vamos a presentar en este cuadro es el hombre privado, retra\u00eddo completamente de los negocios p\u00fablicos y dedicado exclusivamente a los placeres dom\u00e9sticos; el var\u00f3n prudente que pudiendo con una sola voz producir un gran conflicto en su pa\u00eds, se calla y da un ejemplo elocuente de respeto a los gobiernos constituidos; el hombre virtuoso que teniendo resentimientos que vengar, conf\u00eda al tiempo la reparaci\u00f3n de todos sus agravios. Y cuidado que para que se comprenda bien cu\u00e1nta era su abnegaci\u00f3n es preciso tener en cuenta no solo su influencia en el pa\u00eds que le hab\u00eda dado hospitalidad, sino tambi\u00e9n el cambio que sufri\u00f3 la opini\u00f3n de los que en Espa\u00f1a hab\u00edan contribuido a derrocarle. \u00a1Ah!\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0por lo menos pudo provocar una guerra civil, y sin embargo, quiso antes arrostrar la vida ingrata del ostracismo, que sufrir el remordimiento de hacer verter una gota de la sangre de sus conciudadanos.<\/p>\n<p>No bien hubo llegado el Duque a la fonda Mivart, cuando el coronel Wilde, caballerizo mayor del pr\u00edncipe Alberto, tuvo con \u00e9l una larga conferencia, a la que siguieron las visitas de todo lo que hay en Londres de m\u00e1s notable. Entre las primeras personas que se apresuraron a felicitar al h\u00e9roe de Luchana, fue el duque de Wellington, que se hizo inscribir en el libro de visitas en los t\u00e9rminos siguientes:\u00a0<i>el feld-mariscal duque de Wellington, capit\u00e1n general, duque de Ciudad-Rodrigo<\/i>. La visita de este general que re\u00fane a su alta jerarqu\u00eda la consideraci\u00f3n y el respeto que merece por los eminentes servicios que ha prestado a su pa\u00eds, y que representa una de nuestras glorias m\u00e1s brillantes, es la mejor prueba de la gran importan cia que se daba en Londres al que despu\u00e9s de su gloriosa carrera hab\u00eda salido proscripto de su patria. \u00a1Severa lecci\u00f3n para los que tan en poco supieron apreciar los servicios que a la libertad y al trono de Espa\u00f1a hab\u00eda prestado el invicto\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>!<\/p>\n<p>Tras del ilustre duque de Ciudad-Rodrigo fueron tantos los personajes de alta posici\u00f3n social que se apresuraron a rendir homenaje al general\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>, que aun disponiendo de m\u00e1s espacio nos ser\u00eda imposible enumerarlos todos; diremos s\u00ed que no eran solo personas consideradas las que se disputaban el honor de saludarle; pues tambi\u00e9n el pueblo se agrupaba alrededor de la casa en que se hallaba hospedado, por tener la satisfacci\u00f3n de conocerle. Esto en un pa\u00eds cuya generalidad no pod\u00eda ver en el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0mas que un extranjero con la marca de la proscripci\u00f3n, prueba cu\u00e1n justa es la fama que supo adquirir como guerrero y como jefe de un Estado: para que la generalidad del pueblo ingl\u00e9s le rindiera el homenaje de su consideraci\u00f3n, era preciso que viera en \u00e9l a un h\u00e9roe, porque solo los h\u00e9roes son de todos los pueblos.<\/p>\n<p>No bastaba sin duda que todas las notabilidades de Londres felicitaran individualmente al ilustre Duque; no bastaba que la generalidad del pueblo le saludara con muestras de entusiasmo; era preciso que a nombre de toda la poblaci\u00f3n recibiera los honores debidos a su alta dignidad, y para ello una diputaci\u00f3n de los concejales de Londres present\u00f3 al lord Maire una exposici\u00f3n pidiendo que se les convocase sin tardanza para ir a saludar al general\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>: la municipalidad de Londres no solo cumpli\u00f3 en esta parte con la etiqueta, sino que para dar al\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0una prueba de las simpat\u00edas que hab\u00eda sabido inspirar a la poblaci\u00f3n, le obsequi\u00f3 con un soberbio banquete, del que luego diremos algunas palabras. La municipalidad de Londres (debemos decirlo aqu\u00ed para que se conozca toda la importancia de sus consideraciones hacia el Duque) es no solo un cuerpo que representa la poblaci\u00f3n, sino la segunda autoridad de Inglaterra, rodeada de gran prestigio, y dotada de gran poder e influencia en los negocios p\u00fablicos: sin embargo no es de esta segunda circunstancia de la que nosotros queremos sacar mayor partido, aunque podr\u00edamos sacar no poco en favor del ilustre proscripto, sino de la primera, por lo mismo nosotros damos gran valor a las ovaciones populares.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la prensa se uni\u00f3 a las felicitaciones del pueblo, y hacemos m\u00e9rito de esta circunstancia por la gran importancia que se da a la prensa en aquel pa\u00eds, y por la gran autoridad que ella ejerce. He aqu\u00ed c\u00f3mo se explicaba uno de los m\u00e1s notables peri\u00f3dicos que se publican en Londres, a los pocos d\u00edas de haber llegado a esta poblaci\u00f3n el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>: \u00ab<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0se halla entre nosotros. Muchos y muy ilustres fugitivos han sido arrojados a nuestras playas por las revoluciones que se han sucedido en el continente durante los \u00faltimos sesenta a\u00f1os; pero jam\u00e1s, en ninguna ocasi\u00f3n se ha presentado nadie con mayores t\u00edtulos a nuestras simpat\u00edas y a la hospitalidad del pueblo ingl\u00e9s, que el ca\u00eddo Regente y sus valientes compa\u00f1eros de destierro.<\/p>\n<p>\u00abNo viene como otros a ser pr\u00f3digamente pensionado por nuestro gobierno; ni viene como el d\u00e9spota burlado, o como el tirano que ha sido derribado del poder por los esfuerzos de un pueblo que enarbola el pend\u00f3n de la libertad sobre las ruinas de la dictadura; no: lejos de eso lo hemos visto ser en los \u00faltimos a\u00f1os el firme e invariable jefe constitucional, manteniendo siempre y en las circunstancias mas cr\u00edticas, los principios de libertad, y prefiriendo el camino que le se\u00f1alaban el patriotismo y el deber, a aprovecharse de las muchas ocasiones que se le han presentado de empu\u00f1ar las riendas de un poder irresponsable. En el primer arranque de su popularidad, con un ej\u00e9rcito \u00edntimamente adherido a sus banderas y pronto a obedecer sus mandatos, hubiera podido\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0ser muy peligroso a la libertad espa\u00f1ola, y afirmarse en el poder ech\u00e1ndose en brazos de las grandes monarqu\u00edas de la Europa central y oriental; pero buscaba otra gloria m\u00e1s grande que la de satisfacer una mera ambici\u00f3n\u2026.\u00bb. No concluye aqu\u00ed el art\u00edculo de donde hemos sacado estos p\u00e1rrafos; pero por muy sensible que nos sea no trascribir las otras reflexiones que contiene sobre el mando y la ca\u00edda de\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>, tenemos que ceder a la necesidad en que nos hallamos de aprovechar el espacio todo lo posible, con tanta m\u00e1s raz\u00f3n en esta parte, cuanto que los p\u00e1rrafos que van trascritos, dan suficiente idea de lo bien que sab\u00edan apreciar en Londres el m\u00e9rito del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>.<\/p>\n<p>En aquella competencia de felicitaciones y obsequios, no era posible que la reina de Inglaterra, generosa y amable, dejara de ser int\u00e9rprete de los nobles y hospitalarios sentimientos que a porf\u00eda demostraban al ilustre\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0sus s\u00fabditos, ni que dejara de dar a nuestra interesante Reina una prueba de afecto en la persona de su m\u00e1s denodado palad\u00edn: con efecto, la Reina Victoria tuvo la amabilidad de conceder al general\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0el honor de una visita, cuyos pormenores explicaron los peri\u00f3dicos m\u00e1s autorizados de Londres en los t\u00e9rminos siguientes: \u00abEl conde de Aberdeen, como ministro de relaciones extranjeras, escribi\u00f3 al regente para hacerle saber que S. M. la reina tendr\u00eda gusto de recibirle en el palacio de Windsor a las tres de la tarde del d\u00eda siguiente. En consecuencia de esta obsequiosa invitaci\u00f3n, sali\u00f3 el Regente del\u00a0<i>Hotel de Mivart<\/i>\u00a0a la una y media, y parti\u00f3 en un convoy especial para Slough, desde cuyo punto se dirigi\u00f3 al palacio, adonde lleg\u00f3 a las tres menos veinticinco minutos. Por mandato de la Reina, el coronel Wilde, introductor de S. A. R. el Pr\u00edncipe Alberto recibi\u00f3 al Regente a su llegada al palacio, y le condujo a una pieza de descanso. El coronel Gurrea, secretario particular del Regente acompa\u00f1\u00f3 a S. A. El Regente al presentarse a la Reina, llevaba el uniforme de general del ej\u00e9rcito espa\u00f1ol con varias cruces de caballero, entre las que sobresal\u00eda la estrella de la orden del Ba\u00f1o, colocada en el centro de las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00abEl coronel Wilde condujo a S. A. a la sala que ocupaba S. M. y su ilustre consorte, a quienes fue presentado por el conde Aberdeen.<\/p>\n<p>\u00abEl Regente tiene motivos para estar muy satisfecho del recibimiento que le han hecho S. M. y el Pr\u00edncipe Alberto. La entrevista de S. A. con la Reina y el Pr\u00edncipe, ha durado cosa de media hora.\u00bb<\/p>\n<p>Los mayores enemigos de\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>, si reflexionan un poco, no podr\u00e1n menos de convenir en dos cosas: 1.\u00aa en que tantos, tan cordiales y tan espont\u00e1neos obsequios como se le tributaron, tienen una gran significaci\u00f3n: 2.\u00aa en que todo un pueblo dif\u00edcilmente se equivoca en el juicio que llega a formarse de un hombre, y mucho menos cuando a la cabeza de ese pueblo figura el monarca y todo lo que hay en \u00e9l de m\u00e1s grande y de m\u00e1s ilustrado. A prop\u00f3sito de esto diremos aqu\u00ed las palabras que hemos ofrecido sobre el banquete dado al\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0por la municipalidad de Londres, una de las corporaciones, como hemos dicho, de m\u00e1s importancia, de m\u00e1s influencia y de m\u00e1s autoridad de Inglaterra.<\/p>\n<p>No podemos hacer de \u00e9l una completa descripci\u00f3n; tan completa como quisi\u00e9ramos y nuestros lectores desear\u00edan; por consiguiente nos reduciremos lo posible, haciendo solo m\u00e9rito de lo mas importante.<\/p>\n<p>El banquete se hab\u00eda dispuesto en el palacio municipal de\u00a0<i>Mansion House<\/i>, cuya entrada se hallaba obstruida por un inmenso gent\u00edo, que al ver llegar al\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0prorrumpi\u00f3 en\u00a0<i>hurras<\/i>\u00a0(vivas), que duraron bastante tiempo. El Duque y toda su comitiva, fueron recibidos por la municipalidad con las mayores muestras de afecto. Antes de que principiase la comida, reunida la municipalidad, presente el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, en uno de los salones del palacio, el lord Corregidor ley\u00f3 el acuerdo por el que esta corporaci\u00f3n hab\u00eda determinado manifestar sus simpat\u00edas al hombre que tantos sacrificios hab\u00eda hecho por la libertad de su pa\u00eds. El noble Duque contest\u00f3 manifestando su agradecimiento por los favores que se le dispensaban, y su conformidad con los sentimientos liberales del lord Corregidor. En seguida los concurrentes, en n\u00famero de m\u00e1s de 300, todos personas distinguidas por su jerarqu\u00eda, por su posici\u00f3n y por su riqueza, pasaron al magn\u00edfico sal\u00f3n donde el banquete se hallaba dispuesto; y concluido que fue, despu\u00e9s de los brindis, que son de costumbre en Inglaterra, a la reina, familia real, ej\u00e9rcito y armada, el lord Mayor se levant\u00f3 y pronunci\u00f3 en honor del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0un discurso interrumpido a cada paso por los aplausos de los concurrentes. En contestaci\u00f3n pronunci\u00f3 el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque<\/span>\u00a0otro, que fue recibido con las m\u00e1s inequ\u00edvocas muestras de entusiasmo: los aplausos y los\u00a0<i>hurras<\/i>\u00a0no permitieron hablar a nadie en mucho tiempo. Tambi\u00e9n brind\u00f3 el lord Mayor a la salud del general Van-Halen y dem\u00e1s individuos de la comitiva del Duque, correspondiendo el general al agasajo con un discurso en que manifest\u00f3 cu\u00e1nto le consolaban de sus infortunios las atenciones que \u00e9l y sus compa\u00f1eros estaban recibiendo del pueblo ingl\u00e9s. Otros muchos brindis se pronunciaron; pero no nos es posible hacer m\u00e9rito de todos: diremos para concluir, que levantada la mesa, se retir\u00f3 el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, habi\u00e9ndole acompa\u00f1ado el lord Mayor hasta la calle, donde le esperaba la multitud, que como a la entrada, le recibi\u00f3 con gran entusiasmo: todos quer\u00edan verle y abrazarle; todos gritaban sin cesar:\u00a0<i>\u00a1viva Espartero! \u00a1viva el hombre honrado!<\/i>\u00a0(the honnest man). Los que han querido ridiculizar las ovaciones que a su vuelta de la emigraci\u00f3n ha recibido del pueblo el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, \u00bfqu\u00e9 tendr\u00e1n que decir de estas otras que recib\u00eda en un pueblo extra\u00f1o? Si dicen que no son de la misma clase, les contestaremos que si en algo se diferencian, es en que en Londres no se comprim\u00eda el entusiasmo y aqu\u00ed se ha comprimido por no dar lugar a las arbitrariedades del poder; por lo dem\u00e1s, si aqu\u00ed el pueblo se agrupa alrededor del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, tambi\u00e9n en Londres se agrupaba; si aqu\u00ed recibe en los teatros ovaciones que no ser\u00edan permitidas en la calle, en Londres tambi\u00e9n, a pesar de que en todas partes se consent\u00edan: la primera vez que asisti\u00f3 en Londres al teatro, fue recibido con aclamaciones y con muestras de respeto iguales a las que en Espa\u00f1a han exaltado la bilis de los moderados. No puede ser menos:\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0tiene que ser en todas partes lo mismo: all\u00ed donde haya sentimientos de libertad, la popularidad de\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0es indispensable.<\/p>\n<p>Acerca de su popularidad, y en prueba de que no era menor en Inglaterra que en Espa\u00f1a, diremos que todos los d\u00edas se ve\u00eda precisado a dedicar una hora por lo menos a poner firmas que le eran pedidas de todos los puntos del Reino Unido, y algunas m\u00e1s a dar ocupaci\u00f3n a infinitos artistas que le ped\u00edan permiso para sacar su retrato.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, ya lo hemos dicho; el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0se hab\u00eda propuesto vivir en las dulzuras de la vida privada, y nada absolutamente fue capaz de hacerle olvidar este prop\u00f3sito: retra\u00eddo de los negocios p\u00fablicos, buscaba en el seno de la familia la tranquilidad que dif\u00edcilmente se encuentra mandando ej\u00e9rcitos y gobernando Estados: apartado hasta del bullicio de la corte, nada le recordaba su posici\u00f3n perdida, sino las ovaciones populares y los infinitos obsequios que recib\u00eda de la clase m\u00e1s elevada y m\u00e1s poderosa de Londres. De la fonda Mivart se hab\u00eda trasladado a una linda casa, de arquitectura g\u00f3tica, llamada\u00a0<i>Abbey Lodge<\/i>\u00a0y situada en un barrio titulado el\u00a0<i>Parque del Regente,<\/i>\u00a0retirado del centro de la capital, y esta circunstancia hac\u00eda mayor su retraimiento. Ten\u00eda esta casa un hermoso jard\u00edn, cuyo cultivo era la ocupaci\u00f3n favorita y ordinaria del ex-regente: all\u00ed pasaba largos ratos, y m\u00e1s de una vez debi\u00f3 hacerle conocer la experiencia que las flores de su jard\u00edn agradec\u00edan m\u00e1s el cultivo, que su patria los sacrificios por la libertad; desenga\u00f1o cruel que previsto, hubiera hecho acaso cambiar la suerte de la naci\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Sabida la ordinaria ocupaci\u00f3n del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque<\/span>, todas sociedades de Londres que ten\u00edan relaci\u00f3n con la bot\u00e1nica y la agricultura, se apresuraron a inscribirle como socio; a bien que lo mismo hicieron otras muchas, como lo hicieron tambi\u00e9n con la Duquesa cuantas sociedades de damas se conoc\u00edan en aquella gran capital. Y nada perd\u00edan estas, por cierto, en contar en el n\u00famero de socias a una que a sus muchos atractivos naturales, re\u00fane el no menos bello de una rara ilustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si las sociedades inscrib\u00edan al Duque como socio, los establecimientos p\u00fablicos se honraban con sus visitas, y el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque<\/span>, que era muy parco en admitir los innumerables convites con que le brindaban la alta aristocracia, la poderosa clase media y el comercio, no dej\u00f3 nunca de aceptar las invitaciones de los establecimientos p\u00fablicos. Entre estos haremos menci\u00f3n especial del de artiller\u00eda de\u00a0<i>Woolwich<\/i>, que es sin duda el m\u00e1s notable de cuantos visit\u00f3\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>. Se halla situado a nueve millas de Londres sobre el T\u00e1mesis, y le da no poca fama un arsenal que es donde se construyen los nav\u00edos de tres puentes. Durante la guerra con Napole\u00f3n ten\u00eda ocupados en la construcci\u00f3n de cartuchos y dem\u00e1s \u00fatiles de guerra, tres mil operarios, sin contar los infinitos que por sentencia estaban condenados a estos trabajos. Despu\u00e9s de haber visto y examinado cuantos objetos referentes al arma de artiller\u00eda encierra este vasto establecimiento, fue conducido el Duque a un sal\u00f3n lujosamente adornado, en el que tuvo la complacencia de ver su efigie vaciada en cera, y colocada en una galer\u00eda donde se hallaban las efigies de los pr\u00edncipes reinantes de Europa. Ocupaba all\u00ed nuestro h\u00e9roe un lugar como Regente de Espa\u00f1a; pero no se hubiera conocido a s\u00ed propio en aquella galer\u00eda sin haberle hecho fijar la atenci\u00f3n, por la gran desemejanza que hab\u00eda entre su rostro y el de su efigie: esta circunstancia oblig\u00f3 al director del establecimiento a pedirle permiso para sacar su verdadero retrato y enmendar la falta de una obra que por lo dem\u00e1s era magn\u00edfica. Si en el establecimiento de\u00a0<i>Woolwich<\/i>\u00a0hemos encontrado esta prueba irrefragable de la importancia que se daba en Inglaterra al\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, no la suministra menor de la importancia que se daba a todos los sucesos de la guerra civil en que figur\u00f3 este personaje, el esmero con que en otro establecimiento se conserva la misma silla en que estuvo sentado conferenciando con Maroto poco antes del abrazo de Vergara.<\/p>\n<p>De lo que\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0no pod\u00eda olvidarse aun en medio de su retraimiento, era de sus amigos, de los que fieles a su persona hab\u00edan cambiado una posici\u00f3n en su patria por la emigraci\u00f3n, y de cuantos despu\u00e9s fueron a parar a ella huyendo de la intolerancia del gobierno. Nunca la generosidad natural del ex-Regente tuvo m\u00e1s motivos para darse a conocer; pero nunca tampoco debi\u00f3 ser m\u00e1s agradecida que entonces, porque si los necesitados ped\u00edan con raz\u00f3n,\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0no estaba en posici\u00f3n de ser tan generoso, como grande era su voluntad. Sin embargo, nadie llam\u00f3 a su puerta que no fuera o\u00eddo; nadie apel\u00f3 a sus filantr\u00f3picos sentimientos que se fuera desconsolado; su casa estaba abierta para todos, para todos estaba puesta su mesa, y ordinariamente com\u00edan en su compa\u00f1\u00eda un emigrado, uno de los que hab\u00edan servido con \u00e9l en la legaci\u00f3n inglesa durante la guerra civil, alguno de los comisionados que los peri\u00f3dicos ingleses tuvieron en su cuartel general, y alg\u00fan antiguo amigo. Pero como sus recursos no bastaban para remediar todas las necesidades de la emigraci\u00f3n, sol\u00eda, vali\u00e9ndose de sus relaciones, proporcionar ocupaci\u00f3n a algunos emigrados para librarlos de una miseria inevitable. Padre de los espa\u00f1oles hab\u00eda sido durante su poder el h\u00e9roe de Luchana, y padre, y padre cari\u00f1oso fue en Londres de sus compa\u00f1eros de emigraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y he aqu\u00ed toda su vida, todos sus pensamientos y todas sus ocupaciones: \u00bfes posible que otro en el caso de\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0hubiera seguido igual conducta? \u00bfEs posible que otro con los elementos de\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0no hubiera pensado en otra cosa; lo diremos, en reconquistar su perdida posici\u00f3n? Con dos amigos personales en el ministerio ingl\u00e9s, para \u00e9l estaban vedados los negocios p\u00fablicos, y prefer\u00eda que el lord Palmerston, ministro de negocios extranjeros, le sorprendiera cultivando su jard\u00edn, como alguna vez sucedi\u00f3, a frecuentar por su parte visitas en que sus enemigos hubieran afectado ver miras reprobadas. Dos veces, sin embargo, tuvo que pensar en pol\u00edtica; una para cumplir con un deber, la otra para dar un testimonio m\u00e1s de lealtad al trono de Isabel II; hablaremos de la primera.<\/p>\n<p>El\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0hab\u00eda sido arrojado antes del t\u00e9rmino constitucional del elevado puesto en que le coloc\u00f3 el voto del pa\u00eds. Isabel II no era mayor de edad por la Constituci\u00f3n hasta el d\u00eda 10 de octubre de 1844, y hasta ese mismo d\u00eda deb\u00eda ser regente el general\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>. Vinieron, sin embargo, los sucesos de 43, y\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0sucumbi\u00f3; pero si bien la fuerza pod\u00eda lanzarle de su patria, no pod\u00eda obligarle a que reconociese una obra que ning\u00fan gobierno constituido reconoce; por eso protest\u00f3 a bordo del\u00a0<i>Betis<\/i>. No es nuestro \u00e1nimo entrar aqu\u00ed en la cuesti\u00f3n de la legitimidad del gobierno que sucedi\u00f3 a la regencia del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, ni menos neg\u00e1rsela a \u00e9l ni a cuantos despu\u00e9s ac\u00e1 se han sucedido; solo queremos justificar la conducta que como hombre p\u00fablico observ\u00f3 el Regente despu\u00e9s de su ca\u00edda. El d\u00eda 10 de octubre de 1844 era ya mayor de edad la reina por una declaraci\u00f3n de las Cortes; pero por m\u00e1s que esta declaraci\u00f3n mereciera respeto del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, \u00e9l no pod\u00eda prescindir de hablar a la naci\u00f3n en el d\u00eda en que sin los sucesos del a\u00f1o 43 hubiera entregado el poder a Do\u00f1a Isabel II; y deb\u00eda hablar con tanta m\u00e1s raz\u00f3n, cuanto que el pronunciamiento de dicho a\u00f1o quiso imprimir en su frente la marca de la ignominia, y hasta entonces no hab\u00eda resistido este acto de ingratitud y venganza. El ex-Regente cumpli\u00f3 con este deber, y lo hizo por medio del documento que trascribimos a continuaci\u00f3n, sobre el que nada queremos decir, porque los hechos del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0como regente, han sido ya imparcialmente juzgados por la naci\u00f3n entera.<\/p>\n<h3 class=\"ac fv cv\" style=\"text-align: center;\">EL DUQUE DE LA VICTORIA,<br \/>\na los espa\u00f1oles.<\/h3>\n<p class=\"s2\">\u00abEl d\u00eda 10 de octubre de 1844 es el se\u00f1alado por la ley fundamental de la monarqu\u00eda para que S. M. la Reina do\u00f1a Isabel II entre constitucionalmente a gobernar el reino: en \u00e9l, cumpliendo con una deuda de lealtad, de honor y de conciencia, deber\u00eda poner en sus augustas manos la autoridad real que las Cortes, en uso de su prerrogativa constitucional, depositaron en las m\u00edas. Desde que el voto nacional me se\u00f1al\u00f3 entre mis conciudadanos para honrarme ensalz\u00e1ndome a la Regencia, deseaba que llegase este d\u00eda, el m\u00e1s satisfactorio de mi vida p\u00fablica, en que de la cumbre del poder supremo deb\u00eda descender a la tranquilidad del hogar dom\u00e9stico, consagrando mis \u00faltimas palabras a la gloriosa bandera de la Constituci\u00f3n que el pueblo hab\u00eda enarbolado para reconquistar su libertad, y que dos veces en este siglo, a costa de torrentes de sangre, hab\u00eda salvado la dinast\u00eda de sus reyes. La Providencia se ha negado a mis votos y a mis esperanzas, y en vez de hablaros en medio de la ceremonia de un acto augusto y solemne, os dirijo mi voz desde el destierro.<\/p>\n<p class=\"s2\">\u00abEl mundo entero sabe que jam\u00e1s ha habido m\u00e1s libre, m\u00e1s franca y m\u00e1s general discusi\u00f3n, que la que precedi\u00f3 a mi nombramiento de Regente. Acept\u00e9, espa\u00f1oles, este cargo; no como una corona mural concedida por victorias, sino como un trofeo que el pueblo hab\u00eda puesto en la bandera de la libertad. Fiel observador de las leyes, jam\u00e1s las quebrant\u00e9, nada omit\u00ed para hacer la felicidad del pueblo: cuantas leyes me presentaron las cortes, fueron sancionadas sin dilaci\u00f3n; el ejercicio de la acci\u00f3n de la justicia fue independiente del gobierno, que jam\u00e1s usurp\u00f3 las funciones de los dem\u00e1s poderes p\u00fablicos; y todos los manantiales de riqueza y prosperidad recibieron el impulso y protecci\u00f3n que las circunstancias permitieron. Si alguna vez, para conservar el imperio de las leyes tuve que apelar a medidas fuertes, la justicia, no el gobierno, decidi\u00f3 de la suerte de los desgraciados. No descender\u00e9 a los pormenores de mi conducta como Regente: la historia me har\u00e1 justicia; yo me someto a su inflexible fallo: ella dir\u00e1 con una imparcialidad dif\u00edcil en mis contempor\u00e1neos, si tuve otra aspiraci\u00f3n m\u00e1s que el bien de mi patria, ni otro pensamiento que el de entregar en este d\u00eda a la Reina Do\u00f1a\u00a0<span class=\"fv cv\">Isabel II<\/span>\u00a0una naci\u00f3n, pr\u00f3spera dentro y respetada fuera: ella dir\u00e1 si en medio de las agitadas luchas de los partidos segu\u00ed otra divisa m\u00e1s que la de salvar la libertad, el trono y la ley, del encontrado vaiv\u00e9n de las pasiones: ella podr\u00e1 decir las causas que detuvieron la realizaci\u00f3n de muchas \u00fatiles reformas. Cuando se prepararon nuevos disturbios, nada omit\u00ed en el c\u00edrculo de las leyes para evitarlos: no volver\u00e9 la vista atr\u00e1s; no trazar\u00e9 el cuadro triste de funestos acontecimientos que todos lamentamos, y que dej\u00e1ndome sin medios para resistir, me obligaron a tomar asilo en un pa\u00eds hospitalario, protestando antes en nombre de la santidad de las leyes y de la justicia de su causa.<\/p>\n<p class=\"s2\">\u00abProtest\u00e9, espa\u00f1oles, no por miras de una ambici\u00f3n que jam\u00e1s he abrigado, sino porque as\u00ed cumpl\u00eda a la dignidad de la naci\u00f3n y a la de la corona. Representante constitucional del trono, no pod\u00eda ver en silencio destruir el principio mon\u00e1rquico: depositario de la autoridad real, deb\u00eda defenderla de los tiros que se la dirig\u00edan; personificando el poder ejecutivo, estaba en el deber de levantar la voz cuando ve\u00eda hacer pedazos todas las leyes. Mi protesta ten\u00eda por objeto evitar el funesto precedente de convenir en nombre del trono en su destrucci\u00f3n: no era un grito de guerra, no hablaba a las pasiones ni a los partidos; era la exposici\u00f3n sencilla de un hecho, una defensa de los principios y una apelaci\u00f3n a la posteridad. Alejado de vosotros, no ha habido un gemido en el reino que no haya tenido eco en mi coraz\u00f3n; no ha habido una v\u00edctima que no haya encontrado compasi\u00f3n en mi alma.<\/p>\n<p class=\"s2\">\u00abCuando llegue el d\u00eda feliz en que pueda regresar a mi querida patria, hijo del pueblo, volver\u00e9 a confundirme en las filas del pueblo, sin odios y sin reminiscencias: satisfecho de la parte que me ha cabido para darle la libertad, me limitar\u00e9 en mi condici\u00f3n privada a gozar de sus beneficios; m\u00e1s en el caso de peligrar las instituciones que la naci\u00f3n se ha dado, la patria, a cuya voz jam\u00e1s he ensordecido, me encontrar\u00e1 siempre dispuesto a sacrificarme en sus aras. Y si en los insondables decretos de la Providencia est\u00e1 escrito que debo morir en el ostracismo, resignado con mi suerte, har\u00e9 hasta el \u00faltimo suspiro fervientes votos por la independencia, por la libertad y por la gloria de mi patria. Londres 10 de octubre de 1844.\u2013 El\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>Aunque sin relaci\u00f3n con este acto del Duque, vamos a referir aqu\u00ed un suceso que ocurri\u00f3 poco despu\u00e9s de la fecha del documento que acabamos de insertar: en febrero del siguiente a\u00f1o. Es el caso, que la\u00a0<span class=\"fv cv\">Duquesa de la Victoria<\/span>\u00a0ten\u00eda arrendados dos asientos en una tribuna de un templo cat\u00f3lico, como es costumbre en Londres; y cuando nadie la hab\u00eda interrumpido en su posesi\u00f3n leg\u00edtima, ocurriole hacerlo al duque de Sotomayor, embajador a la saz\u00f3n de Espa\u00f1a en Londres. La\u00a0<span class=\"fv cv\">Duquesa de la Victoria<\/span>, a quien se intim\u00f3 la orden del embajador al concurrir a una funci\u00f3n de iglesia, vi\u00e9ndose tan mal tratada y ofendida en su decoro por quien deb\u00eda saber los miramientos que deben guardarse con una se\u00f1ora, se dirigi\u00f3 al embajador espa\u00f1ol, y a presencia de la embajadora de Francia y otras se\u00f1oras extranjeras del cuerpo diplom\u00e1tico, le arguy\u00f3 con severidad de falta de respeto y poca cortes\u00eda: el remordimiento debi\u00f3 imponer silencio al duque de Sotomayor, porque nada tuvo que contestar a la justa reconvenci\u00f3n de la\u00a0<span class=\"fv cv\">Duquesa de la Victoria<\/span>. Sabedor de este hecho el ex-Regente, escribi\u00f3 a Sotomayor una carta en que con la dureza que el agravio inferido a su se\u00f1ora requer\u00eda, le hizo ver su falta de caballerosidad. Sotomayor quiso disculparse por medio de una larga carta que escribi\u00f3 a la Duquesa, y de otra no tan larga escrita al Duque, sin firma, por efecto sin duda de su atolondramiento; y as\u00ed concluy\u00f3 este asunto de que tan mal parado sali\u00f3 el entonces embajador de Espa\u00f1a en Londres.<\/p>\n<p>La otra vez que pens\u00f3 en pol\u00edtica el ex-Regente, fue como hemos dicho, para dar un nuevo testimonio de lealtad al trono de\u00a0<span class=\"fv cv\">Isabel II<\/span>; y a prop\u00f3sito hablamos solo del trono sin decir nada de libertad, porque en el caso a que nos referimos, no se trataba de libertad, sino tan solo de la Reina. Sabido es que el matrimonio de la Reina con su augusto primo el infante Don Francisco de As\u00eds quit\u00f3 la \u00faltima esperanza de una transici\u00f3n pac\u00edfica a los amigos de D. Carlos, que volvieron a pensar en librar a las armas el triunfo de sus pretensiones; pero reconociendo sin duda su impotencia, meditaron una coalici\u00f3n con el partido que tiene mayor\u00eda en Espa\u00f1a, de cuyo descontento no pod\u00edan ellos dudar. Se hicieron, pues, proposiciones a\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0en que los carlistas hac\u00edan el sacrificio de sus ideas, en que pasaban por el establecimiento de un gobierno tan liberal como pudiesen desearlo los progresistas, porque toda la cuesti\u00f3n para ellos hab\u00eda quedado reducida a la personalidad de su h\u00e9roe. \u00bfNecesitaremos decir que\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0rechaz\u00f3 todas esas proposiciones ba\u00f1adas con el brillo seductor de concesiones liberales? Fueran o no sinceras las protestas de liberalismo de los carlistas, se trataba de\u00a0<span class=\"fv cv\">Isabel II<\/span>, y\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0no pod\u00eda echar un borr\u00f3n sobre su brillante historia. No ha hecho el invicto Duque alarde de esta conducta, ni queremos nosotros hacerlo tomando su nombre; queremos solo dar una contestaci\u00f3n cumplida a los que con torcidas intenciones han querido presentar en rivalidad con la Reina al que en los campos de Vergara asent\u00f3 sobre bases indestructibles su trono.<\/p>\n<p>La emigraci\u00f3n se iba dilatando demasiado, y\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0con todos sus bienes intervenidos, sosten\u00eda con dificultad su rango en una poblaci\u00f3n tan cara como Londres: en este estado pens\u00f3 trasladarse a Burdeos por la circunstancia de residir all\u00ed parientes de la Duquesa, no menos que por la baratura y buen clima de la poblaci\u00f3n; y para llevar su pensamiento a cabo, lo hizo presente al representante del gobierno franc\u00e9s, de quien obtuvo no solo la promesa de que lo consultar\u00eda sin perder tiempo con su gobierno, sino la seguridad de que su gobierno acceder\u00eda gustoso a la pretensi\u00f3n del ilustre\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque<\/span>; pero el gobierno franc\u00e9s se encarg\u00f3 de hacer m\u00e1s cauto a su representante contestando con el silencio a su consulta. Tan miserable conducta era digna del gobierno que reg\u00eda entonces y que rige todav\u00eda los destinos de la Francia, por desgracia de la Francia y de la Europa entera.<\/p>\n<p>Con esta conducta miserable contrast\u00f3 la noble conducta del gobierno ingl\u00e9s, que haci\u00e9ndose int\u00e9rprete de los sentimientos generosos de su reina, ofreci\u00f3 al pacificador de Espa\u00f1a una decorosa pensi\u00f3n para que pudiera vivir en Londres, demostrando con este ofrecimiento lo grata que era para la reina de Inglaterra y su gobierno, la presencia en aquella capital del invicto\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>. La Espa\u00f1a toda sabe que el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, tan noble como valiente, rehus\u00f3 con dignidad y sin que pudiera ofenderse el decoro de la reina de Inglaterra y su gobierno, los ofrecimientos de pensi\u00f3n.<\/p>\n<p>De todos modos al poco tiempo hubiera sido innecesaria; las cosas pol\u00edticas tomaban en Espa\u00f1a un nuevo rumbo; las palabras de tolerancia y olvido se pronunciaron en las altas regiones del poder; la Reina pudo una vez manifestar sus elevados y generosos sentimientos, y se public\u00f3 una amnist\u00eda amplia para todos los delitos pol\u00edticos, y con ella un decreto por el que S. M. llamando al general\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0por sus t\u00edtulos de Duque de la Victoria y Conde de Morella, le nombraba Senador: manera digna y delicada de devolver al pacificador de Espa\u00f1a lo que la reacci\u00f3n le hab\u00eda quitado. El j\u00fabilo que la naci\u00f3n toda experiment\u00f3 a la publicaci\u00f3n de este decreto, no necesitamos decirlo: los peri\u00f3dicos todos llenaron por bastante espacio de tiempo sus columnas de las felicitaciones que de todas partes se dirig\u00edan a Isabel II, porque a beneficio de sus nobles instintos y generosas insinuaciones se hab\u00eda reparado la mayor de las injusticias que hab\u00edan aconsejado las pasiones en medio del furor reaccionario. No con menos j\u00fabilo recibi\u00f3 el noble proscripto la patente que le abr\u00eda las puertas de su patria, y como prueba de reconocimiento y gratitud a la bondad de su Reina, la dirigi\u00f3 la afectuosa exposici\u00f3n que trascribimos.<\/p>\n<h4 class=\"ac fv cv\">SE\u00d1ORA:<\/h4>\n<p class=\"s2\">Al recibir el real decreto del d\u00eda 5, mi primer impulso ha sido manifestar a V. M., no solo mi agradecimiento por la gracia con que se ha dignado honrarme, llam\u00e1ndome a ocupar un puesto en el Senado, sino m\u00e1s particularmente la viva satisfacci\u00f3n que me causa el considerar que ya me es permitido dirigir la palabra a V. M.<\/p>\n<p class=\"s2\">Inclinada V. M. a conciliar los \u00e1nimos de los espa\u00f1oles, divididos hasta aqu\u00ed por las oscilaciones pol\u00edticas, la mayor\u00eda de la naci\u00f3n apoyar\u00e1 con entusiasmo un deseo tan ben\u00e9volo, como es generoso; mas si por acaso hubiera obst\u00e1culos que vencer, d\u00e9jese V. M. llevar de los impulsos de su coraz\u00f3n magn\u00e1nimo; no abandone a V. M. el valor que inspiran las acciones sublimes, y no recele que los que con tanta constancia combatieron, aun antes de que V. M. pudiera comprender sus sacrificios, por defender el trono apoyado en la Constituci\u00f3n del Estado, abandonen a V. M. en la hora del peligro.<\/p>\n<p class=\"s2\">La naci\u00f3n, Se\u00f1ora, espera mucho de V. M., y V. M. contando con un apoyo tan esforzado como patri\u00f3tico, no olvidar\u00e1 que es llamada a restituir su esplendor a la monarqu\u00eda, y que el galard\u00f3n que espera a V. M. es tan grande, como la obra que ha emprendido: un preclaro renombre y la bendici\u00f3n de los pueblos.<\/p>\n<p class=\"s2\">Se\u00f1ora, al expresar con tanta franqueza los sentimientos de que me hallo pose\u00eddo, lo hago con la esperanza de que V. M., convencida de mi respetuosa veneraci\u00f3n, ha de acoger benignamente las palabras del que con lealtad sirvi\u00f3 a V. M. y al Estado, del que aun lejos de su patria no ha cesado de rogar por la conservaci\u00f3n de V. M., en que ve cifrada la conservaci\u00f3n de la independencia espa\u00f1ola. Londres 12 de setiembre de 1847. = Se\u00f1ora. = A los reales pies de V. M. =\u00a0<span class=\"fv cv\">El duque de la Victoria<\/span>.<\/p>\n<p>Sobre este documento son in\u00fatiles todos los comentarios: de la lealtad de\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0al trono de\u00a0<span class=\"fv cv\">Isabel II<\/span>\u00a0nadie jam\u00e1s ha podido tener duda, y la exposici\u00f3n trascrita no es sino una nueva prueba de esa misma lealtad.<\/p>\n<p>Cuando la naci\u00f3n espa\u00f1ola cre\u00eda ver colmados sus deseos con el pronto regreso del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, he aqu\u00ed que sobreviene un contratiempo a dificultarlo; y si a dificultarlo no, al menos a inducir en el \u00e1nimo de la generalidad sospechas de que lo dificultar\u00eda: el gabinete de 31 de agosto hab\u00eda ca\u00eddo a impulsos de uno de esos golpes misteriosos que tan frecuentes han sido bajo la dominaci\u00f3n de los moderados, y le sucedi\u00f3 otro presidido por el general Narvaez, cuyos antecedentes, como todo el mundo sabe, no armonizaban bien con las ideas de tolerancia y legalidad de que hab\u00eda hecho alarde el ministerio ca\u00eddo. De todos modos, y sin que pretendamos entrar en el campo de las intenciones, y recorrer el de las suposiciones aventuradas, pues basta a nuestro prop\u00f3sito consignar aqu\u00ed el mal efecto que produjo en la opini\u00f3n p\u00fablica la subida del duque de Valencia al poder, con relaci\u00f3n al regreso del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>, es lo cierto que el nuevo gabinete suscribi\u00f3 un decreto que hall\u00f3 extendido, por el que se nombraba embajador en Londres a este ilustre personaje: que generalmente se atribuy\u00f3 al gobierno la idea de impedirle regresar a su patria por un medio indirecto, y que rehusado por el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0el cargo que se le confer\u00eda por razones que, fueran cualesquiera, deb\u00edan ser respetadas, nuestro representante en aquella corte, bien obedeciendo a instrucciones del gobierno espa\u00f1ol, bien excedi\u00e9ndose de ellas, bien entendi\u00e9ndolas mal, o comprendiendo mal los deseos que le manifest\u00f3 el\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>\u00a0de retrasar alg\u00fan tiempo por causa de negocios particulares su regreso a Espa\u00f1a, le hizo saber que el gobierno le dar\u00eda una licencia para permanecer en el extranjero; licencia que ofrecida oficiosamente, o impuesta, por mejor decir, significaba la prolongaci\u00f3n del destierro del hombre a quien la naci\u00f3n espa\u00f1ola esperaba con ansia. Despu\u00e9s el gobierno ha negado en las cortes que tal fuera su intenci\u00f3n; pero sin que sea nuestro \u00e1nimo desmentirle, diremos que la conducta de su representante en Londres, fue lo \u00fanico que dio lugar a las sospechas que el p\u00fablico lleg\u00f3 a concebir. De todos modos bien podemos felicitarnos de que el gobierno se viera en la necesidad de hacer aquella declaraci\u00f3n, porque le arranc\u00f3 otra de m\u00e1s importancia; la de que por parte suya no se opondr\u00eda obst\u00e1culo de ninguna clase al regreso del\u00a0<span class=\"fv cv\">Duque de la Victoria<\/span>.<\/p>\n<p>No era ya posible dudar de la palabra que el gobierno hab\u00eda dado en pleno parlamento; as\u00ed es que en Espa\u00f1a solo se pens\u00f3 desde entonces en recibir dignamente al que de ella hab\u00eda salido m\u00e1s de cuatro a\u00f1os antes como proscripto, mientras que en Londres se hac\u00edan los preparativos de viaje. Ya no diremos aqu\u00ed las nuevas felicitaciones que con este motivo recibi\u00f3\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>, ni nos detendremos tampoco en describir la mezcla de sentimiento y alegr\u00eda con que se preparaba a despedirle aquel pueblo hospitalario; haremos solo m\u00e9rito de los favores que por v\u00eda de despedida le dispens\u00f3 la Reina Victoria, que vienen a coronar, por decirlo as\u00ed, los favores inmensos que de toda la Inglaterra recibi\u00f3\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0durante su emigraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por conducto del coronel Wilde, de quien ya hemos hablado, ofreci\u00f3 a los duques la Reina Victoria asiento en su mesa el d\u00eda 27 de diciembre de 1847, siendo extensiva la invitaci\u00f3n a pasar la noche en su palacio de\u00a0<i>Windsor,<\/i>\u00a0donde a la saz\u00f3n se hallaba S. M. brit\u00e1nica: tan honrosa invitaci\u00f3n fue, como era de esperar, aceptada, y sin perder tiempo salieron los duques acompa\u00f1ados del coronel Wilde para\u00a0<i>Windsor Castle<\/i>\u00a0en un convoy especial. Se les recibi\u00f3 all\u00ed por la corte con las m\u00e1s inequ\u00edvocas muestras de afecto, y durante su corta permanencia en palacio les fueron dispensadas a porf\u00eda las m\u00e1s finas atenciones. En la mesa, ocup\u00f3 la Duquesa un asiento al lado de la Reina Victoria, y el Duque, al de la duquesa de Kent; fuera de la mesa y en sus respetivas habitaciones, la Duquesa estuvo siempre acompa\u00f1ada de las damas de la Reina, el Duque, de los caballeros de la corte, y a veces hasta del mismo Pr\u00edncipe Alberto.<\/p>\n<p>Al servirse el t\u00e9, despu\u00e9s de la comida, ocurri\u00f3 un di\u00e1logo entre la Reina y\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>, que por lo interesante y curioso debemos mencionar aqu\u00ed. Manifestaba a su hu\u00e9sped la Reina el inter\u00e9s con que miraba a Isabel II y la confianza que ten\u00eda en que no la faltar\u00edan nunca los servicios del que hab\u00eda sabido consolidar su trono, si alguna vez llegaba a necesitarlos. El duque contest\u00f3 protestando de su firme adhesi\u00f3n a la Reina Isabel, y a\u00f1adi\u00f3 estas sentidas palabras dirigi\u00e9ndose a la Reina Victoria. Quiera Dios se\u00f1ora, que mi Reina llegue a ser tan feliz en su trono, como V. M. lo es en el vuestro. \u2013Pues qu\u00e9, duque, pregunt\u00f3 la Reina, \u00bftan feliz me cre\u00e9is? \u2013S\u00ed se\u00f1ora \u2013volvi\u00f3 a contestar\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>. \u2013Ten\u00e9is raz\u00f3n; soy muy feliz, y a mi felicidad contribuye no menos que el amor de mi familia, el de mis s\u00fabditos. \u00a1Que la Reina Isabel sea tan feliz como yo!\u2026\u2026\u2026<\/p>\n<p>A las tres de la madrugada del d\u00eda siguiente 28 abandonaban los Duques el palacio de\u00a0<i>Windsor<\/i>: el 29 dejaban a Londres; la Duquesa, para trasladarse a Francia, el Duque para pasar a Southampton donde le esperaba el vapor que deb\u00eda conducirle al seno de su patria; patria querida que todos los atractivos de la sociedad de Londres no hab\u00edan sido capaces de hacerle olvidar.<\/p>\n<p>Ha concluido la emigraci\u00f3n de\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>: de ella vuelve el proscripto del a\u00f1o 43, en hombros de la popularidad: los agravios que recibi\u00f3 en una \u00e9poca de perturbaci\u00f3n, que no debemos recordar ya nunca, han sido reparados por la mano inflexible del tiempo, que movida a impulsos de la Providencia, no consiente que se perpet\u00faen las injusticias.\u00a0<span class=\"fv cv\">Espartero<\/span>\u00a0esperaba y esperaba con raz\u00f3n: la esperanza es la convicci\u00f3n en una conciencia tranquila.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>II Cuatro a\u00f1os de emigraci\u00f3n Si el movimiento de 1843 despoj\u00f3 a\u00a0Espartero\u00a0de la regencia, no pudo despojarle as\u00ed de su popularidad: si arranc\u00f3 el poder de sus manos, no le quit\u00f3 ni pudo quitarle su gran importancia, edificada sobre gloriosos antecedentes: si pudo, en fin, proscribirle, no pudo borrar su historia ni sofocar el eco [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2054,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[251],"tags":[87,291,285],"class_list":["post-2074","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-baldomero-espartero","tag-espartero","tag-exilio","tag-tio-camorra"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2074","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2074"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2074\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2086,"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2074\/revisions\/2086"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/2054"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2074"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2074"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/donoso.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2074"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}