San Juan y la Encantada: mito, memoria y un cerro que aún habla

En Granátula de Calatrava, donde la memoria se mezcla con la tierra rojiza del Campo de Calatrava y los siglos se superponen como estratos de arcilla, hay un cerro cuyo nombre despierta desde antiguo una inquietud suave: el Cerro de la Encantada. No es un bautismo reciente ni un capricho romántico. Es un topónimo persistente, heredado, que ha sobrevivido a generaciones y que hoy sigue planteando la misma pregunta: ¿Quién fue la Encantada?

El cerro, uno de los yacimientos más representativos de la Edad del Bronce en La Mancha, ha sido estudiado por arqueólogos que han documentado su importancia prehistórica. Pero, más allá de la ciencia, el pueblo ha conservado una memoria paralela: la de una mujer misteriosa que aparece en la noche de San Juan, cuando el solsticio abre un umbral entre lo visible y lo que apenas se intuye.

El cerro que dominaba el valle

El asentamiento se alza a unos 800 metros de altitud, dominando el valle del Jabalón y los pasos naturales que comunicaban la Meseta Sur con Andalucía y Levante. Las excavaciones realizadas entre 1977 y 1991 revelaron murallas, viviendas, silos, áreas metalúrgicas y una necrópolis que permiten reconstruir casi mil años de ocupación humana. Un poblado que, inexplicablemente, terminó convertido en cementerio antes de ser abandonado para siempre.

La Encantada, la Trocanta y las leyendas de la cueva

En la Cueva de la Encantada, la tradición granatuleña ha tejido un conjunto de relatos que van más allá de la aparición luminosa de la medianoche. Allí vive —según la leyenda— la Encantá o Trocanta, una mujer sometida a un hechizo que la condena a habitar el cuerpo de una bicha, culebra o lagarto. Solo en la noche de San Juan recupera su forma humana: una joven de cabellos dorados que se peina con un peine de oro frente a un espejo.

Las versiones varían:

  • Quien la ve, queda convertido en piedra.
  • Quien se acerca, es arrastrado al fondo de la cueva, donde la doncella vuelve a transformarse en criatura y devora o se lleva a su víctima.
  • En la más elaborada, la Encantada fue una hechicera expulsada del pueblo, encerrada en la cueva del Cerrillo de los Rayos y condenada a su forma reptil salvo en el solsticio.

No es casual que estos animales aparezcan una y otra vez: las culebras y lagartos abundan en la zona y utilizan la cueva como refugio, alimentando la imaginación popular.

El Cerrillo de los Rayos y el Bú: otros miedos antiguos

Los mayores de Granátula aseguran que en el cerro los rayos caen con especial fuerza, rompiendo peñas y dejando un tono oscuro sobre la piedra. De ahí su nombre. Y en la cima, cuentan, habitaba también el , un gran búho que vigilaba la llanura y se llevaba a los niños que no regresaban a casa al anochecer.

Son historias que, más que asustar, enseñaban a respetar la noche, el campo y sus peligros.

La noche en que la Encantada volvió. La Noche de San Juan en Granátula: cuando la leyenda vuelve a caminar

La Encantada no es solo un relato antiguo: es una presencia que el pueblo celebra, invoca y reinterpreta cada año en la noche más corta del calendario. El solsticio, que para los antiguos marcaba el tránsito entre ciclos, sigue siendo en Granátula un umbral simbólico donde conviven memoria, poesía y fuego.

Este 23 de junio, dos actos dieron forma a esa tradición viva.

—“Palabras a la muerte” en el Cementerio de Granátula

A las 21:00 horas, cuando la luz empieza a retirarse y el camposanto adquiere ese silencio que parece escucharse a sí mismo, el recital poético “Palabras a la muerte en el Cementerio de Granátula de Calatrava”, coordinado por Luis Díaz‑Cacho Campillo, dio palabra a la noche de San Juan.

Participaron las voces de Antonia Piqueras, Eloísa Pardo, Juan José Guardia Polaino, Luis Romero, Yolanda de la Cruz, José V. García y el propio Díaz‑Cacho, acompañados por la música de trompetas de Félix Donoso Cañizares, Luis Miguel Donoso Fleitas y Esteban Gómez Nieto.

Es un acto que, más que recital, es rito civil y literario: un diálogo con la muerte desde la palabra, en un espacio donde el tiempo parece detenerse.

— Ruta nocturna de leyendas y rituales: la Encantada vuelve a salir

(fotografías siguientes de Pilar Gómez)

A partir de las 23:00 horas, desde el Auditorio, tuvo lugar la actividad organizada por Oretum Granátula y el AMPA: “Noche de San Juan, Noche de Leyendas… Ven y vive la magia de nuestras leyendas”.

El recorrido llevó a los participantes por los rincones más simbólicos del pueblo, donde se narraron las historias de la Encantada, la Trocanta, el Bú y otros seres del imaginario local. La caminata culminó con dos rituales tradicionales:

  • La Gran Olla Comunitaria de San Juan, donde cada vecino quemará en el fuego aquello que desea dejar atrás.
  • El Ritual del Agua de San Juan, con agua aromática para purificar el cuerpo y recibir el nuevo ciclo.

Una celebración que mezcla folclore, pedagogía y comunidad, y que convierte la noche en un espacio compartido donde los mitos vuelven a tener cuerpo.

Donde la leyenda respira

El Cerro de la Encantada es, al mismo tiempo, yacimientos y cuentos, arqueología y advertencia, memoria y misterio. Allí convivieron un poblado del Bronce, una necrópolis, una cueva cargada de relatos y un cerro que atrae tormentas. Allí, cada San Juan, la Encantada vuelve a salir —sea en forma de mujer luminosa, de bicha reptante o de historia contada al calor del fuego— para recordarnos que los pueblos viven no solo de lo que excavamos, sino también de lo que imaginamos.

Y Granátula, en esa noche en que el sol se rinde tarde y la luna parece más cercana, sigue sabiendo escucharla.