Sobre el juramento de Regente de Espartero

Y a la vista de que se están publicando por aquí y por allá algunas cosas sobre Espartero, quiero dejaros en mi página el juramento que hizo Espartero como Regente del Reino ante la minoría de edad de Isabel II. Aprovechando además que acabo de colgar la copia del cuadro que existe sobre este momento en el Museo del Romanticismo, me permito la licencia de poner en negrita algunas frases que me parecen importantes.

Otro día os dejaré los dimes y diretes del gobierno de Espartero y de él como Regente con la Santa Sede, por la declaración de bienes del Estado de los bienes del clero secular y la supresión de la pretensión del nuncio apostólico en España de que la Regencia estuviera supeditada a la administración de justicia por la supresión de tres jueces el tribunal de Rota, que según la iglesia su nombramiento era apostólico y no real.

[Juan Jesús Donoso Azañón]

El 10 de mayo a la una de la tarde fue el día y la hora designada para el solemne juramento que Espartero debía prestar ante la representación nacional. Al presentarse el Duque de la Victoria en el Congreso, D. Agustín Argüelles le exigió el juramento bajo la fórmula siguiente:

«¿Juráis por Dios y por todos los Santos Evangelios que guardaréis y haréis guardar la Constitución de la monarquía española de 1837, y las leyes del reino, no mirando en cuanto hiciereis sino al bien y provecho de la nación, y que seréis fiel a la augusta Reina de las Españas doña Isabel II, entregándola el mando del Reino tan luego como salga de la minoría?»

Entonces, el Duque de la Victoria, puesta la mano sobre el libro de los Evangelios contestó con voz firme y penetrante: «Si, juro; y si en lo que he jurado o parte de ello lo contrario hiciere no debo ser obedecido, antes aquello en que contraviniere sea nulo y de ningún valor«. Un aplauso general y unánimes vítores salieron de todos los ángulos del Congreso. El presidente repuso: «Si así lo hiciereis, Dios os lo premie, sino os lo demande». Cuando el Regente del Reino y los señores senadores y diputados hubieron tomado asiento, el presidente añadió: «Las Cortes han presenciado el juramento que el Regente acaba de prestar a la Constitución de la monarquía española y a las leyes del reino y de fidelidad a la Reina.»

A poco Espartero dirigió a la representación nacional el discurso siguiente:

«Señores Senadores y Diputados:

La vida de todo ciudadano pertenece a su patria. El pueblo español quiere que continúe consagrándole la mía, yo me someto a su voluntad.

Al darme esta nueva muestra de su confianza, me impone nuevamente el deber de conservar sus leyes, la Constitución del Estado y el trono de una niña huérfana, de la segunda Isabel.

Con la confianza y voluntad de los pueblos, con los esfuerzos de los cuerpos colegisladores con los de un ministerio responsable digno de la nación, y con los de todas las autoridades unidos a los míos, la libertad, la independencia, el orden público y la prosperidad nacional estarán al abrigo de los caprichos de la suerte y de la incertidumbre del porvenir. El pueblo español será tan feliz como merece serlo, y yo contento entonces veré llegar mi última hora de mi vida sin inquietud sobre la opinión de las generaciones futuras.

En campaña siempre se me ha visto como el primer soldado del ejército pronto a sacrificar mi vida por la patria. Hoy como primer magistrado jamás perderé de vista que el menosprecio de las leyes y la alteración del orden social, son siempre el resultado de la debilidad y de la incertidumbre de los gobiernos. Señores senadores y diputados, contad siempre conmigo para sostener todos los actos inherentes al gobierno representativo. yo cuento con que los representantes de la nación serán también los consejeros del trono constitucional, en el cual descansan la gloria y la prosperidad de la patria.»

El señor presidente del Congreso contestó:

«Las Cortes han oído el señor Regente del Reino ha expuesto y sometido a su alta consideración, y se complacen en los sentimientos que animan la fidelidad, de amor y de respeto a S.M. la reina doña Isabel II. Asimismo confían en su firme resolución de defender el trono y las libertades patrias, de que son ilustre testimonio sus eminentes servicios a la nación, y que observará fielmente y hará obedecer y cumplir a todos la Constitución de la monarquía conforme en ello al juramento que acaba de prestar solemnemente en presencia de esta augusta asamblea, con lo que coronará sus glorias y corresponderá así a la expectación pública.»

Extraído de «Vida militar y política de Espartero, escrita en vista de cuantas se han publicado hasta el día». Por Alejandro Candeñosa y J. de Torá.

 

Caldopatata con chorizo de orza

Otra receta gracias a la amabilidad de los visitantes de la página.

Caldopatata con Chorizo de Orza

Ingredientes:
* Patatas cortadas en rodajas de 1 cm aproximadamente.
* Sofrito de tomate, pimiento rojo, cebolla (opcional)y una cabeza de ajos entera (dientes de ajos pero con la piel).
* Chorizos de orza.
* Un poco de «bacalao salao desmigao», muy poco, es solo para dar sabor.
* Una pizca de pimentón dulce.
* 1 hoja de laurel.

Preparación:
Se hace un sofrito, cuando este hecho se hechan los chorizos cortados en trozos y se frien un poco (hasta que suelten la pringue), se añade el laurel, después se echan las patatas y se dejan que se frian otro poquito.

Entonces echamos una pizca de pimentón y rápidamente echamos el agua para que no se queme, en este momento le añadimos unas migas de bacalao previamente lavado. No debe ponerse mucha agua, solo cubrir las patatas, para que se quede un caldo espeso. Se deja cocer hasta que las patatas estén para comer.

Nota: Si no tenéis chorizo de orza, lo freís más y luego echáis más pimentón.

Gracias Antonia por enviarnos esta receta (Antonia Zamora Oviedo, manchega de Quintanar de la Órden).

 

Devoción a Espartero en el siglo XIX

San Baldomero, una festividad que se celebraba por decisión del pueblo. Os dejo este artículo sobre la «devoción» que tenía el pueblo español, y en particular el Catalán, por Espartero. Una visión diferente de la que actualmente se quiere dar desde el independentismo catalán de la figura de Joaquín Baldomero.

 

Algunas imágenes sobre Espartero

Botiquín de campaña de Espartero. museo militar de Toledo

Grabados y pinturas sobre el Abrazo de Vergara

La cuádruple alianza que facilitó el Abrazo de Vergara

Juramento del General Espartero. Museo del Romanticismo

Cúmplase la voluntad nacional. Museo de la Historia de Madrid


Homenaje al General Espartero. Se recoge la fecha y lugar de nacimiento en Granátula. Museo Del Prado.

Historia de Espartero. Aleluya. Estampa con viñetas.

Propuesta de levantamiento de un monumento en el lugar del abrazo.

La carpintería de Rafael

Hoy os dejo esta publicación de Eulogio. Quien me conoce sabe que mis abuelos vivían en la calle Almagro, y que Rafael tenía allí la carpintería en la que había trabajado toda la vida con la familia. Que recuerdos, sentarte en el banco alargado que estaba justo en la puerta, y mientras Rafael convertía la madera en cosas útiles, se pasaba el tiempo, con la conversación que siempre mantenía con las personas que allí estábamos. En memoria de Rafael, allí donde esté. Juan Jesús Donoso Azañón.

[Colaboración de Eulogio Carretero Bordallo]

Aquí hoy, tan lejos en este cuarto, tan oscuro, tan apagado, tan en silencio. No hay nada que distraiga mi atención. Nada que perturbe el recuerdo. Echo tanto de menos a algunas personas, y, ya van siendo bastantes… Cierro los ojos: Veo un campo amplio, dorado de sol, amarillento; trigales, viñedos, olivares. ¡El cielo luminoso! El pueblo pequeñito ahí inmerso, emergente como de un sueño; en el mismo lado como siempre que aparece tras las montañas yendo por la carretera de Almagro: Un cúmulo de casas aplanadas en el paisaje, en medio del campo, bajo el inmenso cielo. Las montañas en torno grisáceas, terrosas, verdosas, azuladas al fondo…

Y te vas acercando, siguiendo la carretera que conduce a él, y empiezan a tomar volumen sus casas. A erigirse la iglesia por encima de los tejados: ¡la torre alta, el campanario! Hasta entrar en la calle, con ruido estruendoso de nuestro vehículo. Las paredes blancas se levantan a ambos lados: Puertas, puertas, ventanas, árboles, todo va pasando rodado tras los cristales, arriates de plantas, flores, enredaderas. Y al frente, sobre un podio en una plazoleta, la figura ecuestre del General Espartero.

Estamos en Granátula. Pero detengámonos un momento (dejemos nuestro auto), vayamos más despacio. Tenemos la sensación de haber pasado desapercibidos, de haber entrado demasiado deprisa y de no haber visto a nadie en la calle: Las puertas cerradas, las persianas caídas de las ventanas, los visillos echados. ¿No hay nadie en este pueblo?, nos preguntaremos de momento. Es un pueblo pequeño de La Mancha, deshabitándose, como tantos otros de España; que empezó a sufrir su abandono y la migración de sus pobladores hacia las grandes ciudades… Son esas revueltas de la vida, como se suele decir por aquí; siempre con la esperanza y el sueño de una vida mejor. Pero qué voy a decir yo que fui uno de ellos, uno de tantos que dejó este pueblo a mediados de los setenta, pero que aún sigo viniendo de cuando en cuando. Las raíces siguen estando, no tan profundas porque cada vez te van atando menos vínculos pero, sigue habiendo algún nutriente todavía que nos conforta, sigo viniendo…

Por fin alguien se asoma a la puerta, como si hubiese intuido nuestra presencia en la calle. Pero no, no puede vernos, nosotros tampoco somos nadie. Somos memoria, recuerdo, transparencia, espíritu quizás de otro tiempo. Y tras un momento de mirar a un lado y a otro ha vuelto a ocultarse: ¡No, no hay nadie en la calle! Pero, acerquémonos un instante y curioseemos un poco a ver que hace este señor: ¡Ahí está Rafael! sobre el banco, con el lapicero tras de la oreja y el mandil de virutas; la máquina aserradora, las herramientas, los tablones…

Rafael el carpintero: Sobre el banco de madera, una silla tumbada, el asiento de anea bien tejido, los palillos torneados; tiene formas y apariencia de ser antigua, trabajada a mano. Una originalidad poco usual en estos días; una reliquia de otro tiempo y un recuerdo. Hay mobiliarios antiguos que aún se conservan, que aún se restauran: mesas, sillas, armarios, cabeceros, mesitas, aparadores, cómodas, baúles…, y que van pasando de padres a hijos, sorteando el paso de los años. Rafael es un especialista en estas composturas.

Rafael, un palillo en las manos, torneado, nuevo, con las mismas características que el resto de la silla, untándolo de cola blanca en los extremos va a ensamblarlo en los orificios de la silla, entre los palos largueros de las patas. Con un poco de maña, abriendo, cerrando. Ya está. Colocado. ¡Es un maestro! Coge un gato y lo sujeta de lado a lado, dando vueltas al usillo, apretándolo. La cola blanca asoma por los extremos; va a gotear pero no la deja caer, no le da tiempo, Rafael atento con la espatulilla en la mano, de un acto mecánico la rebaña y la devuelve de nuevo al bote de la cola, tapándola. Levanta la silla del banco y la lleva a un extremo de la carpintería. Terminada, a esperar que seque. Luego le quitará el gato y como nueva, reparada y dispuesta para poder sentarse en ella. Vendrá después la vecina preguntando por su silla y pagará a Rafael su trabajo.

O bien, cogerá este buen carpintero, como es su costumbre y con la silla al hombro en la bicicleta se la acercará a su casa: “Aquí le devuelvo la silla, preparada y dispuesta para aguantar otra temporada –le dirá y seguirá argumentando–, aunque ya va estando un poco desvencijada y habrá que ir pensando en hacer una nueva; aunque eso es igual que todo, pero nunca se sabe, quizás dure más que nosotros; con el tiempo son cosas que tienen que venir a suceder, aunque no se quiera, a ver si no, para qué íbamos a estar nosotros aquí…” Preguntará su dueño el coste y, tras decirle la valía Rafael seguirá con su plática deliberando: “No, pero si no tiene, déjelo, no se apure ya me lo dará usted otro día”, y Rafael seguirá hablando y hablando, refiriendo una serie de juicios y altercados; Rafael nunca se calla, siempre tiene palabras y más palabras: “Aunque este año no sé como vamos a remediar esto, con esta sequía y sin una gota de agua en todo el invierno, aquí nada más que sol y sol, no hay un termino medio; luego vendrá una tormenta cuando menos lo esperes y se lo llevará todo. ¡Qué desgracia!, mira lo que está pasando por ahí, esto no hay quien lo comprenda, ¡qué desastre!, y nosotros sin poder hacer nada por evitarlo…”

Así es Rafael. Pero sigamos un poquito más en la carpintería, quizás podamos aprender algo más de este oficio artesano: Sobre el banco ahora ha colocado un armarito. Tiene la trasera rota. Ha desplegado su metro de varillas amarillas y ha medido el hueco: “Sesenta y ocho y medio, por veinticuatro”. Ha cogido una tabla y, de nuevo con el metro desplegado: “Sesenta y ocho y medio”, ha medido y se ha llevado la mano a la oreja en un acto reflejo, y con el lapicero en la mano ¡ras! ha señalado la medida. Después ha colocado el cartabón y le ha trazado una raya a lo largo, llevándose instintivamente el lapicero tras de la oreja. Ha sujetado la tabla al torno y serrucho en mano se dispone a cortarla.

Rafael es pura energía y puro nervio: ¡Ras ras, ras ras! Con brío y ritmo acompasado, la larga hoja dentada va y viene pasando de un extremo a otro. ¡Ras ras, ras ras! vertiendo, escupiendo serrín a cada lado. ¡Ras ras, ras ras! Dinámica y agresiva, rasgando la madera. ¡Ras. Ras!, hasta cortarla. Deja el serrucho, coge la lima y le remata los cantos. Afloja el usillo del torno, libera la madera y la presenta sobre la trasera del armario: ¡No, un poquito ancha. Hay que cepillarla! Vuelve a sujetarla al torno; coge el cepillo, le ajusta la cuchilla con tiento, ¡tras, tras!, uno o dos golpecitos y dispuesta. ¡R a a a a s!, de una pasada suave, l a r g a, enroscándose la viruta por encima de las manos… ¡R a a a a s!, va desgastando la madera. ¡R a a a s!… Los cuarterones rojizos del solado se van ocultando bajo esta viruta roscada y esta materia orgánica de desecho.

¡Como huele la madera! La carpintería se ha impregnado de un olor fuerte y seco a madera noble recién cortada. Deja el cepillo sobre el banco, vuelve a liberar la tabla de la mordaza… Y ahora sí, a medida, perfectamente acoplada. Coge el martillo y unos clavitos y ¡tras, tras, tras! con unos golpecitos secos, uniformes, va claveteando las pequeñas puntas plateadas a la trasera del armarito. ¡Tras. Tras! Otra cosa reparada. Coge y vuelve a llevarlo al rincón donde la silla, en la estancia de espera, dejando de nuevo el banco liberado para otra tarea.

¿Pero qué trae ahora Rafael? ¡Una ventana! La pone de pie sobre el banco, la abre, la cierra… ¡Ay, son las bisagras que le fallan!, se queda un momento pensando. Se acerca a la puerta, se asoma, mira a la calle: ¡El lapicero en la oreja, el mandil de virutas! La montaña, el árbol, el cielo… Toma un respiro: El aire todo de la calle le cabe a Rafael en el pecho. Es paz, tranquilidad, sosiego lo que respira Rafael en este pueblo. Se acerca un señor en bicicleta: las alforjas cargadas de pimientos y tomates de la huerta; avanza despacio como el tiempo por estos lugares. Se espera a que pase: “¡Buena carga llevas hoy!” “¡Eh, hasta luego Rafael!”, se saludan y se entra de nuevo dispuesto a seguir faenando sobre el banco. Pero salgamos ya de la carpintería, dejemos a Rafael con su trajinar y deambulemos un poco por las calles del pueblo…

Rafael es (era) el carpintero del pueblo, el carpintero de siempre. Su padre Nicolás también era carpintero de toda la vida. Yo siempre he visto a Rafael con sus quehaceres en la carpintería, todos los días, incluso las fiestas tenía algo que hacer. Yo alguna vez me he preguntado si Rafael habrá tenido algún descanso, unas vacaciones lejos del pueblo y de sus herramientas, o si verdaderamente era una holganza y un recreo su trabajo. Dudo incluso que se haya puesto enfermo alguna vez, su carpintería siempre ha estado abierta para todo el mundo, siempre estaba dispuesto para lo que fuese menester. ¡Hay que batallar, hay que hacer algo por la vida –decía–, aquí no hay más remedio que tirar para delante el tiempo que haga falta, no se puede estar parado, si no cómo va a funcionar esto…! Rafael nunca se paró a cuestionar los designios de la vida. Había nacido para esto. ¡Descanse en paz, Rafael!

En cierta ocasión, que veníamos para Madrid, Rafael tenía que hacer unas compras en Almagro y se vino con nosotros. Nos contó, entre otras cosas, porque Rafael nunca se callaba, era un aluvión de palabras, siempre hablaba y hablaba, siempre tenía una palabra más que decir. Nos contaba en aquella ocasión que estaba a punto de jubilarse, pero le preocupaba que no hubiese salido nadie que pudiese reemplazarle y continuara su labor en el pueblo… De esto ha pasado ya toda una década (tampoco ha sido tanto tiempo), y Rafael ha seguido desempeñando su labor como antes, esperando que llegase ese relevo generacional y merecido. Pero no podía ser eterno. ¡Hasta siempre, Rafael!

Rafael era de otro tiempo, de esas rarezas poco usuales: sólidas, nobles, únicas, que él mismo restauraba en su carpintería; de las que ya no se encuentran, de las que van quedando pocas, cada vez menos, y, de las que no admiten compostura. “Habrá que ir pensando en hacer una nueva –decía–, pero nunca se sabe…” Si a alguien en este mundo antojadizo y cambiante, hay que hacerle una mención, Rafael se la tiene merecida. Gracias por la vida ejemplar y generosa que ofreciste a este pueblo.

 

(Publicado en El Lanza el 9 de abril de 2009)

Sobre la imagen de Espartero y Maroto

[Colaboración de Miguel Muñoz Donoso]

(Incluida en el trabajo “La regencia de Espartero”)

Permítanme comenzar haciendo un poco de historia. Cuando en el año 2003 la extinta Asociación Cultural Oretum de Granátula realizó unas conferencias y una exposición con motivo del 210 aniversario del nacimiento del General Espartero, y como colaborador de dichos actos, seleccioné la misma imagen que acompaña el citado trabajo para marcar el saludo entre Espartero y Maroto al finalizar la guerra carlista.

La elección de este retrato la hice con la intención de evitar la repetición de otras muchas imágenes sobre dicho hecho, reproducidas en diferentes publicaciones y siempre en el teatro de la guerra. Tenía dudas ante el escaso parecido físico con los retratados, y aunque ya sabemos que, a veces, los artistas ofrecen su propia visión de las cosas, no cabe duda, sin embargo, de que ofrecía una imagen muy distinta y, digamos, más apacible de ambas personas, tras siete años de lucha.

Cuando se presenta la imagen para su inclusión en la exposición, Francisco Gómez Gómez, miembro también de su organización, añade otra duda como la relativa a la indumentaria, pues parece poco consonante con la correspondiente a dos generales.

Examinadas y discutidas estas dudas, más otras que se plantearon, finalmente se acuerda no incluir esa imagen.

A partir de entonces comienzo una búsqueda sobre retratos conjuntos de ambos personajes en exposiciones y museos que acaba teniendo éxito.

Una de ellas nos lleva al Museo Lázaro Galdiano, donde encuentro dicho retrato y en donde efectivamente confirman que no son Espartero ni Maroto, sino los alabarderos José Díaz y Francisco Torán, si bien se trata de una copia. El original, me indican, se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Puesto en contacto con dicho museo me confirman esto último y me remiten una detallada información de cómo se realizó y ejecutó dicho retrato.

Para no hacer más extensa esta nota detallo la ficha de la obra:

Bernardo López Piquer

LOS ALABARDEROS JOSE DIAZ Y FRANCISCO TORAN

Óleo sobre lienzo

140,2 x 104,7 cm

Firmado y fechado, parte inferior central “Bdo. López en Madrid / 1842 “

Num. Inv. 645

 

Este retrato se hace por encargo de la Diputación de Valencia, en “homenaje a dos hijos de la provincia,” dos alabarderos, cabo el primero y soldado el segundo, de los veinte que estuvieron presentes en la defensa del Palacio Real de Madrid, durante el asalto del 7 de octubre de 1841.

Cedió el autor a la Diputación, para sus fondos, mil reales de los diez mil en que se estimó su precio.

Así pues, la imagen efectivamente se encuadra dentro del texto, pero no sus nombres.

Sé que en este tiempo y en otras publicaciones han incluido también esa misma imagen y nombres y siempre que he tenido conocimiento he remitido mi nota explicativa, pero desconozco si han efectuado la oportuna modificación, que considero importante no tanto por el error, sino por dar al General Espartero lo que es suyo y en este caso a los alabarderos y al autor de su retrato lo que les corresponde.

 

Miguel Muñoz Donoso

Abril – 2011

A mi madre, se va mi vida, se va…

Hoy en el día de la Madre, en homenaje a todas ellas, y por supuesto para la mía, he recuperado esta colaboración, este artículo, de Rafael quizás un tanto triste, pero con todo el sentimiento hacia la Madre. Lo comparto, Juan Jesús Donoso Azañón

[Colaboración de Rafael Castellanos Solana]

Hoy es un día en el que no sé si podré leer lo que aquí tengo escrito pues las lágrimas se apresuran copiosas por mis ojos y un nudo me aprieta de tal manera la garganta que apenas me deja tragar saliva… pero tengo que hacerlo antes de que te vayas definitivamente… antes de que te lleven de una vez y nos dejes para siempre…

Hoy es un día absurdo… un día que jamás tuvo que nacer… un día en el que nos dejas de modo permanente… un día en el que casualmente nadie nos ha preguntado si existe tan solo un motivo para que tengas que partir y dejarnos aquí solos, sin tu presencia física… solamente con tu recuerdo…

Nadie nos lo preguntó…

Hoy es un día en el que todos los recuerdos (¡Por Dios… hay tantos…!) se nos vienen a la cabeza con cada golpe de sangre que nos manda el corazón… el mismo que repartiste entre los cuatro… aquel corazón que empezó a dejar de ser tuyo cuando nació el primero… hace tantos años ya…

Es curioso… pero hoy es el día en el que me pregunto (nos preguntamos) por qué extraña y desconocida razón un hijo no puede devolverle la vida a la mujer que un día, quizá ya lejano se la dio a él… lo justo –y por derecho necesario- sería que si tu nos diste la vida, nosotros, tus hijos, pudiéramos devolvértela ahora a ti… esa vida que ahora te falta… esa vida que fue tuya y que entregaste a la nuestra…que dedicaste en cuerpo y alma… desinteresadamente… una vida de sacrificios… viviendo por y para nosotros…

Una vida que no fue tuya… que fue nuestra… porque… ¿Cuántas noches en vela… cuántas sin dormir…? ¿Cuántas lágrimas has echado por mi -por nuestra- culpa…? ¿Cuántos desvelos por un constipado… por que hemos salido una noche y no sabes si estamos con el coche o no…? ¿Cuántos disgustos porque no queríamos comer… porque no quisimos estudiar… porque después de una boda ha venido una separación…? y SIEMPRE… SIEMPRE… tuviste una sonrisa… una palabra amable… y silencio… siempre silencio para no hacernos daño con tus opiniones… con tus ideas… con todo lo que pensabas y te callabas para no hacernos daño…

Y nosotros hemos estado ciegos… no hemos visto más allá de lo que teníamos delante de nuestras narices… y pensábamos que todo iba bien… que todo estaba correcto… porque callabas y nos dabas la razón…

Me gustaría decirte tantas y tantas cosas que, por dejación, no te he dicho cuando debería haberlo hecho… ahora es tarde y no sé si me estás oyendo… y, quizá, por eso, por si  aún sigues ahí, quiero hacer mías las palabras de Diana Navarro… que canta en un disco suyo y dicen así…

“Caricia de mi tristeza,

Bálsamo de mi dolor,

Fuente de sabiduría,

Lucero de mi mañana,

Salud de mi enfermedad,

Manantial de mi alegría,

Consuelo de mis errores,

Copa de mi realidad,

Torre de mi valentía,

Pulso de mi corazón,

Grito de mi rebelión,

Viento de mi fantasía,

Rabia de mi libertad,

Ángel de mi soledad,

Madre mía, madre mía.”

Me gustaría ser más inteligente para poder buscar en un diccionario alguna palabra tan corta como la de MADRE y que contuviera tanto significado como esa… porque una madre es, o al menos debería serlo para todos, una consejera, una amiga, una enfermera, una confesora, una maestra, una economista, un pozo de dulzura, de sentimientos… tantas y tantas cosas que se acaban hoy aquí y que la cantante resume de muy buen grado…

Tengo que terminar. No puedo seguir… las lágrimas -nunca pensé que pudiera tener tantas- de mis ojos me impiden la visión y siento que el nudo de mi garganta es cada vez más fuerte… por no hablar de la presión que siento cada vez con más fuerza en mi pecho…

Solamente me queda decirte, en mi nombre y en el de mis hermanos, que no te olvidaremos nunca y darte las gracias por la vida que nos diste y que nos has dedicado… sin interés alguno…

Siempre te llevaremos en lo más profundo de nuestro corazón y en nuestro pensamiento.

Adiós MADRE… Hasta siempre.

 

Rafael Castellanos Solana

Grupo Oria. Un recuerdo al pasado que se hace presente

Es curioso como la historia se repite, y como los humanos a veces parecemos zahorís adelantándonos a cosas que pasarán. En esta ocasión os dejo un recuerdo del Grupo Oria, el grupo de teatro amateur de Granátula, representando un ladrón que intenta huir, y es atrapado por la Guardia Civil.

Quién iba a decir que en nuestros días los ladrones viven en Granátula y roban entrando por los balcones. Un hecho lamentable, que solo se corregirá cuando los enjaulen en la cárcel o el pueblo los expulse.

Os dejo las fotos.

Perdiz fría de Granátula

Gracias por enviarme recetas para publicarlas en la página. Aquí esta receta granatuleña.

Ingredientes:
* Una perdiz estofada de lata
* Un aguacate maduro
* Tres tomatitos maduros muchamiel
* 12 cebollitas en vinagre
* Hierbabuena
* Dos cucharadas de aceite de oliva 1º.

Preparación:
Hago honor a quien me inspiró esta receta que no es sino nuestra amiga Ana Gómez y Camacho y no solamente a ella que no me puedo olvidar de Cristóbal Gramage. Él porque las caza y ella porque siguiendo una ancestral receta de familia las cocina y las regala con tal cariño que produce hablar de ello tanta o más satisfacción que luego a luego comerlas. Y como tanto monta monta tanto pasemos o mejor decidamos ya entrar en materia.

Una perdiz deshuesada con su salsa y aditamentos que contenía en el tarro a excepción de la pimienta y el laurel porque ello puede ser desagradable al llevárselo a la boca y como se trata de levar al cielo a nuestros comensales hemos de poner en su tenedor lo que estamos seguros será su deleite.

Un aguacate maduro al punto un tomate medio maduro de los mas dulces muchamiel un puñado de cebollitas en vinagre sin aditamentos de especias que algunos fabricantes le ponen al estilo normando.

La hierbabuena fresca será la que con sus hojitas adorne y dé el punto de jardín a este memorable plato que distingue una buena mesa.

La salsa se prepara muy fina con el caldo de la perdiz sus ajos y una o dos cucharadas mas de aceite.

La ensalada se monta poniendo la salsa sobre el fondo de la fuente plana y distribuyendo en forma de mosaico la carne de la perdiz finas medias lunas de aguacate tomate y cebollitas. Todo adornado con medias hojas de hierbabuena.

Uvas cencibel embotelladas por Mario Bonete en su Bodega de Almansa vienen a completar este perfecto estado de gracia: mesa y amistad.

Receta facilitada por Carlos C. Fernández.