¿Espartero I?

El hijo de un carretero de Granátula, declinó ceñirse la corona real de España. Os dejo el artículo:

La Estafa de los Vencedores

Siempre he considerado que la libertad de expresarse, sin faltar a los demás, es uno de los verdaderos principios que rigen la democracia y nuestra Constitución. En esta ocasión os dejo un artículo que me enviaron desde Bilbao, donde se expresan los sentimientos contrariados por el alcance que tuvieron los Fueros que fueron pactados en el Convenio de Vergara. Siempre es importante conocer todos los puntos de vista.

 

Como es bien sabido, la garantía de mantener los regímenes especiales fue el señuelo decisivo que se utilizó para poner fin a las guerras carlistas en los territorios del Norte donde tan vivo estaba el sentimiento autonómico. Lo cual demuestra, una vez más, que los fueros constituyeron un motor de primera importancia para arrastrar a los voluntarios en favor de la causa representada por don Carlos.

En la primera guerra, las intrigas, que desembocaron en el Convenio de Vergara, fueron dirigidas fundamentalmente a persuadir a los combatientes de que sus respectivos fueros serían respetados si deponían cuanto antes las armas, mientras que los pondrían en peligro si, por el contrario, prolongaban la lucha. La maniobra iba dirigida de manera especial al elemento popular carlista. Al militar de graduación, se la aseguró que grados, condecoraciones y honores le serían respetados, y parece que eso les bastó para allanarse. A nosotros ahora sólo nos interesan las promesas forales hechas al pueblo, y cómo fueron cumplidas por los vencedores. Esto es lo que vamos a estudiar a continuación, tanto en lo que atañe a ña contienda primera como a la del 72-76, porque las dos tuvieron desenlaces paralelos y consecuencias idénticas.

“PAZ Y FUEROS”

Parece ser que las maniobras para lograr el desfonde del campo carlista se iniciaron, en la primera guerra, en el año 1.835, concretamente el 18 de febrero, cuando se presento en Madrid el escribano José Antonio Muñagorri (liberal y centralista antepasado de la familia Caro Baroja) con la propuesta de iniciar una contraofensiva foral, que habría de partir de los propios vascos, y que tendría como objetivo primordial crear un estado de desconfianza entre los combatientes en cuanto a los objetivos por los que luchaban. El proyecto no se materializó, sin embargo, hasta 1.838, cuando se alzó con unos 300 hombres al grito de “PAZ Y FUEROS”. Alzamiento que, como era de esperar no tuvo éxito alguno, pero que sembró una cierta inquietud entre los voluntarios vascos, cansados de la ya excesivamente larga guerra. Sin ninguna duda, el famoso liberal-fuerismo de los Baroja está originado en un intento de justificación vasquista de un antepasado liberal-burgues-mercantilista.

Otro de los personajes más efectivos apareció en escena el mismo año. El más interesante de todos ellos sería el madrileño, de padres guipuzcoanos, Eugenio Aviraneta Ibargoyen. Avinareta fue el más inteligente de cuantos intrigantes existieron en todo el siglo XIX. A él se debe fundamentalmente que el proyecto de conseguir la paz a todo trance tuviese éxito entre los combatientes carlistas. El mismo narra, en una Memoria dirigida al Gobierno español (Madrid, 1.844, 2ª edición), el desarrollo de las actividades encaminadas a conseguir la descomposición en el ejército de don Carlos. So habilidad llegó al extremo de utilizar al mismo Maroto, enfrentándolo con el rey; otras, haciéndole aparecer como su más leal general, y como traidores a los que realmente eran carlistas. Pero dejemos estas intrigas de gabinete y salas de banderas, y veamos cómo preparó al pueblo para sus manejos.

Los vascos que apoyaban a don Carlos, aunque cansados de tanta guerra, no mostraban recelo hacia sus mandos ni inquietud alguna respecto al futuro que aguardaba a su país bajo el régimen carlista. Había, pues, que despertar el sentimiento racial vasco, exacerbando su innato foralismo, para que se produjese un inmediato enfrentamiento con los restantes voluntarios de otros territorios, es decir, con los combatientes conocidos por el genérico de “castellanos”. Para lo cual empieza Aviraneta por culpar con machacona insistencia a los “castellanos” carlistas de todas las calamidades de la guerra y del incierto futuro de los vascos en un panfleto redactado por él a tal fin, bajo el título de Carta que escribe un labrador vascongado a un hojalatero, al que pertenecen estos párrafos:

“En tiempo del rey Fernando VII vivíamos los vascongados en halagüeña paz, éramos felices y nuestra prosperidad se aumentaba de día en día bajo la observancia de nuestras antiguas leyes o fueros que heredamos de nuestros mayores. Todo el mundo podía reconocerlo. Apenas el rey cerró los ojos vinieron inmediatamente unos cuantos castellanos holgazanes (Verástegui y Alzaa parece que eran castellanos así como los miembros de las Juntas Generales de Bizkaia, Araba y Gipuzkoa) a engañar a los honrados y nobles vascongados, sublevándolos contra su hija querida de aquél, bajo el pretexto de defender la religión y los fueros, cuando nadie pensaba en atacarlos en lo más mínimo (véase el Discurso preliminar de las Cortes de Cádiz así como el real decreto de 30 de noviembre de 1.833) (…). Al principio de la guerra, vascongados era el famoso Zumalacarregui, (¿) que esos haraganes e incapaces castellanos hicieron matar; vascongados fueron también otros muchos compañeros de aquel varón ilustre que han muerto en las batallas. Después vino una cáfila de flojos castellanos, que necesitan macho o burro para trasladarse de un punto a otro. Ellos trajeron un hombre, que llaman rey, hermano de Fernando y tío de la reina de Castilla, con ánimo de quitar, a costa de nuestra sangre, la corona a su sobrina, no de conservar nuestros fueros (…). Sois una pesada carga y en Castilla mismo os tienen bastante odio o el mayor aborrecimiento. Esto es cierto y vemos, sin embargo, que los castellanos, llenos de rencor con la ira de tigre, son los dueños de nuestra juventud, de nuestros pueblos y de nuestras haciendas, dominando a todos los vascongados. Tengamos paz, y si esas gentes son tan valientes y fuertes, que se vayan a los anchos campos de Castilla.”

El panfleto, traducido y repartido profusamente también en vasco, produjo un efecto inmediato. Una corta Memoria de los comisionados de la línea de Hernani, que Aviraneta incluye en su obra para dar más carácter de autenticidad a la relación de sus intrigas, los firmantes del documento dicen, refiriéndose a la citada “carta” y a sus consecuencias: “Arreglado a sus órdenes (a las de Aviraneta) se introdujo en el campo enemigo, esparramando los papeles en los pueblos y batallones, que los leyeron con avidez, como cosa no vista hasta entonces en el suelo vascongado. -Desde aquella época data el principio de la creación del gran deseo de la paz en todas las clases de país dominado por el enemigo. Allí empezó esa especie de contagio moral, que por días e instantes fue fermentando y se hizo una necesidad”. De esta “PAZ”, falsamente creada, todo el Estado y toda la nación vascongada seguimos padeciendo sus consecuencias.

Efectivamente, la siembra dio pronto sus frutos: la descomposición se extendió por todo el campo carlista. Los militares, asimismo bien trabajados, sólo aspiraban a mantener sus grados mediante un acuerdo que se los garantizase; Para ello apoyaron en buen número, consciente o inconscientemente, la maniobra, mientras el pueblo ya sólo deseaba la paz con la inexcusable condición de conservar sus libertades forales. La urgencia de consolidar lo que el arduo trabajo de los conspiradores había conseguido inspiró al general Maroto -ya simple instrumento de la maniobra- la publicación, el 25 de agosto de 1.839, de una proclama, en la que fingía la visita de unos emisarios del campo enemigo con varias proposiciones para deponer las armas, entre ellas: “Reconocimiento de los fueros provinciales en toda su extensión” y “reconocimiento de todos los empleos y condecoraciones en el ejercito, dejando al arbitrio el ascenso o premio de alguno que se considerase acreedor a ello”. El documento fue dirigido a todos los militares, a las Diputaciones y, posteriormente, hecho público. La maniobra era perfecta, porque en la proclama se preguntaba a los destinatarios qué postura había de adoptarse ante tan óptimas proposiciones, y el pueblo, deseoso de terminar la guerra, podría exigir después responsabilidades a sus organismos autónomos caso de que estos las rechazasen.

Dos divisiones, la de Guipúzcoa y la de Vizcaya, cayeron en la trampa, y en sus contestaciones dieron libertad a Maroto para concretar el convenio, puntualizando, para más seguridad, la de Vizcaya que en las posibles negociaciones se tuviese como “base principal la conservación de los fueros. Poco después se dio a conocer el proyecto de convenio.

Pero debido a que la cuestión foral no quedaba suficientemente garantizada. Algunos cuerpos de ejercito comprometidos rehusaron adherirse. En la obra Vindicación del general Maroto (Madrid 1.846) se dice concretamente que los batallones guipuzcoanos que cubrían la línea de Andoaín rechazaron el convenio, fundados “en que se faltaba a lo principal que los había estimulado antes a intentar separarse de ella  (de la causa de don Carlos), y era la conservación de los fueros”.

No sólo fueron los guipuzcoanos los que resistieron al pacto en un principio. Otras fuerzas siguieron su ejemplo y por las mismas causas. Ello desesperó al general Espartero quien el día 1 de septiembre de 1.839, al siguiente de firmarse el Convenio de Vergara, lanzo una proclama especialmente dirigida a alaveses y navarros, más remisos que los demás a aceptar el acuerdo -Navarra jamás se adheriría-, en la que amenazaba a estos pueblos con represalias si no deponían inmediatamente las armas: ”Que no me vea en el duro y sensible caso de mover ostilmente el numeroso y disciplinado ejército que habéis visto. Que los cánticos de paz resuenen donde quiera que me dirija.” No obstante aún duraría la resistencia popular. El coronel Wilde, comisionado del Gobierno Británico para conseguir la paz a todo trance, lo reconocía así en un informe dirigido secretamente al Foreign Office desde Vergara el 5 de septiembre del mismo año -recogido, al igual que la anterior proclama, de la obra El campo y la Corte de don Carlos (Madrid 1.840)-, donde decía: “Los vizcaínos, sin embargo, conservan todavía las armas y han manifestado estar dispuestos a conservarlas hasta que se resuelva la cuestión de los fueros.”

Inglaterra tenía importantes inversiones e influencias económicas en el Norte, especialmente en el País Vasco, y más exactamente en Bilbao. -Las Juntas Generales de Bizkaia impedían la comercialización del mineral de hierro vizcaíno y esperaban los británicos del liberalismo su pronta liberalización ya que solo podían comerciar con productos ya elaborados- Durante la primera etapa del conflicto, Inglaterra exigió ya al gobierno de don Carlos la toma de la plaza para concederle préstamos y hasta para otorgarle su reconocimiento, al menos como beligerante. Fracasado el sitio de Bilbao, que costaría la vida a Zumalacarregui, el Gobierno de Londres vio más posibilidades en Madrid, y al triunfo de este bando dirigió sus esfuerzos. A los -mal llamados- liberales les envió Inglaterra toda clase de ayudas, desde armas hasta un cuerpo armado. Sin embargo, la lucha se alargaba y su indeciso desenlace podía resultar peligroso para los intereses británicos en el caso de un triunfo carlista. Ante ello, Londres inició la gran ofensiva diplomática: se estudiaron las aspiraciones o motivaciones populares de los voluntarios carlistas y se establecieron agentes cerca del territorio, especialmente en la frontera francesa.

Ya hemos visto, que Muñagorri se presento en Madrid, en enero de 1.835, para proponer un alzamiento anticarlista al grito de “paz y fueros”. Pues bien, en el mes de junio del mismo año, el periodico inglés Morning Chronicle publicó un artículo sobre el tema, al que pertenece el siguiente párrafo: “Conviene aconsejar al Gobierno de Cristina que proclame públicamente y asegure de un modo positivo a las provincias del Norte que sus fueros y privilegios serán guardados”. Lo cual muestra una curiosa coincidencia de tiempo entre la propuesta inglesa y el inicio de la conspiración; coincidencia que se acentúa si reparamos en que la pequeña fuerza alzada por Muñagorri fue abastecida y armada por el comodoro inglés lord Hay, jefe de la estación naval inglesa de Pasajes, quien además, proporcionó asesores ingleses para instruir debidamente a los comprometidos.

Lo curioso es que, pese a todo ello, Inglaterra no perdió sus contactos con el Gobierno Carlista, por si los acontecimientos no se desarrollaban a favor de Madrid. Y aunque no oficialmente, sino a través de particulares, las negociaciones para proporcionar empréstitos y armas a los carlistas ser mantuvieron hasta casi el final de la guerra.

Ciertas casas inglesas -también hubo bancas francesas- se pusieron en contacto con agentes de don Carlos para concederle un empréstito por un importe de 500 millones de reales. Aviraneta -que nos narra las negociaciones acaecidas en 1.838- se atribuye el éxito de haber conseguido su fracaso. Como vemos, a Londres le importaba especialmente y por encima de todo que, fuese cual fuese el resultado del conflicto, sus intereses en España no saliesen afectados.

Pero de toda la intervención inglesa, lo más interesante para nuestro trabajo es la clara visión del problema que Londres tuvo desde un principio, y que se refleja claramente en los secretos informes intercambiados con sus agentes, así como en las sugerencias que dirigió al Gobierno de Madrid, todo ello recogido en la obra antes citada, “El campo y la Corte de don Carlos”. Dada la extensión y el elevado número de estos documentos, aquí sólo reproduciremos dos de las proposiciones que el Gobierno Británico hizo al de Madrid para que sobre ellas se firmase el acuerdo: “Segunda. El reconocimiento de sus empleos y sueldos a los generales y oficiales de las tropas carlistas, y un olvido completo de todo lo pasado por lo relativo a delitos políticos. -Cuarta. Que se conservarán los fueros e instituciones locales de las provincias vascongadas, en cuanto dichos fueros e instituciones sean compatibles con el sistema de gobierno representativo adoptado en toda España y con la unidad de la monarquía española.”

El documento, mandado a su representante en España por el Foreign Office, tiene fecha 10 de agosto de 1.939. El general Maroto, como se recordará. Hizo públicas unas proposiciones prácticamente iguales el día 25 de agosto, es decir, solo unos días después, los indispensables para que llegase una carta a Madrid, y de Madrid al campo carlista…

La resistencia cedió, por último, en el norte, y la guerra terminó para vascos y navarros. Los voluntarios, aunque no con mucho convencimiento, aceptaron las vagas promesas de respeto de los fueros hechas por Espartero y volvieron a sus casas. En el ánimo de los combatientes había llegado a pesar en forma decisiva el deseo de paz, más aún cuando sus propias familias les instaban a deponer las armas; unas familias que también habían sido hábilmente trabajadas por los conspiradores en la retaguardia haciéndoles ver la ruina en que se encontraban sus tierras a consecuencia de la prolongada contienda, y de todos es conocida la psicología del medio agrario. Don Carlos pasó la frontera el 14 de septiembre de 1.839.

Sólo quedaron luchando Cabrera en el Maestrazgo y el conde de España, en Cataluña. Pero por poco tiempo, porque un año después, en 1.840, los últimos restos de los batallones carlistas pasarían a Francia tras el general tortosino, asediado por un ejército infinitamente superior, resultante de la concentración de todas las fuerzas cristinas antes traídas de en la pacificación del Norte. Se inauguraba con ello una estrategia que en la guerra de Carlos VII se reproduciría, pero al revés: terminación de la lucha en el País Valenciano y Cataluña, y posterior concentración de efectivos en el País Vasco Navarro. Veamos ahora las consecuencias que en cuanto a los fueros vascos tuvo la victoria liberal sobre los carlistas.

Los voluntarios, ya lo hemos apuntado, dejaron las armas con la general esperanza de que, si no iban a acrecentarse sus libertades, se mantendrían, al menos, en su total integridad los fueros, tan escrupulosamente respetados por el gobierno de don Carlos. El propio Espartero les había dado en diversas ocasiones seguridades en tal sentido. Incluso en el mismo Vergara, el duque de la Victoria les había dicho: ”No tengáis cuidado, vascongados; vuestros fueros serán respetados y conservados, y si alguna persona intenta moverse contra ellos, mi espada será la primera que se desenvaine para defenderlos.” La arenga sería solo eso: una arenga de circunstancias para convencer a los últimos remisos. Los hechos posteriores demostrarían cuál era la verdadera intención del Gobierno de Madrid, del que en aquellos momentos era portavoz el propio Espartero.

Ya el artículo primero del Convenio de Vergara hacía muy problemáticas las seguridades dadas para la salvaguardia de la autonomía vasca. Su texto estaba redactado de la siguiente forma: “El capitán general don Baldomero Espartero, recomendará con interés al Gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros.”

Lo de “recomendar con interés” distaba mucho de la promesa de que su “espada será la primera que se desenvaine” para defender los fueros. Y en cuanto a la segunda parte, la tesis de que las Cortes de Madrid disponían de facultad para la “concesión o modificación de los fueros” representaba una completa violación del régimen autonómico del País Vasco.

Pero no acusemos sólo a Espartero de falta de palabra. Peor fue la actitud de los militares carlistas comprometidos con el pacto, que sacrificaron todo a su propia conveniencia, a la seguridad de su futuro.

¡ Y ahí sí que no se conformaron con promesas! Todo quedó perfectemente regulado y establecido. De los diez artículos del convenio, seis -del segundo al séptimo- estaban dedicados a garantizar, con el máximo detalle posible, el reconocimiento de grados, condecoraciones y empleos de los militares conformes en acomodarse a las exigencias de Madrid. Los tres artículos restantes se refieren a la entrega de material por los carlistas, a los prisioneros, y a la protección de viudas y huérfanos.

Nada más. (Siempre, al carlismo y al país, no le han ido nada bien los pactos y tratados con los militares) Por cierto que, unos meses después, el propio Maroto enviaría varias cartas a la reina gobernadora, a Espartero y al Ministerio de la Guerra para protestar de la falta de cumplimiento de algunas de las cláusulas del convenio, referentes… a viudas, huérfanos o situación especifica de antiguos compañeros. Lo foral seguía sin tener importancia para los mandos “convenidos”. Las cartas pueden verse en Vindicación del general Maroto.

Es decir, que siendo la cuestión foral el obstáculo principal para que el pueblo dejase las armas y la condición sine qua non reconocida por todos para llegar a un acuerdo, había quedado relegada casi a un simple formalismo sin importancia. De ahí la diferencia tan sustancial entre lo que había dicho Espartero y la redacción del artículo primero del Convenio. Los voluntarios desconocían esta redacción, que había quedado entre militares de ambos bandos, y fueron simplemente tranquilizados de palabra para reducir las últimas suspicacias. Pero las palabras desaparecían y lo escrito, que era lo verdaderamente importante, quedaba definitivamente como el auténtico espíritu del Convenio de Vergara”. Así Maroto quedó como el mayor traidor conocido en toda la historia del Estado Pasado el verano, pero aún viva la guerra que mantenía Cabrera, el Gobierno aceptó dar curso a la recomendación de Espartero. Presentando en las Cortes un proyecto de ley, que sería aprobado rápidamente, el 25 de octubre del mismo 1.839, con los votos de todos los diputados presentes -123- y los 73 senadores, y en cuyo texto se establecía:

Art. 1º Se confirman los fueros de las provincias Vascongadas y Navarra sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía.

Art. 2º El Gobierno, tan pronto como la oportunidad lo permita, y oyendo antes a las provincias Vascongadas y a Navarra, propondrá a las Cortes la modificación indispensable que a los mencionados fueros reclama el interés de las mismas, conciliado con general de la nación y de la constitución de la monarquía, resolviendo entretanto provisionalmente y en la forma y sentido expresados, las dudas y dificultades que puedan ofrecerse, dando de ello cuenta a las Cortes.

La ley, como vemos, estaba redactada de forma confusa y contradictoria. Si se confirmaban los fueros, ¿cómo podía mantenerse “la unidad constitucional de la monarquía”? Esto en cuanto al artículo 1º, que en lo tocante al 2º, bien se ve que violaba claramente el derecho de los vascos a legislarse a través de sus propias Juntas Generales sin interferencias de ningún poder.

Las actitudes claudicantes que podemos observar en los actuales gobiernos del PNV tienen su origen en aquellas diputaciones que funcionaron como auténticos gobiernos títeres del más rancio y antivasco liberal-capitalismo bilbainista. Un Real Decreto de 16 de noviembre de 1.839 estableció las condiciones con arreglo a las cuales se confirmaban los fueros. En definitiva, era un desarrollo articulado del espíritu de la anterior Ley de 25 de octubre. Las Diputaciones constituidas al amparo del Real Decreto estaban formadas a imagen y semejanza de los vencedores. De su “independencia” puede ser buena muestra el párrafo que a continuación reproducimos de una carta o mensaje de agradecimiento que la Diputación de Vizcaya, juntamente con el Ayuntamiento de Bilbao, dirigió a la reina gobernadora:

“Obligados por sus fueros a defender a su Señor y a seguirle en la guerra, todos ellos (los vizcainos) se levantaran en masa si es necesario, al llamamiento de vuestra majestad empuñaran de nuevo las armas, no las depondrán hasta haber destruido su último enemigo, y aquellos que engañados siguieron el bando del pretendiente borraran consu sangre, la sangre que malamente vertieron por él.”

Semejante barbaridad puede ser comparada como si, por ejemplo, hoy en día el Gobierno francés ensalzara al Mariscal Petain y manifestara que el Gobierno de Vichi fue el gran bien de la Francia ocupada. Los despropósitos del PNV al ensalzar aquellas diputaciones, ignoran la reacción popular y la siguiente guerra carlista en Euskal Herría. Guerra, por cierto, de voluntarios frente a un ejercito gubernamental.

Las Juntas Generales gozarían, por su parte, de idéntica “independencia”. Reunidas poco después de la publicación de Real Decreto, sus primeros acuerdos se encaminaron igualmente al loor y lisonja de los vencedores. La de Vizcaya, reunida en Guernica el 11 de diciembre, nombró diputado general a Espartero; la de Alava, en Asamblea General de 16 de diciembre, endosó al caudillo vencedor los títulos de “Protector del País Vascongado” y “Padre de la Provincia”, y para no quedarse atrás, la de Guipúzcoa, en sesión del 17, celebrada en Deva, designo al mismo hombre “Hijo Adoptivo de la Provincia “, amén de diputado general. Para que decir que todos estos acuerdos estaban convenientemente aderezados con entusiastas adhesiones a Isabel II y a la reina gobernadora, aprovechando el capítulo de gracias para elogiar a Maroto y a Muñagorri, entre otros artífices de lo de Vergara.

El servilismo -algunos tratadistas lo califican de oportunismo o maniobra para preservar en lo posible el régimen foral ante el desastre que se presumía- (ya hemos visto que el ataque foral viene de las Cortes de Cádiz) llegó a su zenit en el caso de la Diputación de Navarra, también constituida provisionalmente en 1.939 tras la conclusión del convenio. En una exposición dirigida el 24 de octubre por el expresado organismo a la reina gobernadora, y que puede entenderse como un respaldo al Real Decreto inmediatamente posterior, de que hemos hablado, la Diputación afirmaba cosas como éstas: “La Navarra quiere la Constitución del Estado del año 1837: esto es lo que ante todas las cosas quiere. Todo lo que tienda a tergiversar este hecho es falso y, además perjudicado a Navarra. Miles de navarros han derramado su sangre en los campos de batalla por ese ídolo, y miles de navarros están dispuestos a derramarla de nuevo antes que se les arrebate esa prenda de seguridad, esa garantía firme de las libertades públicas y el trono de Isabel II. También quieren los navarros sus fueros, pero no los quieren en su totalidad: no estamos en el siglo de los privilegios ni en tiempo de que la sociedad se rija por leyes del feudalismo. Cuando se han proclamado los principios de un ilustrada y civilizadora legislación. La Navarra no puede rehusarlos.”

Y reiteraba la misma Diputación -que, por cierto, se autocalificaba a sí misma en el documento de “provincial”, cuando hasta entonces el adjetivo era de “foral”- su adhesión al sistema constitucional en los siguientes términos: «Confírmense los fueros de Navarra salva la Constitución del Estado. Quede ilesa y preservada para Navarra la Constitución de la monarquía, y así habrá un lazo de unión y un norte fijo, que conducirá infaliblemente al puerto de salvación y evitará por siempre todo naufragio. Planifíquense los fueros, desde luego, en la Navarra, pero que sea siempre salva la Constitución, sea ésta su primera ley fundamental.”

Aparte del significado que quiera darse al documento, es interesante ver el concepto que los redactores del mismo tenían de los fueros, porque, según ellos, éstos eran “privilegios” y “leyes del feudalismo”, lo cual es bastante paradójico si pensamos que al mismo tiempo estaban pidiendo que se mantuviesen. El fallo residía, a todosluces, en que aquellos redactores eran liberales, por lo cual, y pese a su fuerismo, rendían sus propias libertades comunitarias a la abstracción constitucional que estimaban más acorde con el “siglo”. Su foralismo, si realmente existía, era subsidiario, sin fe alguna en las posibilidades de la evolución y reforma que un régimen de representación democrática, como el vasco o el navarro, podía ofrecer a través del cauce legislativo de unas Cortes regionales plenamente restauradas.

Porque era cierto que los fueros necesitaban de una actualización que les hiciese salir de su anquilosamiento multisecular y, en buena parte, clasista; pero nunca por ello podía someterse el sistema autonómico de un país a unas leyes generales, extrañas, en definitiva, y de las que, por supuesto, no saldría jamás la necesaria reforma legislativa foral.Y ya que hemos hablado de la posición contemporizadora -llamémosla así- de las nuevas Diputaciones establecidas por los vencedores, comparemos su actitud, nada preocupante para el Gobierno de Madrid, con la de los organismos homónimos en el territorio carlista, tanto en la primera como en la de Carlos VII. Estas últimas, lo hemos visto, no admitían la más mínima violación de sus propias autonomías. Ni una leve injerencia en sus gobiernos respectivos por parte de cualquier autoridad civil o militar carlista, aunque fuese la del rey. La diferencia estriba, pensamos, en que las Diputaciones carlistas estaban en manos de verdaderos convencidos de la tarea que desempeñaban, de auténticos fueristas que, ponían a su comunidad por encima de ideas y de hombres, y también en que eran representativos de quienes les habían elegido y de los que luchaban con las armas por lo mismo que ellos defendían en la administración. Su autoridad era indiscutible, lo cual, unido a que los gobiernos carlistas -por convencimiento o conveniencia- facilitaron esas realidades de independiente autogestión, hace que hoy contemplemos a las Diputaciones carlistas como la última ocasión de plenitud autonómica de nuestra historia contemporánea.

Dos años después, Espartero, ya dueño absoluto del poder tras haber sido designado Regente del Reino como consecuencia de la marcha de María Cristina en 1.840, promulgó un nuevo Real Decreto que aclararía definitivamente cualquier duda que aun existiese en torno al sentido antiforal de la política seguida por los vencedores. El Decreto, de fecha 29 de octubre de 1.841, se dictó con la excusa de “reorganizar la administración de las provincias Vascongadas” y para preservar “el principio de unidad constitucional sancionado en la Ley de 25 de octubre de 1.839”, como se decía en el encabezamiento del nuevo texto legal. Su fin era asestar el golpe de gracia a la menguada supervivencia autonómica vasca. El artículo 9º, concretamente, abolía la fundamentalísima institución del “pase foral”, arma legal de los vascos para defenderse de las arbitrariedades, intromisiones o injerencias legales del poder central. Dicho artículo estipulaba: “Las leyes, las disposiciones del Gobierno y las providencias de los tribunales se ejecutarán en las provincias Vascongadas sin ninguna restricción, así como se verifica en las demás provincias del reino,” El “pase foral” ya no se restablecería hasta que en la guerrade Carlos VII se restauraron en toda su integridad los regímenes autonómicos vascos.

En virtud de los demás artículos del Decreto, los vascos perdían asimismo el régimen especial de sus Ayuntamientos. Veían sustituidos los corregidores por jefes políticos nombrados por el Gobierno -los que posteriormente se denominaron gobernadores-.

Quedaron suprimidas las Juntas Generales -poder legislativo vasco- y las Diputaciones Generales -poder ejecutivo-, siendo reemplazadas por las Diputaciones Provinciales. Se impuso un sistema judicial igual al resto de la monarquía y, en general, toda la vida del país, en cualquiera de sus aspectos, quedó indefensa y a disposición del poder central. La resistencia a tales disposiciones fue mínima en el País Vasco. Alguna protesta de Alcalde, como la del de Azpeitia, que junto con todo su Ayuntamiento se negó a acatar a un jefe político impuesto -por lo que fue detenido-, y alguna fuerte discusión en la Cámara de Diputados o en el Senado originada por los representantes vascos. Nada más. El pueblo estaba cansado de guerra, la resistencia de Cabrera había cesado un año antes -no había, pues, peligro de una reactivación-, el territorio vasco seguía militarmente ocupado, y la articulación del sentimiento foral, al margen del carlismo, no se podría iniciar hasta 1.850.

Estaba prohibido hasta gritar “¡Vivan los fueros!”

Paisaje con figura: El General Espartero

Paisaje con Figura. Un programa impresionante sobre la vida de personajes españoles importantes. Antonio Gala nos cuenta la vida de D. Joaquín Baldomero Fernández Espartero y Álvarez de toro, ese granatuleño que sin ser político hizo política toda su vida, y recibió puñaladas de partidos contrarios y de sus propios compañeros. Ahora bien jamás pudieron quitarle el reconocimiento del pueblo agradecido siempre con él.

El día del Ángel

Colaboración de Eulogio Carretero Bordallo

(Primer Domingo de Marzo)

Las golondrinas llegaban a mediados de marzo. Ya “el Día del Ángel” se veían las primeras golondrinas revoloteando por las calles, haciendo sus filigranas, sumándose al festejo. La gente decía que todos los año eran las mismas, y que el invierno ya había pasado…

(De Sinfonía de un lugar)

VOLVER, como vuelven las distinguidas y familiares golondrinas, todos los años, tras el frío y crudo invierno.

Como vuelven las cigüeñas sobre sus nidos de sarmientos, altas y señoriales, ¡encimica de la torre de la iglesia!

Como vuelve a florecer la alegre y colorida primavera sobre los campos, y a vestirse los árboles de nuevo…

¿Acaso no es motivo de festejo y celebración, volver? Poder volver, al lugar de origen y celebrar sus fiestas:

Volver a recorrer el camino hasta la ermita, como todos los años. Poder volver a celebrarlo con la familia, los amigos…

La música, el baile y la alegría, es volver a celebrar en parte, el festejo de la vida. O al menos así debería ser.

Participar de sus fiestas, conservar sus tradiciones y costumbres, es enriquecer la cultura de un pueblo.

EL CAMINO DE LA ERMITA: UNA MIRADA AL PASADO

Había una cruz en el camino hacia la ermita: “la Cruz Blanca” le decíamos. Y un carapuchete de piedra semiderruido ya hace tiempo junto a una noria…

¡Las norias! Cómo han cambiado su tradicional forma de sacar el agua. ¿Dónde quedó la pesada rueda de cangilones movida por los burros?

¿Dónde quedaron los burros? El doméstico animal indispensable de utilidad en todas las faenas del campo: la labranza, el trasiego, la trilla…

¿Dónde quedó toda esa cotidianidad, esa forma de vida. Esos utensilios que un día nos fueron tan necesarios?

En “el Día del Ángel” los carros eran el medio de transporte tradicional y familiar para llegar a la ermita a cinco kilómetros desde el pueblo.

¿En que lugar de la memoria yace todo en el olvido?

¡Bailad, bailad, romeros, y divertíos!

Había unos olivares y unos almendros que por el tiempo ya habrán florecido. ¿Habrá algo más natural e impresionante que un almendro en flor?

Me viene a la memoria la originalidad de aquel rey moro de Granada que para complacer a su esposa o demostrarle que el también podía

hacer nevar en primavera, mandó sembrar todo un valle de almendros para que cuando floreciesen, cubriesen ¡ T O D O D E B L A N C O !

¡Comprenderás, M I R E I N A, que puede nevar en primavera. Y que en la primavera las nieves suelen ser más cálidas…!

¿Habrá algo más espectacular y conmovedor que todo un valle de almendros en flor contemplado desde las almenas de un castillo?

¡Bailad, bailad, romeros, y divertíos!

Había unos campos de viñas y un cielo amplio y abierto allá donde mirases. Todo en torno eran montañas lejanas, verdosas, grisáceas, azuladas…

Desde este punto del camino sólo se llegaba a ver la torre de la iglesia, el pueblo quedaba desaparecido por completo tras la nueva línea

horizontal de la carretera de circunvalación. Es el progreso, la new wave que llega, que avanza transformando costumbres, formas, paisajes…

Algo a lo que nos debemos ir acostumbrando, cambiando la mirada. Resulta artificioso, chocante a los que ya estábamos hechos a la vieja estampa.

¡La primavera ha venido. Un instante me quedo mirando el arriate de paredes blancas, sus cipreses… altos, silenciosos, entristecidos…

Tocando el cielo… ¡Se fueron! Cierro los ojos, moviendo la cabeza de un lado a otro: ¡Se han ido! …y nadie sabe cómo ha sido!

¡Bailad, bailad, romeros, y divertíos!

Llegando al camino de la vereda que se cruza con este perpendicularmente, más cerca o más lejos puedes alcanzar a ver algún rebaño de ovejas pastando.

Antiguamente era un camino de paso, una cañada real por donde se conducía el ganado trashumante de una región a otra.

En la guerra, este fue utilizado como campo de aviación. Hay unos refugios que aún se conservan desde entonces…

Y la bajada hacía el río o el pantano: ¡No sé si este año vendrá crecido, o si aún se dejará ver el viejo puente romano!

No, aún no se ha caído. Me alegra comprobarlo y me sorprende su fortaleza. Su lenta agonía ante el paso indiferente de los humanos.

Su resurgir sobre las aguas un tiempo, para volver a ser de nuevo sepultado. Es la lucha y la esperanza por la supervivencia. ¿Cuánto tiempo más su agonía?

Antiguamente, no hace tanto tiempo, una década quizás siempre se cruzaba por este puente para poder ir a la ermita.

Yo lo recuerdo. ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuánta historia oculta aún en estos lugares, …y cuánto olvido!

¡Bailad, bailad, romeros, y divertíos!

Según las investigaciones, se trata del Puente Tardorromano de Publio Baebios Venustus, que se podría fechar del siglo III según consta en la inscripción hallada en sus inmediaciones, y que se puede contemplar en el rellano de la escalera del Ayuntamiento de Almagro…

La Ermita está levantada sobre las ruinas de Oreto, de orígenes Ibéricos, Romanos y Visigodos… (Hoy en periodo de excavaciones).

Esta ciudad de Oreto, de gran extensión y densamente poblada en la antigüedad inició su proceso histórico a finales del siglo V antes de Cristo. Desapareciendo y siendo totalmente despoblada a partir de la llegada de Fray Raimundo de Fileto, fundador de la naciente Orden Militar de Calatrava.

Los árabes, en su lenguaje alegórico, dieron a Oreto el nombre de Zuqueca: es decir, “Lugar de Ruinas”. Nombre que a finales del siglo XIII se dio a la Virgen, conocida hasta hoy como Virgen María de Oreto y Zuqueca.

ANTECEDENTES HISTORICOS SOBRE “EL DIA DEL ANGEL”

En el siglo XV, el priorato de Zuqueca estaba incluido en los términos y pertenencias de Moral, según señaló la Orden de Calatrava al hacer a este pueblo independiente…

Su justicia pues, ejercía actos de jurisdicción civil y criminal tanto en la dehesa como en la ermita, y esto nunca fue del agrado del concejo de Almagro ni de los vecinos de Granátula (entonces aldea). Siendo por lo cual objeto de acaloradas disputas y rencillas.

En el año 1579 la discordia tomo tal cariz, que reunidos los pueblos comarcales “El Día del Ángel” a la celebración de la fiesta tradicional, comenzaron cada uno de los pueblos la defensa de sus derechos a la fuerza: un muerto y varios heridos fue el resultado de aquella contienda.

El Alcalde Mayor de Almagro impuso a los del Moral, entre otras penas, la de perder el derecho o preeminencia jurisdiccional que tenían en este priorato…

LA ERMITA DE ZUQUECA

Decían que el ermitaño, sabía mucho de todo esto. Se había pasado toda su vida aquí en la ermita. La ermita, que está situada al margen del río Jabalón, en medio de dos cerros: de Los Obispos y de Oreto, y cercada a su vez de gruesos árboles…

En otro tiempo, cuando el río venía caudaloso, pasaba a orillas, besando sus cimientos. Hay quien dice que cuando se desbordaba, la ermita quedaba cubierta por el agua.

Esta ermita, junto con la Virgen, es la más antigua de toda esta comarca. La Virgen de Oreto y Zuqueca, la patrona del pueblo, la única que se salvó de la quema durante la guerra.

El alcalde, un tal San Roma, tal vez por devoción o consciente de su valor histórico, la mandó tabicar en una habitación de la ermita y tenerla bajo custodia, para que nadie -ni unos ni otros, ni buenos ni malos- pudiesen tocarla.

Mucha gente ha venido descalza hasta aquí para cumplir sus promesas. Dicen que ha hecho muchos milagros. Dentro del santuario hay brazos, manos y pies de cera colgados de sus paredes. Son las ofrendas que se les hacían a la virgen: un pie de cera o un brazo, si éste se le curaba…

Para celebrarlo, todos los años, “El Día del Ángel”, el primer domingo de marzo, los vecinos de esta localidad y alrededores, lo festejan con una romería a la ermita. Últimamente tienen que traer la Virgen desde el pueblo, porque desde que murió el ermitaño ya nadie ha querido vivir en la ermita… Simplemente, se van perdiendo las costumbres.

* * *

<<Esto es Granátula de Calatrava. Es un lugar pequeño de La Mancha. Se llama así porque hace mucho tiempo, según cuenta una vieja leyenda, “vivía una reina que se llamaba Tula, y era la dueña de estas tierras, que tenían unos graneros donde almacenaban las cosechas que cogían. De ahí su nombre: graneros de Tula, Granátula”

Y “de Calatrava” porque tiempo después, allá por el siglo XII perteneció a la orden religiosa de su mismo nombre. No sé si lo habrán oído o si vendrá quizás en el mapa, porque es un pueblo muy pequeño pero muy bonito… ¡Y además, aquí, también nació El General Espartero!>>

(Para incluir en Sinfonía de un Lugar: Apéndice Segundo)

10 -02 -02. Eulogio Carretero Bordallo

El Castillo de Calatrava la Nueva

Os dejo este interesante vídeo sobre el Castillo de Calatrava La Nueva, en el término del pueblo vecino de Aldea del Rey. Está muy cerca de Granátula, es más desde La Encantada puede verse como domina el paso hacia Sierra Madrona, paso obligado de la época hacia Al Andalus.

Y es que nuestro pueblo siempre ha estado en pleno Campo de Calatrava, dominado por la Orden de Calatrava, como lo atestiguan las dos casas que conservan en sus dinteles las marcas de la orden.

Sofía

Y ahora que estamos en la celebración de los difuntos y de todos los santos, recupero este artículo.

[Colaboración de Rafael Castellanos Solana]

Hoy es un día en el que no sé si podré leer lo que aquí tengo escrito pues las lágrimas se apresuran copiosas por mis ojos y un nudo me aprieta de tal manera la garganta que apenas me deja tragar saliva… pero tengo que hacerlo antes de que te vayas definitivamente… antes de que te lleven de una vez y nos dejes para siempre…

Hoy es un día absurdo… un día que jamás tuvo que nacer… un día en el que nos dejas de modo permanente… un día en el que casualmente nadie nos ha preguntado si existe tan solo un motivo para que tengas que partir y dejarnos aquí solos, sin tu presencia física… solamente con tu recuerdo…

Nadie nos lo preguntó…

Hoy es un día en el que todos los recuerdos (¡Por Dios… hay tantos…!) se nos vienen a la cabeza con cada golpe de sangre que nos manda el corazón… el mismo que repartiste entre los cuatro… aquel corazón que empezó a dejar de ser tuyo cuando nació el primero… hace tantos años ya…

Es curioso… pero hoy es el día en el que me pregunto (nos preguntamos) por qué extraña y desconocida razón un hijo no puede devolverle la vida a la mujer que un día, quizá ya lejano se la dio a él… lo justo –y por derecho necesario- sería que si tu nos diste la vida, nosotros, tus hijos, pudiéramos devolvértela ahora a ti… esa vida que ahora te falta… esa vida que fue tuya y que entregaste a la nuestra…que dedicaste en cuerpo y alma… desinteresadamente… una vida de sacrificios… viviendo por y para nosotros…

Una vida que no fue tuya… que fue nuestra… porque… ¿Cuántas noches en vela… cuántas sin dormir…? ¿Cuántas lágrimas has echado por mi -por nuestra- culpa…? ¿Cuántos desvelos por un constipado… por que hemos salido una noche y no sabes si estamos con el coche o no…? ¿Cuántos disgustos porque no queríamos comer… porque no quisimos estudiar… porque después de una boda ha venido una separación…? y SIEMPRE… SIEMPRE… tuviste una sonrisa… una palabra amable… y silencio… siempre silencio para no hacernos daño con tus opiniones… con tus ideas… con todo lo que pensabas y te callabas para no hacernos daño…

Y nosotros hemos estado ciegos… no hemos visto más allá de lo que teníamos delante de nuestras narices… y pensábamos que todo iba bien… que todo estaba correcto… porque callabas y nos dabas la razón…

Me gustaría decirte tantas y tantas cosas que, por dejación, no te he dicho cuando debería haberlo hecho… ahora es tarde y no sé si me estás oyendo… y, quizá, por eso, por si  aún sigues ahí, quiero hacer mías las palabras de Diana Navarro… que canta en un disco suyo y dicen así…

 

“Caricia de mi tristeza,

Bálsamo de mi dolor,

Fuente de sabiduría,

Lucero de mi mañana,

Salud de mi enfermedad,

Manantial de mi alegría,

Consuelo de mis errores,

Copa de mi realidad,

Torre de mi valentía,

Pulso de mi corazón,

Grito de mi rebelión,

Viento de mi fantasía,

Rabia de mi libertad,

Ángel de mi soledad,

Madre mía, madre mía.”

Me gustaría ser más inteligente para poder buscar en un diccionario alguna palabra tan corta como la de MADRE y que contuviera tanto significado como esa… porque una madre es, o al menos debería serlo para todos, una consejera, una amiga, una enfermera, una confesora, una maestra, una economista, un pozo de dulzura, de sentimientos… tantas y tantas cosas que se acaban hoy aquí y que la cantante resume de muy buen grado…

Tengo que terminar. No puedo seguir… las lágrimas -nunca pensé que pudiera tener tantas- de mis ojos me impiden la visión y siento que el nudo de mi garganta es cada vez más fuerte… por no hablar de la presión que siento cada vez con más fuerza en mi pecho…

Solamente me queda decirte, en mi nombre y en el de mis hermanos, que no te olvidaremos nunca y darte las gracias por la vida que nos diste y que nos has dedicado… sin interés alguno…

Siempre te llevaremos en lo más profundo de nuestro corazón y en nuestro pensamiento.

Adiós MADRE… Hasta siempre.

 

Rafael Castellanos Solana

Conjunto arqueológico de Oreto – Orissia – Urit

En Granátula existe un complejo arqueológico impresionante. La parte excavada la valoro en menos del 1%. Dentro del conjunto de la Catedral, de uno de los obispados visigodos más importantes, está la pila bautismal por inmersión, y la Lauda sepulcral del diácono. En fase de excavación de lo que fue la Catedral. Queda pendiente sacar a la luz el Circo Romano. Y musealizar el hammam más antiguo de la península ibérica.

Potaje habichuelas

Os dejo este vídeo con la receta de unas habichuelas, que tienen una pinta riquísima

En otros sitios le llamarían alubias, pero en nuestra tierra de toda la vida han sido habichuelas, blancas las secas, y habichuelillas verdes, las judías verdes como también se llaman en otros sitios.

El padre hace la receta. No le queda mal hacer un sofrito de cebolla, pochándola un poco y añadiéndosela al potaje de habichuelas.

En padre Ángel hace una receta riquísima

 

 

Breve historia de la Hermandad del Santo Cristo de la Resurrección y Saeta al Resucitado

Entre los archivos me he encontrado con este vídeo de Manuel entonando una saeta al Resucitado. a mi me trasmite emoción pura. Gracias Manuel, una de las mejores personas que he tenido la suerte de conocer.

Hoy 14 de septiembre, feliz día de la Exaltación de la Santa Cruz, y en nuestro pueblo, Granátula, feliz día del Santo Cristo de la Resurrección. Los granatuleños han elegido celebrar la buena nueva de la Cruz, la Resurrección de Cristo.

Como ya me habéis oído decir, desgraciadamente no tenemos la fecha cierta de su fundación. Sabemos que en 1751 existía por la descripción encontrada de los bienes que tenía el Santísimo Cristo de la Resurrección. Y también tenemos la inauguración de la Ermita del Calvario, dedicada a la Resurrección del Hijo de Dios, y abierta al culto por el Ilmo. Obispo de Arcadia el 17 de noviembre de 1661.

Desde el siglo XVII al menos Granátula ha contado con el Santísimo Cristo de la Resurrección, sin que podamos confirmar si con hermandad propia o quizás heredando de otras, como pudo ser la de la Santa Cruz o la de las Ánimas, pudiendo heredar de ellas las tradiciones, y por qué no, en el día de la celebración de la Cruz, del que por cierto hoy es el santo de los que se llaman así, Cruz, y también de Crescencio; celebrar la alegría de la Resurrección. Y porqué digo esto, porque desde 1593 hay datos sobre las revisiones de los visitadores de la Orden de Calatrava, extrayendo de sus conclusiones la siguiente:  «Otrosí os mandamos que tengáis mucho cuidado en el sostenimiento y reparos del Calvario del dicho lugar que se hizo a costa de la dicha cofradía para que siempre esté bien tratado y decente»

Hermandad que pasó por muchas vicisitudes. Ya quedan muy pocas personas en Granátula que recuerden donde estuvo la antigua Ermita del Santo Cristo. En la calle de Almagro, mas o menos donde hoy se coloca el Huerto de los Olivos, a la altura más o menos de la casa de Cruz (coincidencias que a veces tiene la vida o no, como es que el dueño se llame Cruz, que exista una Cruz donde había un Calvario dedicado a la Resurrección del Hijo de Dios, y de donde estuvo saliendo muchos años, antes de tener su ermita, el Santo Cristo al amanecer el día en procesión el Domingo de Resurrección). Y allí estaba la ermita donde estaban las tres Cruces, el Calvario, donde iba allí la procesión penitencial de la cofradía de la Santa Cruz, el Jueves Santo por la tarde; el Viernes Santo por la tarde iba en procesión la cofradía de la Soledad, recorriendo las estaciones del ViaCrucis, y en este Calvario rezaban – escenificaban varias estaciones, entre ellas la Crucifixión, marchando la procesión hacia otras cruces que estaban más adelante hasta finalizar el recorrido.

En el siglo XIX se van arruinando el resto de ermitas, pero esta ermita no se arruina o vende. El porqué hay que buscarlo en dos factores: por un lado es una ermita pequeña, que se puede sostener y reparar sin apenas gastos; pero sobre todo, se mantiene porque hacia 1830 se construye el cementerio a su lado (Cementerio Viejo). La ermita sirve entonces como sala de autopsias, o bien donde se dejan los cadáveres de los «desgraciados» o en caso de ser forasteros. Así se dice de un faccioso muerto por disparos de bala «…cargasen el cadáver en una mula que se había llevado al efecto, y practicado así se condujo a esta población, depositándolo en la Ermita del Santo Cristo de la Resurrección, interim transcurrían las horas legales para el sepelio…»

Las desgracias de las guerras, que además de segar vidas de personas suelen arrasar con la cultura, con el arte, con todo lo que antes pudo ser tenido en consideración y que a algunos les pueda llevar a recordar el pasado. Y en lugar de que permanezca para la historia para que las generaciones siguientes puedan además de disfrutar de ello de hacer su propio juicio, en la guerra civil se arrasó la Ermita del Santo Cristo de la Resurrección y el Santo fue fusilado y arrojado en una noria. Barbarie humana.

Después de la guerra civil la Hermandad estuvo prácticamente desparecida. Algunos de los granatuleños seguían recordado la tradición. Mi bisabuelo Leocadio Azañón decidió comprar y donar la imagen actual del Santo Cristo de la Resurrección, tal y como se recoge en el acta de reconstitución en el año 1952: «se procedió a la discusión del Santo el cual el Sr.  Leocadio Azañón comprador del mismo, manifiesta que desde este momento cede incondicionalmente el Santo a beneficio de la hermandad en concepto de donativo como voluntá propia»

Un conjunto de personas, reconstituyeron la Hermandad, conforme a «las normas a seguir de dicha hermandad sean los usos y costumbres que existían anteriormente». Leocadio Azañón Carretero, Natalio Romero Gómez, Desiderio Gutiérrez Azañón, Félix Azañón Mota, Crescencio Blanco Gómez, Saturnino Gutiérrez Gómez, Pablo Gómez Moreno, Paz Montero Cañizares, Dolores González Velázquez, Eulogio Rabadán Vallez, José de la Muñoza Vallez, Luis Ráez Barrera, León Díaz Molina, Félix Vallez Carneros, Fausto Huertas Valbuena y Desiderio Gómez García, constan entre los presentes.

Un breve resumen. Que en parte también explica porque siempre estuve ligado a esta Hermandad. Os dejo con Manuel, a quien le doy las gracias desde aquí.