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Hablando con Miguelillo

Colaboración de Eulogio Carretero Bordallo

Para mis sobrinos: Ulises, Jennifer y Patricia

Es parte de nuestro legado, la conservación

de la Naturaleza.

¡No queramos ingenuamente destruirla!

Este cielo, Miguelillo, que esta noche ves ¡Tan cargado de estrellas! Ya existía hace miles de años, ocupando estos mismo lugares. ¿Podrías decirme tú desde cuando? ¿Tú, no has tenido nunca, la curiosidad desmesurada de contar las estrellas? Se dice, que todos los años lucen estrellas nuevas. ¿Tú, podrías adivinar cuales? También que otras viejas se apagan. ¿Sabrías tú decirme dónde? Ves aquella que tanto resplandece. ¿Te imaginas que no estuviese mañana. Qué nadie se hubiese dado cuenta? ¿Tú no has visto cruzar los cometas, en esas noches eufóricas de verano? ¿Dónde caen… Las estrellas que caen?

De pequeño, Miguelillo, me las imaginaba, semejantes a esos cohetes de pólvora que suben cada vez mas altos ¡Incendiados hacia el cielo! Dejando un rastro de chispas tras de si ¡Chsss…! Hasta que explotan, en una luz fuerte, brillante y un ruido seco ¡Plof! reventando en el cielo. Y vuelven a caer luego, sus finas varillas inanimadas en la calle, por los huertos o en los tejados, ya apagadas. Yo recuerdo, que corríamos después los niños de entonces, entusiasmados, lleno de curiosidad a encontrarlas. “¡Ten cuidado, -me decían mis padres- no vayas a quemarte con las varas!” Era, mi admiración por la pólvora y los fuegos artificiales.

A mi, Miguelillo, me sorprendía ver, que tras esa estela luminosa que dejan las estrellas por el cielo, al desaparecer no lo hiciesen con una luz fuerte y una estruendosa explosión, como lo hacían los cohetes… Y si caían después, ¿dónde caían?

Yo, Miguelillo, había oído decir, que algunas de esas estrellas fugaces llegaban a caer aquí en la tierra. O mejor, justo detrás de las montañas, como decían siempre mis padres. En realidad, según mis padres, todo sucedía detrás de las montañas. ¡Nos engañaban. Nos engañaban siempre! Porque Madrid se encontraba, justo detrás de las montañas, y todos esos otros países lejanos, Europa, África, América, también se encontraban detrás de las montañas e incluso al otro lado de Madrid. O incluso había que cruzar el mar. Pero el mar se encontraba también detrás de las montañas, o al menos, eso nos decían. ¡Nos engañaban siempre! O vete tu a saber, nos decían que para qué queríamos saber eso. Muchas cosas Miguelillo, yo estoy seguro, que no las sabían ni ellos.

Mis dimensiones al respecto por entonces, no eran aún muy exactas. Todo lo imaginaba relativamente cerca, relativamente pequeño. Tan pequeño quizás como era yo entonces, como eres tú prácticamente. La verdad es que hoy todavía, Miguelillo, me gustaría aprender mucho más al respecto.

La primera vez que fui a Madrid, tendría yo diez años y he de confesar que no me gustó tanto. Me faltaba el aire, la luz, el paisaje al que me había acostumbrado. Me vine corriendo, para seguir corriendo por estos campos y estos lugares.

¿Y el mar…? ¡La primera vez que vi el mar! Tendría ya veinte años… Tú, Miguelillo, ya sabes como es el mar. Desde antes que lo supieras ya lo tenías delante, mirándolo, jugando con tu cubo pequeño a meterlo en el agujero de la arena. ¡Que ingenuo eras de pequeño. Que ingenuos somos…! De pequeños, creemos que de mayores lo sabremos todo, y de mayores nos damos cuenta, de lo poco que sabemos. Seguimos creyendo, esperando ese día. El día, de no saber nada y haberlo olvidado todo… Ya tu, te darás cuenta. ¡Que ingenuos somos. Que poco sabemos siempre!

Madrid era, las calles grandes, las casas altas… Los edificios, los coches, los trenes: la gente yendo en todas direcciones, de una lado para otro como sin rumbo fijo o sin saber hacia donde. ¡Gente, gente, gente! nunca se quedaban las calles vacías. Fue algo que no llegué a entender, hasta pasado algún tiempo. ¡Nunca imaginé tantos campos, tantas montañas, tantos pueblos, tantos cielos por medio! hasta llegar a Madrid. Nunca había estado tan lejos. Fue un gran paso, un gran descubrimiento, algo necesario de averiguar y descubrir.

Y Madrid fue poco después, el regreso, la estancia definitiva, el día a día. Los coches, la gente, los trenes, la lucha y la batalla diaria. El trabajo… Pero Madrid, Miguelillo fue y sigue siendo, El Retiro, La Casa de Campo, La Plaza de Oriente, La Puerta del Sol, El Museo del Prado… ya lo iras tu descubriendo.

Antes Miguelillo, se viajaba mucho menos. Se nacía y se moría uno, prácticamente sin haber salido del lugar de origen, prácticamente sin haber visto otros países, otras ciudades ni otros monumentos. ¡Y el mar…! Muchos de ellos Miguelillo, diría, que morían sin haber visto el mar. El apego a la tierra donde se nacía era sagrado. Se pasaban las tradiciones y las haciendas de padres a hijos, generación tras generación; toda una costumbre, toda una vida en el mismo lugar. Y de salir, nunca era por bien, sino por motivo familiar o de salud…

Como te decía Miguelillo, antes se viajaba mucho menos, apenas si había coches. ¡Y el tren…! Suponiendo que fueses en tren, que escasamente hace ciento cincuenta años de su presencia recorriendo algunas distancias, allá por el año 1.850… Después se fueron abriendo nuevas líneas, que fueron recorriendo por toda España, y su presencia se fue haciendo mas cotidiana… Hasta que llegaron los coches. ¡Una verdadera revolución! allá por los años veinte. Y después los tractores, y mas tarde los aviones y toda esa serie de maquinarias y artilugios con que la sociedad moderna nos ha ido invadiendo, y que ahora no viene al caso contarte.

Bien, suponiendo que hubieses cogido el tren, que por entonces no había mas medios de locomoción y antes de este, ya nos remontaríamos a los tiempos de los caballos y de otros domésticos animales. Cuando, si querías salir a alguna parte era todo a fuerza de andar o gracias a ellos… Antes, todo se hacía gracias a estos dignos animales. Con ellos se araba la tierra, se sacaba el agua de las norias, se trillaba y se transportaban todas sus cosechas, bien sobre sus monturas o sobre un carro a los cuales iban uncidos. ¡Cuánto debemos a estos humildes animales! hoy ya en vías de extinción y olvidados. ¡Pobre mula vieja. Pobre Lucero! En extinción, como muchos de aquellos hombres que hoy se resisten a cambiar aún, a pesar… Viejos artesanos y arrieros, maestros en la destreza de sus manos y fieles a la tradición de sus oficios.

Como te decía, Miguelillo, suponiendo que fueses en tren. ¿Qué hubieses hecho tú luego. Dónde te hubieses alojado? Los hoteles, y todo ese mundillo en torno que tú conoces de distracción y veraneo, ha ido surgiendo poco después. Es una creación o un invento de ultima generación. O por lo menos lo que había, no estaba al alcance de la mano o de las posibilidades de cualquiera. Ya tu irás aprendiendo.

Si, muy aprisa, últimamente se hace todo muy aprisa. Se construye muy aprisa, casi sin tener en cuenta ciertos lugares protegidos. Se avanza cada vez mas aprisa, mas alocado. No hay una cosa asentada, cuando ya hay otra empezando a suplantar a esta. Se tiene la sensación de ir en una locomotora a la que se le han soltado los frenos y no hay quien la repare… Antes, no había medios posibles, al alcance para poder hacerlo. Todo era duda, misterio. Posiblemente esa duda y ese misterio que hoy nos embarga, hacia esos viajes en avión a otros lugares. Incluso si me apuras, a esos viajes a la luna, a los satélites o a las estrellas. Todo era así de difícil y de fácil, hasta dar el primer paso. Tú, Miguelillo, posiblemente viajes a las estrellas, posiblemente. Yo que tú, debería de estar contento. O, quién sabe… ¡La vida da tantas vueltas!

Tú sabes, que eso hoy no esta al alcance de la mano, no es posible. Como tampoco es posible curar algunas enfermedades y otras muchas cosas que hoy la ciencia investiga, y que tu y yo desconocemos e incluso ni imaginamos. ¿Tú, Miguelillo, no has tenido nunca la curiosidad de asomarte tras las lentes de un microscopio? El microscopio Miguelillo, te puede dar la idea de partículas, células, bacterias y microorganismos vivos existentes que forman parte de nosotros. Que pueden ser la causa de nuestra existencia o de nuestras enfermedades, y que nosotros a simple vista no vemos, no podemos apreciar al tacto y mucho menos averiguar su procedencia.

Esto Miguelillo, es el interesante mundo microorgánico de la materia. Pero eso, no nos rompamos la cabeza, son mundo desconocidos, aparte, lejos del alcance de nuestra inteligencia. Aunque también he de decirte Miguelillo, que aparte de todos estos mundos hay muchos más por descubrir, y que cualquiera si se lo propone puede llegar a profundizar en ellos y manifestarlos. Sepas que estamos empezando. Mañana seguiremos hablando.

Como te decía Miguelillo, no todo está hecho, no todo está inventado. La evolución de la humanidad podría decirse que está empezando. Se ha evolucionado mucho desde la aparición del hombre hasta nuestros días, pero aún queda mucho mas por hacer. Hay que llegar mucho mas lejos, hay que profundizar más en todos los campos. ¡Hay que hacer mayores descubrimientos! Solo en este último siglo, se ha evolucionado mas que en todo el resto de vida anterior. ¡La luz, el teléfono, la radio, el televisor!… Y toda esa serie de electrodomésticos caseros, que nos han hecho la vida mas cómoda y nos han facilitado el trabajo.

Cien años, en la vida de la humanidad no es nada. Pues bien Miguelillo, en estos últimos cien años, la vida ha dado un vuelco de siglos. Puedes creerlo. Aunque, también he de decirte que en estos cien últimos años, todo este progreso ha repercutido de manera tal sobre la tierra y su ecosistema, que la hemos degradado de forma escandalosa, atentando incluso con nuestros propios recursos naturales.

No, Miguelillo, en esto no hemos sido nada generosos. Esta tierra que habitamos, no empieza a ser la misma de nuestros antepasados, se resiente, se acusa. A la vez que avanzamos en nuestros progresos, la vamos degradando. Nos degradamos, a la vez nosotros y empeñamos el futuro de los nuestros… Se acusa en el agua, con los vertidos residuales en los ríos. Se acusa en el aire, en la capa de ozono, en la vida animal y vegetal. Muchas especies de estos han desaparecido. Hemos conseguido su extinción, y otros muchos estamos apunto de conseguirlo. Son los métodos de evolución, incontrolados, que acaparan por encima de lo necesario… Se ha creado la maquinaria de la destrucción y el exterminio, y un hombre tiene que rendir su trabajo frente a esa máquina. ¡Dios nos salve! Las generaciones venideras hablaran de nosotros, como de aquellos bárbaros… Herejes y sin civilizar, que pasaron por la vida como el caballo de Atila… degradando la Natura y sembrando enfermedades. Deberíamos garantizar el futuro y la supervivencia de la especie en iguales condiciones que hicieron nuestros antepasados. Este debería ser nuestro legado para las futuras. La conservación de la Naturaleza. Estamos sobreexplotando y degradando de tal forma la materia y el ecosistema, que otras cien años y habremos agotado las reservas naturales. ¡Dios nos salve!

Aparte, hay otras muchas razones por las que merezca la pena la vida, luchar, estudiar. Una de ellas, es la de poder contemplar cada mañana la luz del sol. Tu obra, tu esfuerzo. ¡No queramos ingenuamente destruirla! Poder contemplar cada mañana la luz del sol, Miguelillo, debería ser nuestra máxima alegría, nuestro máximo agradecimiento.

Al final, Miguelillo, se llega a la conclusión de que es preferible, no tener grandes conocimientos, ni hacer descubrimientos apoteósicos y celestiales. Se siente uno menos responsable, más libre de cargos, menos culpable, más humano si llega el caso. No quisiera ser tan drástico pero, muchos de ellos Miguelillo si lo analizamos, son de efecto tan devastador que no es posible que se pueda tener la conciencia tranquila. Ya tu irás sabiendo porque.

Esto Miguelillo, no es del todo cierto, es una forma de eludir nuestro compromiso con la sociedad. En la vida no se puede permanecer de brazos cruzados, ignorantes de cuanto se origina. Hay que estar comprometidos con el tiempo que nos ha tocado. No podemos desentendernos, se debe luchar en la medida de nuestro esfuerzo y nuestras posibilidades, por hacer que todo vaya mejor, según nuestra conciencia. Por conseguir un mundo mas justo, no lo olvides… Todo experimento debería ir proyectado, en la conservación de la Natura; en la conservación y en el futuro de la especie. ¿Tú podrías explicarme, para qué tanta bomba atómica, tanta central nuclear, tanta arma bacteriológica? Somos tan ingenuos con nuestros experimentos, Miguelillo, que no nos damos cuenta que tenemos el fuego en nuestras manos y terminamos por quemarnos. Terminamos por quemarlo todo. Cien años más Miguelillo y tendremos que empezar de nuevo. Cada uno a sembrar su trigo, cada uno a hacer su pan. Tú quizás llegues a verlo, Miguelillo, y no me gustaría ser tan trágico. Por hoy es suficiente, seguiremos hablando en otro momento.

(Continuará)

 

Eulogio Carretero

La guardia de gales luce la bandera española

La guardia real británica luce la bandera española. El motivo es que cuando Alfonso XIII se casó con la inglesa  Victoria Eugenia fue nombrado Coronel honorario de la Guardia Real Inglesa, razón por la cual el Oficial de la guardia que manda la escolta de la reina Isabel II lleva en su montura ribeteada la Bandera de España.

La guardia real británica se llama «Guardia de Gales». Quién no se ha parado a mirar en la visita al  palacio de Buckingham, divisando sus cascos pomposos, alargados y de color negro. Pero quizás lo que no se han parado a mirar, y sobre todo en el los guardias montados a caballo, como lucen la Bandera Española.

Todo esto se remonta a nuestro país, cuando S.M. el Rey Alfonso XIII, popularmente conocido como «el africano» se casó en el año 1906 con la princesa británica Victoria Eugenia de Battemberg.  Seguramente les sonará más en la historia el atentado que sufrieron los dos cuando volvían de la celebración de su boda.

El nombramiento del Coronel honorario a un rey español no es la única relación que mantienen ambas coronas, la española y la inglesa, y es que no hace tanto el actual Rey y Jefe del Estado, S.M el Rey Felipe VI, recibió la distinción más importante que concede La Corona inglesa, conocida como la Muy Noble Orden de la Jarretera, en julio de 2017. Distinción que recibió el propio Alfonso XIII, cuyo reinado se extendió desde 1886 a 1931, marcado por fuertes conflictos; la dictadura de Miguel Primo de Rivera, el cambio a una república, partir al exilio y vivir desde el mismo la  Guerra Civil.

 

Recuerdos

[Colaboración de Kally]

Recuerdo, cuando regresaba al pueblo, el chillar de los vencejos, el arañar de los escobillos en el suelo, el olor  de los cocidos de puchero.

Recuerdo una luna gorda, amarillenta y redonda, los vecinos sentados en el patio o tomando “el fresco”.

Recuerdo el cuartel, el matadero, el huerto, ese olor característico que cuando sopla reviento de añoranza, alegría y gozo.

_ ¿Porqué tiene una raja la calle abuela?

_ ¡Un señor se la ha hecho!,  decía sonriendo. Alguna vez, tras algún tiempo, vi correr el agua por ese surco…, ¡ahora lo entiendo!

La acera del cuartel, con sus baldosas rojas de barro, era estupenda para correr con mi triciclo amarillo y nunca me regañaron los guardias…

Recuerdo a mi hermano vestirse de “armao”, los tambores, nazarenos, las masillas y galletas de huevo, los rosquillos y barquillos, el potaje con pellas y… beber la leche cuando nadie te veía en la lechera.

Si no sabes es la calle el cuerno, ¡qué nombre!, ¿verdad? Ojalá mis hijos recuerden su calle con tanto cariño como yo, la que entonces, era la mía.

Recuerdo a mi abuela ir a misa con su velo negro y a la noche me contaba un cuento de miedo, me pelaba pipas haciendo un montoncito en su mandil negro. La lumbre salpicaba chuscas anaranjadas quemándome los leotardos… verás tu madre!.

¡Mi abuela!.

La recuerdo sentada a la puerta del matadero, haciendo sus encajes del melón, y cuando se levantaba, yo ocupaba su puesto haciendo ruido con los bolillos, enredándoselos,

_ Pero  “Chinri” ¡No me marres los encajes que te como!.

De esto han pasado mas de veinticinco años.

Con sesenta y seis años  ¡parecía ya tan mayor! Ella siempre respetó  el luto desde la guerra.

Recuerdo asar castañas en los Santos, ir a cavar la sepultura de mi bisabuela, pintar la Cruz y regresar por los huertos, por una senda por la que debías ir en fila india.

Semana Santa, el verano, la Virgen, los Santos, el Cristo,  todo en el pueblo.

Mi pueblo!.

Ahora vivo en él y además de estas cosas conozco su historia, me enorgullezco de ser Granatuleña y hablar bien de ella fuera y dentro de esta tierra.

Inténtalo, ama nuestra historia y quizá nuestros hijos trabajen por este pueblo que ha empezado a enfermar, si no es así perderemos nuestras raíces y todos seremos pobres.

El día de San Juan

Colaboración de Eulogio Carretero Bordallo

La Encantá

Me lo contó mi abuela el día de San Juan. Aquella mañana había puesto una palangana llena de agua en medio del patio. “Todavía no se ve nada”, decía mi abuela asomándose. Nosotros en nuestros juegos por el patio, de cuando en cuando nos asomábamos al pasar por la palangana y veíamos el reflejo de el sol en el agua.

“¿Qué se ve. Que se tiene que ver?”. Le preguntábamos. Había surgido su efecto. Estábamos curiosos, intrigados a su alrededor. ¡Que había echado en la palangana… Mi abuela entre sus macetas, regando sus tiestos: los geranios, las lilas, la hierbabuena, los rosales, al albahaca, los pericones, las enredaderas, las calas… Nunca he visto unas calas tan mimadas. Nunca he visto unas plantas con tanta ilusión cuidadas.!

“Hoy es San Juan, decía. ¿No habéis visto nunca la Encantá…?” La Encantá era una cueva que había en el cerro a un kilómetro del pueblo. Larga y estrecha, que al fondo tenía una charquilla de agua que no se secaba nunca.

¡He dicho “era”, como si ya no existiera. Que curioso, como si hubiese dejado de ser. Y no es cierto. Existe aún, pero… ¿dónde existe?. No sé en que lugar de la memoria ha quedado. ¿Será, que ha perdido su significado?. Algunas cosas solo tienen sentido en ciertos momentos de la vida. O mejor, solo existen en la inocencia de la infancia, después, será que pierden su encanto, dejan de existir. Y es cierto, hoy me duele el comprobar que ya no existe. Que todo ha quedado, como tantas cosas que van quedando en el olvido. En esa caja cerrada que ya no abres. Que ya no quieres abrir, por miedo, a no ser cierto y romper su encanto. Por que te parece mentira. Un sueño…!

Digo bien, era una cueva que había en el cerro, y vuelvo al patio donde me había quedado siguiendo el hilo de mi memoria. Mi abuela entre sus macetas… “¿No sabéis, que hay una Encantá en la cueva?”. Se nos quedaba mirando con unos ojos grandes, espantados, misteriosos. “¡Una mujer…! bajaba la voz, hasta conseguir intrigarnos. Paralizarnos. Cortarnos la respiración. ¡…Una mujer, que nadie ha visto. –Miraba las flores de reojo- Que nadie sabe donde se esconde… Y que todos los años, en el día de San Juan se la puede ver desde la carretera a la entrada de la cueva, peinando sus largos cabellos ante un espejo! ¿Habéis visto como huele la hierbabuena…?”

Nos quedábamos boquiabiertos, perplejos ante tanto misterio. Metía las manos entre el verdor de las plantas y cortaba unos tallos. Nos lo acercaba. Lo olíamos. ¡Ah… cierro los ojos. Aún puedo olerlo en el aire! Respirábamos. Podíamos respirar, imaginando los largos cabellos de la Encantada, a veces rubios a veces morenos enredados entre sus dedos, largos… ¡Como olían las flores en el patio!.

“¿Nunca habéis visto a la luna y al sol besándose en la palangana del agua?” Volvíamos a abrir los ojos admirados. Respirando los efluvios de la hierbabuena. “…Pues ya lo estáis viendo.” decía mi abuela sonriente, llena de luz. Cercada de una aureola, como habiéndolo hecho aparecer con su varita mágica. Y era cierto. Ahí estaba el sol mordido como una galleta por un extremo. “¿Veis?, ese trozo que le falta al sol, es la luna” decía.

“¿Y todos los años, en el día de San Juan, se ve a la luna y al sol besándose en la palangana del agua?” preguntábamos. ¡Que gracia. Que ingenuos! Había sucedido el hechizo, la magia. Ese encanto con que a veces mi abuela solía adornarse, ante nuestras ingenuas miradas. Mi abuela tenía algo de esa magia que solían tener las abuelas de antes.

Verdaderamente que el día de San Juan era un día mágico. Yo sé que hoy incluso, me volvería a resultar curioso alguna de sus cosas. Un día, desde por la mañana, tenía mi abuela un pollo muerto en el patio. La gallina clueca, según decía se había echado encima de el y lo había asfixiado. Nosotros en nuestros juegos por el patio, de cuando en cuando, lo mirábamos al pasar a su lado. “Dejarlo, dejarlo, no lo toquéis,” nos decía. Estaba muerto, no se había movido en toda la mañana. Pero mi abuela, no resignándose nunca a ese tipo de accidentes, siempre tenía su remedio. Le había metido una pimienta mojada dentro del pico y lo había dejado allí en medio a ver si surgía su efecto. Cuando nos dábamos cuenta, en una de nuestras curiosas miradas teníamos la sensación de haberle visto como un tic. Como queriendo tragar saliva o como mover la cabeza o encoger una pata. Pero no, no era posible. Estaba muerto. Nos cansábamos de esperar. No sucedía nada extraño y terminábamos por marcharnos aburridos. ¡Mi abuela y sus cosas. Que gracia! Y cuando más tranquilos estábamos ¡El pollo. El pollo!. Se le oía gritar y salía el pollo corriendo por el patio. ¡El pollo. El pollo! decíamos eufóricos, escandalizados, corriendo detrás de él. “Dejarlo, dejarlo. No lo cojáis…” salía mi abuela en su defensa. Se metía en el corral y se perdía entre los demás. “Mira. Mira, aquel es. El que se esconde. El que está al lado del otro…” decíamos. Se nos confundía, se nos perdía, se nos olvidaba. Se nos ha ido olvidando, como tantas cosas que van quedando en el olvido. En esa caja cerrada que ya no abres. Que ya no quieres abrir, por miedo, a no ser cierto y romper su encanto. Porque te parece mentira. Un sueño…

Había sucedido la magia, el milagro. La resurrección de la vida y de la muerte. Era cierto, Lázaro, había resucitado. Cristo, había resucitado. El milagro de los panes y los peces, era cierto. Y el andar sobre las aguas, también era cierto. Los milagros, el mal de ojo, lo que decía el Catecismo, la Biblia, los Mandamientos, la Santa Madre Iglesia, todo era cierto. Se habían realizado… Nosotros, el día de San Juan nos íbamos encantados por la carretera arriba hacía el cerro, mirando hacia la Cueva de la Encantá y nunca veíamos nada. ¡Hombres de poca fe. Teníamos que tocar la llaga con el dedo, para convencernos.!

¡Hoy, me pregunto sino serán estas historias, de abuelas y filibusteros entre otras cosas, las que nos terminan atando a la vida tan misteriosamente.!

(Fue un eclipse de sol parcial, que sucedió el día de San Juan, allá por el año 1967.)

Eulogio Carretero Bordallo.

Cultura Granatuleña

Un canto a Granátula y a la cultura que atesora

Gracias, por fomentar la cultura y hacer valer el patrimonio artístico, y preservar el medio ambiente.

Gracias por rescatar del olvido edificios, libros y documentos.

Gracias por inculcar a los niños el amor al arte y a la naturaleza.

Gracias por promover la lectura del Quijote y hacer posible que el ingenioso hidalgo y su escudero cabalguen de nuevo por la imaginación de los lectores.

Gracias por mantener vivas las tradiciones al tiempo que se abren las puertas del futuro a través de las páginas de Internet.

Gracias, en definitiva, por hacer cultura y difundirla y por mantener viva la memoria y arrancar de los brazos polvorientos del olvido los restos de la grandeza que en la antigüedad tuvo este pueblo.

Un pueblo situado en “un maar de culturas”. Vivís, como sabéis, en un cráter explosivo volcánico de 2 kilómetros de diámetro, afortunadamente dormido desde hace muchos siglos, que en su día produjo violentas explosiones por la interacción del magma en ebullición con la existencia de acuíferos.

Y este volcán terrible, como otros en la zona, resultó ser, pasado el tiempo, providencial y benéfico porque de él surgió una tierra fértil, junto al río Jabalón y en torno a grandes lagunas: las lagunas de Valdeleón.

Ese contexto geográfico, hizo que desde siempre Granátula, que significa granero, por la abundancia de los cereales, fuera asentamiento elegido por múltiples culturas que se disputaron este lugar.

Desde el Neolítico, hombres y mujeres vivieron, amaron, trabajaron la tierra y apacentaron sus ganados en los verdes pastos de esta tierra.

Generaciones y generaciones, con culturas distintas y lenguas diferentes y de procedencias lejanas y creencias variopintas hicieron de este lugar su casa, su hogar.

Aquí también nacieron sus hijos y enterraron sus muertos. Y celebraron sus fiestas.

Unas fiestas que están en el alba de los tiempos.

Dice el filósofo José Antonio Marina, que cuando los humanos quisieron sacralizar el espacio construyeron templos y cuando quisieron sacralizar el tiempo, instituyeron fiestas.

Por eso, sobre las festividades paganas, se instituyeron las festividades religiosas y sobre las religiosas, las laicas.

Y en Granátula, esas fiestas paganas y luego religiosas han ido sucediéndose desde siempre, porque Granátula es una encrucijada de culturas que han ido superponiéndose a lo largo del tiempo.

En el Cerro de la Encantada, o de los Castillejos, a 3 kilómetros al norte de Granátula, hay yacimientos de la Edad del Bronce que datan de 2.000 años antes de Cristo. Allí, hubo una gran acrópolis, una ciudad que tuvo también su necrópolis, en la que  se enterraba a los muertos junto a sus ajuares funerarios, lo que evidencia la creencia de vida después de la muerte y ritos funerarios de contenido religioso.

Pero será sobre todo en época romana cuando estas tierras alcancen una extraordinaria importancia. Y es que, ya sabéis, en el Cerro de los Obispos y sus alrededores se levantó, imponente y altiva, la capital de la Oretaria, llamada Oretum. Oreto fue una pujante y activa ciudad, situada en un estratégico cruce de caminos, donde se juntaban dos de las más importantes calzadas romanas:

  • La primera en dirección norte-sur, pasaba por Toledo, Consuegra, Ciudad Real, Oretum, Calzada y llegaba hasta Andalucía.
  • La segunda, en dirección este-oeste enlazaba Almadén, que los romanos llamaron Sísapo, con Albacete a través de Oretum.

Y ambas calzadas, para atravesar el Jabalón, utilizaron un gran puente edificado por Publio Venusto a finales del siglo I y compuesto de 3 ojos en el cauce central y otros siete en los cauces secundarios.

Gracias a su privilegiada situación, a la fertilidad de su vega y a sus abundantes pastos, Oretum tuvo una gran importancia económica, militar y comercial.

Tuvo importantes edificios públicos. Como un circo, lo que evidencia la existencia de una población muy numerosa. Una gran necrópolis y un templo dedicado a Proserpina, la diosa de la Agricultura, hija de Júpiter y Ceres y esposa de Plutón, el dios de los Infiernos.

Después de la dominación romana, Granátula siguió teniendo importancia. En la época visigoda, Oreto fue sede episcopal. En el llamado “Cerro de los Obispos” muy cerca de la ermita de Zuqueca, se han localizado los yacimientos correspondientes a aquella época, entre ellos, lo que parecen ser restos de una basílica.

Y después del esplendor llegó la destrucción. Muchos autores creen que Oreto fue arrasada por la invasión musulmana en el 711. Y sobre la devastación volvió a surgir otra población musulmana llamada Urit, que fue ocupada entre los siglos VIII y X. Una población que debió también tener su importancia, puesto que contó con una fortaleza y baños. Eran baños públicos que tenían una finalidad no sólo higiénica y terapéutica sino también social y religiosa.

Tras al victoria de las Navas de Tolosa, las tropas cristianas ocuparon este lugar y habitaron una población llamada Zuqueca que significa “lugar de ruinas”. De este periodo, finales del S. XIII nos queda la preciosa talla gótica de la Virgen de Zuqueca.

La ciudad de Zuqueca, tuvo una corta duración y quedó despoblada en el S. XV. Sus habitantes pasaron a Granátula que quedó incluida en las vastas posesiones de la Orden de Calatrava. Tras la incorporación a la Corona quedó unida a Almagro como una aldea, hasta que el 3 de marzo de 1712, obtiene el privilegio de Villa tras el pago de 4.000 ducados, 1.250 fanegas de cebada y 30 caballos que el pueblo de Granátula hizo a Felipe V.

Amigos y amigas esto esta resultando ser una lección de historia. Pero permitidme la licencia, porque creo que es muy importante que conozcamos nuestras raíces.

“El futuro depende del pasado y el presente no se hará a partir de la nada”, escribe Pierre Villar.

En gran medida, somos lo que otros fueron y otros serán lo que nosotros seamos.

Por eso es importante que en fiestas y a lo largo del año pongamos en valor nuestra historia, nuestras tradiciones.

Pisamos una tierra mágica, fértil y volcánica, donde Proserpina volcó sus dones.

Una tierra que ha dado grandes hombres y mujeres. Como el General Baldomero Espartero. El hijo de un humilde carretero que pudo haber sido Rey de España. El, que acumuló honores y títulos como el de duque de la Victoria, fue reclamado por el pueblo para ceñir la corona, frente a otros candidatos.

ESPARTERO, Baldomero (1793-1879). Spanish military man and liberal politician. Painting. SPAIN. CASTILE-LA MANCHA. Toledo. Army Museum.

Decía una copla popular:

 “Dichosa sería España

 bajo demócrata mando,

 altiva no tolerando

 la corona en sien extraña;

de los Borbones la saña

olvidar nunca sabemos

Montpensier no lo queremos,

Espartero es popular,

Rey lo queremos alzar

o sin Rey nos quedaremos”.

Pero Baldomero Espartero renunció y la prensa de la época dejo escrito:

“Don Baldomero Espartero ha renunciado al honor de ceñirse la corona de cien reyes. Por algo se ha dicho que este general era una persona decente, un español honrado y un político consecuente”.

Defendiendo la cultura de Granátula, y a sus habitantes e hijos, sean nacidos allí o no.

Juan Jesús Donoso Azañón

Las tardes de Sol y de Domingo

[Colaboración de Eulogio Carretero Bordallo]

(CRÓNICA DE LOS AÑOS 60)

En mi pueblo, que recuerde, no hubo nunca un lugar de encuentro y divertimento para los jóvenes. Recuerdo un cine cuando yo era pequeño: “El Cine Delicias”, que daba sus funciones los domingos por la tarde. Pero que éste también dejó de existir siendo todavía pequeño.

Después no hubo nada, nada, en mucho tiempo. Y el pueblo se fue haciendo cada vez más desierto, más vacío. Se fueron deshabitando las casas, las calles, las plazas… La maquinaria se puso en marcha y todo lo fue roturando, arroyando y demoliendo, poseyendo y desplazando, cambiando orígenes y costumbres. Los campos se fueron abandonando y la gente se fue yendo a otros lugares y otras ciudades. Todo fue sucediendo lentamente, muy lentamente en el tiempo, apenas sin darte cuenta. Eran los años 60.

Yo recuerdo haber visto algunas películas en el Cine Delicias, no muchas y siempre desde la parte de arriba: “el gallinero”. Lugar destinado para los más jóvenes y alborotadores. Ponían la cartelera dos o tres días antes del domingo, donde se representaban algunas escenas de la película con los actores que trabajaban. “Esta tiene que ser buena”, decíamos ilusionados y animándonos para la función. En su mayoría eran siempre películas del oeste, de John Wayne y de Cantinflas. En realidad eran las que más nos gustaban, en donde siempre terminaba ganando “el bueno” y casándose con la más guapa… Así eran aquellas películas de entonces. Y que hoy por hoy, no han cambiado en tanto. La gente terminábamos aplaudiendo al final. Su “The End”, en letras grandes, ocupando toda la pantalla.

A veces nos cortaban algunas escenas de la película y protestábamos, silbábamos y alborotábamos desde nuestras bancadas de madera. Eran escenas “indecentes” decían, y no aptas para menores. Con lo cual casi siempre nos quedábamos sin ver el final. El beso no apto e indecente de los protagonistas. Eran tiempos aquellos de represión y cinismo, en que cualquiera se creía con derecho a recortar y a censurar.

Estas normalmente iban acompañadas de un No-Do. En donde casi siempre se repetían las mismas imágenes todos los domingos. Eran noticias o reportajes en blanco y negro, de actualidad, y en donde siempre solía salir Franco en una de sus representaciones o actividades de caza, pesca o familiares… Con su original música del No-Do. La gente solía aplaudir al final, por norma. ¿Porque terminaba o porque empezaba la película? That is the question. Nunca lo supe.

En casa, recuerdo, teníamos también una radio sobre una repisa en la cocina. Yo no alcanzaba a ella, mi padre solía encenderla para escuchar algún noticiario durante las comidas: “El Parte”, solía llamarle. “Radio Nacional de España…” la única que se escuchaba algo mejor, que finalmente terminaba yéndose la emisora, haciendo ruido y apagándola.

Estas y así fueron, aquellas primeras imágenes y sonidos que me llegaron y que recuerdo aún de entonces, en aquel pueblito pequeño y deshabitándose de la Mancha. Después, como he dicho, cerraron el cine y no hubo nada, nada en mucho tiempo. Este periodo lo recuerdo como una gran ceguera… hasta llegar la televisión.

Pero en donde a pesar, supimos sobrevivir a la infancia, creando nuestras propias fantasías y nuestros propios personajes. Recuerdo circulaban, por entonces, algunos tebeos de: “El Capitán Trueno, El Jabato, Mortadelo, Zipi y Zape…” Estos fueron nuestros héroes de papel durante mucho tiempo. Y álbumes de cromos que coleccionábamos. Eran de El Cid, de la película con Charlton Geston y Sofía Loren en el papel de Jimena, y que salían en las tabletas del chocolate.

Estas y así fueron nuestras diversiones de pequeños. Todo dependía de un tebeo o un cromo, sin olvidar nuestros pequeños juegos de canicas, aros y peonzas. ¡Qué malo era yo tirando la peonza con la diestra. Con la zurda se me daba algo mejor, pero no tanto, perdía todas las chapas y los cromos!

Después llegó el gran invento de la TV, toda en blanco y negro. Con sus anuncios, sus películas y sus festivales de Eurovisión. Con personajes como Raphael, Julio Iglesias, Karina… Y se empezaron a escuchar músicas y grupos con sus canciones del verano. Eran Los Brincos, Los Bravos, Los Pekeniques, Mocedades… Y los grandes revolucionarios de la época, Los Beatles, cantando en inglés, que no sabíamos lo que decían, pero que nos gustaba escuchar su Yellow Submarine o su Yesterday.

Con aquellas canciones y aquellos Hippies extravagantes de pelo largo y pantalón campana, empezamos a ver y a despertar de aquella letanía en otra época. Por primera vez los americanos habían logrado poner los pies en la luna, (o al menos eso vimos por televisión). El Cordobés había saltado a los ruedos, y Pelé era el mejor jugador del mundo… Empezamos a comprender que había otras naciones, otros idiomas y otras culturas, y que no nos importaría imitar o copiar su aspecto e indumentaria con tal de parecernos y ser como ellos, incluso de aprender su idioma con tal de saber lo que decían aquellas canciones.

Eran discos de vinilo, que seleccionábamos en las máquinas del bar, echando unas monedas para poder escucharlos. Y que poco después terminamos poniendo directamente en el tocadiscos de casa o en aquellos guateques que hacíamos los días de fiesta en casa de los amigos. Después llegarían Joan Manuel Serrat con su Mediterráneo y sus poetas. Y Raimon y Paco Ibáñez con la canción protesta. Y los legendarios Bob Dylan, Joan Baez, el Blues y algunos clásicos, pero esto es otro tema.

Como decía, en nuestro pueblo no hubo nunca un lugar de encuentro y acercamiento entre los jóvenes. Al contrario, recuerdo ese gran distanciamiento, esa división entre sexos y clases sociales impartidos incluso en el colegio. Supongo que como en todas partes por aquel entonces, pero que en un pueblo pequeño como era Granátula la situación era mucho más extrema y acuciante. Triste y lamentable. Era la mentalidad de un pueblo o de una nación que había salido de una Guerra Civil y donde aún prevalecían las clases y los bandos: ricos o pobres, Rojos o Nacionales… (Y que hoy por hoy lamentablemente no ha cambiado en tanto).

Los bares y tabernas eran lugar de los mayores, encuentro de labradores y jornaleros después de la jornada de trabajo. En la plaza estaba el Casino de Miguelito, con un águila grande sobre el mostrador, las alas abiertas… El bar de Ambrosio ¡El Zorro!… Como cruzando sigiloso y astuto delante de todos nosotros, la cola erizada, bosquejando una tenue sonrisa enseñando los dientes, disecado sobre el televisor… Recuerdo las limonadas, las calabazas de cerveza con limón y algún otro añadido, dependiendo de la edad o del bolsillo. ¡Las mesas en la calle, los amigos los días de verano bajo un cielo de estrellas. El bar de León, el de Natalio…! Todos ellos fueron desapareciendo. La iglesia era lugar de beatos, generalmente mujeres con sus lutos enzarzadas en sus misas y sus rezos.

Yo recuerdo las tardes de sol y de domingo en invierno. Subir a los cerros era nuestro único divertimento, nuestro escape y lugar de encuentro. Nos conocíamos todas las peñas y lugares: La Cueva la Encantá, La Silla la Reina, Donde aró Cristo… Eran lugares conocidos por todos, nombres que habíamos ido aprendiendo generación tras generación. Los más atrevidos llegaban hasta el Molino de Viento, allá en la loma de otro cerro cercano. Allá se encontraba su ruina, con la piedra de molar redonda y partida por su mitad en el suelo. Desde aquí podías contemplar el pueblo: un cúmulo pequeño de casas, aplanadas en el paisaje. Alrededor todo era campo, campo verde, campo labrado a lo lejos… hasta llegar a las montañas azuladas y el cielo… Amplio, claro, inmenso sobre nosotros.

Divisabas la torre de la iglesia en el centro, las callejuelas, una maraña de casas y tejados en torno. Las escuelas, el cementerio, e incluso a lo lejos, tras buscar un momento desorientado, llegabas a divisar la ermita. El camino que conduce a ella, serpenteando, perderse y reaparecer, y en algún punto de su recorrido, entre viñedos y olivares resurgir el efímero platear del río. Era distraído, reconfortante, te podías quedar toda la tarde localizando lugares, pelando pipas, cacahueses, castañas… hasta caer la luz. Desdibujarse el paisaje.

¡Recuerdo de pequeño los campos floridos, los trigales verdes, los sembrados, las viñas ensarmentadas, los olivares… El paisaje enardecido y yo, con mi bicicleta pedaleando… ¡Qué grandeza de espacios, de colores, aromas y sensaciones… por los caminos. ¡Cuánta juventud. Cuánta vida. Cuánta alegría!!!

Recuerdo las tardes de sol y de recreo jugando al fútbol, el Cementerio Viejo, la Pedrera, las Eras, donde se trillaba y se aventaban las parvas en el estío. ¿Dónde fue todo aquello? ¡Cómo ha cambiado todo esto en tan corto tiempo! Cómo se ha desmoronado y destruido la memoria.

Qué armonioso y original me parecía el pueblo en otro tiempo, con sus eras en torno, empedradas. Qué buen parque se habría constituido. Hoy las casetas de la maquinaria han invadido y despropiado el terreno, borrando los vestigios de una costumbre pasada. Qué difícil es recordar todo esto como era. Qué difícil es recuperar todo esto como fue. Qué difícil es dar marcha atrás en el tiempo y volver… a poblarlo y reconstruirlo de nuevo. Como se pierde o no se sabe apreciar su verdadero encanto. ¡Cómo se puede destruir la memoria!

¿Dónde queda el recuerdo donde construir la infancia perdida? Qué diferente se ve después de los años, desde arriba y desde lejos, el pueblo. Es como un sueño. Basta solo cerrar los ojos… ¿Será esto la nostalgia, mirar al fondo de las cosas y no encontrar nada?

Otros seguían el curso del arroyo, por donde antes una senda llegaba hasta el pueblo cercano de Valenzuela. Una senda que se ha perdido, como se han perdido otras sendas, otros caminos y otras veredas. ¡Estos cerros de Búhos, zorros y conejos. De tomillos, esparragueras, y aulagas!… Otra meta a alcanzar era el cerro de los siete lugares, de formación volcánica, el punto más elevado de este entorno. Los días claros podían divisarse los pueblos de Valenzuela, Almagro, Bolaños, El Moral, Calzada, Aldea del Rey y Granátula. A la puesta de sol y con las primeras luces, era cuando mejor se localizaban estos poblados, y cuanto mas tarde incluso se apreciaban los resplandores de otras poblaciones más lejanas.

Allá y en torno a estos cerros y estos lugares, se nos fueron pasando las tardes de domingo y de infancia. Se nos fueron yendo del nido de las manos las alondras y los vencejos. Marcharse del lugar donde has nacido supone seguir habitando los santuarios de la memoria.

En verano, recuerdo, paseábamos las tardes, la calle entera arriba y abajo, sin fin hasta terminar el día. ¡Éramos jóvenes! Era toda nuestra diversión, toda nuestra alegría: ¡Los grillos ponían su acorde de sueño y melodía en la tarde. El aire impregnaba de aromas frescos y frutales… el campo sereno. Las estrellas brillantes surgían silenciosas e impensables rayando el cielo…! ¿Sigue siendo así, todavía? Sé que era algo así, pero ya no recuerdo… Han cambiado tantas cosas, tantas costumbres. El campo, el aire, el cielo. Nosotros los de entonces, somos los mismos? Todo es lo mismo y no es lo mismo.

¡Inexorablemente, cuánto tiempo ha pasado! Hoy creo que si algún aroma o colorido especial guardo o perdura en el recuerdo de mi infancia es debido a aquellos lugares por donde anduvimos. ¡Aquellas tardes de sol y de domingo!

Si alguna característica o valor especial tuvo o tenía aquel pueblo, fue por la cercanía de aquellos cerros, al calor y a la falda de donde crecimos. Hoy, cercados y vallados de alambre de espino, para agasajo de los dioses, las alimañas y los pájaros.

No sé por que causas o avatares de la vida a veces, las generaciones dejan de seguir y compartir las viejas tradiciones. Pierden las raíces. Se marchan… ¿Qué les queda? ¿Qué nos queda? That is the question… Olvido, destierro de la memoria. Así se terminan las costumbres, las culturas y los pueblos. Triste y lamentable. Así terminan las crónicas. (Podéis aplaudir. Es costumbre aplaudir al final, como en las viejas películas de los años 60). He terminado.

Saber que has nacido. Que has recorrido por un camino… que ya no existe. ¿Cómo regresar. Hacia dónde? Ya no recuerdo los vestigios, ni los señuelos que puse, por si un día, acaso… ya no recuerdo… Ya no sé regresar. ¿Cómo se puede llegar a borrar, destruir la memoria? Nos hemos perdido. ¿Quiénes somos. A dónde vamos. De dónde venimos?

 

+ R.I.P. 05 /02 /04 ES TA MOS EN LA ERA DE LA IN FOR MA

TI CA NO OL VI DAR TO DO SE PUE DE RE CU PE RAR

VIR TU AL MEN TE …

 

(Para incluir en Sinfonía de un Lugar: Apéndice Tercero.)

Eulogio Carretero Bordallo

La carpintería de Rafael

Hoy os dejo esta publicación de Eulogio. Quien me conoce sabe que mis abuelos vivían en la calle Almagro, y que Rafael tenía allí la carpintería en la que había trabajado toda la vida con la familia. Que recuerdos, sentarte en el banco alargado que estaba justo en la puerta, y mientras Rafael convertía la madera en cosas útiles, se pasaba el tiempo, con la conversación que siempre mantenía con las personas que allí estábamos. En memoria de Rafael, allí donde esté. Juan Jesús Donoso Azañón.

[Colaboración de Eulogio Carretero Bordallo]

Aquí hoy, tan lejos en este cuarto, tan oscuro, tan apagado, tan en silencio. No hay nada que distraiga mi atención. Nada que perturbe el recuerdo. Echo tanto de menos a algunas personas, y, ya van siendo bastantes… Cierro los ojos: Veo un campo amplio, dorado de sol, amarillento; trigales, viñedos, olivares. ¡El cielo luminoso! El pueblo pequeñito ahí inmerso, emergente como de un sueño; en el mismo lado como siempre que aparece tras las montañas yendo por la carretera de Almagro: Un cúmulo de casas aplanadas en el paisaje, en medio del campo, bajo el inmenso cielo. Las montañas en torno grisáceas, terrosas, verdosas, azuladas al fondo…

Y te vas acercando, siguiendo la carretera que conduce a él, y empiezan a tomar volumen sus casas. A erigirse la iglesia por encima de los tejados: ¡la torre alta, el campanario! Hasta entrar en la calle, con ruido estruendoso de nuestro vehículo. Las paredes blancas se levantan a ambos lados: Puertas, puertas, ventanas, árboles, todo va pasando rodado tras los cristales, arriates de plantas, flores, enredaderas. Y al frente, sobre un podio en una plazoleta, la figura ecuestre del General Espartero.

Estamos en Granátula. Pero detengámonos un momento (dejemos nuestro auto), vayamos más despacio. Tenemos la sensación de haber pasado desapercibidos, de haber entrado demasiado deprisa y de no haber visto a nadie en la calle: Las puertas cerradas, las persianas caídas de las ventanas, los visillos echados. ¿No hay nadie en este pueblo?, nos preguntaremos de momento. Es un pueblo pequeño de La Mancha, deshabitándose, como tantos otros de España; que empezó a sufrir su abandono y la migración de sus pobladores hacia las grandes ciudades… Son esas revueltas de la vida, como se suele decir por aquí; siempre con la esperanza y el sueño de una vida mejor. Pero qué voy a decir yo que fui uno de ellos, uno de tantos que dejó este pueblo a mediados de los setenta, pero que aún sigo viniendo de cuando en cuando. Las raíces siguen estando, no tan profundas porque cada vez te van atando menos vínculos pero, sigue habiendo algún nutriente todavía que nos conforta, sigo viniendo…

Por fin alguien se asoma a la puerta, como si hubiese intuido nuestra presencia en la calle. Pero no, no puede vernos, nosotros tampoco somos nadie. Somos memoria, recuerdo, transparencia, espíritu quizás de otro tiempo. Y tras un momento de mirar a un lado y a otro ha vuelto a ocultarse: ¡No, no hay nadie en la calle! Pero, acerquémonos un instante y curioseemos un poco a ver que hace este señor: ¡Ahí está Rafael! sobre el banco, con el lapicero tras de la oreja y el mandil de virutas; la máquina aserradora, las herramientas, los tablones…

Rafael el carpintero: Sobre el banco de madera, una silla tumbada, el asiento de anea bien tejido, los palillos torneados; tiene formas y apariencia de ser antigua, trabajada a mano. Una originalidad poco usual en estos días; una reliquia de otro tiempo y un recuerdo. Hay mobiliarios antiguos que aún se conservan, que aún se restauran: mesas, sillas, armarios, cabeceros, mesitas, aparadores, cómodas, baúles…, y que van pasando de padres a hijos, sorteando el paso de los años. Rafael es un especialista en estas composturas.

Rafael, un palillo en las manos, torneado, nuevo, con las mismas características que el resto de la silla, untándolo de cola blanca en los extremos va a ensamblarlo en los orificios de la silla, entre los palos largueros de las patas. Con un poco de maña, abriendo, cerrando. Ya está. Colocado. ¡Es un maestro! Coge un gato y lo sujeta de lado a lado, dando vueltas al usillo, apretándolo. La cola blanca asoma por los extremos; va a gotear pero no la deja caer, no le da tiempo, Rafael atento con la espatulilla en la mano, de un acto mecánico la rebaña y la devuelve de nuevo al bote de la cola, tapándola. Levanta la silla del banco y la lleva a un extremo de la carpintería. Terminada, a esperar que seque. Luego le quitará el gato y como nueva, reparada y dispuesta para poder sentarse en ella. Vendrá después la vecina preguntando por su silla y pagará a Rafael su trabajo.

O bien, cogerá este buen carpintero, como es su costumbre y con la silla al hombro en la bicicleta se la acercará a su casa: “Aquí le devuelvo la silla, preparada y dispuesta para aguantar otra temporada –le dirá y seguirá argumentando–, aunque ya va estando un poco desvencijada y habrá que ir pensando en hacer una nueva; aunque eso es igual que todo, pero nunca se sabe, quizás dure más que nosotros; con el tiempo son cosas que tienen que venir a suceder, aunque no se quiera, a ver si no, para qué íbamos a estar nosotros aquí…” Preguntará su dueño el coste y, tras decirle la valía Rafael seguirá con su plática deliberando: “No, pero si no tiene, déjelo, no se apure ya me lo dará usted otro día”, y Rafael seguirá hablando y hablando, refiriendo una serie de juicios y altercados; Rafael nunca se calla, siempre tiene palabras y más palabras: “Aunque este año no sé como vamos a remediar esto, con esta sequía y sin una gota de agua en todo el invierno, aquí nada más que sol y sol, no hay un termino medio; luego vendrá una tormenta cuando menos lo esperes y se lo llevará todo. ¡Qué desgracia!, mira lo que está pasando por ahí, esto no hay quien lo comprenda, ¡qué desastre!, y nosotros sin poder hacer nada por evitarlo…”

Así es Rafael. Pero sigamos un poquito más en la carpintería, quizás podamos aprender algo más de este oficio artesano: Sobre el banco ahora ha colocado un armarito. Tiene la trasera rota. Ha desplegado su metro de varillas amarillas y ha medido el hueco: “Sesenta y ocho y medio, por veinticuatro”. Ha cogido una tabla y, de nuevo con el metro desplegado: “Sesenta y ocho y medio”, ha medido y se ha llevado la mano a la oreja en un acto reflejo, y con el lapicero en la mano ¡ras! ha señalado la medida. Después ha colocado el cartabón y le ha trazado una raya a lo largo, llevándose instintivamente el lapicero tras de la oreja. Ha sujetado la tabla al torno y serrucho en mano se dispone a cortarla.

Rafael es pura energía y puro nervio: ¡Ras ras, ras ras! Con brío y ritmo acompasado, la larga hoja dentada va y viene pasando de un extremo a otro. ¡Ras ras, ras ras! vertiendo, escupiendo serrín a cada lado. ¡Ras ras, ras ras! Dinámica y agresiva, rasgando la madera. ¡Ras. Ras!, hasta cortarla. Deja el serrucho, coge la lima y le remata los cantos. Afloja el usillo del torno, libera la madera y la presenta sobre la trasera del armario: ¡No, un poquito ancha. Hay que cepillarla! Vuelve a sujetarla al torno; coge el cepillo, le ajusta la cuchilla con tiento, ¡tras, tras!, uno o dos golpecitos y dispuesta. ¡R a a a a s!, de una pasada suave, l a r g a, enroscándose la viruta por encima de las manos… ¡R a a a a s!, va desgastando la madera. ¡R a a a s!… Los cuarterones rojizos del solado se van ocultando bajo esta viruta roscada y esta materia orgánica de desecho.

¡Como huele la madera! La carpintería se ha impregnado de un olor fuerte y seco a madera noble recién cortada. Deja el cepillo sobre el banco, vuelve a liberar la tabla de la mordaza… Y ahora sí, a medida, perfectamente acoplada. Coge el martillo y unos clavitos y ¡tras, tras, tras! con unos golpecitos secos, uniformes, va claveteando las pequeñas puntas plateadas a la trasera del armarito. ¡Tras. Tras! Otra cosa reparada. Coge y vuelve a llevarlo al rincón donde la silla, en la estancia de espera, dejando de nuevo el banco liberado para otra tarea.

¿Pero qué trae ahora Rafael? ¡Una ventana! La pone de pie sobre el banco, la abre, la cierra… ¡Ay, son las bisagras que le fallan!, se queda un momento pensando. Se acerca a la puerta, se asoma, mira a la calle: ¡El lapicero en la oreja, el mandil de virutas! La montaña, el árbol, el cielo… Toma un respiro: El aire todo de la calle le cabe a Rafael en el pecho. Es paz, tranquilidad, sosiego lo que respira Rafael en este pueblo. Se acerca un señor en bicicleta: las alforjas cargadas de pimientos y tomates de la huerta; avanza despacio como el tiempo por estos lugares. Se espera a que pase: “¡Buena carga llevas hoy!” “¡Eh, hasta luego Rafael!”, se saludan y se entra de nuevo dispuesto a seguir faenando sobre el banco. Pero salgamos ya de la carpintería, dejemos a Rafael con su trajinar y deambulemos un poco por las calles del pueblo…

Rafael es (era) el carpintero del pueblo, el carpintero de siempre. Su padre Nicolás también era carpintero de toda la vida. Yo siempre he visto a Rafael con sus quehaceres en la carpintería, todos los días, incluso las fiestas tenía algo que hacer. Yo alguna vez me he preguntado si Rafael habrá tenido algún descanso, unas vacaciones lejos del pueblo y de sus herramientas, o si verdaderamente era una holganza y un recreo su trabajo. Dudo incluso que se haya puesto enfermo alguna vez, su carpintería siempre ha estado abierta para todo el mundo, siempre estaba dispuesto para lo que fuese menester. ¡Hay que batallar, hay que hacer algo por la vida –decía–, aquí no hay más remedio que tirar para delante el tiempo que haga falta, no se puede estar parado, si no cómo va a funcionar esto…! Rafael nunca se paró a cuestionar los designios de la vida. Había nacido para esto. ¡Descanse en paz, Rafael!

En cierta ocasión, que veníamos para Madrid, Rafael tenía que hacer unas compras en Almagro y se vino con nosotros. Nos contó, entre otras cosas, porque Rafael nunca se callaba, era un aluvión de palabras, siempre hablaba y hablaba, siempre tenía una palabra más que decir. Nos contaba en aquella ocasión que estaba a punto de jubilarse, pero le preocupaba que no hubiese salido nadie que pudiese reemplazarle y continuara su labor en el pueblo… De esto ha pasado ya toda una década (tampoco ha sido tanto tiempo), y Rafael ha seguido desempeñando su labor como antes, esperando que llegase ese relevo generacional y merecido. Pero no podía ser eterno. ¡Hasta siempre, Rafael!

Rafael era de otro tiempo, de esas rarezas poco usuales: sólidas, nobles, únicas, que él mismo restauraba en su carpintería; de las que ya no se encuentran, de las que van quedando pocas, cada vez menos, y, de las que no admiten compostura. “Habrá que ir pensando en hacer una nueva –decía–, pero nunca se sabe…” Si a alguien en este mundo antojadizo y cambiante, hay que hacerle una mención, Rafael se la tiene merecida. Gracias por la vida ejemplar y generosa que ofreciste a este pueblo.

 

(Publicado en El Lanza el 9 de abril de 2009)

Sobre la imagen de Espartero y Maroto

[Colaboración de Miguel Muñoz Donoso]

(Incluida en el trabajo “La regencia de Espartero”)

Permítanme comenzar haciendo un poco de historia. Cuando en el año 2003 la extinta Asociación Cultural Oretum de Granátula realizó unas conferencias y una exposición con motivo del 210 aniversario del nacimiento del General Espartero, y como colaborador de dichos actos, seleccioné la misma imagen que acompaña el citado trabajo para marcar el saludo entre Espartero y Maroto al finalizar la guerra carlista.

La elección de este retrato la hice con la intención de evitar la repetición de otras muchas imágenes sobre dicho hecho, reproducidas en diferentes publicaciones y siempre en el teatro de la guerra. Tenía dudas ante el escaso parecido físico con los retratados, y aunque ya sabemos que, a veces, los artistas ofrecen su propia visión de las cosas, no cabe duda, sin embargo, de que ofrecía una imagen muy distinta y, digamos, más apacible de ambas personas, tras siete años de lucha.

Cuando se presenta la imagen para su inclusión en la exposición, Francisco Gómez Gómez, miembro también de su organización, añade otra duda como la relativa a la indumentaria, pues parece poco consonante con la correspondiente a dos generales.

Examinadas y discutidas estas dudas, más otras que se plantearon, finalmente se acuerda no incluir esa imagen.

A partir de entonces comienzo una búsqueda sobre retratos conjuntos de ambos personajes en exposiciones y museos que acaba teniendo éxito.

Una de ellas nos lleva al Museo Lázaro Galdiano, donde encuentro dicho retrato y en donde efectivamente confirman que no son Espartero ni Maroto, sino los alabarderos José Díaz y Francisco Torán, si bien se trata de una copia. El original, me indican, se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Puesto en contacto con dicho museo me confirman esto último y me remiten una detallada información de cómo se realizó y ejecutó dicho retrato.

Para no hacer más extensa esta nota detallo la ficha de la obra:

Bernardo López Piquer

LOS ALABARDEROS JOSE DIAZ Y FRANCISCO TORAN

Óleo sobre lienzo

140,2 x 104,7 cm

Firmado y fechado, parte inferior central “Bdo. López en Madrid / 1842 “

Num. Inv. 645

 

Este retrato se hace por encargo de la Diputación de Valencia, en “homenaje a dos hijos de la provincia,” dos alabarderos, cabo el primero y soldado el segundo, de los veinte que estuvieron presentes en la defensa del Palacio Real de Madrid, durante el asalto del 7 de octubre de 1841.

Cedió el autor a la Diputación, para sus fondos, mil reales de los diez mil en que se estimó su precio.

Así pues, la imagen efectivamente se encuadra dentro del texto, pero no sus nombres.

Sé que en este tiempo y en otras publicaciones han incluido también esa misma imagen y nombres y siempre que he tenido conocimiento he remitido mi nota explicativa, pero desconozco si han efectuado la oportuna modificación, que considero importante no tanto por el error, sino por dar al General Espartero lo que es suyo y en este caso a los alabarderos y al autor de su retrato lo que les corresponde.

 

Miguel Muñoz Donoso

Abril – 2011

A mi madre, se va mi vida, se va…

Hoy en el día de la Madre, en homenaje a todas ellas, y por supuesto para la mía, he recuperado esta colaboración, este artículo, de Rafael quizás un tanto triste, pero con todo el sentimiento hacia la Madre. Lo comparto, Juan Jesús Donoso Azañón

[Colaboración de Rafael Castellanos Solana]

Hoy es un día en el que no sé si podré leer lo que aquí tengo escrito pues las lágrimas se apresuran copiosas por mis ojos y un nudo me aprieta de tal manera la garganta que apenas me deja tragar saliva… pero tengo que hacerlo antes de que te vayas definitivamente… antes de que te lleven de una vez y nos dejes para siempre…

Hoy es un día absurdo… un día que jamás tuvo que nacer… un día en el que nos dejas de modo permanente… un día en el que casualmente nadie nos ha preguntado si existe tan solo un motivo para que tengas que partir y dejarnos aquí solos, sin tu presencia física… solamente con tu recuerdo…

Nadie nos lo preguntó…

Hoy es un día en el que todos los recuerdos (¡Por Dios… hay tantos…!) se nos vienen a la cabeza con cada golpe de sangre que nos manda el corazón… el mismo que repartiste entre los cuatro… aquel corazón que empezó a dejar de ser tuyo cuando nació el primero… hace tantos años ya…

Es curioso… pero hoy es el día en el que me pregunto (nos preguntamos) por qué extraña y desconocida razón un hijo no puede devolverle la vida a la mujer que un día, quizá ya lejano se la dio a él… lo justo –y por derecho necesario- sería que si tu nos diste la vida, nosotros, tus hijos, pudiéramos devolvértela ahora a ti… esa vida que ahora te falta… esa vida que fue tuya y que entregaste a la nuestra…que dedicaste en cuerpo y alma… desinteresadamente… una vida de sacrificios… viviendo por y para nosotros…

Una vida que no fue tuya… que fue nuestra… porque… ¿Cuántas noches en vela… cuántas sin dormir…? ¿Cuántas lágrimas has echado por mi -por nuestra- culpa…? ¿Cuántos desvelos por un constipado… por que hemos salido una noche y no sabes si estamos con el coche o no…? ¿Cuántos disgustos porque no queríamos comer… porque no quisimos estudiar… porque después de una boda ha venido una separación…? y SIEMPRE… SIEMPRE… tuviste una sonrisa… una palabra amable… y silencio… siempre silencio para no hacernos daño con tus opiniones… con tus ideas… con todo lo que pensabas y te callabas para no hacernos daño…

Y nosotros hemos estado ciegos… no hemos visto más allá de lo que teníamos delante de nuestras narices… y pensábamos que todo iba bien… que todo estaba correcto… porque callabas y nos dabas la razón…

Me gustaría decirte tantas y tantas cosas que, por dejación, no te he dicho cuando debería haberlo hecho… ahora es tarde y no sé si me estás oyendo… y, quizá, por eso, por si  aún sigues ahí, quiero hacer mías las palabras de Diana Navarro… que canta en un disco suyo y dicen así…

“Caricia de mi tristeza,

Bálsamo de mi dolor,

Fuente de sabiduría,

Lucero de mi mañana,

Salud de mi enfermedad,

Manantial de mi alegría,

Consuelo de mis errores,

Copa de mi realidad,

Torre de mi valentía,

Pulso de mi corazón,

Grito de mi rebelión,

Viento de mi fantasía,

Rabia de mi libertad,

Ángel de mi soledad,

Madre mía, madre mía.”

Me gustaría ser más inteligente para poder buscar en un diccionario alguna palabra tan corta como la de MADRE y que contuviera tanto significado como esa… porque una madre es, o al menos debería serlo para todos, una consejera, una amiga, una enfermera, una confesora, una maestra, una economista, un pozo de dulzura, de sentimientos… tantas y tantas cosas que se acaban hoy aquí y que la cantante resume de muy buen grado…

Tengo que terminar. No puedo seguir… las lágrimas -nunca pensé que pudiera tener tantas- de mis ojos me impiden la visión y siento que el nudo de mi garganta es cada vez más fuerte… por no hablar de la presión que siento cada vez con más fuerza en mi pecho…

Solamente me queda decirte, en mi nombre y en el de mis hermanos, que no te olvidaremos nunca y darte las gracias por la vida que nos diste y que nos has dedicado… sin interés alguno…

Siempre te llevaremos en lo más profundo de nuestro corazón y en nuestro pensamiento.

Adiós MADRE… Hasta siempre.

 

Rafael Castellanos Solana

El Real de a Ocho y el Dólar

Con tanta noticia sobre las elecciones en Estados Unidos me acordé de las relaciones con España y con su moneda el Dólar

El llamado real de a ocho, o también peso duro o simplemente duro, acuñada por el Imperio Español desde 1497 fue la moneda más importante del mundo en su época. Su peso era consistente: 27 gramos de plata, y en el reverso de la moneda figuran las dos columnas de Hércules y el “plus ultra”, el lema de España.

De la mitología Romana y Griega debemos las columnas de Hércules (Heracles en griego) y representaban a Gibraltar y Ceuta, los dos peñones que delimitaron el final del mundo conocido hasta el viaje de Colón en 1492. Cuando el mítico Hércules ejecutó uno de sus famosos trabajos, el mundo terminaba ahí, era el non terrae plus ultra, pero España lo desbordó con el descubrimiento de América, y por eso Carlos V acuñó para España el lema de ”Plus Ultra”.

Los reales de a ocho fueron conocidos como “taleros”, por su parecido con la recia moneda austríaca “thaler” acuñada en Bohemia, también en el territorio imperial de Carlos V, pero tenía mucha menor distribución.

El real de a ocho español se acuñaba en la Ceca o Casa de la Moneda de Méjico, procediendo el metal de los yacimientos de Zacatecas o Guanajuato, y de las riquísimas minas de Potosí, en Bolivia, prácticamente una montaña maciza de plata, el mayor yacimiento argentífero que haya existido nunca.

Fue una moneda que servía de base para la emisión de otras y también fue divisa universal, tanto en Occidente como en Asía, circulando entre Europa y Asía merced al comercio con Filipinas. El Galeón español Manila hacía su trayecto anual entre Méjico y Filipinas, llevando Reales de a Ocho para comprar los productos de Oriente, siendo aceptada por los comerciantes chinos.

Tambien circulaba la moneda española en las trece Colonias británicas de América del Norte, Las que luego formarían parte de los Estados Unidos de America. El uso de la libra esterlina era muy costoso por lo que utilizaban los reales de a ocho emitidnos en Méjico. Fue denominada como “spanish thaler”, pasando después a “spanish daller”, y más tarde a “spanish dollar”.

Cuando llegó el momento de la emancipación de las colonias, los Estados Unidos repudiaron formalmente la moneda británica y se vieron en la necesidad de acuñar moneda propia. Se recurrió al peso duro, la moneda española real de a ocho. Había muchas de estas monedas en circulación en las Trece Colonias, y tenían la garantía de su prestigio y de su depurado contenido de plata, de modo que el real de a ocho de la monarquía española se convirtió en la base de la moneda de los Estados Unidos.

La paridad del dólar americano fue unida oficialmente a la moneda española, y el “spanish dollar”, llamado así durante mucho tiempo, convivió durante largos años con el “dollar” americano. Ambas monedas, la americana y la española, circulaban por igual y con el mismo valor en USA. La moneda española estuvo vigente en Estados Unidos hasta el año 1857, cuando se prohibió su uso.

En cuanto al signo del dólar, $, la S proviene de la conjunción de la “P” y la “S”, de la palabra PeSo con la que se conocía al Real de a Ocho, y las dos barras se corresponden con las dos columnas de Hércules. Las primeras monedas acuñadas por Estados Unidos se las llamó “pillar-dollar”, por los dos pilares o columnas de Hércules.

Pedacitos de historia que nos unen más con los orígenes de los Estados Unidos, como también lo fue San Antonio, etc.

Pensamiento crítico

Os dejo este video que habla sobre el Pensamiento, qué es pensar, añadiendo crítico. Está dirigido a la formación, a la enseñanza, cambiando la perspectiva de la educación desde, sirva la comparación, una jarra a la que hay que llenar con conocimientos, a dar las herramientas para que cada persona llene su propia jarra y sea capaz de vaciarla, rellenarla, etc.
Personalmente, ver este video, coincide en un momento de la vida de cambio, en el trabajo cambiando la mirada y haciendo que las cosas se puedan ver desde otro ángulo, buscando soluciones e incorporando el valor del grupo, del pensamiento del grupo, del análisis; a la parte personal yendo desde el recibe información, instrucciones, asume y trabaja a otro estatus más importante en mi opinión: piensa, cambia y adapta. Y en ese camino, y con todo el respeto necesario, diciendo lo que se piensa guste o no, porque si no se comparten las opiniones no habrá mejora, valor añadido de todos.

Economía: Primero las personas

Amartya Sen[1]en su publicación “Primero la gente” introduce la disciplina de la ética del desarrollo. “Intentamos demostrar que el mundo puede ser diferente”, “que la economía se puede manejar con otros criterios, mostramos muchos ejemplos concretos de cómo se está haciendo en diversos lugares del planeta y que es posible tener esperanzas, pero reclamamos que para ello hay que ¡actuar!”.

Las políticas públicas deben asumir plenamente sus responsabilidades y que cuando mejor funciona la productividad es cuando los trabajadores tienen una participación mayor en los ingresos. También es necesario alcanzar concertaciones sociales entre las política públicas, la responsabilidad social de la empresa privada y la movilización solidaria de la sociedad civil.

La crisis internacional ha mostrado al “Rey desnudo”, sin regulaciones, apelando sólo al egoísmo personal e incentivándolo para producir, con impunidad para buscar el máximo lucro a corto plazo. “Sin valores, la economía puede transformarse en una trampa”. Se requieren regulaciones activas, organismos de control y finalmente la permanente auditoría de una sociedad civil organizada.
Ahora es el momento más oportuno para avanzar en programas alternativos que buscan abrir paso a una nueva economía dedicada a servir a la comunidad.

Korten[2]afirma que el sistema actual se basa en una ilusión, la de que el dinero es riqueza. Pero lo más preocupante es la ilusión que crea en la gente, quienes piensan que son parte de esta riqueza, que son ricos. No nos es extraño ver que en cuanto más desarrollado es un país, hay más personas que viven en la pobreza y todo se reduce a que todas las decisiones se toman en base a la utilidad marginal y a la maximización de los beneficios, del dinero, que benefician a quien ya lo tiene mientras que las que no lo poseen cada vez están mas fuera del sistema.

Propone Korten una nueva economía basada en la localidad, orientada a la comunidad, y dedicada a la creación de una mejor calidad de vida para todos. Prevé un mundo de economías de mercado locales a manos de pequeños empresarios, artesanos, agricultores, entre otros, con fuertes raíces en la comunidad que les permita a su vez mantener involucrados en la producción y el intercambio de bienes y servicios para satisfacer las necesidades de ellos mismos y sus vecinos. Está introduciendo el valor sistema comunitario por encima de los individuos. Concepto parecido al que Itamar en la sesión de 12 de marzo introdujo con los Kibutzs, granja colectiva de Israel. Uno de los objetivos con estas estrategias es acabar con el consumo innecesario establecido hasta ahora en la sociedad.

Fomentar las relaciones de la comunidad y que sea esta la que pueda optar por crear sus propios negocios, empresas familiares, ser propietarios de viviendas y a su vez logren implantar organizaciones que fortalezcan con sus servicios a la sociedad, fortaleciendo sistemas propios.

Si estamos convencidos en este momento, y las personas son lo primero, ya sólo nos queda enfocar una economía que lo permita.

[1]Amartya Sen y Bernardo Kliksberg . “Primero la Gente”. Ediciones Deusto, 2008.

[2]David Korten. “When corporation rule the world”.  Ed. Kumarian Press, 1995.

Crisis, ¿éxito en su salida?

La crisis se trata de un fenómeno “normal” y recurrente que sucede periódicamente en los mercados. Lo que pudiera diferenciar unas crisis de otras normalmente es su profundidad y su extensión.

Pero este análisis es muy pobre. Hace años que la economía está dando síntomas de una grave enfermedad, siendo sostenida en su declive añadiendo más leña al fuego. La palabra Capitalismo está compuesta por los vocablos Capital e Ismo, es decir Exaltación del Capital. ¿Cómo es posible que estando en una exaltación del capital durante años el Capital haya sido regalado a todo aquel que lo demandaba? ¿Cómo es posible que artificialmente y por arte de los Bancos Centrales se haya mantenido el tipo de interés real del dinero por debajo de la inflación? ¿Cómo es posible que la masa monetaria haya crecido muy por encima del crecimiento de la productividad? Esto en mi pueblo se le denomina “Pan para hoy y hambre para mañana”[1]. Y estamos en el Mañana, quedan muchos años de hambre. El análisis de la actual situación de los mercados efectuado en base a los conceptos de la Teoría Económica Comprensiva[2], reconoce que lo expuesto (en los términos de las concepciones económicas convencionales) es correcto; pero va más allá y abre a otra dimensión de las crisis, que la pone en una perspectiva histórica y económica que nos permite verla no solamente como más profunda y extendida sino como cualitativamente distinta. Más aún, nos pone en la perspectiva de comprender que las respuestas “normales” o habituales, aplicadas a las crisis, no tendrán los efectos esperados, es decir, no conducirán en esta ocasión a una real superación y salida de la crisis.

La salida “normal” de una crisis financiera “normal” consiste en combinar en una adecuada proporción de tres elementos:

  1. a) la pérdida de valor de los activos de los acreedores;

  2. b) la pérdida que deben asumir los deudores;

  3. c) la pérdida que necesariamente ha de afectar al conjunto de los otros agentes económicos (consumidores, empresarios, trabajadores, etc.) vía inflación y vía contracción económica.

De este modo se obtiene que la pérdida, el daño y el dolor que provoca la crisis se reparta entre los diferentes sectores involucrados. Estos procesos son cuidadosamente vigilados por los Gobiernos (políticas fiscal, tributaria, regulatoria, subsidiaria y de incentivos, rescate de bancos, etc.) y por las autoridades monetarias o bancos centrales (tasas de interés, emisión monetaria, tipo de cambio, etc.).

Todo ello está de hecho ocurriendo. Pero desde el punto de observación que nos proporciona la Teoría Económica Comprensiva, podemos ver algo más, por debajo y más allá de todo lo indicado. Desde esta óptica apreciamos básicamente dos fenómenos de incalculables consecuencias:

El primer fenómeno es un cambio que se está cumpliendo en la naturaleza o “esencia “del dinero. Y como el dinero es –en el actual sistema económico- el elemento articulador de los mercados y de la economía en su conjunto. El nuevo concepto económico neoliberal está significando una desarticulación estructural muy profunda de los determinantes del mercado, de modo que no podrá resolverse la crisis sino mediante una reforma institucional, jurídica y política. Entendamos: el mercado continuará funcionando, pero en crisis, que se prolongará hasta que se cumplan dichas reformas.

El segundo fenómeno, estrechamente conectado al anterior, es una mutación al nivel de las relaciones entre los agentes económicos privados y los agentes económicos públicos, tal que los equilibrios que han permanecido sin cambios sustanciales durante las últimas seis décadas ya no se sostienen, planteando la necesidad de redefinir las relaciones entre economía y política; y entre ambas y el ser humano y las personas. Y de ahí el surgimiento de nuevas ideas políticas, nuevas formas de entenderla, movimientos extremos, movilizaciones sociales, etc.

Y todo eso se produce porque la salida de la crisis se ha efectuado ajustando los salarios y pensiones, bajando los ingresos de la clase media, incrementando el nivel de empleo a costa de salarios más bajos. El ajuste ha sido soportado por las personas que perciben rentas del trabajo y asimiladas. Y el efecto también consecuente de disminuir la capa de la clase media incrementando los polos opuestos: personas en nivel de pobreza o semi pobreza cada vez más numeroso y a la vez incremento de la riqueza en manos de unos pocos básicamente procedente de rentas distintas de las del trabajo.

[1] Un pueblo manchego, en esa Mancha que describió Cervantes. Su nombre Granátula de Calatrava. www.granatula.net

[2]  Luis Razeto Migliaro: “Fundamentos de una Teoría Económica Comprensiva. Libro tercero de Economía de Solidaridad y Mercado Democrático.” Ediciones PET, Santiago, 1994.

Diversidad

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define diversidad como:

  1. Variedad, desemejanza, diferencia.

  2. Abundancia, gran cantidad de varias cosas distintas.

Igualdad no significa identidad en el sentido de que todo sea igual o idéntico, sino en todo caso semejante o equivalente, lo que significa otorgar igual valoración. Promover la igualdad significa intentar acabar con las discriminaciones basadas en la edad, sexo, raza, ideología, religión, discapacidad, etc., otorgando el mismo valor, los mismos derechos y las mismas oportunidades.

El principio de igualdad incluye todas las acciones positivas que se realicen para conseguir eliminar el trato desigual a lo que de hecho es lo mismo; es decir, intervenciones que buscan superar todos los obstáculos que la sociedad pone al reconocimiento pleno de la igualdad.

Entre las medidas para garantizar el trato igualitario en todos los ámbitos de la entidad (voluntariado, personal laboral, socios, colaboradores, etc.) podemos citar los siguientes campos de actuación:

  • Procesos de captación, selección e incorporación no discriminatoria[1].

  • Gestión de la formación atendiendo a las condiciones y posiciones estratégicas en la organización.

  • Conciliación entre la vida profesional, laboral y personal.

  • Revisión y diseño de una política salarial basada en criterios objetivos.

  • Comunicación interna y externa orientada a la inclusión.

  • Salud laboral y prevención de riesgos desde la perspectiva de las necesidades diferenciales entre sexos, capacidades diferentes, cultura, etc.

  • Prevenir y sancionar las situaciones de cualquier tipo de acoso y abuso.

  • La estrategia diseñada para conseguir que las preocupaciones y experiencias de todas las personas que se relacionan con la entidad sean parte integrante en la puesta en marcha de sus programas y políticas (transversalidad).

[1] Valoración de la capacidad, mérito y conocimiento.

Todos somos Cataluña – Tots som Catalunya

#todossomoscataluña #totssomcatalunya y esto no es solo una etiqueta. Siempre he considerado esa tierra como parte preciosa y parte de todos nosotros, y la que siento y disfruto cómo parte de todos y cómo no, mia. Nada en España sería igual sin Cataluña ni tampoco lo hubiera sido. Tantos años construyendo un futuro juntos del que disfrutamos es este país que es la octava economía del mundo y de la que los extranjeros aman y suspiran por volver a ver.
Hace unos días escribí:
No entiendo nada de lo que sucede y cuantos más razonamientos oigo menos lo entiendo.
Hace mucho tiempo que escribí, y está disponible en mis páginas y publicaciones públicas, que soy de donde el corazón me marca. Madrileño que nunca negare mis orígenes y para eso nací allí, manchego que para eso lo ejerzo y tengo mis raíces, Granatuleño mi pueblo querido, español, europeo y ciudadano del mundo. Soy por tanto la suma de todos lo vivido, de la personas con las que me he relacionado y de los sitios que he vivido, y agradezco a todo ello incluso a la gente que nunca me tragó y a l que me odió porque con todos los sitios y personas forme mi personalidad.
No cabe en mi la idea de restar, de no ser, de despreciar.
Como dice mi ideario siempre Quiero luchar desde la leyenda contra los encantadores que niegan y desfiguran las cosas hermosas, contra los que en nombre de la razón izan la bandera del realismo más despiadado; contra los resentidos; contra los envidiosos; contra los que confunden la crítica con la mala fe; contra los que no saben compadecer y admirar; contra los que no creen en más Dios que en su egoísmo; contra los que matan a inocentes ciudadanos; contra los que aprisionan y despedazan a los débiles; contra los que confunden la formación y la educación con la debilidad, el pacifismo con la cobardía, la comprensión con la imbecilidad, el amor con el erotismo; contra los que creen que el mundo fue hecho para ellos solos; contra los que tornan gigantes en molinos, los ejércitos en rebaños y el sublime amoroso de una moza en una locura.
Considerarme mejor que alguien simplemente lo veo como racismo. Nadie es mejor que nadie y nadie excluye a nadie. Y cuando veo que se habla de restar solo viene a mi memoria la idea de la superioridad de una determinada raza. Quizas este equivocado pero nadie tiene la capacidad superior de discernir que es mejor que nadie, que gracias a él viven otros. Este es el mismo razonamiento por el que no entiendo quienes están en contra de los refugiados o de las personas que jugándose la vida buscan otra realidad. Y así pienso que el Brexit busca el racismo y apartar la circulación de europeos y no europeos eso sí ahora se descuelgan que quieren mantener la económica y el negocio; y los nacionalismos se basan en la idea de ser superiores y de que los demás son chusma.
No creo que haya mucha gente que lea eso peor o por ello quería dejar de decir lo que pienso. Muchas líneas para expresar una idea en la era digital en la que no se leen más de 40 caracteres.

Cuatro enseñanzas extraídas del Quijote

1. Determinar la realidad a partir de la forma en que se ve al mundo

En el mundo de Don Quijote, nada es lo que aparenta ser. Los molinos son gigantes, las posadas son castillos, las plebeyas son princesas, y los títeres son moros. Aunque su peculiar forma de observar las cosas le trajo problemas y desventuras, el ingenioso hidalgo creó para él una realidad distinta, un mundo diferente en el que triunfaría la virtud sobre el mal y estaría libre de esclavitud.

Si bien no pudo cambiar al mundo, sí logró cambiar su vida a partir de encontrar un propósito y un noble ideal

2. Ser fiel a un ideal

A pesar de las adversidades, Don Quijote deja como enseñanza la importancia de tener sueños aunque parezcan imposibles.

Don Quijote tenía un lema: «Defender la virtud».

3. Observar la virtud en los otros

El singular personaje antepone al hombre como persona por encima de sus errores. Un ejemplo es la manera en que observaba a Dulcinea, como una dama, una señora, cuando en realidad se trataba de una cortesana.

4. Elegir a un buen escudero

Tal como Don Quijote eligió a Sancho Panza como su compañero y fiel escudero, se puede y se debe elegir a aquellas personas que  acompañen a lo largo del camino y apoyen en el logro de los sueños y objetivos.

Un excelente ejercicio es  responder las siguientes preguntas:

1. ¿Qué se quiere?  2. ¿Cuál es el camino? 3. ¿Qué atributos debe tener el compañero que se debe elegir?

Una de las grandes enseñanzas del Quijote, es la manera en que honró sus sueños e ideales hasta el fin de sus días. Muchas veces se enfrentó al rechazo y sin importarle el ridículo y la aprobación de los demás, siguió su camino para vencer al invicto rival. Se debe tener en cuenta, que muchas veces el invicto rival se trata de uno mismo.

Discurso de La Sagra en 1840, reflexión en 2012

170 años después rescato un trozo del famoso discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid, en 1840, por La Sagra. Se pueden apreciar en él las realizaciones de la revolución política llevada a cabo por los liberales desde la muerte de Fernando VII. Y lo traigo a colación del momento actual de crisis económica, pero no solo.

Su eficacia  relativa  nos pone en guardia ante las soluciones dadas por los burgueses a la precaria situación de las clases trabajadoras.  Diversos elementos derechistas entran a formar parte del sector burgués, que cuanto más se acrecienta y controla el poder, más en contradicción se pone, no sólo con sus propios intereses, sino con los del pueblo, que empieza a sufrir el proceso de proletarización.  Así se expresaba La Sagra -y no se olvide- en 1808:

«Mientras que la democracia rica e ilustrada, constituyéndose en aristocracia de nuevo género, ocupa los puestos públicos a que es llamada, ejerce la acción directiva del gobierno, que indudablemente le pertenece, y es elegida para la organización y construcción de sus leyes, la democracia pobre e ignorante vive de una manera precaria, no ve asegurada su existencia en modo alguno y carece de los goces sociales a que tiene derecho por sus trabajos y virtudes… La estabilidad de las instituciones que la revolución política ha creado y el remedio de los males que ha producido, exigen una nueva revolución; pero revolución simplemente social, tranquila y sensata, que acabe de destruir los vicios antiguos y restablezca y arregle las virtudes públicas, sacudidas en los tiempos de trastorno… Consolidada que sea la paz, se harán efectivas estas condiciones y consecuencias de los cambios operados; pero siempre restará que procurar al pueblo el goce de los intereses materiales y morales que necesita y reclama para ser feliz y de los cuales depende en gran parte el goce de los intereses políticos.  ¿Qué importa, en efecto, haberle concedido el uso de la libertad de cambiar los productos de su industria si no halla medios de comunicación por dónde hacerlo?… ¿Qué hará con el diploma de libre que se le ha concedido, si este título no le asegura medios constantes de trabajo para no morir de hambre?  ¿De qué le servirá, en fin, su mismo derecho electoral, cuando no se le ha enseñado a apreciarlo o el estado precario de su existencia le condena a no ejercerlo?

Desengañémonos, señores: las clases laboriosas, las clases proletarias, no mejorarán en su estado y posición social sólo con haberse promovido en su favor los intereses políticos, puesto que para entrar en el goce de estos bienes necesitan entrar antes en la posesión de los intereses materiales y morales…»