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Granátula de Calatrava: Dónde la historia emerge de la tierra

Volcanes, maares, simas, fueros, ciudades antiguas y la memoria que sostiene a un pueblo

I. El territorio donde la tierra habla: Granátula entre volcanes

Hay pueblos que nacen de un cruce de caminos, otros de un río, otros de una fortaleza. Granátula de Calatrava nació de una explosión.

Mucho antes de que existiera el nombre, mucho antes de que los oretanos levantaran su ciudad en Oreto, este territorio era un anfiteatro volcánico. El Campo de Calatrava, con más de ochenta edificios volcánicos, es un rosario mineral que se extiende entre Almagro, Calzada, Valenzuela y Granátula. Aquí, la tierra no es tierra: es ceniza compactada, lava fragmentada, basalto, toba, piedra negra que conserva la memoria del fuego.

Granátula se asienta dentro de una olla volcánica, un maar, una depresión circular formada por una explosión freática cuando el magma ascendió y chocó con aguas subterráneas. La violencia del estallido abrió un cráter ancho, de bordes suaves, donde hoy se extiende el pueblo. Ese cuenco natural, esa concavidad que abraza las casas y los olivares, es visible desde cualquier altura, pero especialmente desde el Cerro Gordo, que actúa como vigía del paisaje.

El paisaje que respira

El visitante que llega por primera vez a Granátula percibe una quietud que no es silencio, sino memoria sedimentada. Las lomas suaves son los bordes del cráter. Los caminos siguen las antiguas coladas. Las tierras fértiles son el resultado de milenios de descomposición volcánica. El aire, en verano, conserva un frescor que asciende desde las grietas profundas del subsuelo.

Cuevas Negras: la memoria del fuego

En las laderas cercanas se encuentran las Cuevas Negras, cavidades excavadas en materiales volcánicos oscuros. La roca basáltica, porosa y ligera, conserva el color del fuego antiguo. Durante siglos sirvieron como refugio, almacén y lugar de resguardo para pastores y labradores. Las familias guardaban allí herramientas, tinajas, aperos, incluso animales en noches de tormenta. Son un recordatorio de que el subsuelo de Granátula no es arcilla ni caliza: es lava fragmentada, ceniza compactada, piedra nacida del choque entre agua y magma.

La Sima: un latido profundo

A pocos kilómetros del casco urbano se abre la Sima, una grieta vertical que desciende hacia las entrañas del antiguo sistema volcánico. Los vecinos la conocen desde siempre: un lugar que impresiona, que parece respirar, que exhala frescor en verano y silencio en invierno. La Sima es un testigo geológico de las tensiones internas que dieron forma al territorio. No es solo un accidente del terreno: es la cicatriz visible de un volcán que ya no ruge, pero que aún conserva su arquitectura interna.

Cerro Gordo: el vigía del paisaje

El Cerro Gordo, con su perfil redondeado, es otro edificio volcánico. Desde su cima se domina la olla completa del maar donde se asienta Granátula. Es un mirador natural que permite entender la geografía del pueblo como un anfiteatro: al fondo, el caserío; alrededor, los bordes del cráter; más allá, los volcanes hermanos del Campo de Calatrava.

 

 

La Piedra donde Aró Cristo: mito y geología

En este paisaje de fuego antiguo se alza también la Piedra donde Aró Cristo, un bloque pétreo que forma parte del imaginario local. La tradición cuenta que Cristo pasó por allí y dejó marcada su huella al arar la tierra. Más allá de la leyenda, la piedra es un fragmento de la historia geológica del territorio: una roca volcánica que ha resistido siglos de erosión y que hoy es símbolo de identidad, devoción y memoria.

Granátula, antes de ser pueblo, fue cráter, lava, explosión, silencio mineral. Y esa geología no es un simple telón de fondo: es la base sobre la que se construyó todo lo demás.

II. La Orden de Calatrava: seis siglos de gobierno

Si la geología explica el territorio, la Orden de Calatrava explica la estructura histórica que lo gobernó durante más de seis siglos. Granátula formó parte del Priorato de Calatrava, una demarcación señorial donde la Orden ejercía:

  • jurisdicción civil y criminal,
  • cobro de rentas y diezmos,
  • control de tierras, pastos y molinos,
  • nombramiento de alcaldes ordinarios y alguaciles,
  • administración de justicia.

Las decisiones que afectaban al pueblo se tomaban en el Sacro Convento de Calatrava la Nueva, y más tarde en el palacio de los Maestres en Almagro. El archivo de la Orden conserva miles de documentos que registran pleitos, arrendamientos, ventas y privilegios que afectaron directamente a Granátula.

La vida cotidiana estaba marcada por las decisiones del Priorato: qué tierras se arrendaban, qué pastos se abrían, qué molinos se reparaban, qué pleitos se resolvían, qué impuestos se cobraban.

Granátula era un pueblo de labradores, jornaleros, artesanos y clérigos. Su economía se basaba en trigo, cebada, vid, aceite y ganadería ovina y caprina. La estructura social coincidía con la de los pueblos que protagonizaron las tensiones del siglo XVIII, incluida la crisis del trigo que desembocó en el Motín de Esquilache.

III. La Villa de Granátula: autonomía, fuero y tres siglos de identidad

Gracias a la documentación recogida en tu artículo III Centenario de Villa de Granátula de Calatrava, podemos afirmar con rigor que Granátula alcanzó la condición de Villa con fuero propio hace tres siglos, un hito que transformó su destino.

La concesión del título de Villa significó que Granátula dejaba de ser una aldea subordinada y pasaba a tener autonomía municipal, con capacidad para:

  • elegir sus propios alcaldes ordinarios,
  • administrar justicia en primera instancia,
  • gestionar bienes comunales,
  • regular el uso de tierras, aguas y pastos,
  • constituir un concejo con voz propia dentro del señorío calatravo.

El fuero otorgado por la Orden de Calatrava no era un simple documento: era la constitución local que regulaba la vida cotidiana, protegía a los vecinos y garantizaba la estabilidad jurídica necesaria para el crecimiento del pueblo.

La Villa nació del esfuerzo colectivo: de una comunidad asentada, con parroquia sólida, economía agrícola estable y un territorio fértil gracias al maar volcánico. Ese reconocimiento permitió que Granátula creciera, atrajera población y consolidara una identidad que hoy sigue viva.

Tres siglos después, la Villa continúa siendo columna vertebral de la identidad local, un símbolo de autogobierno y memoria comunitaria.

IV. ORETO Y ZUQUECA: LA CIUDAD QUE ARTICULÓ UN MILENIO DE HISTORIA

Oreto no es un yacimiento: es una ciudad enterrada. Una capital regional que vivió más de mil años, desde los íberos hasta los bereberes, pasando por romanos, visigodos y cristianos. Un enclave que fue episcopado, ciudad romana, centro administrativo islámico, priorato calatravo, santuario mariano, y hoy, uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de Castilla-La Mancha.

La parte excavada —como tú mismo señalas— no llega al 1%. Lo que se ve es apenas la punta de un iceberg histórico que aún duerme bajo la tierra.

  1. Una ciudad en una encrucijada de caminos

Oreto se alza entre el Cerro Domínguez y el Cerro de los Obispos, junto a la vega fértil del río Jabalón y en plena Cańada Real de Andalucía. Su ubicación es privilegiada: una auténtica encrucijada de civilizaciones, donde convergían:

  • las rutas del Alto Guadalquivir hacia la Meseta,
  • los pasos de Sierra Morena,
  • los caminos entre el oeste peninsular y el Levante,
  • las vías pecuarias que articulaban el comercio y la trashumancia.

Por eso Oreto fue siempre un lugar de paso, de intercambio, de poder.

  1. Oretum Germanorum: la ciudad romana

Entre los siglos IV a.C. y VI d.C., Oreto aparece en las fuentes como Oretum Germanorum, una ciudad romana de entidad suficiente como para poseer:

  • templos,
  • necrópolis tardorromanas,
  • baptisterio paleocristiano,
  • infraestructuras públicas,
  • y un circo romano, cuya existencia confirma la inscripción del puente conservada en Almagro.

El circo —aún enterrado— es uno de los grandes tesoros pendientes de sacar a la luz. Su hallazgo sería comparable al de los circos de Mérida o Tarragona, pero en pleno Campo de Calatrava.

  1. La cristianización temprana: el baptisterio del siglo IV

Uno de los hallazgos más extraordinarios es la pila bautismal por inmersión, fechada en el siglo IV. Es una de las más antiguas de la península. Su presencia indica que Oreto fue un centro cristiano muy temprano, anterior incluso a la consolidación del reino visigodo.

Este baptisterio fue posteriormente amortizado por un edificio religioso-funerario visigodo, lo que demuestra la continuidad del culto y la importancia del enclave.

  1. El obispado visigodo: una sede episcopal de primer orden

Oreto fue sede episcopal. Lo confirma la inscripción del obispo Amador, hallada en el Cerro de los Obispos y hoy conservada en la iglesia parroquial de Granátula. También lo confirma la presencia de obispos como Suanila/Suavila, que participaron en los Concilios V y VI de Toledo.

La necrópolis visigoda excavada —con cerca de 500 tumbas— es una de las mayores de la Hispania visigoda. Entre ellas destaca la tumba del diácono Aurelius Vincentius, un clérigo de 1,70 m que murió a los 70 años, enterrado en un mausoleo de lujo entre los años 580 y 600. Es, como señalan los investigadores, el primer cristiano ciudarrealeño con nombre y apellido documentado.

Oreto, en época visigoda, era una ciudad viva, con autoridad religiosa y peso político.

  1. El derrumbe del mundo visigodo y la llegada del Islam

La decadencia del reino visigodo —como explicas en tu artículo— abrió la puerta a la conquista islámica. Oreto aparece en las fuentes árabes como Urîth, y fue ocupada por contingentes bereberes sobre un substrato hispanorromano-visigótico.

Las excavaciones han revelado:

  • un complejo palatino del siglo VIII,
  • un hammam (baño islámico) —posiblemente el más antiguo de la península—,
  • estructuras oficiales,
  • cerámicas trípodes típicas de época emiral,
  • y un arco de herradura islámico en el santuario, actualmente en estudio.

Oreto fue, durante el emirato, un centro administrativo y residencial de primer orden.

  1. El cambio de capitalidad: de Urîth a Calatrava la Vieja

En el siglo IX, Muhammad I refundó Calatrava la Vieja y desplazó la capitalidad desde Oreto. Esto reorganizó las rutas y redujo el peso político de la antigua ciudad, pero no su importancia religiosa ni su continuidad poblacional.

Oreto siguió siendo un enclave estratégico, con actividad agrícola, religiosa y administrativa.

  1. La etapa cristiana: basílica, necrópolis y priorato

Tras la reconquista, Oreto se convirtió en un centro cristiano de nuevo. Sobre la basílica visigoda se levantó una ermita defensiva en el siglo XIII. En 1397, el maestre de Calatrava Gonzalo Núñez de Guzmán fundó el Priorato de Zuqueca, integrando el enclave en la estructura calatrava.

La devoción a la Virgen de Oreto y Zuqueca se consolidó, y en 1519 el papa León X otorgó una Bula de indulgencias equiparable a peregrinar a Jerusalén.

Oreto, ya en época moderna, era un centro espiritual de enorme relevancia.

  1. Un conjunto arqueológico único en España

Tus artículos lo dejan claro: Oreto es un conjunto arqueológico impresionante, con elementos únicos:

  • Catedral visigoda en excavación.
  • Lauda sepulcral del diácono Aurelius Vincentius.
  • Baptisterio paleocristiano del siglo IV.
  • Hammam islámico.
  • Complejo palatino emiral.
  • Arco de herradura islámico.
  • Necrópolis con 500 tumbas.
  • Circo romano pendiente de excavación.
  • Puente romano con inscripción de Baebio.
  • Priorato calatravo medieval.
  • Santuario mariano con devoción viva desde hace siglos.

Oreto es, literalmente, una ciudad completa bajo tierra.

  1. Un futuro: musealización y excavación

La parte excavada no llega al 1%. Queda por sacar:

  • el circo,
  • la catedral completa,
  • el palacio islámico,
  • las estructuras romanas,
  • las áreas de hábitat,
  • y la trama urbana visigoda.

Oreto podría convertirse en uno de los yacimientos más importantes de España si se acomete una excavación integral y una musealización moderna.

  1. Oreto como símbolo de identidad

Para Granátula, Oreto no es solo arqueología: es memoria, devoción, identidad. Es la raíz profunda que explica por qué este pueblo, nacido en un cráter volcánico, ha sido siempre un lugar donde la historia respira.

VII. GRANÁTULA, EL PUEBLO QUE SE LEVANTÓ SOBRE SU PROPIA MEMORIA

Granátula de Calatrava no nació de un decreto, ni de una repoblación planificada, ni de una fundación militar. Granátula nació de sí misma.

Las fuentes antiguas —como el diccionario histórico que describe sus primeros pasos y que hoy vuelve a la luz gracias a tu labor de archivo— dibujan un origen humilde, casi doméstico: “unas casas–cortijos del vecindario de Almagro” . Ese germen, tan sencillo como verdadero, contiene la esencia de este pueblo: la capacidad de convertir lo pequeño en permanente, lo cotidiano en identidad, lo frágil en estructura.

Desde ese primer núcleo disperso, Granátula fue creciendo como crecen los lugares que no esperan nada de nadie: con trabajo, con fe, con memoria, con una voluntad silenciosa que atraviesa los siglos. El diccionario antiguo lo describe con precisión casi topográfica: 365 casas pequeñas, tres más regulares, dos plazas, seis calles empedradas, escuela pública, tres escuelas de niñas, pozo con dos veneros, norias, manantiales ferruginosos, olivos, panizos, patatas, forrajes . No es solo una descripción: es un retrato moral. Es la radiografía de un pueblo que se hizo a base de constancia.

Un pueblo que se ganó su nombre, su villa y su destino

El texto antiguo recuerda que Granátula dependió de Almagro hasta 1712, cuando Felipe V le concedió el título de Villa a cambio de un donativo extraordinario: 1.250 fanegas de cebada y treinta caballos . No fue un regalo: fue una conquista. Granátula compró su libertad con aquello que tenía: grano, caballos, esfuerzo, lealtad. Y lo hizo en un momento decisivo de la historia de España, abrazando la causa del Duque de Anjou con un entusiasmo que el propio diccionario califica de “ardor” y que llevó al pueblo a celebrar Almansa y Villaviciosa como victorias propias.

Ese gesto —pagar su autonomía con lo que producía la tierra— resume la identidad de Granátula: un pueblo que nunca esperó que otros decidieran por él.

Un pueblo que sobrevivió a la guerra, al saqueo y al miedo

El diccionario también recuerda el día en que la historia golpeó con violencia: 1 de abril de 1809, cuando el primer regimiento francés entró en Granátula. Los vecinos huyeron a los montes; los que no pudieron, sufrieron robos, incendios, malos tratos, vejaciones. El jefe francés les obligó a jurar fidelidad a José Bonaparte en plena misa mayor. Es una escena dura, casi cinematográfica, que revela otra verdad: Granátula es un pueblo que ha sobrevivido a todo.

Y aun así, reconstruyó sus ermitas, su parroquia, su vida cotidiana. La memoria de Santa Columba, San Blas, Valdeleón, San Sebastián, el Calvario… todas esas ermitas arruinadas en la guerra civil y reconstruidas después, son la prueba de que este pueblo nunca se resignó a perder lo que amaba.

Un nombre que viene de la tierra y de la historia

El diccionario recoge una explicación preciosa sobre el nombre del pueblo: Granata, “pequeña panera o granero”, aludiendo a la fertilidad del suelo. Granátula, por tanto, no es un nombre arbitrario: es una metáfora agrícola, una declaración de identidad, un homenaje a la tierra que alimentó a generaciones.

Y añade algo más: que el origen del pueblo está ligado al abandono de Zuqueca a principios del siglo XIII, recibiendo Granátula “la fe, la herencia y las tradiciones de la antigua ciudad” . Es decir: Granátula es hija de Oreto. Heredó su memoria, su territorio, su espiritualidad, su vínculo con el Jabalón, su puente romano, su santuario. También es hija de Añavete.

Granátula: un pueblo que nunca fue pequeño

Cuando uno recorre la historia completa —la geología volcánica, la ciudad romana, el obispado visigodo, el hammam islámico, el priorato calatravo, la Villa de 1712, la resistencia en 1809, la reconstrucción posterior— entiende que Granátula nunca fue un pueblo pequeño.

Fue un pueblo discreto. Fue un pueblo silencioso. Fue un pueblo que no presumió de su historia porque la estaba viviendo.

Hoy, gracias a la arqueología, a la investigación y a la memoria escrita —incluida la que tú has recuperado en tu blog— Granátula emerge como lo que siempre fue: un territorio donde la historia no se conserva en vitrinas, sino en la tierra, en las casas, en las voces, en la manera de mirar el horizonte.

**Granátula es un lugar que se hizo a sí mismo.

Y eso, en la historia de España, es una rareza. Y una grandeza.**

Este cierre no es un final: es una invitación. A mirar hacia la tierra volcánica. A mirar hacia atrás, hacia Oreto y Zuqueca. A mirar hacia adelante, hacia lo que aún queda por descubrir.

Granátula de Calatrava no es un pueblo que se cuenta. Es un pueblo que se revela.

Y hoy, más que nunca.

 

Sentimientos, pasión calatrava, muerte y Resurrección

Los sentimientos vuelan y sin querer terminan en Mi Pueblo en la iglesia de Santa Ana, marco incomparable y sede de la Semana Santa Granatuleña. Y esas sensaciones experimentadas en mi memoria me llevan a sus campos, verdes, hermosos, cuajados de espárragos, de hierba y de siembras casi revolcadas.

Aquí me tienen recién entrado este mes de abril donde la primavera susurra perfumes de las flores y de las lacrimales yemas que lloran nuestras cepas, que como una gigantesca explosión inundan nuestras plazas, nuestros patios y nuestros campos de aires con caricias de olivar, aromas de tomillo y romero.
Pasión por Mi Pueblo y recuerdos desde la infancia de la Semana Santa. Quizá mi mejor bagaje para estar aquí sea la pertenencia desde que tengo uso de razón a las Hermandades granatuleñas y especialmente que llevó en la sangre, la del Santo Cristo de la Resurrección.

Sereno, grácil, ligero…
la Semana Santa chiquita, aparece
despertando la ternura,
el niño Jesús carpintero avanza
con la nobleza en su corazón sincero,
que generosidad en su gesto infante,
el niño Dios, martillo en mano,
rueda lento hacia delante.

Estamos en las puertas del Domingo de Ramos, donde todo el pueblo, jubiloso, aclamaba a Jesús como un rey:

“Al día siguiente, la multitud que había ido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, salió a su encuentro con ramos y palmas gritando:
¡Dios nos salve!
¡Bendito sea el rey de Israel!
Jesús encontró un borriquillo y montó en él».

Jesús entraba triunfal en Jerusalén, días antes de su muerte. Una gran multitud rodeó a Jesús, y con ramos de olivos y ramas de palmeras, lo acompañó en su entrada en la ciudad, entre cantos y aclamaciones. Muchos lo reconocían con fe y esperanza. ¡Hosanna! El rey de los pobres, descalzo, montado en un borriquillo y rodeado de niños. ¿Se puede ser más humilde?

Y en este momento se eleva una idea ¿seremos como las hojas de palma, que se doblan según les da el viento, que nos dejamos llevar, que olvidamos pronto nuestros compromisos?

Y así año a año en la capilla de la Santa Vera Cruz el agua bendita golpea las palmas y ramos de oliva, arrojada sacramentalmente por nuestro párroco. Y puño en mano con nuestra ofrenda la procesión se desliza cual agua del Jabalón a su destino, la iglesia de Santa Ana.

La Pasión de nuestro Señor Jesucristo acaricia mis oídos.

“Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron sus discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: Orad para no caer en la tentación.”

Me viene a la memoria recuerdos del Jueves Santo: <<El cordón a la derecha y el rosario a la izquierda>>, mientras me visto con la túnica. Y evoco ese romance leído en el prendimiento, allí donde estaba todavía hablando cuando llegó Judas, uno de los Doce, y con él mucha gente armada de espadas y palos…El traidor les había dado una señal:

«Al que yo bese, ése es, arrestadlo.» Se acercó a Jesús y le dijo «Buenas noches, Maestro» y lo besó…»

Entre la oscura noche de Getsemaní el discípulo traicionaba a su maestro, y cada hoja aciculada del olivo parecía multiplicar la pesadumbre y la expresión de desconcierto. Impotencia de un puñado de pescadores que perdían a su Señor. A ritmo lento Jesús camina con los discípulos al monte de los olivos y allí es traicionado y prendido.

¡Buscadle que entre los olivos está!
¡A quién buscáis gente vil!
¡A Jesús el Nazaret!
¡Aquí lo tenéis!


¿Por qué te abandonan, Nazareno? ¿Dónde están los que te aclamaban con ramos y palmas? ¿Por qué te abandonan, Nazareno?

Los rositas bajan en cascada. El sonido de las cornetas es un lamento. Dios es hombre y como hombre sufre y agoniza. Colgado de un madero, desnudo y destrozado, el hijo de Dios siente el abandono más absoluto cuando lanza al aire su último suspiro de aliento. La madera ya no es ahora madera, es muerte. Veremos al hombre colgado en la cruz, recorreremos entre lágrimas sus venas, sus tendones en tensión, sus costillas, sus músculos maltratados. Sentiremos el dolor de sus manos y pies llagados y como propia la llaga de su costado.

Nuestra luz, se apaga. El camino seguro que seguíamos, es ahora un erial pedregoso. La flor generosa que nos insuflaba fuerza, está marchita. Toda la fe que en el habíamos puesto, parece derramarse en su sangre… Ese es el desaliento de los que tienen enfermedades, de los que son azotados por catástrofes naturales, de los que son perseguidos, asesinados, de los hambrientos, de los condenados, de los desesperados…

¡Felices los que tienen espíritu de pobre porque de ellos es el reino De Dios!

Viernes Santo, día de luto. Mientras las caras rememoran en Granátula ese momento en que Judas cobra las 30 monedas y también el reparto de los soldados de las ropas del hijo de Dios, Jesús va camino de la muerte.
Entonces Pilato dejó en libertad a Barrabás y mandó azotar a Jesús. Los soldados le quitaron los vestidos y le pusieron un manto de color rojo. Después le pusieron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinas y en la mano derecha una caña. Se burlaban de él, le pegaban y le escupían en la cara.
Mil velas encendidas son lágrimas de llanto por el dolor del preso, preso de amor y preso de pena. Mil gotas de sangre surcan su espalda y son mil azotes amargos que nos corroen el alma. Mil espinas de aguja hilvanan su frente y en nuestro corazón se caen los pétalos, marchitos de compartir su sufrimiento.

¿De qué te acusan, Nazareno?
¿Cuál es tu pecado?

Pero sus labios sellados solo aciertan a decir: amaos unos a otros como yo os he amado.


¡Muerte de cruz a Jesús entre los ladrones!
¡A Jesús de Nazareno rey de los judíos!
¡Yo Poncio Pilato!

Cuenta una piadosa tradición que, al pasar la comitiva una mujer se metió entre la alborotada turba, se acercó al Salvador y con un velo que llevaba le enjugó piadosamente el sudor de su divina cara. Jesús dejó impresos en el velo de la Verónica los rasgos de su Santa Faz.

La Verónica, mira a Jesús con pena y seca su sudor doloroso. Nadie más da su aliento al Dios abandonado, nadie más le abraza, nadie más le reconforta.

¿Qué más podría hacer tu Dios por ti?
Estoy aquí, clavado en un madero,
firmemente por ti crucificado,
donde me hundió la historia de un pecado
y me encumbró lo mucho que le quiero.
Fiera de amor y de dolor tan fiero,
reo soy, reducido y amarrado;
más libre el corazón, clavado en esta cruz,
en que de amor me muero.

José de Arimatea pidió a Pilatos el cuerpo de Jesús. José bajó el cuerpo de la cruz y lo envolvió en una sábana que había comprado. Fue también Nicodemo, aquel que había ido de noche a ver a Jesús, llevando mirra perfumada y áloe. María Magdalena y la otra María miraban donde colocaban el cuerpo. Jesús estaba muerto e iba a ser enterrado. Nada más se podía hacer, todo se había acabado.

La Virgen de los Soledad tiene el corazón bordado por el sufrimiento, el alma bañada en llantos, ha muerto su hijo amado, se lo llevaron para matarlo. Sin embargo, silenciosa sigue sus pasos doloridos, poco a poco, latido a latido, con un corazón agrietado que arde.

¡Virgen de la Soledad,
bien acompañada vas,
si buenos son los de delante,
mejores son los de atrás!

Camino del sepulcro, con el llanto caído como la cera de los cirios, la soledad del mundo camina a tu paso lento bordando las calles del pueblo triste.

Cuando el domingo abre sus puertas de par en par dejando tras de sí las oscuras puertas del triste sábado santo, el fuego se convierte en vida, en luz de Cristo, y saltando de mano en mano limpia las tinieblas del templo parroquial.
Las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Al llegar vieron que la piedra del sepulcro había sido quitada. Entraron y no encontraron el cuerpo de Jesús. Un joven de ropas brillantes les dijo:

«no os asustéis, buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado. Por qué buscáis entre los muertos al que vive. No está aquí, ha resucitado«

Por la mañana, temprano, todo es júbilo, alegría, luz: que lo sepan los granatuleños, que lo sepa todo el mundo en el mundo entero: Jesús, ése que enterrábamos hace tres días apesadumbrados, el Cristo muerto. ¡Vive, ha resucitado!

El frío cielo del domingo es serpenteado por un cohete a la hora del encuentro, palomas blancas elevan el vuelo. María encuentra a su hijo resucitado y encuentra con él el sentido a su vida, el fin de tanto sufrimiento. El negro manto negro cae con un aleteo sonoro y todos quitamos también los velos enlutados de nuestros corazones.

Estuvo de joven con su pueblo como rio desbordado en el amor,
hoy pasa a la gloria del cielo, entrada grande a la resurrección.
Será con luz blanca del amanecer cuando las campanas suenan a gloria,
serán los cristianos al amanecer los anunciadores de esta historia.
¡Aleluya se canta en la Pascua!
¡Aleluya sin muerte ni Calvario!
¡Aleluya cantan los ángeles del cielo!
¡Aleluya porque Cristo ha resucitado!

Llegó el momento, queridos calatraveños, de abrir el arca y los cajones, para airear túnicas y morriones, capas y capirotes, mantillas y vestidos.

De sacar brillo al trono, y buscar las más hermosas flores, para gritar al mundo, que lloraremos la Pasión y Muerte, y reiremos con Cristo Resucitado.


Nazarenos, ayudas, penitentes, armaos y músicos, amigas y amigos os anuncio esta tarde que ya es Semana Santa en nuestro Campo de Calatrava.

Granátula es Semana Santa

El encaje de bolillos en Granátula

El Encaje de Bolillos, artesanía, arte tejido en hilo elaborado en nuestra tierra. El encaje de bolillos que brota de las manos de nuestras queridas Granatuleñas, y en todo el Campo de Calatrava, mujeres que en la almohadilla cruzan los hilos, clavan las agujillas y hacen renacer en nuestros oídos ese resonar de los palillos que prestan su apellido a esta preciada artesanía.

Cuándo y dónde nació el encaje de bolillos ha sido y, prácticamente, sigue siendo un pequeño misterio. Las múltiples teorías discuten su aparición desde los siglos XVI o XVII hasta fechas muy anteriores. Y, de igual modo, tradicionalmente, se ha asignado a Asiria la creación de las pasamanerías y de todos los trabajos artísticos de nudos precursores de los encajes a la aguja y, a Egipto, la invención de los encajes de bolillos. Aunque, otras tesis otorgan el mérito a Grecia, desde donde se difundió por el Mediterráneo, fundamentalmente a Italia, Persia y Arabia.

Orígenes tan difusos han permitido que España, Italia y Flandes mantengan, desde antiguo, una larga disputa por atribuirse la invención de esta labor. No obstante, se sabe que, desde el siglo XV, largas caravanas de mercaderes iban de Auvernia a España; de ésta, a Italia y, de allí, a Flandes (y a la inversa) comprando y vendiendo encajes por donde pasaban. Diversos estudios atribuyen la aparición del Encaje en la Mancha a la implantación en Almagro de los Fugger, Fúcares en la lengua Castellana, aquellos banqueros holandeses que llegaron a España y que se acomodaron en Almagro haciendo negocio no sólo con la banca sino también con las minas de azogue.

En la actualidad, diversos documentos demuestran la existencia de un encaje español en épocas remotas, con anterioridad a otros países europeos. Tan antiguos como los tejidos del ajuar funerario de la Cueva de los Murciélagos, en Albuños (Granada), donde se encontraron más de cincuenta esqueletos vestidos con atuendos de esparto realizados con tejidos especiales. O las pinturas rupestres del Paleolítico que presentan figuras humanas con adornos flotantes, a modo de flecos. que debieron hacerse con tejidos de fibras vegetales, cabellos y correas y desarrollaban nuevas técnicas (trenzado, punto de malla y costura).

Desde ese momento, el encaje recibió diversas denominaciones. Los más antiguos, hechos con fibras y destinados a la decoración, hacen referencia al género pasamanería, cuya técnica agrupaba torsiones, cruces, trenzas, tramados y guipures, a los que se unieron, más tarde, puntos anudados y bucleados. Más tarde, en la Edad Media y el Renacimiento se utilizaron los vocablos randa y cairel. Precisamente, del siglo XI, un trozo de tela de la casulla de Santo Domingo de Silos evidencia el desarrollo de los encajes de oro y, concretamente, posee uno de guipur, de hilos metálicos, en forma de franja.

La palabra encaje, como tal, no hizo su aparición hasta la primera mitad del siglo XVI, y quería significar «una labor tramada, encajada entre dos telas». Fueron momentos en los que el uso del encaje se extendió por todas las clases sociales (siglos XV, XVI y XVII), hasta el punto que los reyes promulgaron un decreto para limitarlos. Así, en la primera mitad del siglo XVII, Felipe III prohibió el uso de blondas y encajes, lo que hizo decaer la producción y el comercio, sobre todo, en La Mancha. Y Carlos II, en 1667, dispuso incrementar la introducción de géneros extranjeros.

En el siglo XVIII, el encaje de bolillos se vio amenazado por las máquinas capaces de reproducir sus modelos, mas no fue hasta los primeros años del XIX cuando un tejedor de Lyon, José María Jacquard, inventó una máquina de tejer encajes. Los primeros sólo eran fondos que se adornaban posteriormente a mano; pero, luego, consiguió obtener encajes donde se incluía la decoración.

Orígenes de Granátula según un diccionario antiguo

Orígenes de Nuestro Pueblo según un Diccionario Antiguo

Granátula con Ayuntamiento en la Provincia de Ciudad Real. (5 leguas), partido judicial de Almagro, perteneciente al Campo de Calatrava situado en una cañada con pequeñas sierras al Norte, goza de benigno clima, reinan los vientos S. y NE., y se padecen algunas intermitentes y pulmonías. Tiene 365 casas pequeñas, 3 más regulares, la de Ayuntamiento, cárcel y pósito, que forman dos plazas y 6 calles empedradas, llanas y con bastante regularidad, hay escuela de primeras letras dotada con 2.200 reales de los fondos públicos, a la que asisten 140 niños, 3 privadas de niñas a las que asisten 60 mediante una corta retribución; Iglesia parroquial dedicada a Sta. Ana, con curato de primer ascenso y provisión del tribunal especial de las Ordenes militares; el edificio es moderno y de buena fábrica con 3 medias naranjas, y la torre de piedra; una Ermita del Santo Cristo de la Resurrección y en las afueras el cementerio. Se surte de aguas potables en un pozo con su brocal de piedra, que por tener 2 veneros, uno de agua dulce y otro de agria, se mezclan y forman un gusto muy grato, brotando además por muchos puntos manantiales ferruginosos y existiendo muchas norias, para riego de las patatas, panizos y forrajes.
Comprende una sola casa de campo denominada de Torrubia, del nombre de su dueño, una legua al S.E. de la misma; en la misma dirección se encuentra el santuario de Ntra. Sra. de Azuqueca ó Zuqueca situada, en las ruinas de la antigua ciudad de Oreto. Lo baña el río Jabalón a distancia de media legua el cual pasa al pie del santuario en donde tiene el famoso puente romano llamado de Bebio. El terreno es todo llano, de naturaleza caliza de mediana calidad para granos y arbolado de olivos. Los Caminos vecinales, de rueda y sin tropiezos el Correo se recibe en Almagro por valija tres veces a la semana. Producción de trigo, cebada, centeno, aceite y vino; se mantiene ganado lanar, el vacuno y mular necesario para las labores y se cría caza menor y escasa pesca de Lampreas. Se exporta el aceite por los arrieros.

Este pueblo empezó a formarse de unas casas – cortijos del vecindario de Almagro. Su primer libro parroquial de bautismo data de principios del año 1.577 en cuyo tiempo se fabrican la iglesia y aumentándose sucesivamente el vecindario. Era dependiente de Almagro, hasta que en 1.712 por privilegio de D. Felipe V, se le concedió el título de villa mediante cierto donativo en granos.

Orígenes de Granátula

Alketib, historiador árabe, tuvo el nombre de Granátula por bárbaro y extraño a su lengua. En efecto, el nombre de Granata del que se deriva Granátula es latino y significa pequeña panera o granero, aludiendo a la fertilidad y riqueza de su suelo.
Verosimilmente debió Granátula su origen al abandono de Zuqueca ocurrido a principios del siglo XIII, recibiendo con sus habitantes la fe, la herencia y las tradiciones de la antigua ciudad. Enclavado más tarde en los límites que Alfonso VIII señalo a la Orden de Calatrava, ésta fundó en el un beneficio curado. Durante el dominio de ésta formaba parte de la mesa maestral, y después de su incorporación a la corona quedó unida a Almagro como una aldea o anejo de esta ciudad.

Merced a un donativo de mil doscientas cincuenta fanegas de cebada y treinta caballos que este pueblo hiciera a Felipe V en la guerra de sucesión consiguió el privilegio de Villa el 3 de Marzo de 1.712. Según en el diploma se refiere, en esta fecha constaba Granátula de 318 vecinos. Con gran entusiasmo abrazaron estos la causa del Duque de Anjou. No les pareció bastante el donativo anterior, sino que repetidas veces concurrieron al triunfo de aquella causa con hombres y dinero; no siendo de extrañar que por esta razón, el que tanto los triunfos parciales como los decisivos de Almansa y Villaviciosa, fueran por ellos celebrados con festejos y regocijos populares, consignando en publico documento todo el ardor de que se hallaban poseídos. Utrtech, con su tratado puso fin a tan sangrienta guerra, pero no quedó satisfecho el pueblo de Granátula con celebrar tan venturoso acontecimiento, sino que estableció una función religiosa anual de acción de Gracias por el bien que habían recibido de la Providencia al darles un príncipe, que logró restaurar las desdichas y desventuras del reinado anterior.

El día 1 de Abril de 1.809 penetró en Granátula el primer regimiento francés, a la sola noticia de su aproximación huyeron sus habitantes a los montes cercanos buscando en ellos abrigo. El enemigo en cambio desahogó su furor en los pocos que no pudieron huir; robos, saqueos, incendios, malos tratos y crueles vejaciones, de todo fueron víctimas, sin que uno sólo lograra librarse de la saña de aquella soldadesca brutal. El jefe de aquella fuerza les obligó además a jurar fidelidad a José Bonaparte en el Ofertorio de la Misa mayor del Domingo siguiente.

Además del templo parroquial, de notable belleza tenía Granátula consagradas al culto y decorosamente dotadas las Ermitas de Santa Columba y San Blas Obispo y Mártir, extramuros, bendecida esta última por el Ilmo. Sr. Obispo de Troya el 13 de Diciembre de 1.632. La de Ntra. Sra. de VaIdeleón, que la tradición hace exceder en antigüedad al templo parroquial, la de San Sebastián y la del Calvario dedicada a la Resurrección del Hijo de Dios y abierta al culto por el Ilmo. Sr. Obíspo de Arcadia el l7 de Noviembre de l.661. Todas ellas concluyéronse de arruinar durante la guerra civil.