El Quijote, capítulo I

Os dejo la serie que hizo RTVE sobre el Quijote.

Capítulo 1 de la serie dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón y protagonizada por Fernando Rey y Alfredo Landa.

Zygmunt Bauman, cuando el conocimiento es una mercancía

Os dejo este artículo de Zygmunt Bauman

La imagen del conocimiento reflejaba que el compromiso y la visión de la educación eran una réplica de las tareas que ese compromiso fijó en la agenda moderna. El conocimiento tenía valor puesto que se esperaba que durara, así como la educación tenía valor en la medida en que ofreciera conocimiento de valor duradero. Ya fuera que se la juzgara como un episodio aislado, o bien que se la considerara una empresa de toda una vida, la educación debía encararse como la adquisición de un producto que, como todas las demás posesiones, podía y debía atesorarse y conservarse para siempre.

Así llegamos al primero de los múltiples retos que la educación contemporánea debe afrontar y soportar. En nuestra «modernidad líquida», las posesiones duraderas, los productos que supuestamente uno compraba una vez y ya no reemplazaba nunca más —y que obviamente no se concebían para ser consumidos una única vez—, han perdido su antiguo encanto. Considerados alguna vez como activos ventajosos, hoy tienden a verse como pasivos. Los que alguna vez fueron objetos de deseo se transformaron en objetos de resquemor. ¿Por qué? Porque el «mundo vital» de la juventud contemporánea, compuesto desmañadamente con porciones de sus experiencias vitales, ya no se parece a los pasadizos ordenados, sólidos y «aprendibles» de los laberintos «de ratones de laboratorio» que hace medio siglo se utilizaban para explorar los misterios de la buena adaptación a través del aprendizaje. John Kotter , profesor de la Harvard Business School, aconseja a sus lectores que eviten quedar atrapados en empleos de larga duración del tipo «puesto permanente» y, en realidad, desaconseja desarrollar una lealtad institucional o dejarse absorber demasiado en cualquier empleo durante un tiempo prolongado. No debe sorprendernos, pues, que el panadero Rico se lamentara ante Sennett de lo dificultoso que le resultaba explicar qué podía significar un compromiso .

La historia de la educación está plagada de períodos críticos en los cuales se hizo evidente que las premisas y estrategias probadas y aparentemente confiables habían perdido contacto con la realidad y exigían ajustes o una reforma. Con todo, aparentemente la crisis actual es diferente de las del pasado. Los retos actuales están golpeando duramente la esencia misma de la idea de educación tal como se la concibió en el umbral de la larga historia de la civilización: hoy está en tela de juicio lo invariable de la idea, las características constitutivas de la educación que hasta ahora habían soportado todos los retos del pasado y habían emergido ilesas de todas las crisis. Me refiero a los supuestos nunca antes cuestionados y mucho menos sospechosos de haber perdido vigencia, con lo cual, necesariamente, deberían reexaminarse y reemplazarse.

En el mundo de la modernidad líquida, la solidez de las cosas, como ocurre con la solidez de los vínculos humanos, se interpreta como una amenaza. Cualquier juramento de lealtad, cualquier compromiso a largo plazo (y mucho más un compromiso eterno) auguran un futuro cargado de obligaciones que (inevitablemente) restringiría la libertad de movimiento y reduciría la capacidad de aprovechar las nuevas y todavía desconocidas oportunidades en el momento en que (inevitablemente) se presenten. La perspectiva de cargar con una responsabilidad de por vida se desdeña como algo repulsivo y alarmante.

Hoy se sabe que las cosas más preciadas envejecen rápido, que pierden su brillo en un instante y que súbitamente y casi sin que medie advertencia alguna, se transforman de emblema de honor en estigma de vergüenza. Los editores de las lustrosas revistas de moda saben tomar bien el pulso de la época: junto con la información sobre las nuevas tendencias acerca de «lo que hay que hacer» y «lo que hay que tener», proporcionan regularmente a sus lectores consejo sobre lo que «ya no se usa» y debe descartarse. Además, hoy se espera que ni siquiera los hábitos que supuestamente habrían de durar un poco más permanezcan inalterables. Un anuncio reciente de oferta de teléfonos móviles atrae a los curtidos usuarios de teléfonos con esta exhortación: «Usted ya no puede presentarse en público con ese móvil que tiene ahora… vea los nuevos modelos». Nuestro mundo recuerda cada vez más la «ciudad invisible» de Leonia de Italo Calvino, donde «la opulencia puede medirse, no tanto por las cosas que se fabrican, se venden y se compran cada día; [… ] sino, antes bien, por las cosas que se tiran diariamente para dejar lugar a las nuevas». La alegría de «deshacerse» de las cosas, de descartarlas, de arrojarlas al cubo de la basura, es la verdadera pasión de nuestro mundo.

La capacidad de durar mucho tiempo y servir indefinidamente a su propietario ya no juega a favor de un producto. Se espera que las cosas, como los vínculos, sirvan sólo durante un «lapso determinado» y luego se hagan pedazos; que, cuando —tarde o temprano, pero mejor temprano— hayan agotado su vida útil, sean desechadas. Por lo tanto hay que evitar las posesiones, y particularmente las posesiones de larga duración de las que no es fácil librarse. El consumismo de hoy no se define por la acumulación de cosas, sino por el breve goce de esas cosas. Por lo tanto, ¿por qué el «caudal de conocimientos» adquiridos durante los años pasados en el colegio o en la universidad habría de ser la excepción a esa regla universal? En el torbellino de cambios, el conocimiento se ajusta al uso instantáneo y se concibe para que se utilice una sola vez. Los conocimientos listos para el uso instantáneo e instantáneamente desechables de ese estilo que prometen los programas de software —que aparecen y desaparecen de las estanterías de las tiendas en una sucesión cada vez más acelerada —, resultan mucho más atractivos.

Todo este encogimiento del lapso de vida del saber, provocado por un «contagio» completo —por el impacto de degradar la durabilidad de la posición, alguna vez venerable, que ocupaba en la jerarquía de valores—, está exacerbado por la mercantilización del conocimiento y del acceso al conocimiento.

Hoy el conocimiento es una mercancía; al menos se ha fundido en el molde de la mercancía y se incita a seguir formándose en concordancia con el modelo de la mercancía. Hoy es posible patentar pequeñas porciones de conocimiento con el propósito de impedir las réplicas, al tiempo que otras porciones —que no entran en el marco de las leyes de la patente— constituyen secretos cuidadosamente guardados mientras están aún en el proceso de desarrollo (como un nuevo modelo de automóvil antes de que se exhiba en el salón del año siguiente), siguiendo la bien fundada creencia de que, como en el caso de cualquier otra mercancía, el valor comercial refleja lo que diferencia al producto de los ya existentes antes que la calidad del producto en su conjunto. Lo que diferencia al producto, por regla general, es de corta vida, pues el impacto de la novedad se desgasta rápidamente. Por lo tanto, el destino de la mercancía es perder valor de mercado velozmente y ser reemplazada por otras versiones «nuevas y mejoradas» que pretenden tener nuevas características diferenciales, tan transitorias como las de los productos que acaban de ser desechados porque ya perdieron su momentáneo poder de seducción. Concentrar el valor en lo diferencial es una manera de devaluar, oblicuamente, el resto del conjunto, el resto que no ha sido afectado por el cambio, el resto que «sigue siendo igual».

Así es como se desalienta la idea de que la educación puede ser un «producto» que uno gana y conserva, atesora y protege y, ciertamente, ya son pocos los que hablan a favor de la educación institucionalizada. Antes, para convencer a sus hijos de los beneficios del aprendizaje, los padres y madres solían decirles: «Nadie podrá nunca quitarte lo que has aprendido». Semejante consejo puede haber sido una promesa alentadora para aquellos niños a los que se les enseñaba a construir sus vidas como casas —desde los cimientos hasta el techo, mientras en ese proceso iban acumulando el mobiliario—, pero lo más probable es que la juventud contemporánea lo considere una perspectiva aterradora. Hoy los compromisos tienden a ser muy mal vistos, salvo que contengan una cláusula de «hasta nuevo aviso». En una cantidad cada vez mayor de ciudades de Estados Unidos, los permisos para construir sólo se entregan junto con su correspondiente permiso de demolición…

 

La época de Baldomero Espartero: La vuelta de los borbones

Continuando con los vídeos de la magnífica serie documental Memoria de España de RTVE, os dejo el de la vuelta de los borbones. Ya con Espartero apartado del poder y después de ver como tuvo que exiliarse Isabel II, y después de los intentos de nombrar a un nuevo rey, proponiendo Prim al propio Espartero, y con el intento fallido de Amadeo de Saboya y con las repúblicas en la puerta de España, se produce la vuelta de los borbones. La propia Isabel II escribió a Espartero solicitando su intercesión para que su hijo Alfonso XII regresase al trono (podéis ver la carta en mi libro sobre Baldomero).

Por cierto que una de las primeras visitas que hizo Alfonso XII retornado al trono de vuelta de batallar en la tercera guerra carlista fue a Baldomero Espartero. Y curiosamente Baldomero impuso la Gran Cruz de San Fernando en la pechera del rey Alfonso.

Aquí os dejo el capítulo:

La caída de la Regencia de Baldomero Espartero

Os dejo este video sobre la sublevación de Barcelona y de la caída de su Regencia.

En buena parte de lo que dice estoy de acuerdo y en buena parte no, pero me parece resumen interesante.

La Regencia de Espartero nació muerta al negarse a repartir políticamente cargos, lo que incluía a su propio partido progresista. Además su carácter militar autoritario, que le llevaba a la consideración de que «si hay que hacer algo se hace» y su odio a las componendas políticas le llevo a conseguir a que todo el arco político se pusiera en contra. Si a esto le sumamos el odio que la iglesia tuvo a Espartero por su política, ya que Espartero estimó que el poder que tenía la iglesia debía quedarse dentro del ámbito religioso, dejando el poder de la ciudadanía en la representación política lo que le llevó a limitar el poder de la misma, suprimir el tribunal de Rota, vender los bienes que amasaba el clero secular, y promulgar leyes limitando el poder que tenía.

Además en Cataluña hubo el levantamiento contra el gobierno, por motivos económicos propios en aquella parte de España donde ese estaba desarrollando la industria textil, contra el tratado con Inglaterra de libre comercio lo que permitía la importación. Mientras Espartero pretendía que «vestir» a los españoles, los empresarios catalanes pretendían blindar el monopolio, siendo esto lo que realmente estaba en juego. Espartero sacó la vena de General y acudió s sofocar la revuelta a las armas. Un error que sumado a la conspiración que le rodeaba dio la puntilla a su regencia.

Si a esto le sumamos que María Cristina, después de haberle dejado a sus hijas, abandonándolas y huyendo fuera de España, se dedicó a mover los hilos para derrocar a Espartero, montando un gobierno provisional en la sombra. María Cristina fue a Roma donde tanteó si apoyaría un alzamiento carlista contra Espartero a la vez que compraba un título italiano para su marido Muñoz. Después fue a Francia donde puso el centro político de conspiraciones e intrigas para derrocar a Espartero, reuniéndose con Narváez, O’Donnell y Martínez de la Rosa.

La popularidad de Espartero había caído y todos los partidos, incluyendo el suyo, se pusieron en su contra. Baldomero se reunió con Narváez para pactar su salida hacia el exilio, pacto que tampoco se cumplió ya que Concha se encargó de perseguirlo por España disparando al carruaje que llevó a Espartero, pensando que estaba dentro. Narváez además extendió una orden secreta por la que se debía pasar a Espartero por las armas si volvía a España sin mediar más tiempo que el necesario para su reconocimiento.

Sobre la mayoría de edad de Isabel II y los gobiernos que se nombraron, solo me cabe decir que hubo varios gobiernos en un año, concretamente tres. A los progresistas les cegó el poder, la ambición y la tontería, ya que se dejaron nombrar por Narváez, quien controlaba las cortes. Narváez había planificado perfectamente dejar en ridículo al partido progresista mostrando  a sus gobiernos ineficaces ante el pueblo español. Cosa que se produjo por los gobiernos progresistas presididos por Salustiano Olózaga, González Bravo y Joaquín María López, que fueron cayendo hasta llegar al gobierno moderado buscado por Narváez.

Una parte de la historia que hay que conocer. Donde los políticos se dedicaron a politiquear en lugar a hacer que España fuera día a día más próspera. Y a pesar de todo ello España evoluciono. Claro que todo esto que ahora digo seguro que les suena también en nuestros días.

La época de Baldomero Espartero: Vivan las Caenas

Continuando con la época de Espartero os dejo el video de RTVE de Memoria de España titulado «Vivan Las Caenas». El pueblo enardecido clamaba por la vuelta del rey Fernando VII desde el destierro en Bayona. El que luego sería odiado y denominado «felón», en aquel momento hizo su entrada en Madrid con la población enardecida, quienes desengancharon los caballos del carruaje en el que venía el rey y, cual burros o mulas, empujaron el carruaje en la entrada triunfal en la capital.

 

 

La Regencia de Baldomero Espartero

LA REGENCIA DE ESPARTERO (1840-1843)

La constitución del Ministerio-Regencia bajo la dirección de Espartero el 16-10-1840, significó un cambio de rumbo en la situación por la que atravesaba España. Una vez que quedó abolida la fatídica ley de ayuntamientos; la fama y el apoyo popular del nuevo mandatario contribuyeron al inmediato repliegue del proceso revolucionario y a que la situación política del país comenzara a discurrir por los cauces de la normalidad; a pesar de las exigencias de sectores radicales del progresismo, pronto desautorizados por Espartero, que pretendían cambios y reformas políticas al margen del texto constitucional.

En la cúspide de su gloria el primer problema político, al que tuvo que hacer frente el jefe del gabinete, fue poner en vigor una nueva regencia de acuerdo con lo que establecía la propia Constitución de 1837 (según la cual, en sus artículos 57 y 60, la regencia podía ser desempeñada por 1,3 ó 5 personas según decisión parlamentaria, a quién también correspondía su decisión), circunstancia que marcó el inicio de una lenta pero progresiva erosión política cuyo final fue su caída del poder. Como buen militar y en consonancia con unas lógicas apetencias de prestigio y poder pretendía ser elevado al cargo de Regente único en contra de una importante facción de su partido, que se inclinaba por la regencia de tres. La votación conjunta del Congreso (con mayoría progresista) y Senado (con mayoría moderada) el 20-5-1841 se decidió por la regencia unitaria y por la persona de Espartero (179 votos), gracias a la decisión de los moderados de apoyar su candidatura en detrimento de la de Agustín Argüelles (103 votos). La decisión de los senadores moderados estaba perfectamente orientada al despresdtigio del general, cuyo orgullo e incapacidad política conocían y esperaban su rápido deterioro político si gobernaba en solitario en lugar de asociado a otras personalidades del progresismo con mayor capacidad y pericia en la cosa política.

Los problemas de la Regencia de Espartero: A pesar de la fama y predicamento popular del nuevo Regente, pocos gobernantes han sufrido un proceso de desprestigio político tan rápido y radical como el que vivió este en sus poco más de dos años de mandato (el pueblo español que había proclamado a Espartero como su ídolo, pasó en poco tiempo “de la ideolatría al entusiasmo, del entusiasmo a la adhesión, de la adhesión al respeto, del respeto a la indiferencia, de la indiferencia al odio, y del odio a lanzarlo a tierras extrañas donde pudiera entregarse al olvido de sus funestos errores o al melancólico recuerdo de sus glorias pasadas”),

La designación de regente había fracturado el partido progresista en dos facciones (unitarios y trinitarios); unas diferencias que se fueron ahondando a medida que el Regente en simpleza militar (creía que la labor y las funciones de un jefe de estado no excluían su capacidad de mando y decisión), comenzó a implicarse en la constitución de ministerios sin tener en cuenta los deseos y opiniones de los principales dirigentes del partido y a nombrar para los principales puestos de la milicia a militares pertenecientes a su cículo de allegados (los “Ayacuchos”) saltándose escalafones y méritos militares; lo que levantó el consiguiente malestar entre muchos generales que pronto pasaron a la oposición y, en su mayoría, a integrarse en una organización secreta antiesparterista (“la Orden Militar Española”) dirigida por el “gran espadón” de los moderados: Ramón Mª Narváez y financiada por María Cristina desde el exilio parisino. Un acontecimiento relacionado con la actuación de elementos del ejército vino a provocar un estado de opinión generalizado contra Espartero. En octubre de 1841, fracasó un intento de golpe castrense contra el Regente en el que estaba implicados generales del prestigio O´Donell, Concha, Montes de Oca y Diego de León; la aventura terminó con la condena y ajusticiamiento de este último el 15-10-1841, a pesar de las unánimes voces que se levantaron en todo el país para que Espartero amnistiara al afamado héroe de Belascoaín, sin duda uno de los generales del ejército español más queridos y admirados por el pueblo (viva Isabel II gritaba mientras moría).

Así pues la actividad de la oposición no tardó en encontrar terreno abonado, ensanchándose paulatinamente sus bases a medida que transcurría el periodo y como consecuencia de los continuos desaciertos de la política gubernamental. Las ya de por sí tensas relaciones entre la Santa Sede el régimen liberal español desde que en 1835 abandonara España el Nuncio de su Santidad, alcanzaron su punto álgido con la política anticlerical del gobierno y, en concreto, el relanzamiento y ampliación del proceso desamortizador (se aceleran las medidas progresistas y así se completa la desamortización con la expropiación y venta de los inmuebles que la Iglesia tenía en la ciudades), la renovada obligación de juramento constitucional al clero y el proyecto de Ley de Jurisdicción eclesiástica del 13-12-81; lo que provocó una serie de episodios que llevaron a la práctica ruptura de las relaciones entre Madrid y Roma (una denuncia papal por el estado de cosas por el que estaba atravesando la Iglesia en España, fue considerada por el ministro de justicia como una “declaración de guerra contra la seguridad pública y la Constitución” procediendo de inmediato a la supresión de la Congregación para la Propagación de la Fe; lo que dio pie para que el Papa respondiera con una encíclica condenatoria 22-2-1842), y al creciente malestar entre los católicos españoles.

El progresivo debilitamiento del apoyo social a Espartero sufrió un brusco acelerón como consecuencia de la política económica desplegada por sus gabinetes. En este sentido hay que situar el origen del conflicto en la relativa liberalización de las importaciones de productos manufacturados que recogía la polémica ley de Aranceles de 1841, normativa que venía a sustituir la de 1825 y claramente contraria a los intereses de la burguesía industrial catalana que veía en la relativa liberización de los textiles británicos, la ruina de la industria nacional al abrirse el mercado español a tales productos.

El malestar de los catalanes se extendió por todo el país para adquirir perfiles de agitación social cuando se corrió la noticia de que el Regente iba a sancionar un tratado comercial con Inglaterra en el que, entre otras cuestiones, se contemplaba la cesión de algunos enclaves territoriales en la Guinea española. (algunos islotes deshabitados para establecer carbonerías).

En los últimos meses de 1842, la ciudad de Barcelona, cuya actividad económica se vio paralizada como consecuencia de la crisis general que entonces afectaba a toda Europa, fue escenario de un movimiento subversivo contra el gobierno del Estado a cuya política arancelaria se achacaban todos los males por los que atravesaba Barcelona.

La contundente respuesta de Espartero no se hizo esperar; el 3 de diciembre de 1842 él mismo personalmente dirigió la represión del alzamiento sometiendo a la ciudad a un bombardeo sistemático desde Monjuic (400 edificios destruidos o incendiados), y una vez controlada la situación, impuso una contribución especial a los barceloneses. La implacable actitud del Duque de la Victoria, dispuesto a sentar el principio de autoridad en buena lógica castrense a cualquier precio, arruinó su prestigio político al perder desde ese momento el apoyo incondicional que le había dispensado la influyente burguesía industrial catalana, cuyos elementos mas significativos pasaron a engrosar el partido Moderado.

Disueltas las Cortes en enero de 1843 y celebradas elecciones; la inestabilidad política que vivía España lejos de desaparecer fue creciendo ante la cada vez mayor incapacidad de Espartero para formar gobiernos estables por el rechazo de los dirigentes progresistas a brindarle su apoyo parlamentario (fracaso del ministro Rodil, dimisión de José María López y oposición frontal al gabinete Gómez Becerra). El enfrentamiento entre el poder ejecutivo y el congreso de los diputados hizo que progresistas y moderados cerraran filas contra el Regente, después del famoso “Dios salve al país, Dios salve a la Reina” con que concluyó un demoledor discurso el 20 de mayo de 1843. La inmediata clausura y disolución de las Cortes por parte del gobierno fue la señal para que se generalizara un movimiento revolucionario en las principales capitales del reino, en el que moderados y progresistas hacían causa común en el objetivo prioritario de expulsar al Regente del poder. El enfrentamiento entre fuerzas militares al mando del general Narváez y un ejército comandado por el general esparterista Seoane en Torrejón de Ardoz el 21-7-1843 decidió la suerte del alzamiento y el obligado exilio a Inglaterra del Duque de la Victoria.

Informe sobre el voluntariado


Informe gráfico de la encuesta realizada a personas voluntarias de toda España, con representatividad por CCAA. En el informe se pueden ver los datos sociodemográficos del voluntariado, cómo se desarrolla la acción voluntaria, la implantación de diferentes herramientas de gestión así como los aspectos de motivación y satisfacción del voluntariado. El formato de presentación permite acceder a los datos en su conjunto o bien filtrarlos por distintas variables.

Ref .  Plataforma del Voluntariado de España​​​​​​​ . Podéis ver el documento en:

https://tesigandia.shinyapps.io/PVE-APP/

Guía Básica para la Transparencia en ESFL


La Plataforma de ONG de Acción Social presenta la Guía básica de Transparencia para entidades del Tercer Sector de Acción Social.
Durante los últimos años, se ha acentuado la demanda social de transparencia y rendición de cuentas de las actuaciones que realizamos las organizaciones sociales. La necesidad de las entidades para trabajar con transparencia, las obliga a establecer una serie de procedimientos para comunicar a la sociedad cómo es nuestra organización y qué actividad realiza, además de información económica y presupuestaria. No nos podemos olvidar tampoco de los requisitos que la normativa, tanto nacional como autonómica, marca para las entidades del Tercer Sector de Acción Social, y que debemos implementar para que no se produzcan incumplimientos normativos.

Así da inicio esta guía que puedes descargar en https://www.plataformaong.org/ARCHIVO/documentos/biblioteca/1669272757_guia-basica-de-transparencia-2022-accesible-ok.pdf

Granátula de Calatrava en el siglo XVIII

Os dejo este artículo que en su momento me envió mi amigo Juan Manuel Donoso Gómez.
Y es que Granátula no era un paraíso idílico en el s. XVIII. Además de la extrema pobreza en la que vivía la mayoría de la población, este siglo fue muy duro: se documentan malas cosechas, fenómenos meteorológicos adversos como inundaciones, sequías, pedrisco, granizo y fuertes heladas; también plagas de langosta,  epidemias de malaria, gripes, etc. que provocan algunas caídas demográficas momentáneas dentro de un crecimiento significativo de la población.
En 1712 Granátula había conseguido la independencia plena frente a Almagro, ciudad de la que había dependido en algunos aspectos hasta ese momento. A pesar de formar parte de uno de los países más importantes de la época, con un vasto imperio en declive, la situación era deprimente para la población. La población local era predominantemente agrícola (con cereal, olivo y vid) y ganadera (la oveja estaba muy extendida), analfabeta y profundamente religiosa. Donde valores como la honra, es decir, el respeto y estima que tenían las personas sobre uno mismo era muy importante. La religiosidad era muy fuerte: La Inquisición velaba por el mantenimiento de la Fe. De ahí su enorme poder en el pueblo con una de las casas más importantes, ubicada en la calle el Santo y hoy Casa Rural. Una sociedad imbuida en las fiestas religiosas a lo largo de todo el año. Con ellas se “pedía a Dios, la Virgen y todos los Santos por la protección de las cosechas, la llegada de las lluvias, la buena salud, etc.” Significaba además uno de los medios de entretenimiento de una población deprimida por los problemas y adversidades diarias, con una fatigosa vida agrícola, sometida a la dura climatología que amenazaba las cosechas y por tanto al sustento alimentario anual.
En lo que se refiere a la agricultura el regadío era importante , predominando el secano y la baja productividad. Las técnicas de rotación de cultivo y descanso de la tierra eran poco innovadoras, con algún abono natural, con el arado romano como utensilio básico (perduraría hasta el s. XX), jornadas laborales de sol a sol, etc. Los rendimientos del cereal eran bajos, al tratarse de una agricultura de subsistencia: en las tierras de secano se estima que por cada grano sembrado se recogerían 4, aunque la diferencia estribaba en la climatología de la campaña, las zonas y tipo de suelo, con más rendimiento en la zona de la Vega del Jabalón frente a las zonas de cerros o sierra. Peculiares son los sistemas de medidas utilizados en la agricultura, totalmente diferentes a los actuales (toneladas, hectáreas, etc.), aunque todavía se utilizan.
La fanega era la medida de peso para cereal, áridos, etc.  equivalente a unos 55,5 litros aunque esta equivalencia era variable según el cereal que se midiese. Por ej. la fanega de trigo equivalía a 44 kilogramos, dependiendo del grosor del grano; y la fanega de cebada correspondía a unos 40 o 42 kilogramos, porque su peso específico es menor, su grano es de tamaño mayor y presenta más paja. A pesar de que la hectárea (ha.) se haya impuesto en España como medida de superficie y represente 10000 m², la fanega era la medida de superficie en aquella época y ha llegado hasta nuestros días para medir parcelas o superficies. La conversión sería fácil: la fanega son unos 6459,6 m². Por tanto, aproximadamente una fanega y media es una hectárea. A su vez la fanega estaba dividida en 2 almudes (medida ya olvidada del vocablo popular); o en 12 celemines (todavía se puede ver en escrituras antiguas de fincas);  o 2 cuartos; o en 4 cuartillas.
Con una agricultura de subsistencia, sometida a una dura climatología, siempre hubo problemas de abastecimiento de productos de primera necesidad. Todo esto provocaba consecuencias directas sobre la población: hambre, desnutrición, agravamiento de enfermedades, etc. En época de malas cosechas los productos se encarecían y complicaba su adquisición por parte de la mayoría de la población. Esto se trasladaba a la estatura media, mucho más baja que la actual: algunos estudios a nivel nacional sitúan la estatura media del siglo XVIII entorno a los 1,6 metros, cuando actualmente la estatura media está en 168 (promedio entre la estura media de hombres y mujeres). Alimentación que también afectaría al grosor y calidad de huesos o a una esperanza de vida que giraba entorno a los 25 años.
El mantenimiento de las tasas de natalidad y el ligero descenso de la mortalidad general y mortalidad infantil iban dibujando un acentuado crecimiento de la población. A lo largo del s. XVIII, Granátula experimenta un crecimiento significativo de la población, entorno al 30 %, superando los 2000 habitantes, aunque con avances y retrocesos en el padrón municipal debido épocas de hambre y a epidemias sobre todo que afectan a la población de entre 0 a 7 años. Como se dijo el aumento de la población es uno de los factores que originará el motín de 1766.
La sanidad pública estaba representada normalmente por un médico que no tenía ni mucho menos los conocimientos de los médicos actuales. El hospital estaba ubicado en la Calle las Indias, hoy de Ramón y Cajal. El barbero era una alternativa en aquella época en toda España. Famosos son los servicios dentales con instrumentos y herramientas que tenían usos para animales o para bricolage de la época; o las sangrías consistente en extraerle sangre al paciente a través orificios hechos en las muñecas, brazos, etc sumergiendo estos miembros en agua caliente con el objetivo de renovarla, fortalecer al paciente y curarle de enfermedades. En la época predominaban los remedios de hierbas y parafarmacia. Enfermedades como las apendicitis podían causar la muerte si eran muy graves. Las fracturas abiertas significaban en la mayoría de los casos la amputación del miembro para evitar las infecciones. Las fracturas mal curadas ocasionaban cojeras en las extremidades inferiores, o dolores crónicos de por vida si se producían en el resto del cuerpo. Enfermedades como osteoporosis o artrosis estarían muy presentes en toda la población en edades tempranas por la mala nutrición y tareas cotidianas (labores agrícolas, etc.). Los resfriados y gripes eran en la época hasta mortales por las bajas defensas de un sistema inmunitario mal alimentado, con carencia de vitaminas y proteínas esenciales.
La dieta era baja en calorías, por la carestía de alimentos de la época, predominando los hidratos de carbono (el consumo de pan y legumbres era habitual), seguido de proteínas y grasas, presentes en huevos de todo tipo de aves, leche, queso, etc., en los productos de la matanza del cerdo o en la carne de oveja, cordero, vaca, toro, o incluso de caballo, buey, aves de corral o aves silvestres (paloma, pato, tordo, gorrión), así como en la carne de caza (con la perdiz, la liebre, el conejo y algún jabalí). Productos como el pescado eran consumidos habitualmente, especialmente durante la cuaresma. El problema era que llegaba de la costa en malas condiciones. Una solución era exprimirle limón encima para contrarrestar el fuerte olor que desprendía tras días de transporte. Se consumía también pescado local, procedente del río Jabalón. Todo ello con una amplia variedad de frutas, verduras y hortalizas procedentes de los huertos locales. Para conservar los alimentos no había cámaras frigoríficas. Lo más parecido eran las cuevas de las casas para conservar los alimentos o pozos de nieve, como el documentado en Granátula en la carretera de la Ermita, a unos 300 m. del pueblo. Estos eran normalmente propiedad de los Ayuntamientos y eran administrados en régimen de arrendamiento. En Granátula se tiene constancia del mismo desde principios del siglo XVIII. Servía para almacenar hielo y nieve recogido en el invierno. Este hielo y nieve servía para aminorar la fiebre de muchas enfermedades como la malaria en época de epidemias. Fueron típicos por toda la Mancha, por ej. Almagro tenía dos. A veces los ayuntamientos toman cartas en el asunto ante epidemias, a modo de iniciativa de protección de la salud pública, y dictan órdenes del precio al que se debe vender la nieve y el hielo para tal fin, evitando la especulación.
El comercio estaba muy monopolizado por el Estado y las tiendas de ultramarinos eran el principal recurso para abastecerse. La Plaza Vieja, actual Plaza de España, era el centro en este sentido encontrando el mercado de abastos, carnicería, etc. Las monedas habituales de la época fueron los reales, maravedís, cuartos (como aparece en el texto del pasquín), etc. Durante el siglo XVIII sus valores sufren variaciones. El maravedí era la moneda con el valor más bajo. Por encima estaba el ochavo (2 maravedís), el cuarto ( 4 maravedís) y el real de vellón (34 maravedís). Múltiplos del real de vellón era el ducado (11 reales), el peso (15 reales) y el doblón (60 reales). Además de las monedas de vellón circulaban otras de diferentes metales con valores muy superiores y con otras denominaciones aunque la población al ser pobre no tenía grandes sumas para la compra-venta habitual, de ahí la profunda crisis y hambre de la época.
En cuanto a la sociedad, la mayoría de la población la formaban los pequeños propietarios y sobre todo jornaleros, dependientes prácticamente de su fuerza de trabajo para mantener a su familia. La situación de estos años les afecta considerablemente porque durante este siglo XVIII andan en el límite de convertirse en pobres de solemnidad, es decir, en personas que subsisten de la caridad. Eran los más proclives a los desórdenes sociales y a protagonizar motines de subsistencia. Estos jornaleros eran una especie de “proletariado rural” formado por asalariados, peones o temporeros, dependientes de los grandes casas y fincas. Su salario variaba según recolecciones e iba desde obtener un puñado de monedas, ropas y calzado a tan solo la manutención y un camastro donde dormir. Remuneración que contrastaba con otros oficios como los de la construcción, donde un maestro podía cobrar de 10 a 20 reales sin contar comida y techo donde dormir;  o el salario de los oficiales amasadores o los peones que llegaban a cobrar entre 5 o 10 reales. Los mejor pagados eran los cargos públicos, ya de por sí una clase social privilegiada, que recibía altos ingresos.
Esta carencia de dinero para comprar alimentos básicos llevaba a la población a buscar otros medios para alimentarse. Por ej. la matanza donde los embutidos, etc. se obtenían al sacrificar el cerdo después de haberlo alimentado todo el año con harinas y productos de deshecho. Otro medio era poseer un huerto propio donde se obtenían frutas, hortalizas y verduras de todo tipo.
Cuando había necesidad de otros productos básicos o servicios era necesario trasladarse a otras localidades para encontrarlos. Aparece aquí el concepto de distancia que se aproximaba a la de un hombre que caminaba a pie, que a veces posee su asno o caballo (medio de transporte y de trabajo muy exclusivo en la época); o se enrola en algún coche, tartana, galera, carro, etc. Algo que ha perdurado hasta bien entrado el s. XX. Las carreteras eran caminos de tierra apisonada por el tránsito diario de todo tipo de vehículos, animales y personas. Las jornadas hacia Almagro duraban un día si se iba y venía a pie; varias horas o incluso otro día si se iba en burro. Almagro era el centro administrativo, judicial, etc. de la comarca y el reclamo de la mayoría de los productos y servicios que no se encontraban en Granátula. Algo que se ha ido sustituyendo por Ciudad Real en las últimas décadas del siglo XX. No obstante se iba a por lo imprescindible o por causa mayor. El puerto del “Reventón” era un enemigo más contra el largo camino polvoriento, seco y caluroso en verano; embarrado y frío en invierno; y a veces inseguro por la existencia de bandoleros y ladrones.
Dentro de Granátula existen familias como los López Carretero, los Nieto, Fontecha, López Cañizares, etc. que destacaban económicamente y luchan como veremos por los cargos públicos a lo largo de esta etapa final del Antiguo Régimen. Incluso podríamos clasificarlos por diferentes grupos según su trayectoria familiar: hidalgos de descendencia guerrera; hidalgos de ejecutoria (latifundistas de fortuna); hidalgos empobrecidos; labradores acomodados; labradores “de medio pesar”; pequeños burgueses que tenían el molino, un viñedo, etc. Recordemos que en esta época final del Antiguo Régimen surge una primera burguesía, en este caso rural, que especula y comercializa con ciertos productos agrícolas. Como se dijo anteriormente; en el siglo XVIII surge el grupo de los poderosos, fruto de la unión entre los hidalgos y villanos ricos. Se beneficiaron de las crisis agrarias durante el s. XVIII. Sus miembros   controlaban el municipio y sus amplias esferas de influencia. Tal es así que se perpetúan en el poder consiguiendo los cargos públicos en Granátula. Para ello estaban aliados estratégicamente con otros familiares o personajes ajenos a la misma. Por ej. Los Fontecha y los Carretero, a pesar de sus rivalidades, también se apoyaron mutuamente en ocasiones. Con ello controlaron el municipio entre 1758 a 1766, consiguiendo una hegemonía imparable y rentables usufructos, con sucesiones en las Alcaldías y lucros con los pastos. Se alternaban disimuladamente sin burlar la legalidad. Durante este periodo disfrutaron de propios, manejo de los caudales y granos del pósito, reparto de impuestos, ostentación de la primera instancia judicial, etc.
Junto a estas familias acaparan un enorme poder social cargos públicos como el del cura, el médico, el maestro, etc. Podemos decir que salvo las zonas de nueva urbanización como el Parque, Piscina y campo de fútbol; cercados y chalet del final de la calle Aldea y calle las Pilas, el final de la calle duque de la Victoria, etc. el casco urbano era prácticamente igual al actual.
El municipio carecía de alumbrado público y red de suministro de agua en las viviendas, siendo los pozos públicos o los de dentro de las casas los lugares de captación del agua. Tampoco había calles pavimentadas como las actuales, siendo la mayoría de tierra apisonada por el tránsito peatones y todo tipo de bestias y vehículos. En la época de lluvia se convertían en barrizales. Tampoco había red de desagües ni de alcantarillado público. Sólo existían los corrales para realizar las necesidades, verter los desperdicios, etc. donde animales y aves domésticos los aprovechaban. Esta carencia de alcantarillado facilitaba que el agua se acumulara formando lagunas en diversas partes del pueblo siendo focos de infecciones y epidemias como veremos más adelante.
La higiene personal era básica y no había conocimiento por parte de la población de infecciones por microorganismos. La ropa de vestir, ropa interior o calzado eran muy diferentes a los actuales, tanto en material, en comodidad o en cuanto al mantenimiento de la “higiene” de la misma. A esto hay que añadir que la gente tenía un contacto directo y continuo con sus bestias de carga y animales de compañía, animales de cría, etc. ubicados en corrales con todo tipo de vertidos. Esta relación era tan cercana que a veces, por necesidad propia de la época, se compartían habitaciones con los animales para recibir su calor en el invierno, el forraje para dormir mejor por las noches o porque no existía más espacio, confundiéndose la vivienda con las cuadras. Al estar en continuo contacto con ellos y sus excrementos aumentaban las posibilidades de infecciones. Estas casas estaban hechas en su mayoría con pareces de tierra, techos de material vegetal y sus suelos no estaban impermeabilizados como los actuales (con ladrillos, baldosa o gres) facilitando la humedad en las épocas de lluvia y a la larga infecciones, gripes, etc.
Aunque es en el siglo XVIII cuando se empiezan a construir los cementerios modernos como medida sanitaria (alejados de la población para evitar agentes patógenos y olores), en Granátula y pueblos de alrededor, los difuntos se seguían enterrando cerca de ermitas, iglesias, etc. dentro la localidad, lo que provocaba olores nauseabundos en épocas de calor y sobre todo en épocas de epidemias, cuando la mortalidad se disparaba, facilitando la propagación de la misma. La Mancha era una zona muy dada a estas catástrofes durante el siglo XVIII: se documentan epidemias de “fiebres tercianas” (es decir, malaria o paludismo)  con muchas muertes. Tal es la necesidad de realizar sepulturas que a veces se realizaban sin ningún tipo de orden ni metodología, provocando la exhumación de cadáveres de pocas semanas o meses. Cuando la densidad de fallecidos era alta se extraían los huesos de las sepulturas más antiguas y se llevaban a habitaciones aisladas. Iglesias, monasterios, etc. contaban con osarios donde los huesos eran depositados sin ningún tipo de criterio. Por ej. la Iglesia de Santa Ana tenía una habitación para tal servicio en el cuarto trastero.
La Granátula que esperaba a Espartero a finales de este siglo (nacería el 27 de febrero de 1793), tenía varios focos de infecciones importantes. Tanto es así que había continúas epidemias de paludismo (o malaria), por tener zonas de inundación en el mismo casco urbano fruto de la propia orografía y de la carencia de alcantarillado. Zonas como el Navajo, calle las Pilas, los barrancones (al final de la calle Aldea y calle Herrería) eran las zonas hacia donde tendía a acumularse el agua en la época de lluvias, por ser las zonas “más bajas” del municipio. El problema proviene de las lluvias procedentes de la sierra que tenemos al norte de la localidad, con cerros entorno a unos 700 a 900 metros, que vierten parte de sus aguas hacia Granátula, que también tiene forma cóncava (recuérdese que estamos en un maar y durante toda la historia ha facilitado la aparición de lagunas en su depresión). Actualmente este problema está resuelto por la red de alcantarillado y por las acequias que retiran ese agua de los arroyos hacia el oeste (Barranco de las Minas) y hacia el este (parajes de Canal y Montero, cerca de la carretera del Moral). Pero en aquella época no existían estas soluciones con lo que todas las aguas iban hacia el pueblo formando lagunas. El estancamiento del agua y la llegada del buen tiempo con altas temperaturas (durante la primavera y el verano) era el caldo de cultivo para que afloraran enfermedades como el paludismo. Por ej. el parásito del paludismo encontraba en este ambiente su medio natural. La base de su transmisión son los mosquitos hembra. Al alimentarse de sangre humana introducen un parásito de la especie Plasmodium. La malaria o paludismo podía ser mortal a causa de los estados febriles, náuseas, diarreas, etc. agravado también por la desnutrición, hambre, resfriados, complicación de otras enfermedades como neumonía, etc.
En Granátula como en La Mancha se documentan durante el siglo XVIII todo tipo de enfermedades como el mencionado paludismo, gripes, etc. además de enfermedades por carencia de vitaminas como el escorbuto; o problemas derivados del hambre y la desnutrición, por ej.  problemas dentales, producidos por la mala alimentación y el escaso cuidado dental, con la ausencia de muchas piezas dentales desde edades tempranas y sobre todo según avanzaba la edad.
Las más graves eran las epidemias de paludismo, que se repetían cada ciertos años de manera más o menos intensa, con casos aislados durante la primavera-verano de cada año.
No solo en Granátula ocurría esto. En toda España y en La Mancha aparecen este tipo de enfermedades que reducían considerablemente la población: Miguelturra sufrió graves epidemias a lo largo del s. XVIII por tener lagunas e inundaciones, Moral, etc. Incluso la población de la “pedanía” de Granátula, cercana a la finca de la Caridad, Añavete, tuvo que emigrar hacia Granátula y Moral a finales de la Edad Media y durante la Edad Moderna para librarse de esta enfermedad producida por las lagunas de Añavete. Caso que también se extendería a la población de Zuqueca.
En 1785 por ej. se produjo una de las epidemias de paludismo más importantes en La Mancha aunque Granátula no estuvo muy afectada. Contaba Granátula con algo más de 2000 habitantes. En la relación de enfermos redactada por el párroco, alcalde, médico, etc. había 172 personas enfermas, de las que murieron 6. En muchos pueblos cercanos la situación de los enfermos fue tal que la epidemia coincidió con la cosecha de cereal por lo que faltaron “brazos” para realizar las tareas agrícolas, lo que originaría la falta de grano, con la consecuente subida de precios y salarios. Las familias ricas y pobres pasaban hambre y muchos labradores debían vender sus reservas de grano para comprar medicinas.
En el siglo XVIII cobra especialmente interés la creación de pósitos, almacenes de venta y préstamo de grano. Aunque también había otros como la Casa de las Tercias, o almacenes privados. Los pósitos debían ofrecer sus stock a precios prefijado por el gobierno local y nacional. Como se dijo anteriormente eran la salvación ante épocas de malas cosechas porque la población podía obtener grano y harinas para fabricar pan (base de la comida de la época). A los agricultores les permitía asegurar la simiente ante épocas de mala cosecha, a través de préstamo con sus correspondientes intereses. En Granátula por ej. el pósito estaba ubicado en la plaza de la Constitución, en la actual Casa de Cultura. El palacio de las Tercias estaba en la calle el Santo, dando una de sus fachadas al callejón del Santo.
A veces, cuando la carestía era grande y la extracción del grano estaba prohibida, en La Mancha se da mucho el asalto a carruajes con grano. Grupos de personas apostadas en los caminos sustraían el grano por la fuerza a los transportistas. Cuando ya no había nada que “echarse a la boca” los documentos hablan de que la población“…se comía hasta las yerbas por lo que pueblos enteros de la zona enfermaban”.
Otro factor de preocupación, actualmente olvidado, fueron las plagas de langosta. Se dan hasta el siglo XX. Hubo varias a lo largo del s. XVIII. La más debastadora para las cosechas fue la de 1782-3. En Granátula, Calzada, Aldea, Almodóvar, etc. arrasan los cultivos de cereal, olivos y vides. Para combatir el insecto se utilizan diferentes métodos: piaras de cerdos, se hacen corrales de fuego quemando aulagas, zanjas para que cayera el insecto, se cazaban con sacos, buitrones, etc.. Pero no se puede hacer nada. En Granátula los agricultores se afanan en levantar las siembras pero de poco vale dar una reja tras otra si no se espera el tiempo suficiente para eliminar el insecto y permitir la recuperación del suelo.
La climatología es quizá el factor fundamental para la economía agrícola de este siglo. Durante el invierno de muchos años hay heladas, fríos rigurosos y nieves. En primavera se documentan algunas granizadas y pedriscos que echan a perder las cosechas, vides, olivos, frutales, etc. Pero lo que más abundan son las sequías. Algunos especialistas afirman que en algunos tramos del siglo XVIII hubo una climatología ligeramente más cálida producida por la entrada de masas de aire cálido sahariano en la Península. Estas corrientes facilitaron no sólo la sequía, sino las mencionadas epidemias por la corrupción de las aguas estancadas.
Fueron muchos los años en los que las lluvias de abril y mayo, importantísimas  para sacar adelante la cosecha, son nulas o escasas. Concretamente el periodo de 1762 a 1765 es el de peores cosechas, producidos por la sequía, y un factor mas que desencadenaría los motines de 1766 en toda España y el famoso pasquín de Granátula.
Por Juan Manuel Donoso Gómez

Paisaje con figura: El General Espartero

Paisaje con Figura. Un programa impresionante sobre la vida de personajes españoles importantes. Antonio Gala nos cuenta la vida de D. Joaquín Baldomero Fernández Espartero y Álvarez de toro, ese granatuleño que sin ser político hizo política toda su vida, y recibió puñaladas de partidos contrarios y de sus propios compañeros. Ahora bien jamás pudieron quitarle el reconocimiento del pueblo agradecido siempre con él.