Pipirrana

Y de mi tierra, Granátula y el Campo de Calatrava, y de nuestros vecinos del norte de Andalucía, mas concretamente en el norte de Jaén, os traemos la Pipirrana.

Ingredientes:

  • Dos tomates rojos.
  • Un pimiento verde
  • Un pepino.
  • Dos huevos cocidos.
  • Aceite virgen del Campo de Calatrava, un buen cornicabra con sabor y poder.
  • Vinagre
  • Sal

Y en la versión que hace el fraile calatravo también:

  • Un diente de ajo.
  • Un trozo de pan.
  • Y sin pepino

Y ahora que hace calor nada mejor que esta ensalada, un Pipirrana.

Os dejo al padre Ángel haciendo la receta. El mismo explica al final de la receta que nuestro pipirrana se hace cortando las hortalizas, sin hacer el majado inicial.

El mercadillo de Granátula

Y hoy os dejo este programa del Mercadillo grabado en Granátula. La  vida cotidiana del pueblo, yendo a los mandaos, en algunos casos personas que ya no están con nosotros. Y de paso una imagen de Tacones Lejanos en la plaza, el cementerio. Y la historia de la Encantada, de la mano de Meseguer.

El día de San Juan

Colaboración de Eulogio Carretero Bordallo

La Encantá

Me lo contó mi abuela el día de San Juan. Aquella mañana había puesto una palangana llena de agua en medio del patio. “Todavía no se ve nada”, decía mi abuela asomándose. Nosotros en nuestros juegos por el patio, de cuando en cuando nos asomábamos al pasar por la palangana y veíamos el reflejo de el sol en el agua.

“¿Qué se ve. Que se tiene que ver?”. Le preguntábamos. Había surgido su efecto. Estábamos curiosos, intrigados a su alrededor. ¡Que había echado en la palangana… Mi abuela entre sus macetas, regando sus tiestos: los geranios, las lilas, la hierbabuena, los rosales, al albahaca, los pericones, las enredaderas, las calas… Nunca he visto unas calas tan mimadas. Nunca he visto unas plantas con tanta ilusión cuidadas.!

“Hoy es San Juan, decía. ¿No habéis visto nunca la Encantá…?” La Encantá era una cueva que había en el cerro a un kilómetro del pueblo. Larga y estrecha, que al fondo tenía una charquilla de agua que no se secaba nunca.

¡He dicho “era”, como si ya no existiera. Que curioso, como si hubiese dejado de ser. Y no es cierto. Existe aún, pero… ¿dónde existe?. No sé en que lugar de la memoria ha quedado. ¿Será, que ha perdido su significado?. Algunas cosas solo tienen sentido en ciertos momentos de la vida. O mejor, solo existen en la inocencia de la infancia, después, será que pierden su encanto, dejan de existir. Y es cierto, hoy me duele el comprobar que ya no existe. Que todo ha quedado, como tantas cosas que van quedando en el olvido. En esa caja cerrada que ya no abres. Que ya no quieres abrir, por miedo, a no ser cierto y romper su encanto. Por que te parece mentira. Un sueño…!

Digo bien, era una cueva que había en el cerro, y vuelvo al patio donde me había quedado siguiendo el hilo de mi memoria. Mi abuela entre sus macetas… “¿No sabéis, que hay una Encantá en la cueva?”. Se nos quedaba mirando con unos ojos grandes, espantados, misteriosos. “¡Una mujer…! bajaba la voz, hasta conseguir intrigarnos. Paralizarnos. Cortarnos la respiración. ¡…Una mujer, que nadie ha visto. –Miraba las flores de reojo- Que nadie sabe donde se esconde… Y que todos los años, en el día de San Juan se la puede ver desde la carretera a la entrada de la cueva, peinando sus largos cabellos ante un espejo! ¿Habéis visto como huele la hierbabuena…?”

Nos quedábamos boquiabiertos, perplejos ante tanto misterio. Metía las manos entre el verdor de las plantas y cortaba unos tallos. Nos lo acercaba. Lo olíamos. ¡Ah… cierro los ojos. Aún puedo olerlo en el aire! Respirábamos. Podíamos respirar, imaginando los largos cabellos de la Encantada, a veces rubios a veces morenos enredados entre sus dedos, largos… ¡Como olían las flores en el patio!.

“¿Nunca habéis visto a la luna y al sol besándose en la palangana del agua?” Volvíamos a abrir los ojos admirados. Respirando los efluvios de la hierbabuena. “…Pues ya lo estáis viendo.” decía mi abuela sonriente, llena de luz. Cercada de una aureola, como habiéndolo hecho aparecer con su varita mágica. Y era cierto. Ahí estaba el sol mordido como una galleta por un extremo. “¿Veis?, ese trozo que le falta al sol, es la luna” decía.

“¿Y todos los años, en el día de San Juan, se ve a la luna y al sol besándose en la palangana del agua?” preguntábamos. ¡Que gracia. Que ingenuos! Había sucedido el hechizo, la magia. Ese encanto con que a veces mi abuela solía adornarse, ante nuestras ingenuas miradas. Mi abuela tenía algo de esa magia que solían tener las abuelas de antes.

Verdaderamente que el día de San Juan era un día mágico. Yo sé que hoy incluso, me volvería a resultar curioso alguna de sus cosas. Un día, desde por la mañana, tenía mi abuela un pollo muerto en el patio. La gallina clueca, según decía se había echado encima de el y lo había asfixiado. Nosotros en nuestros juegos por el patio, de cuando en cuando, lo mirábamos al pasar a su lado. “Dejarlo, dejarlo, no lo toquéis,” nos decía. Estaba muerto, no se había movido en toda la mañana. Pero mi abuela, no resignándose nunca a ese tipo de accidentes, siempre tenía su remedio. Le había metido una pimienta mojada dentro del pico y lo había dejado allí en medio a ver si surgía su efecto. Cuando nos dábamos cuenta, en una de nuestras curiosas miradas teníamos la sensación de haberle visto como un tic. Como queriendo tragar saliva o como mover la cabeza o encoger una pata. Pero no, no era posible. Estaba muerto. Nos cansábamos de esperar. No sucedía nada extraño y terminábamos por marcharnos aburridos. ¡Mi abuela y sus cosas. Que gracia! Y cuando más tranquilos estábamos ¡El pollo. El pollo!. Se le oía gritar y salía el pollo corriendo por el patio. ¡El pollo. El pollo! decíamos eufóricos, escandalizados, corriendo detrás de él. “Dejarlo, dejarlo. No lo cojáis…” salía mi abuela en su defensa. Se metía en el corral y se perdía entre los demás. “Mira. Mira, aquel es. El que se esconde. El que está al lado del otro…” decíamos. Se nos confundía, se nos perdía, se nos olvidaba. Se nos ha ido olvidando, como tantas cosas que van quedando en el olvido. En esa caja cerrada que ya no abres. Que ya no quieres abrir, por miedo, a no ser cierto y romper su encanto. Porque te parece mentira. Un sueño…

Había sucedido la magia, el milagro. La resurrección de la vida y de la muerte. Era cierto, Lázaro, había resucitado. Cristo, había resucitado. El milagro de los panes y los peces, era cierto. Y el andar sobre las aguas, también era cierto. Los milagros, el mal de ojo, lo que decía el Catecismo, la Biblia, los Mandamientos, la Santa Madre Iglesia, todo era cierto. Se habían realizado… Nosotros, el día de San Juan nos íbamos encantados por la carretera arriba hacía el cerro, mirando hacia la Cueva de la Encantá y nunca veíamos nada. ¡Hombres de poca fe. Teníamos que tocar la llaga con el dedo, para convencernos.!

¡Hoy, me pregunto sino serán estas historias, de abuelas y filibusteros entre otras cosas, las que nos terminan atando a la vida tan misteriosamente.!

(Fue un eclipse de sol parcial, que sucedió el día de San Juan, allá por el año 1967.)

Eulogio Carretero Bordallo.

Radio del Colegio de Granátula

Un nuevo proyecto del colegio de Ntra. Sra. de Zuqueca de Granátula, para mejora de la formación y el intercambio con la comunidad educativa. Está publicado por el propio colegio, pero no he podido dejar de incluirlo en mi página dentro del canal de Granátula, el podcast de RadiOreto.

A la Mancha manchega

A la Mancha manchega
Que hay mucho vino,
Mucho pan, mucho aceite,
Mucho tocino.
Y si vas a la Mancha, no te alborotes,
Porque vas a la tierra de Don Quijote.
La Virgencita del Prado,
Le dijo a la del Pilar,
Si tú eres aragonesa,
Yo soy manchega y con sal,
Si tú eres aragonesa,
Yo soy manchega y con sal.
A la Mancha manchega
Que hay mucho vino,
Mucho pan, mucho aceite,
Mucho tocino.
Y si vas a la Mancha, no te alborotes,
Porque vas a la tierra de Don Quijote.
Una rubia vale un duro
Una morenita dos,
Yo me voy con lo barato
Rubia de mi corazón.
Yo me voy con lo barato
Rubia de mi corazón.
A la Mancha manchega
Que hay mucho vino,
Mucho pan, mucho aceite,
Mucho tocino.
Y si vas a la Mancha, no te alborotes,
Porque vas a la tierra de Don Quijote.
Dicen que la Mancha es fea
porque no tiene faroles
Pero tienen las manchegas
que alegran los corazones.
Pero tienen las manchegas
que alegran los corazones.
Y si vas a la Mancha, no te alborotes,
Porque vas a la tierra de Don Quijote.
Y ahora el video grabado por un granatuleño, de la Rondalla Oretana.

Y otros estribillos que varían esta canción:
Los demonios son los hombres,
Según dicen las mujeres,
Y siempre están deseando
Que el demonio se las lleve,
Y siempre están deseando
Que el demonio se las lleve.
A la Mancha manchega
Que hay mucho vino,
Mucho pan, mucho aceite,
Mucho tocino.
Y si vas a la Mancha, no te alborotes,
Porque vas a la tierra de Don Quijote
Y…
Morena tiene que ser
la tierra para cebada
y las mozas de mi pueblo
morenas y resaladas.
Como quieres que te quiera
si no te puedo querer
si me has hecho unos calzones
con la bragueta al revés.
A la Mancha manchega
Que hay mucho vino,
Mucho pan, mucho aceite,
Mucho tocino.
Y si vas a la Mancha, no te alborotes,
Porque vas a la tierra de Don Quijote.
Vídeo de la «Versión Rock» de A La Mancha Manchega, del dúo Manzanareño Jariko & Pajariko

El reino visigodo y su decadencia hasta la caía en manos de la invasión musulmán. La influencia en Oreto.

En Granátula de Calatrava se encuentran los restos del obispado visigodo de Oreto. La lápida del obispo Amador, con silla en el Toledo, fue encontrada. La historia de mi pueblo se extiende desde la época de los íberos, pasando por los romanos y el visigodo, antes de llegar a la época musulmán contando como vestigio de esta época el que posiblemente es el Hamman más antiguo de toda la península ibérica. cuya salida de agua intervino en el mausoleo del diácono enterrado en Oreto.

Aún está pendiente de restauración, pero en breve se podrá disfrutar de la Lauda sepulcral. Los investigadores han recuperado una lauda sepulcral “excepcional” de la Hispania visigoda en Granátula del diácono enterrado en ella hace 1.400 años: un clérigo de 1,70 que murió a los 70 años.

Aurelius Vincentius. Los investigadores del yacimiento arqueológico de Oretum, en Granátula de Calatrava, creen que este es el primer nombre y apellido de un cristiano cien por cien ciudarrealeño. Así se llamó un misterioso diácono (clérigo) asociado al obispado visigodo de Oretum del siglo VI, enterrado en un lujoso mausoleo de la necrópolis visigoda oretana entre los años 580 y 600 de nuestra era.

Entre Leovigildo y Recaredo

Tenía  70 años cuando murió, una edad excepcional para la época, y es posible que en el reino Hispano-Visigodo de Toledo reinaran Leovigildo o Recaredo. “Estamos en un momento de reunificación territorial y de credo, en el que los visigodos abandonan el arrianismo e impulsan el cristianismo”, explica Antonio Manuel Poveda, el profesor de la Universidad de Alicante que codirige  la investigación junto con el arqueólogo ciudarrealeño José Luis Fuentes, de la Universidad de Granada.

Os dejo el video grabado por Lanza sobre la extracción de la Lauda en Oreto.

Y continuando con la historia de los Visigodos y su decadencia os comparto este magnífico video del Instituto CEU de Estudios Históricos. Como la decadencia del reino visigodo facilitó la conquista islámica. Conquista que llegó a Oreto, que pasaría  Urit y Zuqueca.

La época de Baldomero Espartero: Por la senda liberal y las guerras carlistas

Y continuando con esta serie de videos de historia de la época de Espartero, os dejo este de Por la Senda Liberal.

Fernando VII, visto el pueblo y que peligraba su reinado, no tuvo otra que aceptar el liberalismo, aquello de marchemos pro la senda liberal y yo el primero, apartando el absolutismo que había sido su forma de gobierno.

Después de su muerte se levantaría en armas su hermano para reclamar el trono que derogada la ley sálica, dejó a Isabel II.

En estas guerras carlistas sería donde Espartero hizo y deshizo, a veces obedeciendo, a veces tomando decisiones por cuenta propia, habida cuenta que María Cristina estaba dispuesta a negociar matrimonio con el pretendiente al trono Isidro, absolutista radical. cosa que no era del agrado de Espartero, la involución que supondría en España la vuelta al absolutismo y a la gobernanza de la iglesia.

En la guerra Carlista, en su resolución, hay cosas curiosas como la intervención de un arriero, Tío Martín, quien sería primordial para la consecución del Abrazo de Vergara, como cuento en la biografía de Espartero.

 

La época de Baldomero Espartero: Vivan las caenas

Y visto lo visto, como resistió España, en diciembre de 1813 Bonaparte propuso firmar un acuerdo en la localidad francesa de Valençay, por el que el emperador Napoleón Bonaparte ofreció la paz y reconocía a Fernando VII como rey de España. Y es que la guerra de la Independencia nunca fue lo que planeó Napoleón, en particular por el deterioro de las tropas francesas por el continuo acoso que la guerra de guerrillas y otras formas de guerra no convencional que utilizaron los españoles y los ingleses (apoyando a España en este caso por su rivalidad con Francia).

Hay que decir que el tratado no entró en vigor en España ya que las Cortes y la Regencia en Madrid no lo aceptaron. Fuera como fuere Espartero estaba en esa época en la que debía decidir. Habían sucedido muchas cosas en su vida pasando por el suspenso en el segundo curso por unos motivos inexplicables (y tanto es así que hubo una protesta formal de contrastar exámenes de los aprobados con el suyo, que se saldó nombrándole subteniente), a la vez que,y por aquello de que los astros confluyen de vez en cuando, sucedieron dos cosas que le ayudaron a decidir su futuro:

  • El encuentro casual con un cura exclaustrado de Aldea del Rey, quien hablando de todo y nada, le aconsejó que hiciera carrera militar con Morillo, ya que la suya de filosofía no tenía mucha salida.
  • Porque por el tratado de Valençay volvió el absolutismo a España con Fernando VII, cosa que no era del agrado de un liberal como Espartero.

En esta ocasión os dejo este enlace al video de, «Vivan las caenas», como gritaba la gente deseando la vuelta del Rey Fernando VII, del que luego detestarían por su política. Pero eso es harina de otro costal, Azañón ya nos lo contará.

La época de Baldomero Espartero: A la sombra de la revolución

Para enmarcar la época en la que vivió Espartero voy a dejar una serie de videos de la historia de aquella época, empezando por la época revolucionaria que vendría de la mano de Francia y Bonaparte, hasta la restauración de los borbones.

En esta ocasión os dejo este enlace al video de Memoria de España, «A la sombra de la revolución».

En Europa soplaban vientos de cambio. El pueblo francés a la cabeza se levantó asaltando la Bastilla.

Mientras en España el reinado de Carlos IV, de manos de su valido Manuel Godoy, pasaba por épocas bajas. A la vez las clases pudientes y la iglesia conspiraban, utilizando para ello al Príncipe de Asturias, el que sería después Fernando VII. Si, el hijo del rey conspiró contra su padre, y sobre todo contra Godoy al que consideraba el mal de todos los males, a la vez que hablaba de su madre como de una cualquiera por su amistad con el que fue Príncipe de la Paz.

La mecha de la revolución prendió en el pueblo, asaltando el palacio de Godoy y a continuación yendo a por el rey. Detrás estaba Napoleón, quien movía los hilos de un Fernando VII que le adoraba y le había escrito alabándole como emperador.

Al final en Bayona Napoleón reuniría a Fernando VII, para que devolviera la corona a su padre Carlos IV, y después éste lo hiciera en su hermano José Bonaparte. Mientras padre gritaba al hijo que «era tonto de capirote».

¿Te parece ficción? Espero que poro a poco la Novela de Azañón, que estoy escribiendo, cuente con sus peripecias lo que fue la España convulsa de esa primera mitad del siglo XIX.