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Discurso del pregón inaugural de las Fiestas de Santiago 2015

Gracias al pueblo de Granátula, a su gente, al calor que me demostró ayer, al cariño, las felicitaciones que me hicieron llegar. Orgulloso aún mas si cabe de ser un granatuleño entre todos. Nada me puede hacer más feliz que las personas ayer me dijeran que se habían emocionado con mis palabras. «Somos de donde el corazón nos marca».

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Texto del pregón:

 

Excelentísimo Alcalde de Granátula de Calatrava.

Autoridades civiles, militares y religiosas de los pueblos de la Comarca.

Miembros de la Corporación Municipal.

Queridas y queridos amigos de esta Villa

Buenas tardes, ya noches. Para mí es un auténtico placer poder saludaros en este día. Aquí me tienen ustedes haciendo de pregonero de estas fiestas en honor a Santiago Apóstol del año 2015, merced a la llamada telefónica que recibí de nuestro alcalde D. Félix Herrena, al cual le agradezco tal inmerecida merced. Yo hoy me siento como el alguacil que anuncia las fiestas oficiales y también como el pregonero que oferta los productos más genuinos y auténticos de un pueblo como el nuestro: la amistad, la alegría, la diversión, la convivencia, el saber hacerlo bien y el sentirlo mejor.

Y es que aquí, en esta calurosa noche de verano, en la llanura manchega donde el terreno volcánico se adueña del paisaje, hay un pequeño pueblo con nombre de extraña lengua, Granátula, y que dependiendo de las interpretaciones pudiera ser “los Graneros de la Tía Tula” –aunque esto sea una creencia popular de aquella rica hacendada de Almagro que tenía aquí sus fincas-, o “pequeña Panera o Granero” aludiendo a la fertilidad de su suelo, o incluso del término “Granata” manifestando el color rojizo o mejor dicho granate de su tierra y que en el pueblo vecino da nombre al mismo: el Almagre. Tierra además de apellido de la orden de caballería dueña de toda ella tiempo atrás, Calatrava.

Esta Villa por orden real y que es el origen de todos nosotros y por supuesto de mi familia, es parte de mí y de la forja que toda persona recibe en su infancia y que lleva consigo durante toda su vida. Pueblo rural, básicamente agrícola, alejado del desarrollo pero con una gran historia que nace de muy antiguo recogiendo, seguramente, poblaciones tal y como se puede comprobar en las distintas excavaciones arqueológicas: La Encantada de la Edad de Bronce, Oreto ciudad romana, El cerro de los Obispos donde fueron encontradas las lápidas funerarias del obispado visigodo. Actualmente con una necesidad de un desarrollo económico que no gire exclusivamente entorno a la agricultura y que permita a los más jóvenes realizar sus proyectos vitales en el pueblo sin tener que emigrar a la capital u otros lares por motivos económicos, laborales, etc.

Deseo que estas palabras les hagan retroceder con la imaginación al mundo de una población que surge de las entrañas de la tierra cual colada volcánica quedando plasmada en cerros, maares, cráteres y fumarolas. Evocar como fueron aposentándose moradores en el cerro de los Castillejos, como rendían culto a sus dioses. Como llegaba más gente procedente de otras culturas: visigoda, germana, romana. Y así imaginar a la ciudad  de Oreto anclada en la falda del Jabalón floreciendo al igual que sus vegas y asistir a los Concilios de Toledo conjuntamente con sus obispos. Adoptar la cultura sarracena y descansar en sus baños árabes. Renacer de las cenizas en Zuqueca cual ave Fénix.

Siempre la vida continúa y quizás de la extinción de Oreto y de Añavete, en torno a la laguna de Valdeleón, en el cráter de un volcán, fueron aposentándose moradores formando la población. Y así aquellos monjes militares pudieron cabalgar por su valles y lomas con el escudo en el pecho de una cruz con las puntas en forma de flor de lis.

Deseo evocar en la memoria cómo se cumplió el sueño de sus habitantes y convertirse en Villa independiente. Honrar y compartir el deseo del hijo de un carretero de Granátula que declinó ceñirse la Corona de España y abrazar el lema de “cúmplase la voluntad nacional”.

También quisiera relatarles una historia. Una que comenzó hace 46 años cuando todos los veranos mis padres preparaban las maletas para venir al pueblo. Aún recuerdo, como si fuera hoy, la ilusión porque llegara ese día tan esperado, las ganas de llegar, de ver a la familia, a los amigos, las ganas de coger la bici, de corretear libre por las calles, la hora de la siesta, las tardes en el rio, etc., pero sin duda uno de los recuerdos a que a pesar de los años no se borra en mi mente es aquel mágico instante en el que voy llegando al pueblo intentando adivinar la Casilla.

Pero ¿quién soy yo? Una pregunta que siempre me resultó difícil de responder. Un ciudadano del Mundo. Un granatuleño entre ustedes. Alguien que no deja de ser la suma y la resta de todo lo vivido y de la gente que le ha rodeado. Y por supuesto, y no sé si porque lo llevaba en los genes o porque la tradición de la familia me empujó al Santo Cristo de la Resurrección, y también, a aquella imagen que dicen que es la más talla antigua de la provincia y que los que somos de aquí también llevamos en el corazón, la Virgen de Oreto y Zuqueca. Recuerdos imborrables que forman parte de mi vida. Somos de dónde el corazón nos marca.

Siempre a la pregunta ¿de dónde eres?, la primera respuesta es que mis orígenes son de donde nació alguien que siempre deseó que se cumpliera la voluntad del pueblo, que se desarrollasen las libertades públicas, y que ordenó construir, para que allí se expresasen las mismas, el edificio del congreso de los diputados. Sí, sí, el General Espartero no es de Logroño, nació en mi pueblo. Desde aquí desterrar la tradición popular que a veces he oído de que tuvo encañonada a Granátula, nada más lejano de la realidad. En un libro que cuentan que escribió la regente María Cristina, que profesaba un terrible odio hacia él y que está firmado como “CCMM”, hay una carta del propio General donde expresa el cariño hacia esta población. Tras un viaje y sin que fuera esperado decidió abandonar la silla de posta en Valdepeñas y acercarse a Granátula. Baldomero expresa la alegría de su corazón al llegar y ver a los niños jugando en las calles tal y como él hacía, recordando su infancia, y el deseo, cuando las circunstancias lo permitieran, de retirarse a su querido pueblo. También dice que hará lo que estuviere en su mano por él y por todos los españoles.

Ahora en la actualidad puede leerse nuestra historia y verse en las redes sociales, y también contemplarse en www.granatula.com. Un proyecto que nació cuando internet apenas lo era, cuando no existía ni Facebook ni Whatsapp, casi sin querer en mis manos allá por el año 1998, coincidiendo con el día de mi cumpleaños, que cuenta con 17 años de vida y que por tanto hará la mayoría de edad, los 18, el que viene.

Hablando de memorias cómo no citar “En un mar de culturas”, el libro que recopilando la historia de Granátula vio la luz hace más de una década, la primera edición en 2002. Dada la tozudez que me caracteriza decidí lanzar la misma sin financiación y afortunadamente tuvo tal éxito que, aquellas copias que hice sacando el dinero del bolsillo, enseguida se acabaron y así tuvo su réplica en una reedición en 2003 financiada por la Diputación de Ciudad Real. Ese tesón que a día de hoy también se aprecia en algunas personas que deciden emprender aventurándose a cosas distintas como las casas rurales, el turismo rural y la guía turística (un saludo para Felicitas, Juan Manuel y para los demás).

Estamos celebrando las Fiestas en Honor a Santiago, Santa Ana y San Pantaleón. No quiero aburriros con datos que otros antecesores os habrán ya dicho, pero si me gustaría contar algunas anécdotas de los tres santos a los que honramos:

Santiago, el Mayor. Durante la última jornada a Jerusalén, su madre Salomé acudió al Señor y le dijo: “Dispón que estos dos hijos míos tengan su asiento en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús les aseguró que ellos compartirían su pasión. De acuerdo con esta tradición Santiago el Mayor, habiendo predicado el cristianismo en España, retornó a Judea y fue ejecutado por orden de Herodes, degollado. Su cuerpo fue milagrosamente trasladado a Iria Flavia y posteriormente a Compostela.

Santa Ana, en hebreo es Hannah. Todo lo que se conoce de ella procede de la literatura apócrifa. Joaquín y Ana no podían tener hijos. Hay diversas leyendas pero todas confluyen en que ambos clamaron al Señor pidiéndole que retirase de ellos la maldición de la esterilidad prometiéndole dedicar su descendencia a su servicio en el Templo. Ana dio a luz a una hija llamada Maryam, la Virgen María.

San Pantaleón, médico, filósofo y retórico. Después de apostatar de la fe Cristiana volvió a recuperarla y a creer por lo que fue perseguido. Tras ser torturado murió. Según la tradición el fallecimiento tuvo lugar bajo una higuera seca que floreció al recibir el riego de sangre. En el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid se conserva una ampolla que permanece en estado sólido salvo la víspera de su santo, el 27 de julio, que se licua.

Tres Santos en una festividad. ¡Cómo somos los Granatuleños! Viene a mi memoria el recuerdo de cuándo donaron la imagen actual de Santiago, la procesión apócrifa de aquel año, la adaptación que se hizo a la imagen suprimiendo el moro (y esta palabra dicha con todo el cariño y sin todo despectivo hacía los árabes). Año ingrato para mí ya que falleció mi abuelo.

Permitirme llegados a este punto expresar mi sincero agradecimiento,

– A mi madre, por haberme otorgado la vida y aguantar mi genio.

– A mi padre porque a pesar de ejercer como tal es el mejor amigo que he tenido.

– A mi familia, tan importante, mis tíos y mis primos que estáis ahí.

– A la gente que me ha rodeado, también a la que nunca me tragó, e incluso a la que me envidió, porque gracias a ellos forme mi personalidad.

– A las personas que quiero ya que con ellas aprendo a sentir y me desarrollan haciendo que salga del caparazón.

– A mis amigos porque están ahí cuando los necesitas sin necesidad de llamarles.

– A Nieves que es parte de mi. A mi amigo Fernando al que siento decirte que estoy llegando al final sin utilizar el Quijote, mejor dicho a ese genio de la prosa, Cervantes, que en boca de un cuerdo y un loco, de un idealista y de un pragmático, puso en relieve el mundo donde nada es lo que aparenta ser y expresó el deseo sublime de llegar a una realidad distinta donde triunfe la virtud, el bien sobre el mal y no haya esclavitud. Una de las grandes enseñanzas del Quijote es la manera en que honró sus sueños e ideales hasta el fin de sus días, sin importar el rechazo, el ridículo ni la aprobación de los demás, y así siguió el camino para vencer al invicto rival (que muchas veces es uno mismo).

ü Mi sincero agradecimiento a quienes me dieron esta oportunidad de conoceros un poco más, de ofreceros mi amistad, de poder estar esta noche aquí con vosotros, de ser el pregonero que hace el acto inaugural de estas fiestas.

ü A todos vosotros por aguantarme a estas horas de la noche y encima con un vino español esperando.

Llegados a este punto y parafraseando al profesor Beño consiéntaseme creer en la leyenda casi siempre tejida en el telar del sentimiento. Y así luchar desde la misma contra los encantadores que niegan y desfiguran las cosas hermosas, contra los que en nombre de la razón izan la bandera del realismo más despiadado, contra los que no saben compadecer y admirar, contra los que aprisionan y despedazan a los débiles, contra los que tornan gigantes en molinos y los ejércitos en rebaños.

Creo en Granátula como mi patria situada en la ruta del ensueño y de la leyenda, aquella de quietud apenas turbada por el aleteo de un pájaro, las conversaciones en las esquinas, el caballo y la plaza; y pasear por sus calles sintiendo las noches mágicas de verano con ese infinito cielo azul percibiendo la caricia de la paz, la tranquilidad y el sosiego.

Sí no es verdad lo que digo

 que baje Dios y lo vea,

al cual pongo por testigo

en esta noble tierra,

 fértil, limpia y aceitunera,

madre amorosa del vino,

 niña siempre y siempre vieja,

 a recorrer sus recodos,

 a descubrir cosas nuevas,

 a oler a viña madura

y a sabiduría tierna,

a compartir con sus gentes,

 esta hermosa gente manchega,

 el vino, el queso, la charla,

 el recuerdo y las promesas.

Gracias a todos y a todas,

¡Granatuleños!, ¡Granatuleñas!

¡Quedan inauguradas las fiestas de Santiago Apóstol, Santa Ana y San Pantaleón 2015!

¡Disfruten de ellas!

He dicho.

Juan Jesús Donoso Azañón

Recuerdos

[Colaboración de Kally]

Recuerdo, cuando regresaba al pueblo, el chillar de los vencejos, el arañar de los escobillos en el suelo, el olor  de los cocidos de puchero.

Recuerdo una luna gorda, amarillenta y redonda, los vecinos sentados en el patio o tomando “el fresco”.

Recuerdo el cuartel, el matadero, el huerto, ese olor característico que cuando sopla reviento de añoranza, alegría y gozo.

_ ¿Porqué tiene una raja la calle abuela?

_ ¡Un señor se la ha hecho!,  decía sonriendo. Alguna vez, tras algún tiempo, vi correr el agua por ese surco…, ¡ahora lo entiendo!

La acera del cuartel, con sus baldosas rojas de barro, era estupenda para correr con mi triciclo amarillo y nunca me regañaron los guardias…

Recuerdo a mi hermano vestirse de “armao”, los tambores, nazarenos, las masillas y galletas de huevo, los rosquillos y barquillos, el potaje con pellas y… beber la leche cuando nadie te veía en la lechera.

Si no sabes es la calle el cuerno, ¡qué nombre!, ¿verdad? Ojalá mis hijos recuerden su calle con tanto cariño como yo, la que entonces, era la mía.

Recuerdo a mi abuela ir a misa con su velo negro y a la noche me contaba un cuento de miedo, me pelaba pipas haciendo un montoncito en su mandil negro. La lumbre salpicaba chuscas anaranjadas quemándome los leotardos… verás tu madre!.

¡Mi abuela!.

La recuerdo sentada a la puerta del matadero, haciendo sus encajes del melón, y cuando se levantaba, yo ocupaba su puesto haciendo ruido con los bolillos, enredándoselos,

_ Pero  “Chinri” ¡No me marres los encajes que te como!.

De esto han pasado mas de veinticinco años.

Con sesenta y seis años  ¡parecía ya tan mayor! Ella siempre respetó  el luto desde la guerra.

Recuerdo asar castañas en los Santos, ir a cavar la sepultura de mi bisabuela, pintar la Cruz y regresar por los huertos, por una senda por la que debías ir en fila india.

Semana Santa, el verano, la Virgen, los Santos, el Cristo,  todo en el pueblo.

Mi pueblo!.

Ahora vivo en él y además de estas cosas conozco su historia, me enorgullezco de ser Granatuleña y hablar bien de ella fuera y dentro de esta tierra.

Inténtalo, ama nuestra historia y quizá nuestros hijos trabajen por este pueblo que ha empezado a enfermar, si no es así perderemos nuestras raíces y todos seremos pobres.

El mercadillo de Granátula

Y hoy os dejo este programa del Mercadillo grabado en Granátula. La  vida cotidiana del pueblo, yendo a los mandaos, en algunos casos personas que ya no están con nosotros. Y de paso una imagen de Tacones Lejanos en la plaza, el cementerio. Y la historia de la Encantada, de la mano de Meseguer.

El día de San Juan

Colaboración de Eulogio Carretero Bordallo

La Encantá

Me lo contó mi abuela el día de San Juan. Aquella mañana había puesto una palangana llena de agua en medio del patio. “Todavía no se ve nada”, decía mi abuela asomándose. Nosotros en nuestros juegos por el patio, de cuando en cuando nos asomábamos al pasar por la palangana y veíamos el reflejo de el sol en el agua.

“¿Qué se ve. Que se tiene que ver?”. Le preguntábamos. Había surgido su efecto. Estábamos curiosos, intrigados a su alrededor. ¡Que había echado en la palangana… Mi abuela entre sus macetas, regando sus tiestos: los geranios, las lilas, la hierbabuena, los rosales, al albahaca, los pericones, las enredaderas, las calas… Nunca he visto unas calas tan mimadas. Nunca he visto unas plantas con tanta ilusión cuidadas.!

“Hoy es San Juan, decía. ¿No habéis visto nunca la Encantá…?” La Encantá era una cueva que había en el cerro a un kilómetro del pueblo. Larga y estrecha, que al fondo tenía una charquilla de agua que no se secaba nunca.

¡He dicho “era”, como si ya no existiera. Que curioso, como si hubiese dejado de ser. Y no es cierto. Existe aún, pero… ¿dónde existe?. No sé en que lugar de la memoria ha quedado. ¿Será, que ha perdido su significado?. Algunas cosas solo tienen sentido en ciertos momentos de la vida. O mejor, solo existen en la inocencia de la infancia, después, será que pierden su encanto, dejan de existir. Y es cierto, hoy me duele el comprobar que ya no existe. Que todo ha quedado, como tantas cosas que van quedando en el olvido. En esa caja cerrada que ya no abres. Que ya no quieres abrir, por miedo, a no ser cierto y romper su encanto. Por que te parece mentira. Un sueño…!

Digo bien, era una cueva que había en el cerro, y vuelvo al patio donde me había quedado siguiendo el hilo de mi memoria. Mi abuela entre sus macetas… “¿No sabéis, que hay una Encantá en la cueva?”. Se nos quedaba mirando con unos ojos grandes, espantados, misteriosos. “¡Una mujer…! bajaba la voz, hasta conseguir intrigarnos. Paralizarnos. Cortarnos la respiración. ¡…Una mujer, que nadie ha visto. –Miraba las flores de reojo- Que nadie sabe donde se esconde… Y que todos los años, en el día de San Juan se la puede ver desde la carretera a la entrada de la cueva, peinando sus largos cabellos ante un espejo! ¿Habéis visto como huele la hierbabuena…?”

Nos quedábamos boquiabiertos, perplejos ante tanto misterio. Metía las manos entre el verdor de las plantas y cortaba unos tallos. Nos lo acercaba. Lo olíamos. ¡Ah… cierro los ojos. Aún puedo olerlo en el aire! Respirábamos. Podíamos respirar, imaginando los largos cabellos de la Encantada, a veces rubios a veces morenos enredados entre sus dedos, largos… ¡Como olían las flores en el patio!.

“¿Nunca habéis visto a la luna y al sol besándose en la palangana del agua?” Volvíamos a abrir los ojos admirados. Respirando los efluvios de la hierbabuena. “…Pues ya lo estáis viendo.” decía mi abuela sonriente, llena de luz. Cercada de una aureola, como habiéndolo hecho aparecer con su varita mágica. Y era cierto. Ahí estaba el sol mordido como una galleta por un extremo. “¿Veis?, ese trozo que le falta al sol, es la luna” decía.

“¿Y todos los años, en el día de San Juan, se ve a la luna y al sol besándose en la palangana del agua?” preguntábamos. ¡Que gracia. Que ingenuos! Había sucedido el hechizo, la magia. Ese encanto con que a veces mi abuela solía adornarse, ante nuestras ingenuas miradas. Mi abuela tenía algo de esa magia que solían tener las abuelas de antes.

Verdaderamente que el día de San Juan era un día mágico. Yo sé que hoy incluso, me volvería a resultar curioso alguna de sus cosas. Un día, desde por la mañana, tenía mi abuela un pollo muerto en el patio. La gallina clueca, según decía se había echado encima de el y lo había asfixiado. Nosotros en nuestros juegos por el patio, de cuando en cuando, lo mirábamos al pasar a su lado. “Dejarlo, dejarlo, no lo toquéis,” nos decía. Estaba muerto, no se había movido en toda la mañana. Pero mi abuela, no resignándose nunca a ese tipo de accidentes, siempre tenía su remedio. Le había metido una pimienta mojada dentro del pico y lo había dejado allí en medio a ver si surgía su efecto. Cuando nos dábamos cuenta, en una de nuestras curiosas miradas teníamos la sensación de haberle visto como un tic. Como queriendo tragar saliva o como mover la cabeza o encoger una pata. Pero no, no era posible. Estaba muerto. Nos cansábamos de esperar. No sucedía nada extraño y terminábamos por marcharnos aburridos. ¡Mi abuela y sus cosas. Que gracia! Y cuando más tranquilos estábamos ¡El pollo. El pollo!. Se le oía gritar y salía el pollo corriendo por el patio. ¡El pollo. El pollo! decíamos eufóricos, escandalizados, corriendo detrás de él. “Dejarlo, dejarlo. No lo cojáis…” salía mi abuela en su defensa. Se metía en el corral y se perdía entre los demás. “Mira. Mira, aquel es. El que se esconde. El que está al lado del otro…” decíamos. Se nos confundía, se nos perdía, se nos olvidaba. Se nos ha ido olvidando, como tantas cosas que van quedando en el olvido. En esa caja cerrada que ya no abres. Que ya no quieres abrir, por miedo, a no ser cierto y romper su encanto. Porque te parece mentira. Un sueño…

Había sucedido la magia, el milagro. La resurrección de la vida y de la muerte. Era cierto, Lázaro, había resucitado. Cristo, había resucitado. El milagro de los panes y los peces, era cierto. Y el andar sobre las aguas, también era cierto. Los milagros, el mal de ojo, lo que decía el Catecismo, la Biblia, los Mandamientos, la Santa Madre Iglesia, todo era cierto. Se habían realizado… Nosotros, el día de San Juan nos íbamos encantados por la carretera arriba hacía el cerro, mirando hacia la Cueva de la Encantá y nunca veíamos nada. ¡Hombres de poca fe. Teníamos que tocar la llaga con el dedo, para convencernos.!

¡Hoy, me pregunto sino serán estas historias, de abuelas y filibusteros entre otras cosas, las que nos terminan atando a la vida tan misteriosamente.!

(Fue un eclipse de sol parcial, que sucedió el día de San Juan, allá por el año 1967.)

Eulogio Carretero Bordallo.

Radio del Colegio de Granátula

Un nuevo proyecto del colegio de Ntra. Sra. de Zuqueca de Granátula, para mejora de la formación y el intercambio con la comunidad educativa. Está publicado por el propio colegio, pero no he podido dejar de incluirlo en mi página dentro del canal de Granátula, el podcast de RadiOreto.

El reino visigodo y su decadencia hasta la caía en manos de la invasión musulmán. La influencia en Oreto.

En Granátula de Calatrava se encuentran los restos del obispado visigodo de Oreto. La lápida del obispo Amador, con silla en el Toledo, fue encontrada. La historia de mi pueblo se extiende desde la época de los íberos, pasando por los romanos y el visigodo, antes de llegar a la época musulmán contando como vestigio de esta época el que posiblemente es el Hamman más antiguo de toda la península ibérica. cuya salida de agua intervino en el mausoleo del diácono enterrado en Oreto.

Aún está pendiente de restauración, pero en breve se podrá disfrutar de la Lauda sepulcral. Los investigadores han recuperado una lauda sepulcral “excepcional” de la Hispania visigoda en Granátula del diácono enterrado en ella hace 1.400 años: un clérigo de 1,70 que murió a los 70 años.

Aurelius Vincentius. Los investigadores del yacimiento arqueológico de Oretum, en Granátula de Calatrava, creen que este es el primer nombre y apellido de un cristiano cien por cien ciudarrealeño. Así se llamó un misterioso diácono (clérigo) asociado al obispado visigodo de Oretum del siglo VI, enterrado en un lujoso mausoleo de la necrópolis visigoda oretana entre los años 580 y 600 de nuestra era.

Entre Leovigildo y Recaredo

Tenía  70 años cuando murió, una edad excepcional para la época, y es posible que en el reino Hispano-Visigodo de Toledo reinaran Leovigildo o Recaredo. “Estamos en un momento de reunificación territorial y de credo, en el que los visigodos abandonan el arrianismo e impulsan el cristianismo”, explica Antonio Manuel Poveda, el profesor de la Universidad de Alicante que codirige  la investigación junto con el arqueólogo ciudarrealeño José Luis Fuentes, de la Universidad de Granada.

Os dejo el video grabado por Lanza sobre la extracción de la Lauda en Oreto.

Y continuando con la historia de los Visigodos y su decadencia os comparto este magnífico video del Instituto CEU de Estudios Históricos. Como la decadencia del reino visigodo facilitó la conquista islámica. Conquista que llegó a Oreto, que pasaría  Urit y Zuqueca.

De “SIKKA” a ZUQUECA: Un topónimo caminero de Oreto (Granátula de Calatrava)

Os dejo este artículo de ANA M. GARCÉS TARRAGONA (a quien quiero hacer este pequeño homenaje desde aquí, por su vida dedicada a las excavaciones de Oreto en Granátula) y PEDRO J. RIPOLL VIVANCOS ripicorreo@gmail.com

El artículo está disponible aquí Microsoft Word – azuqueca09pdf.doc (biblioarqueologia.com)

Entresaco algunas partes del documento e imágenes

Zuqueca (Granátula de Calatrava, prov. Ciudad Real) representa un conjunto arqueológico de primer orden a nivel regional en Castilla-La Mancha. Las fuentes coinciden al exponer una continuidad de poblamiento en este lugar prácticamente ininterrumpida desde, al menos, la época hispanorromana (GARCÉS et alli, 2000; 2009). Así lo indica la hipótesis de un templo romano localizable en el entorno periurbano de la ciudad de Oreto, con evidencias de una necrópolis tardorromana que pervive en época hispanovisigoda y, quizás, durante los primeros momentos de ocupación beréber, con los mozárabes; un baptisterio tardorromano; un edificio de carácter religioso de época visigoda; los restos islámicos hallados recientemente, entre los que se documentan un complejo palaciego con su baño; y las complejas descripciones del santuario tras la reconquista.

En el presente análisis se desglosan las conclusiones de un estudio para el cual se ha tenido muy presente que los elementos se definen, tanto por su significante en el contexto histórico y geográfico de la raíz árabe andalusí >skk< como por su significado, en relación a la evolución de su poblamiento y las vías que articulan las comunicaciones, profundizando en la correcta definición en torno a la familia de topónimos afines.

Ubicación geográfica

Entre el Cerro Domínguez, pausible ubicación de la Oreto iberorromana, y el de Los Obispos, con la vega del río Jabalón al Norte, se alza el santuario de Nuestra Señora de Oreto y Zuqueca, en el actual término municipal de Granátula de Calatrava (CNIG, 2002: Hoja 811, UTM ED-50: x=437720, y=4290600, Huso=30; IGE, 1887: Hoja 811; Lámina 02, Fig.02a).

El área tiene una ubicación privilegiada en el sistema de comunicaciones, ya que conforma una verdadera encrucijada de caminos y de vías pecuarias que unen el Alto Guadalquivir con la submeseta a través de los pasos de Sierra Morena y el Oeste peninsular con el Levante, favoreciendo su apertura a las corrientes culturales. En la zona se localizan además una serie de asentamientos agropecuarios de origen hispanorromano, situados en la fértil vega del Jabalón y articulados en torno al eje de comunicación entre los dos principales núcleos del territorio: la Caracuel romana (Carcuvium) y el propio Cerro Domínguez (Oretum). Las noticias correspondientes a restos arqueológicos en el entorno se remontan ya al siglo XVI, con el hallazgo en el cercano Cerro de Los Obispos de una lápida funeraria correspondiente a uno de los obispos de Oretum (VARIOS, 1600; HERVÁS, 1882); o la existencia del puente e inscripción romana de Baebio, sobre el Jabalón.

Descripción histórica

El yacimiento arqueológico de “Oreto y Zuqueca”, la Zuqueca de este artículo, se encuentra situado en el llano, al pie del Cerro Domínguez, en el actual santuario mariano homónimo (Lámina 01, Fig. 01c). Manifiesta éste una compleja evolución histórica, desde el siglo IV hasta la actualidad, seleccionando para el presente estudio el periodo comprendido hasta el siglo XII, en el que se suceden los tres topónimos mencionados por diversas fuentes para la zona (Oretum/Oreto, >Urîth< y Zuqueca).

Entre el siglo IV al VI, época plenamente romana, se mantiene el topónimo de Oretum Germanorum, o simplemente Oreto, como vestigio de su antecedente desde el siglo IV a.C al VI d.C, en el Cerro Domínguez y al que no nos referiremos en mayor profundidad, por escasez de espacio, pese a que Manuel Retuerce lo referencia, atestiguando en él presencia de cerámica islámica (RETUERCE, 1998: II, 18).

Del material encontrado en el interior del yacimiento no existen fuentes escritas que permitan su interpretación, salvo los testimonios obtenidos mediante las investigaciones arqueológicas realizadas desde 1996 a través de la financiación de la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Los restos in situ de mayor antigüedad pertenecen a una serie de tumbas, dispersas principalmente en la parte norte del yacimiento; restos de dos pequeños asentamientos de hábitat, uno localizado próximo al actual santuario, al Norte del mismo, del que se tiene escasa información, y otro más alejado, al Sur; aunque el testimonio material más importante de esa época es una pila bautismal por inmersión, fechada en el siglo IV, que ya indica la cristianización del lugar.

Se ha comprobado, por los materiales cerámicos encontrados, que el ocaso de los asentamientos descritos se inició, posiblemente, a finales del siglo IV, agravándose quizá en un momento ulterior con la amenaza de las invasiones godas, que debieron afectar al poblamiento rural. El pequeño hábitat meridional debió de quedar al menos semiabandonado, ya que no existe ninguna información documental ni material sobre una posible reocupación concreta de este espacio hasta mucho después.

Tampoco hay noticia que confirme la presencia visigoda hasta el III Concilio de Toledo, en el año 589, donde se menciona la existencia de Oreto como obispado. Las tierras de Oreto, y de toda la Oretania, quedaron dentro del área de influencia visigoda debido al carácter estratégico de la zona, con lo que Oreto se convirtió en parte del reino visigodo, aunque la población debió de seguir siendo mayoritariamente hispanorromana.

Queda confirmada la localización del obispado de Oreto como ciudad con sede episcopal por la aparición de la referida lápida funeraria, correspondiente al obispo Amador, encontrada a poca distancia del yacimiento, lo que es indicativo de la proximidad de la ciudad. Hoy en día ésta puede verse en la iglesia parroquial de la localidad.

Asimismo, resulta llamativo que Suavila o Suanila (según la fuente que se consulte), uno de los obispos conocidos, merced a su participación en el V y VI Concilio de Toledo, porte un nombre de ascendencia claramente visigoda, lo que podría evidenciar un control directo por parte de la nobleza visigoda de los cargos de mayor responsabilidad en el territorio, en detrimento de la aristocracia local; o bien, por el contrario, un fenómeno de fuerte asimilación cultural de esta última para perpetuarse en el poder, teniendo presente que el resto de obispos conocidos cuentan con nombre hispanorromano.

Pese a que la ciudad episcopal de Oreto aún no se ha localizado, las sucesivas campañas de excavaciones realizadas desde el año 1996, han puesto de manifiesto una necrópolis de esta época con cerca de 500 tumbas, de tipología muy variada. Siguiendo el modelo general, este cementerio se debió situar fuera de la ciudad, ocupando el espacio religioso y funerario de época romana. Entre los restos arquitectónicos localizados durante las excavaciones,
además de las tumbas señaladas, se ha excavado un gran edificio religioso-funerario de planta rectangular tripartita que, no sólo se superpuso y rompió las tumbas de época tardorromana, sino que también amortizó física y ritualmente la pila bautismal ya mencionada. El pequeño núcleo de hábitat existente al sur, ya irreconocible debido al prolongado abandono, perdió su identidad cuando las nuevas tumbas se superpusieron sobre los restos de sus muros y los rellenos producidos por los tapiales de las estructuras.

El hallazgo de una serie de tumbas colectivas de época visigoda, con los restos amontonados o incluso impregnados de cal, localizadas principalmente al norte del área excavada, debe de corresponder con las graves crisis documentadas de finales del siglo VII.

A pesar de la explicación generalista en torno al progresivo abandono urbano, o al menos olvido, en el que entraron las antiguas ciudades desde el siglo VII, se tiene constancia que el episcopado oretano subsistía aún en el siglo VIII, de modo que la ciudad seguía manteniendo su importancia y su nombre definía a todo el distrito.

En el siglo VIII, los primeros conquistadores musulmanes ocuparon las antiguas ciudades episcopales, buscando la asimilación entre el >´âmil< islámico y el obispo. En el caso de Oreto, las fuentes mencionan a la ciudad, tanto con el nombre de Oretum como con su transcripción al árabe > Urîth <, desprendiéndose de su atento análisis un posible asentamiento para esta zona de contingentes beréberes sobre un substrato hispanorromanovisigótico. En las excavaciones queda constatada la existencia de una primera serie de nuevas estructuras de hábitat, asentadas directamente sobre las tumbas de época visigoda, datables en la segunda mitad del siglo VIII, con un marcado carácter oficial, con un complejo palatino (Lámina 01, Fig. 01c) que incluye su correspondiente baño (>hammam<).

Entre los materiales hallados hasta el momento, destacan una serie de ollas-trípodes (GARCÉS et alii, 2009; Lámina 01, Fig. 01c), definidas como “elemento guía” para la época emiral en el contexto de los hallazgos efectuados en la zona giennense del Alto Guadalquivir (CASTILLO, 1998; SALVATIERRA & CASTILLO, 2000), rastreables también al sur de Toledo (CABALLERO et alii, 2003), y que corroboran indudablemente unas intensas relaciones entre ambas vertientes de Sierra Morena, basadas en vías de comunicación previas, justificando así la posible definición para esos momentos históricos de una epi-oretania.

Sobre estas primeras estructuras, a partir de la segunda mitad del siglo IX, coincidiendo con el cambio de capitalidad para el territorio, impuesto por Muhammad I con la refundación después del 854 de Calatrava la Vieja (Carrión de Calatrava, prov. Ciudad Real), se documenta en el yacimiento una segunda fase islámica, con la amortización de parte de las estructuras precedentes, y con la construcción de un amplio complejo de hábitat dotado también de elementos de representación, que mantiene en uso el baño. Entre los restos cerámicos asociados, siguen presentes las ollas-trípodes, junto a un conjunto datable en la segunda mitad del siglo IX.

La localización en el propio santuario de un arco de herradura islámico (Lámina 01, Fig. 01c), actualmente en avanzada fase de estudio por los autores, merced a la cofinanciación de la administración, evidencian la importancia del enclave.

Las medidas de Estado emprendidas por Muhammad I, con la mencionada pérdida de la capitalidad por parte de > Urîth < en beneficio de Calatrava la Vieja, conllevaron inevitablemente una nueva articulación en importancia de la red de comunicaciones. La antigua ruta utilizada entre la metrópolis cordobesa, el valle del Guadiana y Toledo, atravesando Sierra Morena por los pasos del Alto Guadalquivir, se desplazó hacia Poniente, reforzándose el tramo del eje axial Peninsular que unía Córdoba, por el Valle de Alcudia y Caracuel, con la ciudad de Calatrava la Vieja, su vado sobre el Guadiana, en busca de Toledo, sin necesidad de desviarse hacia el Este por la otrora capital oretana: Zuqueca.

A pesar de la rearticulación de las comunicaciones, el hecho constatado es que Zuqueca siguiría manteniendo un importante rango a otro nivel: en el área septentrional del paso hacia tierras giennenses, franqueando uno de los vados posibles sobre el Jabalón. La ubicación próxima de los castillos de Salvatierra, primero, y posteriormente del de Calatrava la Nueva, junto con la localización sobre el Cerro Domínguez de una pequeña fortificación medieval, deficientemente estudiada; la descripción de las grandes campañas militares de Alarcos o las Navas de Tolosa; o la presencia de topónimos, como “Cañada de la Plata” o “La Calzada” (Calzada de Calatrava, prov. Ciudad Real), así lo evidencian hasta finales de la Edad Media.

Conclusiones

El significado del topónimo en árabe, teniendo presente el análisis y evolución de las distintas grafías analizadas, desde sus primeras menciones en fuentes andalusíes hasta época moderna, la correspondencia del conjunto de enclaves estudiados con vías de comunicación, cuyas noticias se remontan en su mayoría a época romana, y la constatación de la difusión del topónimo árabe no sólo por la geografía nacional, corrobora, como adelantábamos a título de hipótesis al principio de este estudio, la identificación del mismo con el diminutivo árabe de >sikka<, con el valor de camino con carácter secundario, atajo, desvío o caminejo, en contraposición a los caminos con mayor entidad, vías o calzadas principales de época islámica, herederos todos ellos en buena medida de anteriores vías de comunicación en la zona central de la Península. Sin descartar que, por supuesto, al estar refiriéndose a un punto
concreto de dichas vías de comunicación, designen paralelamente, y por extensión, un lugar de especial referencia en el itinerario caminero de las mismas, coincidente con un enclave de la época con posibilidades de fácil aguada y con la existencia de vados en los cauces señalados, y no una “callejuela” o “zoquillo”.

Aplicando las teorías en torno a la articulación de las comunicaciones en época islámica expuestas por Juan Zozaya (ZOZAYA, 1987: 219 y ss; Lámina 03, Fig. 03a), al que agradecemos también desde estas líneas su infinita paciencia ante las dudas que se han ido suscitando durante la redacción del presente artículo; su situación geográfica, junto a la entidad y evolución de los restos arqueológicos hallados; y la relación con el poblamiento circundante, el enclave del actual yacimiento de “Oreto y Zuqueca” pasó de ser un punto caminero de primera magnitud, en tiempos de la > Urîth < islámica, a ser un elemento referencial de segundo orden en el camino, ya en época medieval cristiana, eclipsada por la proximidad de los castillos de Salvatierra, primero, y Calatrava la Nueva, después, a principios del siglo XIII, pasando posiblemente a denominarse Zuqueca, en algún momento, con posterioridad a mediados del siglo IX o ya entrado el X.

Recordar que podéis leer el documento completo en Microsoft Word – azuqueca09pdf.doc (biblioarqueologia.com)

Cultura Granatuleña

Un canto a Granátula y a la cultura que atesora

Gracias, por fomentar la cultura y hacer valer el patrimonio artístico, y preservar el medio ambiente.

Gracias por rescatar del olvido edificios, libros y documentos.

Gracias por inculcar a los niños el amor al arte y a la naturaleza.

Gracias por promover la lectura del Quijote y hacer posible que el ingenioso hidalgo y su escudero cabalguen de nuevo por la imaginación de los lectores.

Gracias por mantener vivas las tradiciones al tiempo que se abren las puertas del futuro a través de las páginas de Internet.

Gracias, en definitiva, por hacer cultura y difundirla y por mantener viva la memoria y arrancar de los brazos polvorientos del olvido los restos de la grandeza que en la antigüedad tuvo este pueblo.

Un pueblo situado en “un maar de culturas”. Vivís, como sabéis, en un cráter explosivo volcánico de 2 kilómetros de diámetro, afortunadamente dormido desde hace muchos siglos, que en su día produjo violentas explosiones por la interacción del magma en ebullición con la existencia de acuíferos.

Y este volcán terrible, como otros en la zona, resultó ser, pasado el tiempo, providencial y benéfico porque de él surgió una tierra fértil, junto al río Jabalón y en torno a grandes lagunas: las lagunas de Valdeleón.

Ese contexto geográfico, hizo que desde siempre Granátula, que significa granero, por la abundancia de los cereales, fuera asentamiento elegido por múltiples culturas que se disputaron este lugar.

Desde el Neolítico, hombres y mujeres vivieron, amaron, trabajaron la tierra y apacentaron sus ganados en los verdes pastos de esta tierra.

Generaciones y generaciones, con culturas distintas y lenguas diferentes y de procedencias lejanas y creencias variopintas hicieron de este lugar su casa, su hogar.

Aquí también nacieron sus hijos y enterraron sus muertos. Y celebraron sus fiestas.

Unas fiestas que están en el alba de los tiempos.

Dice el filósofo José Antonio Marina, que cuando los humanos quisieron sacralizar el espacio construyeron templos y cuando quisieron sacralizar el tiempo, instituyeron fiestas.

Por eso, sobre las festividades paganas, se instituyeron las festividades religiosas y sobre las religiosas, las laicas.

Y en Granátula, esas fiestas paganas y luego religiosas han ido sucediéndose desde siempre, porque Granátula es una encrucijada de culturas que han ido superponiéndose a lo largo del tiempo.

En el Cerro de la Encantada, o de los Castillejos, a 3 kilómetros al norte de Granátula, hay yacimientos de la Edad del Bronce que datan de 2.000 años antes de Cristo. Allí, hubo una gran acrópolis, una ciudad que tuvo también su necrópolis, en la que  se enterraba a los muertos junto a sus ajuares funerarios, lo que evidencia la creencia de vida después de la muerte y ritos funerarios de contenido religioso.

Pero será sobre todo en época romana cuando estas tierras alcancen una extraordinaria importancia. Y es que, ya sabéis, en el Cerro de los Obispos y sus alrededores se levantó, imponente y altiva, la capital de la Oretaria, llamada Oretum. Oreto fue una pujante y activa ciudad, situada en un estratégico cruce de caminos, donde se juntaban dos de las más importantes calzadas romanas:

  • La primera en dirección norte-sur, pasaba por Toledo, Consuegra, Ciudad Real, Oretum, Calzada y llegaba hasta Andalucía.
  • La segunda, en dirección este-oeste enlazaba Almadén, que los romanos llamaron Sísapo, con Albacete a través de Oretum.

Y ambas calzadas, para atravesar el Jabalón, utilizaron un gran puente edificado por Publio Venusto a finales del siglo I y compuesto de 3 ojos en el cauce central y otros siete en los cauces secundarios.

Gracias a su privilegiada situación, a la fertilidad de su vega y a sus abundantes pastos, Oretum tuvo una gran importancia económica, militar y comercial.

Tuvo importantes edificios públicos. Como un circo, lo que evidencia la existencia de una población muy numerosa. Una gran necrópolis y un templo dedicado a Proserpina, la diosa de la Agricultura, hija de Júpiter y Ceres y esposa de Plutón, el dios de los Infiernos.

Después de la dominación romana, Granátula siguió teniendo importancia. En la época visigoda, Oreto fue sede episcopal. En el llamado “Cerro de los Obispos” muy cerca de la ermita de Zuqueca, se han localizado los yacimientos correspondientes a aquella época, entre ellos, lo que parecen ser restos de una basílica.

Y después del esplendor llegó la destrucción. Muchos autores creen que Oreto fue arrasada por la invasión musulmana en el 711. Y sobre la devastación volvió a surgir otra población musulmana llamada Urit, que fue ocupada entre los siglos VIII y X. Una población que debió también tener su importancia, puesto que contó con una fortaleza y baños. Eran baños públicos que tenían una finalidad no sólo higiénica y terapéutica sino también social y religiosa.

Tras al victoria de las Navas de Tolosa, las tropas cristianas ocuparon este lugar y habitaron una población llamada Zuqueca que significa “lugar de ruinas”. De este periodo, finales del S. XIII nos queda la preciosa talla gótica de la Virgen de Zuqueca.

La ciudad de Zuqueca, tuvo una corta duración y quedó despoblada en el S. XV. Sus habitantes pasaron a Granátula que quedó incluida en las vastas posesiones de la Orden de Calatrava. Tras la incorporación a la Corona quedó unida a Almagro como una aldea, hasta que el 3 de marzo de 1712, obtiene el privilegio de Villa tras el pago de 4.000 ducados, 1.250 fanegas de cebada y 30 caballos que el pueblo de Granátula hizo a Felipe V.

Amigos y amigas esto esta resultando ser una lección de historia. Pero permitidme la licencia, porque creo que es muy importante que conozcamos nuestras raíces.

“El futuro depende del pasado y el presente no se hará a partir de la nada”, escribe Pierre Villar.

En gran medida, somos lo que otros fueron y otros serán lo que nosotros seamos.

Por eso es importante que en fiestas y a lo largo del año pongamos en valor nuestra historia, nuestras tradiciones.

Pisamos una tierra mágica, fértil y volcánica, donde Proserpina volcó sus dones.

Una tierra que ha dado grandes hombres y mujeres. Como el General Baldomero Espartero. El hijo de un humilde carretero que pudo haber sido Rey de España. El, que acumuló honores y títulos como el de duque de la Victoria, fue reclamado por el pueblo para ceñir la corona, frente a otros candidatos.

ESPARTERO, Baldomero (1793-1879). Spanish military man and liberal politician. Painting. SPAIN. CASTILE-LA MANCHA. Toledo. Army Museum.

Decía una copla popular:

 “Dichosa sería España

 bajo demócrata mando,

 altiva no tolerando

 la corona en sien extraña;

de los Borbones la saña

olvidar nunca sabemos

Montpensier no lo queremos,

Espartero es popular,

Rey lo queremos alzar

o sin Rey nos quedaremos”.

Pero Baldomero Espartero renunció y la prensa de la época dejo escrito:

“Don Baldomero Espartero ha renunciado al honor de ceñirse la corona de cien reyes. Por algo se ha dicho que este general era una persona decente, un español honrado y un político consecuente”.

Defendiendo la cultura de Granátula, y a sus habitantes e hijos, sean nacidos allí o no.

Juan Jesús Donoso Azañón