{"id":2919,"date":"2021-05-08T12:37:36","date_gmt":"2021-05-08T10:37:36","guid":{"rendered":"https:\/\/donoso.es\/?p=2919"},"modified":"2021-05-02T12:43:34","modified_gmt":"2021-05-02T10:43:34","slug":"la-carpinteria-de-rafael","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/donoso.es\/?p=2919","title":{"rendered":"La carpinter\u00eda de Rafael"},"content":{"rendered":"<h4>Hoy os dejo esta publicaci\u00f3n de Eulogio. Quien me conoce sabe que mis abuelos viv\u00edan en la calle Almagro, y que Rafael ten\u00eda all\u00ed la carpinter\u00eda en la que hab\u00eda trabajado toda la vida con la familia. Que recuerdos, sentarte en el banco alargado que estaba justo en la puerta, y mientras Rafael convert\u00eda la madera en cosas \u00fatiles, se pasaba el tiempo, con la conversaci\u00f3n que siempre manten\u00eda con las personas que all\u00ed est\u00e1bamos. En memoria de Rafael, all\u00ed donde est\u00e9. Juan Jes\u00fas Donoso Aza\u00f1\u00f3n.<\/h4>\n<h4>[Colaboraci\u00f3n de Eulogio Carretero Bordallo]<\/h4>\n<p>Aqu\u00ed hoy, tan lejos en este cuarto, tan oscuro, tan apagado, tan en silencio. No hay nada que distraiga mi atenci\u00f3n. Nada que perturbe el recuerdo. Echo tanto de menos a algunas personas, y, ya van siendo bastantes\u2026 Cierro los ojos: Veo un campo amplio, dorado de sol, amarillento; trigales, vi\u00f1edos, olivares. \u00a1El cielo luminoso! El pueblo peque\u00f1ito ah\u00ed inmerso, emergente como de un sue\u00f1o; en el mismo lado como siempre que aparece tras las monta\u00f1as yendo por la carretera de Almagro: Un c\u00famulo de casas aplanadas en el paisaje, en medio del campo, bajo el inmenso cielo. Las monta\u00f1as en torno gris\u00e1ceas, terrosas, verdosas, azuladas al fondo\u2026<\/p>\n<p>Y te vas acercando, siguiendo la carretera que conduce a \u00e9l, y empiezan a tomar volumen sus casas. A erigirse la iglesia por encima de los tejados: \u00a1la torre alta, el campanario! Hasta entrar en la calle, con ruido estruendoso de nuestro veh\u00edculo. Las paredes blancas se levantan a ambos lados: Puertas, puertas, ventanas, \u00e1rboles, todo va pasando rodado tras los cristales, arriates de plantas, flores, enredaderas. Y al frente, sobre un podio en una plazoleta, la figura ecuestre del General Espartero.<\/p>\n<p>Estamos en Gran\u00e1tula. Pero deteng\u00e1monos un momento (dejemos nuestro auto), vayamos m\u00e1s despacio. Tenemos la sensaci\u00f3n de haber pasado desapercibidos, de haber entrado demasiado deprisa y de no haber visto a nadie en la calle: Las puertas cerradas, las persianas ca\u00eddas de las ventanas, los visillos echados. \u00bfNo hay nadie en este pueblo?, nos preguntaremos de momento. Es un pueblo peque\u00f1o de La Mancha, deshabit\u00e1ndose, como tantos otros de Espa\u00f1a; que empez\u00f3 a sufrir su abandono y la migraci\u00f3n de sus pobladores hacia las grandes ciudades\u2026 Son esas revueltas de la vida, como se suele decir por aqu\u00ed; siempre con la esperanza y el sue\u00f1o de una vida mejor. Pero qu\u00e9 voy a decir yo que fui uno de ellos, uno de tantos que dej\u00f3 este pueblo a mediados de los setenta, pero que a\u00fan sigo viniendo de cuando en cuando. Las ra\u00edces siguen estando, no tan profundas porque cada vez te van atando menos v\u00ednculos pero, sigue habiendo alg\u00fan nutriente todav\u00eda que nos conforta, sigo viniendo\u2026<\/p>\n<p>Por fin alguien se asoma a la puerta, como si hubiese intuido nuestra presencia en la calle. Pero no, no puede vernos, nosotros tampoco somos nadie. Somos memoria, recuerdo, transparencia, esp\u00edritu quiz\u00e1s de otro tiempo. Y tras un momento de mirar a un lado y a otro ha vuelto a ocultarse: \u00a1No, no hay nadie en la calle! Pero, acerqu\u00e9monos un instante y curioseemos un poco a ver que hace este se\u00f1or: \u00a1Ah\u00ed est\u00e1 Rafael! sobre el banco, con el lapicero tras de la oreja y el mandil de virutas; la m\u00e1quina aserradora, las herramientas, los tablones\u2026<\/p>\n<p>Rafael el carpintero: Sobre el banco de madera, una silla tumbada, el asiento de anea bien tejido, los palillos torneados; tiene formas y apariencia de ser antigua, trabajada a mano. Una originalidad poco usual en estos d\u00edas; una reliquia de otro tiempo y un recuerdo. Hay mobiliarios antiguos que a\u00fan se conservan, que a\u00fan se restauran: mesas, sillas, armarios, cabeceros, mesitas, aparadores, c\u00f3modas, ba\u00fales\u2026, y que van pasando de padres a hijos, sorteando el paso de los a\u00f1os. Rafael es un especialista en estas composturas.<\/p>\n<p>Rafael, un palillo en las manos, torneado, nuevo, con las mismas caracter\u00edsticas que el resto de la silla, unt\u00e1ndolo de cola blanca en los extremos va a ensamblarlo en los orificios de la silla, entre los palos largueros de las patas. Con un poco de ma\u00f1a, abriendo, cerrando. Ya est\u00e1. Colocado. \u00a1Es un maestro! Coge un gato y lo sujeta de lado a lado, dando vueltas al usillo, apret\u00e1ndolo. La cola blanca asoma por los extremos; va a gotear pero no la deja caer, no le da tiempo, Rafael atento con la espatulilla en la mano, de un acto mec\u00e1nico la reba\u00f1a y la devuelve de nuevo al bote de la cola, tap\u00e1ndola. Levanta la silla del banco y la lleva a un extremo de la carpinter\u00eda. Terminada, a esperar que seque. Luego le quitar\u00e1 el gato y como nueva, reparada y dispuesta para poder sentarse en ella. Vendr\u00e1 despu\u00e9s la vecina preguntando por su silla y pagar\u00e1 a Rafael su trabajo.<\/p>\n<p>O bien, coger\u00e1 este buen carpintero, como es su costumbre y con la silla al hombro en la bicicleta se la acercar\u00e1 a su casa: \u201cAqu\u00ed le devuelvo la silla, preparada y dispuesta para aguantar otra temporada \u2013le dir\u00e1 y seguir\u00e1 argumentando\u2013, aunque ya va estando un poco desvencijada y habr\u00e1 que ir pensando en hacer una nueva; aunque eso es igual que todo, pero nunca se sabe, quiz\u00e1s dure m\u00e1s que nosotros; con el tiempo son cosas que tienen que venir a suceder, aunque no se quiera, a ver si no, para qu\u00e9 \u00edbamos a estar nosotros aqu\u00ed\u2026\u201d Preguntar\u00e1 su due\u00f1o el coste y, tras decirle la val\u00eda Rafael seguir\u00e1 con su pl\u00e1tica deliberando: \u201cNo, pero si no tiene, d\u00e9jelo, no se apure ya me lo dar\u00e1 usted otro d\u00eda\u201d, y Rafael seguir\u00e1 hablando y hablando, refiriendo una serie de juicios y altercados; Rafael nunca se calla, siempre tiene palabras y m\u00e1s palabras: \u201cAunque este a\u00f1o no s\u00e9 como vamos a remediar esto, con esta sequ\u00eda y sin una gota de agua en todo el invierno, aqu\u00ed nada m\u00e1s que sol y sol, no hay un termino medio; luego vendr\u00e1 una tormenta cuando menos lo esperes y se lo llevar\u00e1 todo. \u00a1Qu\u00e9 desgracia!, mira lo que est\u00e1 pasando por ah\u00ed, esto no hay quien lo comprenda, \u00a1qu\u00e9 desastre!, y nosotros sin poder hacer nada por evitarlo\u2026\u201d<\/p>\n<p>As\u00ed es Rafael. Pero sigamos un poquito m\u00e1s en la carpinter\u00eda, quiz\u00e1s podamos aprender algo m\u00e1s de este oficio artesano: Sobre el banco ahora ha colocado un armarito. Tiene la trasera rota. Ha desplegado su metro de varillas amarillas y ha medido el hueco: \u201cSesenta y ocho y medio, por veinticuatro\u201d. Ha cogido una tabla y, de nuevo con el metro desplegado: \u201cSesenta y ocho y medio\u201d, ha medido y se ha llevado la mano a la oreja en un acto reflejo, y con el lapicero en la mano \u00a1ras! ha se\u00f1alado la medida. Despu\u00e9s ha colocado el cartab\u00f3n y le ha trazado una raya a lo largo, llev\u00e1ndose instintivamente el lapicero tras de la oreja. Ha sujetado la tabla al torno y serrucho en mano se dispone a cortarla.<\/p>\n<p>Rafael es pura energ\u00eda y puro nervio: \u00a1Ras ras, ras ras! Con br\u00edo y ritmo acompasado, la larga hoja dentada va y viene pasando de un extremo a otro. \u00a1Ras ras, ras ras! vertiendo, escupiendo serr\u00edn a cada lado. \u00a1Ras ras, ras ras! Din\u00e1mica y agresiva, rasgando la madera. \u00a1Ras. Ras!, hasta cortarla. Deja el serrucho, coge la lima y le remata los cantos. Afloja el usillo del torno, libera la madera y la presenta sobre la trasera del armario: \u00a1No, un poquito ancha. Hay que cepillarla! Vuelve a sujetarla al torno; coge el cepillo, le ajusta la cuchilla con tiento, \u00a1tras, tras!, uno o dos golpecitos y dispuesta. \u00a1R a a a a s!, de una pasada suave, l a r g a, enrosc\u00e1ndose la viruta por encima de las manos\u2026 \u00a1R a a a a s!, va desgastando la madera. \u00a1R a a a s!\u2026 Los cuarterones rojizos del solado se van ocultando bajo esta viruta roscada y esta materia org\u00e1nica de desecho.<\/p>\n<p>\u00a1Como huele la madera! La carpinter\u00eda se ha impregnado de un olor fuerte y seco a madera noble reci\u00e9n cortada. Deja el cepillo sobre el banco, vuelve a liberar la tabla de la mordaza\u2026 Y ahora s\u00ed, a medida, perfectamente acoplada. Coge el martillo y unos clavitos y \u00a1tras, tras, tras! con unos golpecitos secos, uniformes, va claveteando las peque\u00f1as puntas plateadas a la trasera del armarito. \u00a1Tras. Tras! Otra cosa reparada. Coge y vuelve a llevarlo al rinc\u00f3n donde la silla, en la estancia de espera, dejando de nuevo el banco liberado para otra tarea.<\/p>\n<p>\u00bfPero qu\u00e9 trae ahora Rafael? \u00a1Una ventana! La pone de pie sobre el banco, la abre, la cierra\u2026 \u00a1Ay, son las bisagras que le fallan!, se queda un momento pensando. Se acerca a la puerta, se asoma, mira a la calle: \u00a1El lapicero en la oreja, el mandil de virutas! La monta\u00f1a, el \u00e1rbol, el cielo\u2026 Toma un respiro: El aire todo de la calle le cabe a Rafael en el pecho. Es paz, tranquilidad, sosiego lo que respira Rafael en este pueblo. Se acerca un se\u00f1or en bicicleta: las alforjas cargadas de pimientos y tomates de la huerta; avanza despacio como el tiempo por estos lugares. Se espera a que pase: \u201c\u00a1Buena carga llevas hoy!\u201d \u201c\u00a1Eh, hasta luego Rafael!\u201d, se saludan y se entra de nuevo dispuesto a seguir faenando sobre el banco. Pero salgamos ya de la carpinter\u00eda, dejemos a Rafael con su trajinar y deambulemos un poco por las calles del pueblo\u2026<\/p>\n<p>Rafael es (era) el carpintero del pueblo, el carpintero de siempre. Su padre Nicol\u00e1s tambi\u00e9n era carpintero de toda la vida. Yo siempre he visto a Rafael con sus quehaceres en la carpinter\u00eda, todos los d\u00edas, incluso las fiestas ten\u00eda algo que hacer. Yo alguna vez me he preguntado si Rafael habr\u00e1 tenido alg\u00fan descanso, unas vacaciones lejos del pueblo y de sus herramientas, o si verdaderamente era una holganza y un recreo su trabajo. Dudo incluso que se haya puesto enfermo alguna vez, su carpinter\u00eda siempre ha estado abierta para todo el mundo, siempre estaba dispuesto para lo que fuese menester. \u00a1Hay que batallar, hay que hacer algo por la vida \u2013dec\u00eda\u2013, aqu\u00ed no hay m\u00e1s remedio que tirar para delante el tiempo que haga falta, no se puede estar parado, si no c\u00f3mo va a funcionar esto\u2026! Rafael nunca se par\u00f3 a cuestionar los designios de la vida. Hab\u00eda nacido para esto. \u00a1Descanse en paz, Rafael!<\/p>\n<p>En cierta ocasi\u00f3n, que ven\u00edamos para Madrid, Rafael ten\u00eda que hacer unas compras en Almagro y se vino con nosotros. Nos cont\u00f3, entre otras cosas, porque Rafael nunca se callaba, era un aluvi\u00f3n de palabras, siempre hablaba y hablaba, siempre ten\u00eda una palabra m\u00e1s que decir. Nos contaba en aquella ocasi\u00f3n que estaba a punto de jubilarse, pero le preocupaba que no hubiese salido nadie que pudiese reemplazarle y continuara su labor en el pueblo\u2026 De esto ha pasado ya toda una d\u00e9cada (tampoco ha sido tanto tiempo), y Rafael ha seguido desempe\u00f1ando su labor como antes, esperando que llegase ese relevo generacional y merecido. Pero no pod\u00eda ser eterno. \u00a1Hasta siempre, Rafael!<\/p>\n<p>Rafael era de otro tiempo, de esas rarezas poco usuales: s\u00f3lidas, nobles, \u00fanicas, que \u00e9l mismo restauraba en su carpinter\u00eda; de las que ya no se encuentran, de las que van quedando pocas, cada vez menos, y, de las que no admiten compostura. \u201cHabr\u00e1 que ir pensando en hacer una nueva \u2013dec\u00eda\u2013, pero nunca se sabe\u2026\u201d Si a alguien en este mundo antojadizo y cambiante, hay que hacerle una menci\u00f3n, Rafael se la tiene merecida. Gracias por la vida ejemplar y generosa que ofreciste a este pueblo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(Publicado en El Lanza el 9 de abril de 2009)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy os dejo esta publicaci\u00f3n de Eulogio. Quien me conoce sabe que mis abuelos viv\u00edan en la calle Almagro, y que Rafael ten\u00eda all\u00ed la carpinter\u00eda en la que hab\u00eda trabajado toda la vida con la familia. 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