{"id":2924,"date":"2022-08-30T19:51:07","date_gmt":"2022-08-30T17:51:07","guid":{"rendered":"https:\/\/donoso.es\/?p=2924"},"modified":"2022-08-31T12:01:22","modified_gmt":"2022-08-31T10:01:22","slug":"la-estafa-de-los-vencedores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/donoso.es\/?p=2924","title":{"rendered":"La Estafa de los Vencedores"},"content":{"rendered":"<h4>Siempre he considerado que la libertad de expresarse, sin faltar a los dem\u00e1s, es uno de los verdaderos principios que rigen la democracia y nuestra Constituci\u00f3n. En esta ocasi\u00f3n os dejo un art\u00edculo que me enviaron desde Bilbao, donde se expresan los sentimientos contrariados por el alcance que tuvieron los Fueros que fueron pactados en el Convenio de Vergara. Siempre es importante conocer todos los puntos de vista.<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como es bien sabido, la garant\u00eda de mantener los reg\u00edmenes especiales fue el se\u00f1uelo decisivo que se utiliz\u00f3 para poner fin a las guerras carlistas en los territorios del Norte donde tan vivo estaba el sentimiento auton\u00f3mico. Lo cual demuestra, una vez m\u00e1s, que los fueros constituyeron un motor de primera importancia para arrastrar a los voluntarios en favor de la causa representada por don Carlos.<\/p>\n<p>En la primera guerra, las intrigas, que desembocaron en el Convenio de Vergara, fueron dirigidas fundamentalmente a persuadir a\u00a0los combatientes de que sus respectivos fueros ser\u00edan respetados si depon\u00edan cuanto antes las armas, mientras que los pondr\u00edan en peligro si, por el contrario, prolongaban la lucha. La maniobra iba dirigida de manera especial al elemento popular carlista. Al militar de graduaci\u00f3n, se la asegur\u00f3 que grados, condecoraciones y honores le ser\u00edan respetados, y parece que eso les bast\u00f3 para allanarse. A nosotros ahora s\u00f3lo nos interesan las promesas forales hechas al pueblo, y c\u00f3mo fueron cumplidas por los vencedores. Esto es lo que vamos a estudiar a continuaci\u00f3n, tanto en lo que ata\u00f1e a \u00f1a contienda primera como a la del 72-76, porque las dos tuvieron desenlaces paralelos y consecuencias id\u00e9nticas.<\/p>\n<p>\u201cPAZ Y FUEROS\u201d<\/p>\n<p>Parece ser que las maniobras para lograr el desfonde del campo carlista se iniciaron, en la primera guerra, en el a\u00f1o 1.835, concretamente el 18 de febrero, cuando se presento en Madrid el escribano Jos\u00e9 Antonio Mu\u00f1agorri (liberal y centralista antepasado de la familia Caro Baroja) con la propuesta de iniciar una contraofensiva foral, que habr\u00eda de partir de los propios vascos, y que tendr\u00eda como objetivo primordial crear un estado de desconfianza entre los combatientes en cuanto a los objetivos por los que luchaban. El proyecto no se materializ\u00f3, sin embargo, hasta 1.838, cuando se alz\u00f3 con unos 300 hombres al grito de \u201cPAZ Y FUEROS\u201d. Alzamiento que, como era de esperar no tuvo \u00e9xito alguno, pero que sembr\u00f3 una cierta inquietud entre los voluntarios vascos, cansados de la ya excesivamente larga guerra. Sin ninguna duda, el famoso liberal-fuerismo de los Baroja est\u00e1 originado en un intento de justificaci\u00f3n vasquista de un antepasado liberal-burgues-mercantilista.<\/p>\n<p>Otro de los personajes m\u00e1s efectivos apareci\u00f3 en escena el mismo a\u00f1o. El m\u00e1s interesante de todos ellos ser\u00eda el madrile\u00f1o, de padres guipuzcoanos, Eugenio Aviraneta Ibargoyen. Avinareta fue el m\u00e1s inteligente de cuantos intrigantes existieron en todo el siglo XIX. A \u00e9l se debe fundamentalmente que el proyecto de conseguir la paz a todo trance tuviese \u00e9xito entre los combatientes carlistas. El mismo narra, en una Memoria dirigida al Gobierno espa\u00f1ol (Madrid, 1.844, 2\u00aa edici\u00f3n), el desarrollo de las actividades encaminadas a conseguir la descomposici\u00f3n en el ej\u00e9rcito de don Carlos. So habilidad lleg\u00f3 al extremo de utilizar al mismo Maroto, enfrent\u00e1ndolo con el rey; otras, haci\u00e9ndole aparecer como su m\u00e1s leal general, y como traidores a los que realmente eran carlistas. Pero dejemos estas intrigas de gabinete y salas de banderas, y veamos c\u00f3mo prepar\u00f3 al pueblo para sus manejos.<\/p>\n<p>Los vascos que apoyaban a don Carlos, aunque cansados de tanta guerra, no mostraban recelo hacia sus mandos ni inquietud alguna respecto al futuro que aguardaba a su pa\u00eds bajo el r\u00e9gimen carlista. Hab\u00eda, pues, que despertar el sentimiento racial vasco, exacerbando su innato foralismo, para que se produjese un inmediato enfrentamiento con los restantes voluntarios de otros territorios, es decir, con los combatientes conocidos por el gen\u00e9rico de \u201ccastellanos\u201d. Para lo cual empieza Aviraneta por culpar con machacona insistencia a los \u201ccastellanos\u201d carlistas de todas las calamidades de la guerra y del incierto futuro de los vascos en un panfleto redactado por \u00e9l a tal fin, bajo el t\u00edtulo de Carta que escribe un labrador vascongado a un hojalatero, al que pertenecen estos p\u00e1rrafos:<\/p>\n<p>\u201cEn tiempo del rey Fernando VII viv\u00edamos los vascongados en halag\u00fce\u00f1a paz, \u00e9ramos felices y nuestra prosperidad se aumentaba de d\u00eda en d\u00eda bajo la observancia de nuestras antiguas leyes o fueros que heredamos de nuestros mayores. Todo el mundo pod\u00eda reconocerlo. Apenas el rey cerr\u00f3 los ojos vinieron inmediatamente unos cuantos castellanos holgazanes (Ver\u00e1stegui y Alzaa parece que eran castellanos as\u00ed como los miembros de las Juntas Generales de Bizkaia, Araba y Gipuzkoa) a enga\u00f1ar a los honrados y nobles vascongados, sublev\u00e1ndolos contra su hija querida de aqu\u00e9l, bajo el pretexto de defender la religi\u00f3n y los fueros, cuando nadie pensaba en atacarlos en lo m\u00e1s m\u00ednimo (v\u00e9ase el Discurso preliminar de las Cortes de C\u00e1diz as\u00ed como el real decreto de 30 de noviembre de 1.833) (\u2026). Al principio de la guerra, vascongados era el famoso Zumalacarregui, (\u00bf) que esos haraganes e incapaces castellanos hicieron matar; vascongados fueron tambi\u00e9n otros muchos compa\u00f1eros de aquel var\u00f3n ilustre que han muerto en las batallas. Despu\u00e9s vino una c\u00e1fila de flojos castellanos, que necesitan macho o burro para trasladarse de un punto a otro. Ellos trajeron un hombre, que llaman rey, hermano de Fernando y t\u00edo de la reina de Castilla, con \u00e1nimo de quitar, a costa de nuestra sangre, la corona a su sobrina, no de conservar nuestros fueros (\u2026). Sois una pesada carga y en Castilla mismo os tienen bastante odio o el mayor aborrecimiento. Esto es cierto y vemos, sin embargo, que los castellanos, llenos de rencor con la ira de tigre, son los due\u00f1os de nuestra juventud, de nuestros pueblos y de nuestras haciendas, dominando a todos los vascongados. Tengamos paz, y si esas gentes son tan valientes y fuertes, que se vayan a los anchos campos de Castilla.\u201d<\/p>\n<p>El panfleto, traducido y repartido profusamente tambi\u00e9n en vasco, produjo un efecto inmediato. Una corta Memoria de los comisionados de la l\u00ednea de Hernani, que Aviraneta incluye en su obra para dar m\u00e1s car\u00e1cter de autenticidad a la relaci\u00f3n de sus intrigas, los firmantes del documento dicen, refiri\u00e9ndose a la citada \u201ccarta\u201d y a sus consecuencias: \u201cArreglado a sus \u00f3rdenes (a las de Aviraneta) se introdujo en el campo enemigo, esparramando los papeles en los pueblos y batallones, que los leyeron con avidez, como cosa no vista hasta entonces en el suelo vascongado. -Desde aquella \u00e9poca data el principio de la creaci\u00f3n del gran deseo de la paz en todas las clases de pa\u00eds dominado por el enemigo. All\u00ed empez\u00f3 esa especie de contagio moral, que por d\u00edas e instantes fue fermentando y se hizo una necesidad\u201d. De esta \u201cPAZ\u201d, falsamente creada, todo el Estado y toda la naci\u00f3n vascongada seguimos padeciendo sus consecuencias.<\/p>\n<p>Efectivamente, la siembra dio pronto sus frutos: la descomposici\u00f3n se extendi\u00f3 por todo el campo carlista. Los militares, asimismo bien trabajados, s\u00f3lo aspiraban a mantener sus grados mediante un acuerdo que se los garantizase; Para ello apoyaron en buen n\u00famero, consciente o inconscientemente, la maniobra, mientras el pueblo ya s\u00f3lo deseaba la paz con la inexcusable condici\u00f3n de conservar sus libertades forales. La urgencia de consolidar lo que el arduo trabajo de los conspiradores hab\u00eda conseguido inspir\u00f3 al general Maroto -ya simple instrumento de la maniobra- la publicaci\u00f3n, el 25 de agosto de 1.839, de una proclama, en la que fing\u00eda la visita de unos emisarios del campo enemigo con varias proposiciones para deponer las armas, entre ellas: \u201cReconocimiento de los fueros provinciales en toda su extensi\u00f3n\u201d y \u201creconocimiento de todos los empleos y condecoraciones en el ejercito, dejando al arbitrio el ascenso o premio de alguno que se considerase acreedor a ello\u201d. El documento fue dirigido a todos los militares, a las Diputaciones y, posteriormente, hecho p\u00fablico. La maniobra era perfecta, porque en la proclama se preguntaba a los destinatarios qu\u00e9 postura hab\u00eda de adoptarse ante tan \u00f3ptimas proposiciones, y el pueblo, deseoso de terminar la guerra, podr\u00eda exigir despu\u00e9s responsabilidades a sus organismos aut\u00f3nomos caso de que estos las rechazasen.<\/p>\n<p>Dos divisiones, la de Guip\u00fazcoa y la de Vizcaya, cayeron en la trampa, y en sus contestaciones dieron libertad a Maroto para concretar el convenio, puntualizando, para m\u00e1s seguridad, la de Vizcaya que en las posibles negociaciones se tuviese como \u201cbase principal la conservaci\u00f3n de los fueros. Poco despu\u00e9s se dio a conocer el proyecto de convenio.<\/p>\n<p>Pero debido a que la cuesti\u00f3n foral no quedaba suficientemente garantizada. Algunos cuerpos de ejercito comprometidos rehusaron adherirse. En la obra Vindicaci\u00f3n del general Maroto (Madrid 1.846) se dice concretamente que los batallones guipuzcoanos que cubr\u00edan la l\u00ednea de Andoa\u00edn rechazaron el convenio, fundados \u201cen que se faltaba a lo principal que los hab\u00eda estimulado antes a intentar separarse de ella\u00a0 (de la causa de don Carlos), y era la conservaci\u00f3n de los fueros\u201d.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo fueron los guipuzcoanos los que resistieron al pacto en un principio. Otras fuerzas siguieron su ejemplo y por las mismas causas. Ello desesper\u00f3 al general Espartero quien el d\u00eda 1 de septiembre de 1.839, al siguiente de firmarse el Convenio de Vergara, lanzo una proclama especialmente dirigida a alaveses y navarros, m\u00e1s remisos que los dem\u00e1s a aceptar el acuerdo -Navarra jam\u00e1s se adherir\u00eda-, en la que amenazaba a estos pueblos con represalias si no depon\u00edan inmediatamente las armas: \u201dQue no me vea en el duro y sensible caso de mover ostilmente el numeroso y disciplinado ej\u00e9rcito que hab\u00e9is visto. Que los c\u00e1nticos de paz resuenen donde quiera que me dirija.\u201d No obstante a\u00fan durar\u00eda la resistencia popular. El coronel Wilde, comisionado del Gobierno Brit\u00e1nico para conseguir la paz a todo trance, lo reconoc\u00eda as\u00ed en un informe dirigido secretamente al Foreign Office desde Vergara el 5 de septiembre del mismo a\u00f1o -recogido, al igual que la anterior proclama, de la obra El campo y la Corte de don Carlos (Madrid 1.840)-, donde dec\u00eda: \u201cLos vizca\u00ednos, sin embargo, conservan todav\u00eda las armas y han manifestado estar dispuestos a conservarlas hasta que se resuelva la cuesti\u00f3n de los fueros.\u201d<\/p>\n<p>Inglaterra ten\u00eda importantes inversiones e influencias econ\u00f3micas en el Norte, especialmente en el Pa\u00eds Vasco, y m\u00e1s exactamente en Bilbao. -Las Juntas Generales de Bizkaia imped\u00edan la comercializaci\u00f3n del mineral de hierro vizca\u00edno y esperaban los brit\u00e1nicos del liberalismo su pronta liberalizaci\u00f3n ya que solo pod\u00edan comerciar con productos ya elaborados- Durante la primera etapa del conflicto, Inglaterra exigi\u00f3 ya al gobierno de don Carlos la toma de la plaza para concederle pr\u00e9stamos y hasta para otorgarle su reconocimiento, al menos como beligerante. Fracasado el sitio de Bilbao, que costar\u00eda la vida a Zumalacarregui, el Gobierno de Londres vio m\u00e1s posibilidades en Madrid, y al triunfo de este bando dirigi\u00f3 sus esfuerzos. A los -mal llamados- liberales les envi\u00f3 Inglaterra toda clase de ayudas, desde armas hasta un cuerpo armado. Sin embargo, la lucha se alargaba y su indeciso desenlace pod\u00eda resultar peligroso para los intereses brit\u00e1nicos en el caso de un triunfo carlista. Ante ello, Londres inici\u00f3 la gran ofensiva diplom\u00e1tica: se estudiaron las aspiraciones o motivaciones populares de los voluntarios carlistas y se establecieron agentes cerca del territorio, especialmente en la frontera francesa.<\/p>\n<p>Ya hemos visto, que Mu\u00f1agorri se presento en Madrid, en enero de 1.835, para proponer un alzamiento anticarlista al grito de \u201cpaz y fueros\u201d. Pues bien, en el mes de junio del mismo a\u00f1o, el periodico ingl\u00e9s Morning Chronicle public\u00f3 un art\u00edculo sobre el tema, al que pertenece el siguiente p\u00e1rrafo: \u201cConviene aconsejar al Gobierno de Cristina que proclame p\u00fablicamente y asegure de un modo positivo a las provincias del Norte que sus fueros y privilegios ser\u00e1n guardados\u201d. Lo cual muestra una curiosa coincidencia de tiempo entre la propuesta inglesa y el inicio de la conspiraci\u00f3n; coincidencia que se acent\u00faa si reparamos en que la peque\u00f1a fuerza alzada por Mu\u00f1agorri fue abastecida y armada por el comodoro ingl\u00e9s lord Hay, jefe de la estaci\u00f3n naval inglesa de Pasajes, quien adem\u00e1s, proporcion\u00f3 asesores ingleses para instruir debidamente a los comprometidos.<\/p>\n<p>Lo curioso es que, pese a todo ello, Inglaterra no perdi\u00f3 sus contactos con el Gobierno Carlista, por si los acontecimientos no se desarrollaban a favor de Madrid. Y aunque no oficialmente, sino a trav\u00e9s de particulares, las negociaciones para proporcionar empr\u00e9stitos y armas a los carlistas ser mantuvieron hasta casi el final de la guerra.<\/p>\n<p>Ciertas casas inglesas -tambi\u00e9n hubo bancas francesas- se pusieron en contacto con agentes de don Carlos para concederle un empr\u00e9stito por un importe de 500 millones de reales. Aviraneta -que nos narra las negociaciones acaecidas en 1.838- se atribuye el \u00e9xito de haber conseguido su fracaso. Como vemos, a Londres le importaba especialmente y por encima de todo que, fuese cual fuese el resultado del conflicto, sus intereses en Espa\u00f1a no saliesen afectados.<\/p>\n<p>Pero de toda la intervenci\u00f3n inglesa, lo m\u00e1s interesante para nuestro trabajo es la clara visi\u00f3n del problema que Londres tuvo desde un principio, y que se refleja claramente en los secretos informes intercambiados con sus agentes, as\u00ed como en las sugerencias que dirigi\u00f3 al Gobierno de Madrid, todo ello recogido en la obra antes citada, \u201cEl campo y la Corte de don Carlos\u201d. Dada la extensi\u00f3n y el elevado n\u00famero de estos documentos, aqu\u00ed s\u00f3lo reproduciremos dos de las proposiciones que el Gobierno Brit\u00e1nico hizo al de Madrid para que sobre ellas se firmase el acuerdo: \u201cSegunda. El reconocimiento de sus empleos y sueldos a los generales y oficiales de las tropas carlistas, y un olvido completo de todo lo pasado por lo relativo a delitos pol\u00edticos. -Cuarta. Que se conservar\u00e1n los fueros e instituciones locales de las provincias vascongadas, en cuanto dichos fueros e instituciones sean compatibles con el sistema de gobierno representativo adoptado en toda Espa\u00f1a y con la unidad de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola.\u201d<\/p>\n<p>El documento, mandado a su representante en Espa\u00f1a por el Foreign Office, tiene fecha 10 de agosto de 1.939. El general Maroto, como se recordar\u00e1. Hizo p\u00fablicas unas proposiciones pr\u00e1cticamente iguales el d\u00eda 25 de agosto, es decir, solo unos d\u00edas despu\u00e9s, los indispensables para que llegase una carta a Madrid, y de Madrid al campo carlista\u2026<\/p>\n<p>La resistencia cedi\u00f3, por \u00faltimo, en el norte, y la guerra termin\u00f3 para vascos y navarros. Los voluntarios, aunque no con mucho convencimiento, aceptaron las vagas promesas de respeto de los fueros hechas por Espartero y volvieron a sus casas. En el \u00e1nimo de los combatientes hab\u00eda llegado a pesar en forma decisiva el deseo de paz, m\u00e1s a\u00fan cuando sus propias familias les instaban a deponer las armas; unas familias que tambi\u00e9n hab\u00edan sido h\u00e1bilmente trabajadas por los conspiradores en la retaguardia haci\u00e9ndoles ver la ruina en que se encontraban sus tierras a consecuencia de la prolongada contienda, y de todos es conocida la psicolog\u00eda del medio agrario. Don Carlos pas\u00f3 la frontera el 14 de septiembre de 1.839.<\/p>\n<p>S\u00f3lo quedaron luchando Cabrera en el Maestrazgo y el conde de Espa\u00f1a, en Catalu\u00f1a. Pero por poco tiempo, porque un a\u00f1o despu\u00e9s, en 1.840, los \u00faltimos restos de los batallones carlistas pasar\u00edan a Francia tras el general tortosino, asediado por un ej\u00e9rcito infinitamente superior, resultante de la concentraci\u00f3n de todas las fuerzas cristinas antes tra\u00eddas de en la pacificaci\u00f3n del Norte. Se inauguraba con ello una estrategia que en la guerra de Carlos VII se reproducir\u00eda, pero al rev\u00e9s: terminaci\u00f3n de la lucha en el Pa\u00eds Valenciano y Catalu\u00f1a, y posterior concentraci\u00f3n de efectivos en el Pa\u00eds Vasco Navarro. Veamos ahora las consecuencias que en cuanto a los fueros vascos tuvo la victoria liberal sobre los carlistas.<\/p>\n<p>Los voluntarios, ya lo hemos apuntado, dejaron las armas con la general esperanza de que, si no iban a acrecentarse sus libertades, se mantendr\u00edan, al menos, en su total integridad los fueros, tan escrupulosamente respetados por el gobierno de don Carlos. El propio Espartero les hab\u00eda dado en diversas ocasiones seguridades en tal sentido. Incluso en el mismo Vergara, el duque de la Victoria les hab\u00eda dicho: \u201dNo teng\u00e1is cuidado, vascongados; vuestros fueros ser\u00e1n respetados y conservados, y si alguna persona intenta moverse contra ellos, mi espada ser\u00e1 la primera que se desenvaine para defenderlos.\u201d La arenga ser\u00eda solo eso: una arenga de circunstancias para convencer a los \u00faltimos remisos. Los hechos posteriores demostrar\u00edan cu\u00e1l era la verdadera intenci\u00f3n del Gobierno de Madrid, del que en aquellos momentos era portavoz el propio Espartero.<\/p>\n<p>Ya el art\u00edculo primero del Convenio de Vergara hac\u00eda muy problem\u00e1ticas las seguridades dadas para la salvaguardia de la autonom\u00eda vasca. Su texto estaba redactado de la siguiente forma: \u201cEl capit\u00e1n general don Baldomero Espartero, recomendar\u00e1 con inter\u00e9s al Gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesi\u00f3n o modificaci\u00f3n de los fueros.\u201d<\/p>\n<p>Lo de \u201crecomendar con inter\u00e9s\u201d distaba mucho de la promesa de que su \u201cespada ser\u00e1 la primera que se desenvaine\u201d para defender los fueros. Y en cuanto a la segunda parte, la tesis de que las Cortes de Madrid dispon\u00edan de facultad para la \u201cconcesi\u00f3n o modificaci\u00f3n de los fueros\u201d representaba una completa violaci\u00f3n del r\u00e9gimen auton\u00f3mico del Pa\u00eds Vasco.<\/p>\n<p>Pero no acusemos s\u00f3lo a Espartero de falta de palabra. Peor fue la actitud de los militares carlistas comprometidos con el pacto, que sacrificaron todo a su propia conveniencia, a la seguridad de su futuro.<\/p>\n<p>\u00a1 Y ah\u00ed s\u00ed que no se conformaron con promesas! Todo qued\u00f3 perfectemente regulado y establecido. De los diez art\u00edculos del convenio, seis -del segundo al s\u00e9ptimo- estaban dedicados a garantizar, con el m\u00e1ximo detalle posible, el reconocimiento de grados, condecoraciones y empleos de los militares conformes en acomodarse a las exigencias de Madrid. Los tres art\u00edculos restantes se refieren a la entrega de material por los carlistas, a los prisioneros, y a la protecci\u00f3n de viudas y hu\u00e9rfanos.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s. (Siempre, al carlismo y al pa\u00eds, no le han ido nada bien los pactos y tratados con los militares) Por cierto que, unos meses despu\u00e9s, el propio Maroto enviar\u00eda varias cartas a la reina gobernadora, a Espartero y al Ministerio de la Guerra para protestar de la falta de cumplimiento de algunas de las cl\u00e1usulas del convenio, referentes\u2026 a viudas, hu\u00e9rfanos o situaci\u00f3n especifica de antiguos compa\u00f1eros. Lo foral segu\u00eda sin tener importancia para los mandos \u201cconvenidos\u201d. Las cartas pueden verse en Vindicaci\u00f3n del general Maroto.<\/p>\n<p>Es decir, que siendo la cuesti\u00f3n foral el obst\u00e1culo principal para que el pueblo dejase las armas y la condici\u00f3n sine qua non reconocida por todos para llegar a un acuerdo, hab\u00eda quedado relegada casi a un simple formalismo sin importancia. De ah\u00ed la diferencia tan sustancial entre lo que hab\u00eda dicho Espartero y la redacci\u00f3n del art\u00edculo primero del Convenio. Los voluntarios desconoc\u00edan esta redacci\u00f3n, que hab\u00eda quedado entre militares de ambos bandos, y fueron simplemente tranquilizados de palabra para reducir las \u00faltimas suspicacias. Pero las palabras desaparec\u00edan y lo escrito, que era lo verdaderamente importante, quedaba definitivamente como el aut\u00e9ntico esp\u00edritu del Convenio de Vergara\u201d. As\u00ed Maroto qued\u00f3 como el mayor traidor conocido en toda la historia del Estado Pasado el verano, pero a\u00fan viva la guerra que manten\u00eda Cabrera, el Gobierno acept\u00f3 dar curso a la recomendaci\u00f3n de Espartero. Presentando en las Cortes un proyecto de ley, que ser\u00eda aprobado r\u00e1pidamente, el 25 de octubre del mismo 1.839, con los votos de todos los diputados presentes -123- y los 73 senadores, y en cuyo texto se establec\u00eda:<\/p>\n<p>Art. 1\u00ba Se confirman los fueros de las provincias Vascongadas y Navarra sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarqu\u00eda.<\/p>\n<p>Art. 2\u00ba El Gobierno, tan pronto como la oportunidad lo permita, y oyendo antes a las provincias Vascongadas y a Navarra, propondr\u00e1 a las Cortes la modificaci\u00f3n indispensable que a los mencionados fueros reclama el inter\u00e9s de las mismas, conciliado con general de la naci\u00f3n y de la constituci\u00f3n de la monarqu\u00eda, resolviendo entretanto provisionalmente y en la forma y sentido expresados, las dudas y dificultades que puedan ofrecerse, dando de ello cuenta a las Cortes.<\/p>\n<p>La ley, como vemos, estaba redactada de forma confusa\u00a0y contradictoria. Si se confirmaban los fueros, \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda mantenerse \u201cla unidad constitucional de la monarqu\u00eda\u201d? Esto en cuanto al art\u00edculo 1\u00ba, que en lo tocante al 2\u00ba, bien se ve que violaba claramente el derecho de los vascos a legislarse a trav\u00e9s de sus propias Juntas Generales sin interferencias de ning\u00fan poder.<\/p>\n<p>Las actitudes claudicantes que podemos observar en los actuales gobiernos del PNV tienen su origen en aquellas diputaciones que funcionaron como aut\u00e9nticos gobiernos t\u00edteres del m\u00e1s rancio y antivasco liberal-capitalismo bilbainista. Un Real Decreto de 16 de noviembre de 1.839 estableci\u00f3 las condiciones con arreglo a las cuales se confirmaban los fueros. En definitiva, era un desarrollo articulado del esp\u00edritu de la anterior Ley de 25 de octubre. Las Diputaciones constituidas al amparo del Real Decreto estaban formadas a imagen y semejanza de los vencedores. De su \u201cindependencia\u201d puede ser buena muestra el p\u00e1rrafo que a continuaci\u00f3n reproducimos de una carta o mensaje de agradecimiento que la Diputaci\u00f3n de Vizcaya, juntamente con el Ayuntamiento de Bilbao, dirigi\u00f3 a la reina gobernadora:<\/p>\n<p>\u201cObligados por sus fueros a defender a su Se\u00f1or y a seguirle en la guerra, todos ellos (los vizcainos) se levantaran en masa si es necesario, al llamamiento de vuestra majestad empu\u00f1aran de nuevo las armas, no las depondr\u00e1n hasta haber destruido su \u00faltimo enemigo, y aquellos que enga\u00f1ados siguieron el bando del pretendiente borraran consu sangre, la sangre que malamente vertieron por \u00e9l.\u201d<\/p>\n<p>Semejante barbaridad puede ser comparada como si, por ejemplo, hoy en d\u00eda el Gobierno franc\u00e9s ensalzara al Mariscal Petain y manifestara que el Gobierno de Vichi fue el gran bien de la Francia ocupada. Los desprop\u00f3sitos del PNV al ensalzar aquellas diputaciones, ignoran la reacci\u00f3n popular y la siguiente guerra carlista en Euskal Herr\u00eda. Guerra, por cierto, de voluntarios frente a un ejercito gubernamental.<\/p>\n<p>Las Juntas Generales gozar\u00edan, por su parte, de id\u00e9ntica \u201cindependencia\u201d. Reunidas poco despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de Real Decreto, sus primeros acuerdos se encaminaron igualmente al loor y lisonja de los vencedores. La de Vizcaya, reunida en Guernica el 11 de diciembre, nombr\u00f3 diputado general a Espartero; la de Alava, en Asamblea General de 16 de diciembre, endos\u00f3 al caudillo vencedor los t\u00edtulos de \u201cProtector del Pa\u00eds Vascongado\u201d y \u201cPadre de la Provincia\u201d, y para no quedarse atr\u00e1s, la de Guip\u00fazcoa, en sesi\u00f3n del 17, celebrada en Deva, designo al mismo hombre \u201cHijo Adoptivo de la Provincia \u201c, am\u00e9n de diputado general. Para que decir que todos estos acuerdos estaban convenientemente aderezados con entusiastas adhesiones a Isabel II y a la reina gobernadora, aprovechando el cap\u00edtulo de gracias para elogiar a Maroto y a Mu\u00f1agorri, entre otros art\u00edfices de lo de Vergara.<\/p>\n<p>El servilismo -algunos tratadistas lo califican de oportunismo o maniobra para preservar en lo posible el r\u00e9gimen foral ante el desastre que se presum\u00eda- (ya hemos visto que el ataque foral viene de las Cortes de C\u00e1diz) lleg\u00f3 a su zenit en el caso de la Diputaci\u00f3n de Navarra, tambi\u00e9n constituida provisionalmente en 1.939 tras la conclusi\u00f3n del convenio. En una exposici\u00f3n dirigida el 24 de octubre por el expresado organismo a la reina gobernadora, y que puede entenderse como un respaldo al Real Decreto inmediatamente posterior, de que hemos hablado, la Diputaci\u00f3n afirmaba cosas como \u00e9stas: \u201cLa Navarra quiere la Constituci\u00f3n del Estado del a\u00f1o 1837: esto es lo que ante todas las cosas quiere. Todo lo que tienda a tergiversar este hecho es falso y, adem\u00e1s perjudicado a Navarra. Miles de navarros han derramado su sangre en los campos de batalla por ese \u00eddolo, y miles de navarros est\u00e1n dispuestos a derramarla de nuevo antes que se les arrebate esa prenda de seguridad, esa garant\u00eda firme de las libertades p\u00fablicas y el trono de Isabel II. Tambi\u00e9n quieren los navarros sus fueros, pero no los quieren en su totalidad: no estamos en el siglo de los privilegios ni en tiempo de que la sociedad se rija por leyes del feudalismo. Cuando se han proclamado los principios de un ilustrada y civilizadora legislaci\u00f3n. La Navarra no puede rehusarlos.\u201d<\/p>\n<p>Y reiteraba la misma Diputaci\u00f3n -que, por cierto, se autocalificaba a s\u00ed misma en el documento de \u201cprovincial\u201d, cuando hasta entonces el adjetivo era de \u201cforal\u201d- su adhesi\u00f3n al sistema constitucional en los siguientes t\u00e9rminos: \u00abConf\u00edrmense los fueros de Navarra salva la Constituci\u00f3n del Estado. Quede ilesa y preservada para Navarra la Constituci\u00f3n de la monarqu\u00eda, y as\u00ed habr\u00e1 un lazo de uni\u00f3n y un norte fijo, que conducir\u00e1 infaliblemente al puerto de salvaci\u00f3n y evitar\u00e1 por siempre todo naufragio. Planif\u00edquense los fueros, desde luego, en la Navarra, pero que sea siempre salva la Constituci\u00f3n, sea \u00e9sta su primera ley fundamental.\u201d<\/p>\n<p>Aparte del significado que quiera darse al documento, es interesante ver el concepto que los redactores del mismo ten\u00edan de los fueros, porque, seg\u00fan ellos, \u00e9stos eran \u201cprivilegios\u201d y \u201cleyes del feudalismo\u201d, lo cual es bastante parad\u00f3jico si pensamos que al mismo tiempo estaban pidiendo que se mantuviesen. El fallo resid\u00eda, a todosluces, en que aquellos redactores eran liberales, por lo cual, y pese a su fuerismo, rend\u00edan sus propias libertades comunitarias a la abstracci\u00f3n constitucional que estimaban m\u00e1s acorde con el \u201csiglo\u201d. Su foralismo, si realmente exist\u00eda, era subsidiario, sin fe alguna en las posibilidades de la evoluci\u00f3n y reforma que un r\u00e9gimen de representaci\u00f3n democr\u00e1tica, como el vasco o el navarro, pod\u00eda ofrecer a trav\u00e9s del cauce legislativo de unas Cortes regionales plenamente restauradas.<\/p>\n<p>Porque era cierto que los fueros necesitaban de una actualizaci\u00f3n que les hiciese salir de su anquilosamiento multisecular y, en buena parte, clasista; pero nunca por ello pod\u00eda someterse el sistema auton\u00f3mico de un pa\u00eds a unas leyes generales, extra\u00f1as, en definitiva, y de las que, por supuesto, no saldr\u00eda jam\u00e1s la necesaria reforma legislativa foral.Y ya que hemos hablado de la posici\u00f3n contemporizadora -llam\u00e9mosla as\u00ed- de las nuevas Diputaciones establecidas por los vencedores, comparemos su actitud, nada preocupante para el Gobierno de Madrid, con la de los organismos hom\u00f3nimos en el territorio carlista, tanto en la primera como en la de Carlos VII. Estas \u00faltimas, lo hemos visto, no admit\u00edan la m\u00e1s m\u00ednima violaci\u00f3n de sus propias autonom\u00edas. Ni una leve injerencia en sus gobiernos respectivos por parte de cualquier autoridad civil o militar carlista, aunque fuese la del rey. La diferencia estriba, pensamos, en que las Diputaciones carlistas estaban en manos de verdaderos convencidos de la tarea que desempe\u00f1aban, de aut\u00e9nticos fueristas que, pon\u00edan a su comunidad por encima de ideas y de hombres, y tambi\u00e9n en que eran representativos de quienes les hab\u00edan elegido y de los que luchaban con las armas por lo mismo que ellos defend\u00edan en la administraci\u00f3n. Su autoridad era indiscutible, lo cual, unido a que los gobiernos carlistas -por convencimiento o conveniencia- facilitaron esas realidades de independiente autogesti\u00f3n, hace que hoy contemplemos a las Diputaciones carlistas como la \u00faltima ocasi\u00f3n de plenitud auton\u00f3mica de nuestra historia contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, Espartero, ya due\u00f1o absoluto del poder tras haber sido designado Regente del Reino como consecuencia de la marcha de Mar\u00eda Cristina en 1.840, promulg\u00f3 un nuevo Real Decreto que aclarar\u00eda definitivamente cualquier duda que aun existiese en torno al sentido antiforal de la pol\u00edtica seguida por los vencedores. El Decreto, de fecha 29 de octubre de 1.841, se dict\u00f3 con la excusa de \u201creorganizar la administraci\u00f3n de las provincias Vascongadas\u201d y para preservar \u201cel principio de unidad constitucional sancionado en la Ley de 25 de octubre de 1.839\u201d, como se dec\u00eda en el encabezamiento del nuevo texto legal. Su fin era asestar el golpe de gracia a la menguada supervivencia auton\u00f3mica vasca. El art\u00edculo 9\u00ba, concretamente, abol\u00eda la fundamental\u00edsima instituci\u00f3n del \u201cpase foral\u201d, arma legal de los vascos para defenderse de las arbitrariedades, intromisiones o injerencias legales del poder central. Dicho art\u00edculo estipulaba: \u201cLas leyes, las disposiciones del Gobierno y las providencias de los tribunales se ejecutar\u00e1n en las provincias Vascongadas sin ninguna restricci\u00f3n, as\u00ed como se verifica en las dem\u00e1s provincias del reino,\u201d El \u201cpase foral\u201d ya no se restablecer\u00eda hasta que en la guerrade Carlos VII se restauraron en toda su integridad los reg\u00edmenes auton\u00f3micos vascos.<\/p>\n<p>En virtud de los dem\u00e1s art\u00edculos del Decreto, los vascos perd\u00edan asimismo el r\u00e9gimen especial de sus Ayuntamientos. Ve\u00edan sustituidos los corregidores por jefes pol\u00edticos nombrados por el Gobierno -los que posteriormente se denominaron gobernadores-.<\/p>\n<p>Quedaron suprimidas las Juntas Generales -poder legislativo vasco- y las Diputaciones Generales -poder ejecutivo-, siendo reemplazadas por las Diputaciones Provinciales. Se impuso un sistema judicial igual al resto de la monarqu\u00eda y, en general, toda la vida del pa\u00eds, en cualquiera de sus aspectos, qued\u00f3 indefensa y a disposici\u00f3n del poder central. La resistencia a tales disposiciones fue m\u00ednima en el Pa\u00eds Vasco. Alguna protesta de Alcalde, como la del de Azpeitia, que junto con todo su Ayuntamiento se neg\u00f3 a acatar a un jefe pol\u00edtico impuesto -por lo que fue detenido-, y alguna fuerte discusi\u00f3n en la C\u00e1mara de Diputados o en el Senado originada por los representantes vascos. Nada m\u00e1s. El pueblo estaba cansado de guerra, la resistencia de Cabrera hab\u00eda cesado un a\u00f1o antes -no hab\u00eda, pues, peligro de una reactivaci\u00f3n-, el territorio vasco segu\u00eda militarmente ocupado, y la articulaci\u00f3n del sentimiento foral, al margen del carlismo, no se podr\u00eda iniciar hasta 1.850.<\/p>\n<p>Estaba prohibido hasta gritar \u201c\u00a1Vivan los fueros!\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre he considerado que la libertad de expresarse, sin faltar a los dem\u00e1s, es uno de los verdaderos principios que rigen la democracia y nuestra Constituci\u00f3n. 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