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Legislar menos y gobernaréis mas – Opinión de Espartero


Continuando con la serie sobre Espartero os dejo este texto, del que se pueden sacar conclusiones sobre la política y la forma de gobernar, terminando en «legislar menos y gobernar más».

«No hay que temer a las revoluciones, ni a las reacciones, si los Gobiernos son previsores y prudentes, pues se harán imposibles por falta de objeto. Las revoluciones han querido ir muy adelante y las reacciones muy atrás. Unas y otras son revoluciones, avanzando o retrocediendo; pero unas y otras se pararán en donde se detengan las subsistencias, pues que, al fin, lo mismo el que quiere más, que él quiere menos, aparte del patriotismo que no negaremos, ambos tienen necesidad de comer. El caso es que no coman unos a costa de otros. Esto es lo que hay que evitar y hacer que todo el que pueda se lo gane, y esto se consigue con un sistema de libertad y de igualdad para todos. Con la abolición del privilegio, con la libertad de la propiedad, y con trabajo siempre abierto en que poder ganar un jornal proporcionado, habrá pan para sostener la familia, paz en el hogar doméstico, fuerza en el individuo y vigor en la sociedad. La holganza, entonces, no tendrá razón justificada o disculpable de ser, y las revoluciones y reacciones ni tienen objeto, ni hay quien las haga; y si hay alguno, no tiene quien le siga, a no ser un perdido que nada puede con una sociedad bien cimentada. Todo esto lo conocen perfectamente algunos emperadores y reyes de Europa, y otros lo van conociendo. Toda la Alemania, y especialmente la Prusia, han comprendido lo que puede la libertad y lo que vale el progreso. Allá marcha Austria desengañada de viejas escuelas y de lo poco que sirvieron sus círculos de hierro. No tardara Rusia en seguir un camino ancho en armonía con el siglo y la inteligencia que le distingue. Pasos ha dado ya, aboliendo la servidumbre. Este es un progreso precursor de otros progresos. Todo marcha ya, y bien inútil sería el intento de detener el movimiento, y bien insensatos los que pretendiesen hacer que el tiempo no pase, pues pasara y aplastara al necio que se oponga. Lo que hay que hacer es no oponerme a la corriente que me arrastra y que, si logro detener un día, en otro vendrá con más ímpetu, y no podré repetir el esfuerzo, sino dirigirla, y el que mejor dirige, es el que mejor gobierna. No detengáis al niño en sus medros o crecimiento, porque le destrozáis en su naturaleza y le llenáis de achaques e imperfecciones. No os empeñéis en hacer del viejo un muchacho, porque le precipitáis en la tumba. Dejad libertad y las cosas se arreglarán por sí mismas. Dejad obrar al interés y no os empeñéis en saber más que él, dándole reglas y preceptos que no necesita, y que le embarazan y confunden. Legislad menos, y gobernareis más»

Correos resuelve la deuda que España tenía con Espartero, su gran héroe constitucional

Os dejo el artículo publicado en el Español, de David Barreira, sobre el sello conmemorativo en homenaje a Espartero, podéis verlo aquí https://www.elespanol.com/cultura/historia/20200711/correos-resuelve-deuda-espana-espartero-heroe-constitucional/504200797_0.html

Como historiador y biógrafo del General Espartero quiero hacer un par de comentarios:

— Es cierto que no tuvo sello pero si se hicieron medallas conmemorativas que hoy pueden encontrarse entre los anticuarios y que si tenéis curiosidad podéis ver en mi libro Espartero, Lo que siempre quise contar de mi vida (pulsa aqui para verlo):

— Ha caído en el olvido porque fue una figura poliédrica, que incomodó a todos en mi opinión:

  • A Franco porque fue un General, como él, defensor a ultranza de la Constitución, y no una cualquiera, sino una igualitaria de una persona un voto. Además era liberal, entendida la palabra liberal como lo que es y no como ahora se usa de derechas, liberal supone en contra del absolutismo y con políticas a favor de las personas.
  • A los republicanos, porque siempre defendió la monarquía como jefe de Estado, recayendo en los representantes del pueblo el Gobierno. Por otra parte Espartero odiaba el politiqueo, estaba en contra de los políticos porque los consideraba aprovechados para si mismos, medrando en su favor y teniendo en cuenta sus intereses y los de sus partidos políticos y no los intereses del pueblo (pregúntense ahora si esto es aplicable en no estros días).
  • A la derecha política porque era liberal.
  • a la izquierda política porque no les perdonaba a un político de izquierdas que gobernase para estar en la silla, y además que gobernase para todo el mundo no para los que lo votaban.

Os dejo del articulo


La compañía lanza una colección de sellos para homenajear a los protagonistas de la his»El Pacificador», que no contaba con ninguna estampa, inaugurar la serie.

En la última línea de su magnífica biografía sobre Espartero, el Pacificador (Galaxia Gutenberg), el hispanista canadiense Adrian Shubert recoge una anécdota muy significativa que resume el olvido al que se ha enfrentado la figura del «español más famoso y más venerado de su tiempo, la persona que muchos consideraron la encarnación misma de la paz y el gobierno constitucional»: «Ni siquiera se le ha distinguido jamás con el modesto reconocimiento de un sello de correos». Un hecho insólito para un hombre que emergió en el siglo XIX como el auténtico héroe nacional.

Solo por la breve semblanza que el historiador brinda al general y completa ese párrafo de cierre de su mayúscula obra, merecería una colección personal y específica de estampas: «Baldomero Espartero fue un fenómeno sin precedentes en la historia de España. Fue la primera figura pública moderna del país, y los españoles le hicieron objeto de un culto único, sólo igualado en Europa por los de Napoleón y Garibaldi. Nunca antes hubo tanta gente tan estrechamente identificada con una sola persona, ni tantas esperanzas depositadas en ella durante tanto tiempo, y desde luego en nadie que no fuera un monarca reinante. Y cabría sostener que no ha habido nadie igual desde entonces».

Esa deuda que todavía persistía con quien fue bautizado como campeón del liberalismo y encarnación del lema «¡Cúmplase la voluntad nacional!» al fin va a ser resuelta. El próximo 15 de julio, Correos lanzará una nueva colección que pretende rendir homenaje a un puñado de protagonistas de la historia de España. Y el primero de ellos será Baldomero Espartero, príncipe de Vergara, duque de la Victoria, duque de Morella, conde de Luchana y vizconde de Banderas. O el Pacificador, como destaca Adrian Shubert, que ahora tendrá que enmendar esa línea para futuras ediciones.

El sello en cuestión se compone de tres elementos: al fondo, una H troquelada que servirá como símbolo identificativo de la serie; sobre ella, un primer plano del retrato de Espartero pintado por José Casado de Alisal y una imagen de la estatua ecuestre de bronce del militar elaborada por el escultor Pau Gibert i Roig, que fue inaugurada en diciembre de 1885 sin ceremonia y ni una sola palabra en la intersección entre las actuales calles Alcalá y O’Donnell, justo enfrente de una de las puertas que dan acceso al Parque del Retiro.

¿Pero cómo se explica el olvido de alguien que se granjeó los apodos de «el héroe Espartero» o «el inmortal Espartero»? Shubert asegura que se trata de una «figura polémica y esencialmente huérfana. Tiene críticos pero no tiene abogados». Y atribuye parte de la culpa, así como el denuesto de la tradición liberal, a «cuarenta años de denigración franquista«. La vida del príncipe de Vergara es un amalgama de tropecientas batallas, enredos políticos e incluso una campaña, ya en sus últimos años, para proclamarle rey. Un personaje, en definitiva, con multitud de aristas, tremendamente complejo, que deambula por el convulso contexto español del siglo XIX.

Regencia y exilio

Nacido en 1793, Joaquín Baldomero Fernández Espartero era el noveno hijo de un carretero del pueblo manchego de Granátula de Calatrava (Ciudad Real). Tras obtener el título de Filosofía en la Universidad de Almagro, se presentó voluntario en el Ejército en 1809, cuando contaba con dieciséis años, para combatir la invasión francesa durante la Guerra de la Independencia como soldado raso. El joven supo desenvolverse a la perfección en los cuerpos de oficiales bajo el régimen antinapoléonico y pronto alcanzó el rango de teniente.

Espartero, por José Casado del Alisal.

Espartero, por José Casado del Alisal.

En esos años de lucha había descubierto su vocación: «No se me ocurría [que] pudiese haber ejercicio más propio del hombre que vivir con el soldado, participar de sus fatigas, escuchar sus aventuras y cuentos en el vivac nocturno y al toque de diana romper la marcha, cargando al enemigo cuando el sol iluminase el espacio», aseguraría. Cuando estallaron en América los movimientos independentistasvolvió a presentarse voluntario. Allí, entre Chile y Perú, estuvo combatiendo durante casi una década, que le recompensaría con el rango de brigadier general.

La figura de Espartero emergió con el estallido de la primera guerra carlista en octubre de 1833. Él se alineó con la causa isabelina y la regencia de María Cristina y se coronó en 1836 en la batalla de Lucha, cuando ya era general en jefe del Ejército del Norte. Lo que ocurrió aquel 24 de diciembre, víspera del día de Navidad, constituye, según Shubert, el momento decisivo de su carrera, la gesta militar que le convirtió en el héroe de los españoles. En medio de una terrible nevada, febril y cabalgando de pie sobre su caballo porque los dolores le impedían sentarse, logró liberar la asediada ciudad de Bilbao.

Espartero, militar audaz y disciplinado y hombre honrado, contaba entonces con 43 años, y parecía en el cénit de su fama y relevancia, pero lo que ocurrió a partir de esa jornada, señala su biógrafo, «fue verdaderamente excepcional, una historia asombrosa digna de Stendhal o de Gabriel García Márquez». En agosto de 1839 puso fin a esa guerra civil con una paz negociada, conocida como el Abrazo de Vergara, «que le mereció el título no oficial, pero perdurable, de Pacificador de España. A ello siguió una excelente campaña en el Maestrazgo en que derrotó totalmente a los carlistas», destaca Shubert.

Estatua ecuestre de Espartero. Una fotografía de Jean Laurent.

Estatua ecuestre de Espartero. Una fotografía de Jean Laurent. Museo de Historia de Madrid

Sus ascensos siguieron siendo meteóricos: se convirtió en la figura militar predilecta del liberalismo progresista, presidente del Consejo de Ministros y regente del reino desde mayo de 1841 hasta julio de 1843. «Fue un momento en que las posibilidades de cambio se hundieron a causa de la desunión política entre los que eran en teoría sus partidarios [los progresistas], y sobre todo por los ataques resueltos e implacables de sus enemigos, que culminaron en una sublevación militar victoriosa (…) En muchos sentidos, la Regencia de Espartero puede considerarse el análogo decimonónico de la Segunda República de los años 1930. Y como ella, citando a Santos Juliá, ‘no fracasó; fue… fracasada'», escribe el hispanista canadiense.

Esa insurrección militar comenzó el 27 de mayo de 1842, cuando los militares Juan Prim y Lorenzo Milans del Bosch se alzaron en Reus con la declaración: «¡Abajo Espartero! ¡Mayoría de la Reina!». Y fue a finales de ese convulso año cuando se registró uno de los episodios más polémicos de la carrera del general: ordenó y dirigió en persona el bombardeo de la Barcelona rebelde el 3 de noviembre , que se prolongó durante trece horas y en el que fueron empleados 1.014 proyectiles. La acción se saldó con 20 heridos, 464 edificios dañados y la pérdida de popularidad del regente, que debería marcharse al exilio en Gran Bretaña, donde vivió cuatro años y medio.

Los últimos años

Ante la revolución de julio de 1854, la reina Isabel II le llamó otra vez al poder. Proclamado «Generalísimo de los Ejércitos», recuperó Zaragoza, donde se había desatado otra insurrección. Allí le recibieron con inscripciones en las fachadas como esta: «Viva el primer ciudadano de la Nación / Don Baldomero Espartero / ídolo, delirio y esperanza del pueblo«. «Me habéis llamado para que ayude a recobrar la libertad perdida, y mi corazón rebosa de alegría al verme de nuevo entre vosotros. Cúmplase la voluntad nacional, y para objeto tan sagrado contad siempre con la espada de Luchana, con la vida y con la reputación de vuestro compatriota», dijo el hombre que volvía a revelarse en «la personificación de la libertad, honradez y virtudes cívicas».

Retrato del general Espartero, fotografiado por Jean Laurent.

Retrato del general Espartero, fotografiado por Jean Laurent.Museo del Prado

Pero no pasaron más de un par de años hasta que fue forzado nuevamente al ostracismo. Esta vez, a Espartero se le permitió permanecer en el país y regresó a Logroño, ciudad natal de su mujer Jacinta y lugar de adopción suyo, donde vivió el resto de su vida. Incluso logró recuperar la estima de los catalanes a los que había bombardeado, que cada 27 de febrero, día de San Baldomero, dedicaban todo tipo de festejos en honor del «pacificador de España y campeón de la libertad», como las de 1864 que tan detalladamente describe Adrian Shubert.

«Asombrosamente, el fracaso de sus dos mandatos en el poder no destruyó su popularidad», concluye el historiador. «Después que una revolución destronara a Isabel II en septiembre de 1868, se produjo una impresionante campaña para nombrar rey a Espartero, que tenía entonces setenta y cinco años; como es sabido, rechazó la invitación del Gobierno revolucionario a ser considerado para este cargo. De hecho, hasta la consolidación de la restaurada dinastía Borbón después de 1875, su vuelta a algún cargo político fue repetidamente considerada como una posibilidad». Con su muerte en enero de 1879, hasta arrancó las lágrimas de Alfonso XII. Espartero, una figura abrumadora, un héroe de carne y hueso cuyo rostro por fin aparecerá en un sello.

 

 

¿Qué pensaba Espartero de los hombres de estado?

Expresiones de Baldomero Espartero sobre los políticos. Entre ellas las de la sesión de las Cortes constituyentes del 28 de noviembre de 1854.

“Es necesario distinguir entre los verdaderos hombres de Estado y los que no lo son; los más son ratas y vulpéculas que hacen cortejo a algún perro mastín, viejo y diestro en fuerza de años y desengaños.

No señor, lo que hay es, que en fuerza de repetirnos cuando estamos elevados, que somos consumados políticos y eminentes hombres de estado, nos lo hacen creer los mismos bribones y desvergonzados que el día en que caemos no tienen empacho en decirnos: Señor mío, que me he equivocado; me he llevado un chasco, es Vd. un pigmeo en política, en administración, en gobierno y… en todo.”

”La Patria cuenta con vuestros esfuerzos, con vuestras virtudes, con vuestra sabiduría, para que hagáis leyes que afiancen sus derechos y destruyan los abusos que se han introducido en el gobierno del Estado.”

”En cuanto a mi, señores, yo las obedeceré siempre, porque siempre he querido que se cumpla la voluntad nacional, y porque estoy convencido de que sin la obediencia a las leyes, la libertad es imposible.”

Las Constituciones según Espartero

En esta ocasión incluyó textos, entresacados de la documentación que tengo, sobre la opinión de Espartero de la libertad de elección y las Constituciones.

Para algunos todas las constituciones son buenas y dicen que el caso es observarlas, pero yo no estoy conforme con esa generalidad, pues las constituciones, como todo, pueden ser buenas y pueden ser malas.

Las que se fundan en la naturaleza del hombre creado libre por el Hacedor, y le consideran igual ante la ley al que por sus riquezas o por su alcurnia pretende un origen más elevado y aún privilegiado, son buenas.

Las que crean jerarquías políticas son malas, porque faltando a la igualdad, humillan a los hombres, quienes acaso transmiten a su descendencia un puesto político que puramente debe ser personal, si lo merecen, y hasta donde lo merezcan. Dejad a las consideraciones sociales arreglar estos asuntos; pero no mezcléis la autoridad de la ley ni su fuerza en ellos.

Yo respeto al virtuoso, porque me edifica; al sabio, porque me aconseja; al rico, porque necesito de su bondad y de sus auxilios; al ilustre porque me recuerda la tradición de hechos heroicos y me enseña el camino el honor y de la gloria; y para esto no necesito más que la benevolencia que me inculcaron mis padres y mis maestros con sus palabras y con sus ejemplos. No quiero que me lo impongan los legisladores políticos, porque le quitan el mérito y me ofenden. También debo respetar al anciano, porque me re recuerda que yo lo seré necesariamente, y también al pobre, porque me advierte que yo podré llegar a serlo, cuando él mejore de fortuna.

Los llamados derechos políticos no son otra cosa que ejercicios de la libertad y facultad humanas concedidos al hombre; y el quitárselos, es un atentado, porque los tiene por Dios y la naturaleza. Así es que el derecho electoral restringido a clases determinadas, y sujeto a la cuantía de la materia imponible para contribuir al Erario o a una cantidad fija de contribución, es además una injusticia altamente irrisoria en un país gobernado constitucionalmente. Por eso los mismos reyes absolutos, entre nosotros, no privaron del sufragio al vecino, por solo el hecho de ser hombre interesado en la conservación de la sociedad, en todo lo que se refería al gobierno del municipio, ya que entonces no hubiere otras elecciones populares y políticas; y eso era, porque conocían que el que tiene poco, lo estima tanto como el que tiene mucho, y si caso más.

Las constituciones y los derechos políticos en ellas y en las leyes que de ellas emanan, se fijan, parten de un mismo origen: de la naturaleza del hombre, de su estudio, de sus medios, de sus facultades, de sus fines. Por eso se deben dictar mirando al cielo, así como cuando se sancionan contra la arbitrariedad del que manda, se debe mirar a la tierra, porque ese abusa más fácilmente del poder cuanto más se habitúa el hombre a mirarlo como un derecho, cuando no es más que una concesión.

 

Conferencia en el Ateneo sobre el General Espartero, biografía novelada «Lo que siempre quise contar de mi vida»

Fue una magnifica tarde en el Ateneo. Hubo preguntas y tertulia muy interesante al final. Nos fuimos a una hora y tres cuartos con todo. La sala estuvo llena, y estuve rodeado de amigos y amigas, de personas que disfrutan de la historia, de mi familia Ángela Inocente y Emi. Y sobre todo de gente que me transmitió su cariño y calor. Si porque asistieron desde el trabajo bastantes personas, pero no por esa condición sino por ser amigos y amigas. Al final algunos miembros del Ateneo solicitaron que repitiera como tertuliano, como conferenciante, cosa que por supuesto haré.

Estuvo D. Juan Antonio Callejas, alcalde de Villamayor, lugar de nacimiento de la madre de Espartero. También es congresista ya que ha salido electo por Ciudad Real en las últimas elecciones.

Hay que decir que asistir esa noche fue un acto de mucha voluntad. La noche no es que fuera mala,  era peor: Viento fuerte, lloviendo, frío, etc.

Gracias!!!!! Gracias!!!!!

Os dejo alguna foto que me han enviado y también el artículo publicado en el periódico La Comarca de Puertollano.

Juan Antonio Callejas asistió en Madrid a la presentación de un nuevo libro sobre el general Espartero

Lanza GRANÁTULA DE CALATRAVA

Callejas junto al autor del libro / Lanza

Su madre era natural de Villamayor de Calatrava, pueblo del que es alcalde

El diputado del PP por Ciudad Real en el Congreso de los Diputados y alcalde de Villamayor de Calatrava, Juan Antonio Callejas, asistió el pasado jueves en  el Ateneo de Madrid, a la conferencia y presentación del libro: “Biografía novelada del General Espartero: Lo que siempre quise contar de mi vida”, por su autor, Juan Jesús Donoso Azañón, quien aborda la singular vida y actividad política de este militar, nacido en Granátula de Calatrava, que llegó a ser Regente del Reino y presidente del Consejo de Ministros y que puso fin a la primera guerra carlista.

Callejas tuvo ocasión de charlar con el autor del libro e informarle de que la madre de Espartero había nacido precisamente en Villamayor de Calatrava, pueblo del que es alcalde desde 2011.

Esta Biografía Novelada de D. Joaquin Baldomero Fernández – Espartero y Alvarez de Toro es un libro escrito en primera persona que cuenta la vida del General Espartero, que fue Regente del Reino, Presidente del Consejo de Ministros, Conde de Luchana, Donde de Morella, Duque de la Victoria y Príncipe de Vergara. Actor primordial en la historia contemporánea de España y sin quien no podría entenderse lo que es actualmente España.

El libro recorre su vida completa desde su infancia en Granátula de Calatrava, donde nació, hasta su muerte en Logroño, ciudad que le acogió como lugareño, que descubre las hazañas hasta el Abrazo de Vergara con el que se puso fin a la Primera Guerra Carlista, su paso por el Gobierno y toda aquella época de los mandatos de Fernando VII, la regencia de María Cristina, Isabel II, etc.

Una vez retirado en Logroño, su casa fue lugar de visita y consultas de personajes de la talla de Alfonso XII, Amadeo de Saboya, el presidente de la I República o Salustiano Olózaga, entre otros.

Cómo conseguir el libro «Biografía novelada del General Espartero, lo que siempre quise contar de mi vida»

Hola.

Ante las muchas consultas que estoy recibiendo sobre cómo conseguir el libro «Lo que siempre quise contar de mi vida, biografía novelada del General Espartero», os informo de las dos posibilidades que existen:

  • Solicitar directamente el libro escribiéndome en juanjesus@donoso.es. El coste es de 15 euros del libro más 5 euros del coste de envío por Correos si fuera necesario. Pago por transferencia, paypal, etc. La edición es la original, en tamaño A4 con una cuidada impresión y terminación.
  • Comprando el libro en Amazón, donde tenéis la oportunidad de comprar en ebook o también en impresión bajo demanda, Amazón os enviará el libro en tres o cuatro días. En enlace es: Amazon Lo que siempre quise contar de mi vida.

Conferencia en el Ateneo sobre Espartero

Conferencia sobre Espartero en el Ateneo de Madrid el día 12 de diciembre de 2019

Continuamos con la difusión de la memoria del General Espartero. En esta ocasión, y gracias al apoyo del Ateneo de Madrid (Calle del Prado, 21 de Madrid -muy cerca del Congreso de los Diputados) el día 12 de diciembre a las 20 horas tendré la oportunidad de hablar sobre este personaje, tan importante en mi opinión, en la historia contemporánea de España.

Os dejo la invitación y os espero:

Conferencia en el Ateneo sobre Espartero

El General Espartero (breve reseña sobre su vida)

Joaquín Baldomero Fernández – Espartero y Álvarez de Toro, nació en Granátula de Calatrava el 27 de febrero de 1793, hijo del matrimonio formado por Manuel Antonio Fernández – Espartero y Cañadas y JosefaVicenta Álvarez de Toro y Molina. El padre poseía un taller de carretería que había pertenecido a sus antepasados desde hacía varias generaciones y también tierras de labranza por lo que estaba considerado como un ciudadano si no hacendado al menos acomodado.El joven Joaquín Baldomero, preparado por el preceptor de gramática de Granátula, D. Antonio Meoro, amigo de su padre, ingresó en la Universidad de Almagro donde cursó estudios durante tres años, obteniendo el título de Bachiller en Artes y Filosofía, el 23 de junio de 1807. Unos días después, el 5 de julio de dicho año se cierran las universidades por orden de Carlos IV y al año siguiente, mayo 1808, estalla la guerra de la Independencia.

Participó en dicha guerra, al ser reclutado como la mayoría de la juventud manchega, ya que había que formar un Cuerpo de Ejército de 20.000 hombres, según las instrucciones de la Junta Central del Reino, para oponerse al paso de las tropas francesas aquí en La Mancha y detener su avance hacia Andalucía. Fue alistado en el Regimiento de Ciudad Real como «soldado distinguido», es decir exento de servicios mecánicos por su calidad de estudiante.

La primera acción bélica en la que participó fue en la batalla de Ocaña, desastrosa para las armas españolas. Tras este fracaso, al reorganizarse nuestras tropas se alista en el Batallón de Honor de la Universidad de Toledo, formado exclusivamente por estudiantes universitarios; pasando de aquí a la Academia Militar de la Isla de León (Cádiz), de donde salió con la graduación de Subteniente.

Terminada la guerra de la Independencia se alista en la expedición que al mando del General Morillo, se destina a apaciguar nuestros territorios de América, que deseaban la independencia de España, para lo cual ingresa en el Regimiento de Extremadura con el grado de Teniente (2-12-1814), partiendo de Cádiz el 1-2-1815.

En América, a donde llega a primeros de abril de 1815 es donde empieza a destacar entre sus compañeros, pues fruto de sus estudios en la Academia de Ingenieros será la construcción de reductos, trincheras, levantamiento de planos topográficos, etc. de máxima utilidad para el desarrollo de las operaciones militares. A sus estudios universitarios deberá su cultura para desenvolverse con soltura entre compañeros, subordinados y superiores. Cualidades a las que hay que añadir su valentía y arrojo personal en los innumerables combates contra los insurrectos; lo que le hace ir ascendiendo profesionalmente y siempre por méritos de guerra, llegando a Brigadier y el 11 de octubre de 1823 se le nombra Jefe del Estado Mayor del Ejército de Perú, a los 30 años de edad.

En mayo de 1824 es tal el prestigio alcanzado por el brigadier Espartero que el virrey La Serna no duda en encomendarle la misión de ir a España a exponer de palabra al rey Fernando VII y su Gobierno cuanto allí estaba sucediendo. Cumplida esta misión en España, embarca de nuevo el 9 de diciembre de 1824, en el puerto francés de Burdeos con rumbo a América, siendo ese día el de la batalla de Ayacucho, por la que se perdió el virreinato del Perú para España; sin que Espartero participara en tal batalla como se le ha querido atribuir.

En mayo de 1825 desembarca en el puerto de Quilca, desconociendo la derrota de las tropas españolas, siendo hecho Prisionero de los seguidores de Bolívar, siendo tratado con una inhumanidad de las que no hay ejemplo, pudiendo salvarse del fusilamiento y de la prisión gracias a la intervención de una dama «muy allegada a Bolívar» a la que recurrieron sus compañeros de armas y en especial el abogado español Sr. González Olañeta, a la sazón en el Perú. Recuperada su libertad emprendió el regreso a España desembarcando nuevamente en Burdeos y una vez en nuestra patria fue destinado de cuartel a Pamplona donde conoció a la señorita Jacinta Martínez de Sicilia y Santa Cruz con la que contrajo matrimonio el 13 de septiembre, de 1827.

Tras breves destinos en Barcelona y Mallorca vuelve a la península para participar en la guerra carlista, donde continuará los ascensos, siempre por méritos de guerra; así como los títulos nobiliarios (Vizconde de Banderas, Conde de Luchana, Duque de la Victoria,Duque de Moreli) con que le honra la Reina-Regente y también el mando supremo del ejército isabelino, que a partir de ese momento va de victoria en victoria, llegando al Convenio de Vergara con el que se pone un fin honroso a la guerra civil, pues el ejército carlista desde las acciones de Ramales y Guardamino se veía ya totalmente derrotado.

Si el levantamiento del cerco de Bilbao, la Nochebuena del año 1836, le dio fama a Espartero, la feliz terminación de la guerra con el «abrazo de Vergara» en el que ambos ejércitos se abrazaron, de la misma forma que lo hicieron sus respectivos jefes Espartero y Maroto, elevó al jefe del Ejército isabelino a la apoteosis internacional, dando al mundo una lección de hidalguía y caballerosidad que no ha tenido imitación todavía, pues en el Convenio se estipulaba que todos aquellos oficiales y jefes carlistas que reconocierana Isabel II como Reina de España, se integrarían en el ejército con igual graduación y sin discriminación.

Terminada la guerra carlista la reina regente María Cristina de Borbón, madre de Isabel II, cuya vida privada no era todo lo ejemplar que debiera, siendo consentida y ocultada por el partido moderado para mantenerse en el gobierno de la nación, llegó un momento en el que dicha vida privada salió a la calle como represalia por la firma de la Ley de Ayuntamientos por la reina regente, desoyendo el consejo de Espartero que ante la impopularidad de dicha Ley le había suplicado que no la firmara. Se sublevaron las principales ciudades de España y ante tales sucesos María Cristina se vio obligada a renunciar a la Regencia antes que pasar por la vergüenza de quese debatiera en el Congreso su verdadero estado civil (viuda, casada,…)ante los reiterados estados de gestación y alumbramiento, ya que para ser Regente debía permanecer viuda.

Tras esta renuncia de María Cristina, se reunieron las Cortes del Reino, eligiendo Regente al general Espartero, por ser considerado el español con más méritos para ello. Pero las intrigas políticas y envidias personales no cesaron hasta derribarle de la Regencia, sin que ésta llegara a su término legal, teniendo que expatriarse a Inglaterra donde fue acogido generosamente y agasajado con arreglo a su rango, incluso por la propia reina Victoria.

Cinco años duró el exilio de Espartero en Londres, durante los cuales no faltó quién intrigara, avisando algeneral Narváez (el más encarnizado enemigo de Espartero) a la sazón Jefe del Gobierno, de que Espartero pensaba desembarcar en la península para provocar una sublevación; por lo que Narváez dio una orden secreta en la que disponía, que si llegaba a suceder tal desembarco Espartero fuera hecho prisionero y fusilado «sin mediar más tiempo que el necesario para identificarlo». El tiempo se encargó de demostrar que tal aviso o comunicado habíasido falso, por lo que Narváez recapacitó e invitó a Espartero a regresar a España rehabilitándolo en todos sus grados y honores. Retirose a Logroño, a donde Narváez le envió un emisario anunciándole que iba a proponerle a la reina Isabel II que le concediera el título de Príncipe, como acto de desagravio a su persona, lo que Espartero rechazó de plano.

En 1854, la sublevación del general O’Donell hizo que la reina Isabel II llamara a Espartero, quien trató de solucionar pacíficamente tal situación formando un Gobierno presidido por él e incluyendo a O’Donell como ministro de la Guerra. Gobierno que duró dos años (Bienio Progresista) debido a las intrigas de O’Donell, que desplazó a Espartero para ocupar él su puesto. Al despedirse Espartero de la Reina le dijo: «Cuando la revolución vuelva a llamar a las puertas de este palacio no vuelva Vuestra Majestad a acordarse de mi persona». Tras este desengaño político e ingratitud por parte de la Reina, Espartero se retiró definitivamente a Logroño.

La revolución llegó en septiembre de 1868, pero en esta ocasión alcanzó a la Reina, siendo destronada Isabel II, que tuvo que emprender el camino del exilio. Espartero que desde su retiro de Logroño contempló estos acontecimientos con gran pena y dolor, ya que una gran parte de su vida la había dedicado a defender los derechos de la reina niña y a afianzarla en el trono de sus mayores, vio que todos sus esfuerzos e ilusiones habían resultado inútiles.

Reunidas las Cortes Constituyentes, trataron de elegir un nuevo Monarca que no perteneciera a la familia Borbón y una gran parte del pueblo español pensó en Espartero, hasta tal punto que el general Prim, Presidente del Gobierno, le dirigió una carta ofreciéndole la Corona de España, que Espartero muy dignamente rehusó.

Después la Corona Española fue aceptada por D. Amadeo de Saboya, quien deseoso de conocer a tan egregio personaje le visita enLogroño, concediéndole el título de Príncipe de Vergara. Tras el efímero reinado de este Monarca, es proclamada la I República, cuyos cuatro Presidentes siguen rindiendo pleitesía al viejo Caudillo; y por si no fuera suficiente el joven rey Alfonso XII al recuperar el Trono de su Madre, desea también conocer al Pacificador de España, visitándolo en Logroño.

De igual forma había ido desfilando por la capital riojana la mayor parte de sus enemigos y correligionarios políticos (que en más de una ocasión le volvieron la espalda) para entonar el «mea culpa» ante el sin par hijo del carretero de Granátula, quien admirado y respetado por todos los españoles, se extinguió tras una larga y azarosa vida el día 8 de enero de 1879 a los 86 años de edad.

Presentación de la Biografía Novelada «Lo que siempre quise contar de mi vida» del General Espartero

El pasado día 15 de agosto tuvo lugar en Granátula de Calatrava el acto de la Presentación del Libro Biografía Novelada del General Espartero «Lo que siempre quise contar de mi vida». Al final de esta publicación pulsa sobre el video subido a Youtube, para verlo.

El acto estuvo presidido por el Alcalde de Granátula de Calatrava, D. Félix Herrera Carneros, y contó con la presencia del Vicepresidente de la Diputación Provincial de Ciudad Real, D. David Triguero.

Desde aquí quiero agradecer a la corporación municipal de Granátula, a la Diputación Provincial su colaboración, y en particular al Alcalde, D. Félix Herrera porque desde el primer momento acogió la publicación del libro como algo propio.

Os dejo el vídeo de la Presentación. En el mismo podréis ver la Conferencia sobre «Algunas cosas de la Vida del General Espartero» que con motivo de la ocasión hice.

Mentiras y verdades sobre Espartero: Liberalismo versus los intereses catalanes

El otro día D. Gregorio Peces Barba en Cádiz hizo unos comentarios, que a continuación reproduzco. Nada mas alejado de mi intención crear polémica, y por adelantado quiero expresar mi completo desacuerdo con el uso de la violencia y estoy en contra del bombardeo de Cataluña y de cualquier otro lugar de España y del Mundo. Si que deseo adentrarme en la historia y desvelar algo que no por ser repetido deja de ser mentira: Espartero no bombardeo Cataluña por ser independentistas ni catalanistas, esas expresiones sencillamente son falsas. El bombardeo obedecío a otro tipo de política, otros intereses, que como podremos ver más adelante, coinciden con el desarrollo industrial en Cataluña, la pérdida de la América española y las idelas de liberalismo y librecambismo que defendía Espartero.

Estas fueron las declaraciones de D. Gregorio Peces Barba:
Ante las apesadumbradas reflexiones de su antiguo adversario centrista, Peces-Barba dijo ser más optimista, hasta el punto de que esta vez cree posible prescindir del uso de la artillería ante el problema catalán. (En alusión a la célebre frase atribuida a Espartero en 1842: «Para gobernar España hay que bombardear Barcelona cada cincuenta años»). Acto seguido, el fundador de Cuadernos para el Diálogo criticó la apuesta estratégica de Olivares en 1640: «Siempre me pregunto medio en broma qué hubiera pasado si nos hubiéramos quedado con los portugueses y hubiésemos dejado a los catalanes. Quizá nos hubiera ido mejor». Murmullos en la sala y una apostilla: «Bueno, habría habido un problema, no se hubiese podido jugar el Madrid-Barça».

Como ya he dicho estoy totalmente en contra con el bombardeo de pueblo alguno. Pero si quiero adentrarme en aquellos hechos que llevaron a los mismos.

Durante sus dos años de regente, Espartero, ayudado por su camarilla y teniendo por mentor al embajador inglés lord Clarendon, reparte enchufes y congela las reformas que aguardaban los grupos progresistas y liberales. Esto generará sordo descontento, acrecentando cuando el gobierno declara que las juntas y los juntistas, creadas en toda la geografía nacional y que han nombrado una junta central en Madrid, no hacen falta. Aceptan a regañadientes los juntistas,pero los sectores más radicales del partido progresista, que dirige Olózaga, se apartan de él. Será el fermento del republicanismo, con levantamientos de este carácter en Barcelona en 1842; los sublevados, organizados en batallones de milicias, crean una Junta como gobierno provisional, presidida por un antiguo militar. Personaje clave en la revuelta será Abdón Terradas ,socialista utópico que habia sido nombrado alcalde de Figueras y que no había aceptado jurar ante la reina. El mal de fondo de la revuelta reside en la implantación de aranceles a productos de primera necesidad, algo que el pueblo odiaba porque encarecía los alimentos. Con permiso de las Cortes, Espartero viaja a Barcelona y desde el castillo de Monjuich bombardea a la población civil. Ahogada en sangre la sublevación y pasados por las armas sus cabecillas, se impone al pueblo una contribución extraordinaria de doce millones de reales.

La política de Espartero no sólo suscitaba antipatía de los radicales,sino de la propia burguesía. El librecambismo,de inspiración inglesa, chocaba con los deseos proteccionistas de los fabricantes catalanes que veían peligrar sus productos por la competencia extranjera. Incapaz de comprender esto,Espartero,utilizando una vieja y socorrida óptica, reduce los problemas nacionales a problemas de órden público; cuando en verdad eran motivos económicos los que subyacían.

Los elementos más conservadores de la sociedad nunca cesaron de conspirar contra Espartero, tomando como punto de apoyo a la reina María Cristina, desterrada en París junto a su marido morganático Muñoz, quieres contaban con la simpatía de los gobiernos de Luis Felipe, celosos de la influencia inglesa en España.

El grupo de problemas para Espartero estaba ligado al desenvolvimiento económico del principado catalán. Por una parte, España se encontraba en los indicios -casi en el mero esbozo- de la revolución industrial. De los dos campos clásicos de este desenvolvimiento en el modelo británico (la metalurgia y el textil) sólo el segundo había experimentado un desarrollo neto, en Cataluña ,durante la segunda mitad del siglo XVIII. Ahora bien,este emporio de riqueza textil descansaba sobre la amplitud del mercado español coetáneo: toda la América española. La Emancipación hizo por eso que el mercado interior,peninsular,pasara a convertirse en la última posibilidad de subsistencia de aquel núcleo industrial. Y precisamente contra él podia apuntar el cambio político si se llevaban a la práctica los planteamientos económicos del liberalismo estricto: el librecambismo. Si el liberalismo llegaba en ello a sus últimas consecuencias,la industria textil catalana prodría competir difícilmente con la británica en el propio mercado español.

En esta defensa se apiñaban todos los productores:los empresarios y los obreros, que veían el espectro del paro detrás de la disminución de los aranceles. Pero éstos, además, tenían otros motivos que los separaban y enfrentaban a los patronos; motivos laborales que desde 1839, en virtud de una real orden de María Cristina, podían encontrar su cauce de expresión en las sociedades de socorros mutuos que esa normativa permitía establecer.

Espartero, en otras palabras, tenía que sacar también adelante la liberalización del país junto a o por encima de los intereses de las clases productoras catalanas.

La primera cuestión yacía en la desmovilización y el tradicionalismo de los españoles. Las instituciones liberales estaban ya. Habían sido establecidas entre 1834 y 1840 por los Gobiernos y las Cortes de María Cristina. La guerra había hecho imposible, no obstante, que la liberalización se completara,haciendo realidad el carácter representativo de estas instituciones.

Por otra parte, la tradición liberal anglosajona tenía creados ya los instrumentos para hacerlo: los partidos políticos. Así que lo primero que hubo que organizar en España fue esa forma de participación.

En resumen, el levantamiento de Cataluña y el bombardeo de Espartero no tuvo como origen la independencia Catalana, sino el enfrentamiento contra la política liberal y de librecambismo económico que chocaba frontalmente con el desarrollo industrial en Cataluña basado en la venta a toda España y a hispanoamérica de los productos manufacturados, presión que se verá incrementada por la independencia de América lo que dejaba a España como único mercado donde vender los productos hechos en Cataluña. Espartero no solo por creencia, ya que era un liberal convencido, sino por la necesidad del desarrollo de una España que ni siquiera había empezado la época industrial excepto en Cataluña, decide bajar los aranceles y permitir la entrada de productos, la mayoría textiles, de cara a satisfacer las necesidades de los españoles y españolas de la época; favoreciendo la competencia y permitiendo una bajada de precios. Sin embargo esto provocó el levantamiento de Cataluña deseando mantener sus prevendas en cuanto al mantenimiento de un mercado cautivo y cerrado al exterior con unos aranceles muy elevados; errando tanto Espartero al reducir el problema a un problema de orden público y la burguesía catalana quien no supo ver en el liberalismo la oportunidad que representaba la venta de sus productos en todo el mundo, en lugar de pretender mantener el monopolio en España.