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Fiesta de la Vendimia 2026

La vendimia vuelve a hablar en Granátula

Entre aromas de mosto recién prensado, aperos rescatados de la memoria y el alegre bullicio de varias generaciones reunidas en torno a una de las labores más emblemáticas del campo manchego, Granátula de Calatrava celebró su Fiesta de la Vendimia. Una jornada que permitió recuperar tradiciones, reivindicar la cultura del vino y rendir homenaje a quienes hicieron de la viña una forma de vida.

La asociación cultural Oretum, introduce la fiesta de la vendimia en nuestra localidad

Hay días en los que los pueblos no celebran una fiesta, sino que conversan con su propia memoria. Así ocurrió en Granátula de Calatrava durante la reciente Fiesta de la Vendimia, una jornada en la que el rumor de los tiempos pasados volvió a escucharse entre los racimos, los mostos y las viejas historias que aún reposan en las calles de nuestra villa.

El mes de septiembre, tan ligado desde antiguo al trabajo de la viña, regresó revestido de emoción y de pedagogía gracias a la iniciativa impulsada por Oretum Granátula. Lejos de constituir una mera evocación nostálgica, la celebración se convirtió en un puente entre generaciones, permitiendo que los mayores reviviesen experiencias que formaron parte de su juventud y que los más pequeños descubriesen, acaso por primera vez, el significado profundo de la vendimia.

Granátula ha mantenido históricamente una estrecha relación con la vid. Durante décadas, numerosas viviendas albergaron sus propias bodegas, donde el vino no era únicamente una mercancía, sino una prolongación de la economía doméstica y de la identidad familiar. Aquel legado estuvo muy presente durante toda la jornada, evocándose nombres y establecimientos que fueron parte esencial de la vida local, desde la bodega de Pascual «Alcabuces» hasta las de «los Inocentes», Juanito «el de la Perrilla» o Félix Rodríguez, entre otros establecimientos que contribuyeron a la prosperidad y al carácter de nuestro pueblo.

Uno de los momentos más entrañables llegó cuando los niños, descalzos y llenos de curiosidad, participaron en el tradicional pisado de la uva. Bajo la mirada complacida de padres y abuelos, aquel gesto ancestral recuperó su protagonismo y transformó una sencilla actividad en una hermosa lección de historia viva. Porque pocas enseñanzas resultan tan eficaces como aquellas que pueden sentirse bajo los propios pies.

No faltaron tampoco los aperos tradicionales ni las explicaciones acerca de las labores del campo, elementos que permitieron comprender mejor el esfuerzo que generaciones enteras dedicaron a la vendimia. Junto a ello, la organización reservó un espacio para recordar la singular figura del general Espartero, cuya vinculación con el mundo del vino constituye una faceta menos conocida de uno de los personajes más destacados del siglo XIX español.

Como corresponde a toda celebración manchega que se precie, la gastronomía ocupó un lugar principal. Las migas ofrecidas por el Ayuntamiento, las masillas elaboradas por Carmencilla y el popular tiznao compartido durante la jornada contribuyeron a crear un ambiente de fraternidad y convivencia que recordó aquellas fiestas donde el mejor patrimonio era la mesa compartida.

El General Espartero, el General del Pueblo, ilustre etnólogo

No podía faltar la relación de Baldomero Espartero con los vinos. Como biógrafo del General e historiador aficionado, me ha encantado la mención al desarrollo de la cultura del vino que realizó nuestro más ilustre paisano. La bodega de la mujer de Espartero se convirtió en un laboratorio vitivinícola. Y así con el Maques de Murrieta, que estuvo a sus órdenes en las nefastas guerras civiles carlistas y al que apoyo Baldomero para que fuera Grande de España, empezaron a realizar los caldos al estilo bordelés. Introdujeron el método de Burdeos y iniciaron la fama de lo que luego sería la denominación de origen de La Rioja. Pero no quedó ahí la incursión en los vinos,

Luciano Murrieta compró unas pequeñas barricas de cántaras (72 litros) en Bilbao y, en 1850, sometió a crianza una partida de vinos procedentes las bodegas de la familia de los Duques de la Victoria (de mi mujer y mía) en la calle Cerrada, de 160,2 metros cuadrados de planta, y la bodega auxiliar en Granero nº 13. Luciano inició sus pruebas de actividades de vitivinicultor, primero como reto personal de cualificación de los productos de la casa ducal, que más tarde convertiría en un negocio privado.

Dos años más tarde, en 1852, los vinos se exportaron a Cuba y Méjico a través de la empresa Ibarra y Compañía de la Habana, 50 barriles para cada país. Uno de los barriles fue adquirido en la Habana por el Capitán General y Gobernador de la Isla, D. José de la Concha, cuñado de Espartero, quien se deshizo en elogios sobre el vino.

En la Exposición de Agricultura de 1857 de Madrid Espartero acudió con los vinos elaborados por Luciano en su bodega, los que se llamaron “Vinos del General Cincinato”, presentando 38 muestras entre las que había espumosos realizados por el método de “Champaña”. También  vinos riojanos elaborados con un nuevo estilo bajo el sello de MEDOC. Fueron premiados con una Medalla de Plata precisamente por el vino espumoso. En aquella exposición también obtuvieron dos Medallas de Oro, una por la introducción y propagación en el reino de la cebada de Australia y la otra por el aceite del valle, del rio y otros puntos de La Rioja.

Cuenta una anécdota que tras el naufragio del barco Veracruz al entrar en puerto en Méjico en 1852, de una partida de «cubetas» de vinos en las costas americanas. Nunca  se supo realmente que pasó con esa partida hasta que Luciano un día en Irún se encontró con un indiano que le aseguró que “consiguió un barril procedente del naufragio y el vino era excelente y que ahora se dirigía a Logroño para comprar una partida de ese vino y venderla”.

Clausura de las jornadas

La clausura llegó revestida de aromas y matices. Los más jóvenes disfrutaron de una cata de mostos, mientras que los adultos pudieron participar en una degustación de vinos de la Denominación de Origen Campo de Calatrava, acompañada de maridajes y de las explicaciones del sumiller Ana García, que acercó a los asistentes la riqueza y personalidad de nuestros caldos.

La Fiesta de la Vendimia ha demostrado que las tradiciones solo mueren cuando se olvidan. Mientras existan vecinos dispuestos a transmitirlas y asociaciones empeñadas en rescatarlas del silencio del tiempo, seguirán formando parte de nuestra identidad colectiva. Y en Granátula, a juzgar por lo vivido, la memoria del vino continúa tan viva como el primer mosto que cada septiembre comienza a fermentar en las entrañas de La Mancha.

Porque un pueblo que recuerda cómo trabajaron sus mayores no solo conserva su historia: cultiva también su porvenir.

 

Granátula vuelve a alzarse: las fiestas del Santo Cristo de la Resurrección 2026

Crónica y reseña del programa de los cultos y festejos

Hay pueblos que celebran fiestas; Granátula, en cambio, se reconoce en ellas. Cada septiembre, el Santo Cristo de la Resurrección vuelve a convocarnos. No lo hace con estridencias, sino con ese aldabonazo silencioso que atraviesa generaciones y nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos caminar.

Este año, además, llegamos a la fiesta con el eco reciente de la Virgen de Oreto y Zuqueca, como si septiembre quisiera recordarnos que la identidad granatuleña se sostiene sobre dos pilares: la Madre y el Hijo, la tradición y la esperanza, la memoria y la resurrección.

Una devoción que sobrevivió a todo

La Hermandad del Santo Cristo de la Resurrección no nació ayer. Su historia es larga, profunda y, en ocasiones, dolorosa. En 1661, cuando el Obispo de Arcadia bendijo la Ermita del Calvario, Granátula ya sabía que aquel pequeño edificio sería más que un lugar de culto: sería un hogar espiritual, un refugio para la pena y la alegría, una brújula para los vivos y un descanso para los muertos que camino del camposanto hacían parada en la ermita o incluso yacían allí como sala de autopsias. La existencia lo atestiguan documentos de 1663, como el testamento de la mujer de Francisco Cañizares, que deja “otra misa al Santo Cristo de la Resurrección” .

La historia quiso poner a prueba esa fe. La guerra de la Independencia, la caída de los valores religiosos y la guerra del 36 destruyeron la ermita y fusilaron la imagen. Pero no destruyeron la memoria. El archivo recuerda que “el Santo Cristo Resucitado tenía una hermosa ermita en el lugar que cada año se monta el huerto de los olivos” . Y también recuerda la valentía de quienes ocultaron la bandera y el ara del altar, únicos supervivientes de aquel tiempo.

Tras la guerra, sin ermita y sin imagen, fueron los devotos quienes sostuvieron el culto con sus manos y su bolsillo. Hasta que en 1952, un gesto decisivo marcó el renacer con la donación de una nueva imagen, la misma que hoy veneramos. En 2027 celebraremos los 75 años de aquella refundación, tres cuartos de siglo de esfuerzo, continuidad y fe.

El Cristo que se prepara en casa

Granátula conserva una memoria doméstica del Cristo: como antes de la construcción de la actual ermita en la casa del donante del Santo, Leocadío, se sacaba al Santo de la hornacina, se preparaba en las andas, o aqulle la mesa enorme que vestían Dámasa, Engracia y María; las flores que colocaban las mujeres, claveles rojos y blancos; el “muñeco” que derramaba monedas el Domingo de Resurrección; las ráfagas y el arco de flores que se montaban. “Lo primero fue conseguir una imagen y, después, poco a poco, todo cuanto se creía necesario para un culto decente”.

Esa mezcla de precariedad y devoción es parte de nuestra identidad: aquí, la fe nunca se abandona.

El programa de cultos: solemnidad y tradición

Este 2026, la Hermandad consagra un Solemne Triduo los días 11, 12 y 13 de septiembre, a las 20:00 horas, en la Iglesia de Santa Ana. El día 13, las Vísperas y la Ofrenda Floral —con flores rojas— marcarán el momento más emotivo, junto con la entrega de medallas a los hermanos pasivos, en un gesto de reconocimiento largamente esperado .

El día grande, 14 de septiembre, comenzará con la recogida de abanderados y autoridades, seguido de la Santa Misa con la Rondalla Oretana. A las 21:00 horas tendrá lugar la Solemne Procesión del Santo Cristo, acompañada por la Banda de Cornetas y Tambores Santa Ana y la Banda de Música Arriaga. A la llegada al templo se realizará el intercambio de insignias y, si las circunstancias lo permiten, los fuegos artificiales cerrarán la noche.

El día 15 culminará con la misa de réquiem por los difuntos de la Cofradía.

El programa de festejos: Granátula en plena alegría

Del 11 al 15 de septiembre, el pueblo se llena de concursos, verbenas, música y juegos:

  • Tángana, petanca, cuatrola, mus, dominó, tiro al blanco.
  • Actuaciones de Rondalla Oretana, Pipo, Trio Virginia, Nueva Estrella y Samil.
  • El tradicional puñao ofrecido por los abanderados.
  • El pasacalles de Gigantes y Cabezudos, que endulza la tarde con caramelos.
  • Concursos infantiles en la Plaza de la Constitución.
  • El XXII Campeonato de fútbol sala “Vecinos del Jabalón”.

Todo ello con la alegría limpia de las verbenas, el sonido de las campanas y ese perfume de romero que parece brotar del suelo cuando Granátula está en fiestas.

Una súplica para tiempos difíciles

En un mundo que camina entre miedos y divisiones, resuenan las palabras del Papa Francisco: “Sólo se puede mirar por encima al otro cuando se le tiende la mano para levantarlo de su caída”. El programa del Cristo recoge esta llamada a la unidad, a la paz y a la esperanza, y la convierte en oración:

“Cristo Resucitado, transfórmanos, Señor. Transforma nuestros miedos en fe, nuestras sombras en luz, nuestro orgullo en humildad, nuestras divisiones en unidad.”

Granátula, tierra noble, abre tus puertas

Que vuelvan el puñao, los gigantes, la música, las flores rojas, el paso firme de la Hermandad, la emoción de las Vísperas, la solemnidad del Triduo y la procesión que cada año nos recuerda que la fe no es un adorno: es una forma de estar juntos.

Que vuelvan las verbenas, las actuaciones, los concursos, los festejos y la alegría.

Que viva el Santo Cristo. Que viva Granátula. Que viva la tradición que nos sostiene y la esperanza que nos impulsa.

 

Granátula vuelve a su origen: Fiestas de la Virgen de Oreto y Zuqueca 2026

Crónica del programa completo de los cultos y festejos patronales

Hay celebraciones que no necesitan presentación porque viven en la memoria colectiva como un latido antiguo. En Granátula de Calatrava, ese latido tiene nombre propio: Nuestra Señora de Oreto y Zuqueca, Patrona y raíz espiritual de un pueblo que, cada septiembre, se reencuentra consigo mismo. Las fiestas de 2026 llegan envueltas en incienso, repiques de campana y ese aire solemne que solo poseen las tradiciones que han sobrevivido a los siglos.

La Hermandad, en su saluda, recuerda que estas jornadas no son solo un calendario de actos, sino un ejercicio de identidad:

“Hay una gran diferencia entre ser cofrade y sentirse cofrade”.

Y es precisamente ese sentimiento —esa mezcla de devoción, orgullo y ternura—  lo que convierte estas fiestas en un acontecimiento que trasciende lo religioso para convertirse en un abrazo comunitario.

El Novenario: nueve días para mirar a María desde dentro

Del 29 de agosto al 6 de septiembre, Granátula se recoge en torno al Solemne Novenario, que cada noche convoca al pueblo con el Santo Rosario (20:30) y la predicación (21:00). Este año, el párroco Ángel Daniel de Toro González propone un itinerario espiritual centrado en “Conocer a María”, desgranando su figura desde la oración, el Magníficat y las grandes afirmaciones de la Iglesia.

Cada día se acompaña de una ofrenda temática: niños, familias, jóvenes, bautizados, asociaciones, difuntos, mayores y enfermos, autoridades y hermandades. Un novenario que, más que un rito, es una conversación íntima con la Madre.

7 de septiembre: vísperas, flores y la Salve de medianoche

El día previo a la fiesta grande comienza con el repique de campanas (18:30), seguido de las Solemnes Vísperas y Eucaristía (19:00) y la tradicional Ofrenda Floral. Cuando el reloj marca la medianoche, la parroquia se llena para cantar la Salve, ese himno que es casi un himno nacional granatuleño, capaz de poner un nudo en la garganta incluso a quienes viven lejos.

8 de septiembre: la Natividad de María, día mayor

A las 11:00, la parroquia de Santa Ana acoge la Misa Mayor, acompañada por la Rondalla Oretana con su Misa Manchega, que convierte la liturgia en un canto de tierra y memoria.

Por la noche, a las 21:30, la imagen de la Virgen recorre las calles en la Solemne Procesión, escoltada por la Banda Arriaga y la Banda de Tambores y Cornetas Santa Ana. Al término, la Salve vuelve a sonar, esta vez bajo el cielo abierto, seguida de una colección de fuegos artificiales que ilumina la plaza como si fuera un altar.

9 de septiembre: memoria y continuidad

La mañana se dedica a los Hermanos Difuntos (11:00), con la Misa Réquiem y el intercambio de insignias entre capitanes y abanderados salientes y entrantes. Después, la Hermandad recorre las calles para recoger el tradicional puñao en casa de los nuevos responsables del año.

Festejos y concursos: la alegría también es devoción

Granátula sabe que la fiesta es también convivencia, humor y música. Por eso, el programa civil ofrece actividades para todas las edades:

Sábado 5 de septiembre

  • Concurso de petanca
  • Concurso de mus
  • Trofeo de Fútbol Sala Virgen de Zuqueca
  • Verbena con la Orquesta SAMIL y bingo musical

Domingo 6 de septiembre

  • Concurso de cuatrola
  • Trofeo de pádel
  • Actuación de la Rondalla Oretana con bailes manchegos
  • Bingo

Lunes 7 de septiembre

  • Campeonato de dominó
  • Tradicional puñao
  • Verbena con Trío Momart
  • Fuegos artificiales

Martes 8 de septiembre

  • Diana floreada
  • Puñao del Capitán
  • Tiro al blanco
  • Baile del vermú
  • Concurso de tángana
  • Verbena con Grupo Musical Ares

Cierre de fiestas

Concursos infantiles, actuación de Juan Carlos García, elección de Miss Simpatía, traca final y chocolatada con bizcochos.

Oreto-Zuqueca: la fiesta que nace de la tierra

Este año, el programa incorpora además textos sobre el Área Arqueológica de Oreto-Zuqueca, recientemente declarada Bien de Interés Cultural. Un recordatorio de que estas fiestas no solo honran a la Virgen, sino también a un territorio que guarda bajo su suelo siglos de historia: necrópolis romanas y visigodas, baños árabes, iglesias paleocristianas y el antiguo priorato calatravo.

La Virgen de Oreto y Zuqueca no es solo Patrona: es la heredera espiritual de una tierra que fue ciudad, obispado, villa romana y enclave medieval.

Conclusión: una fiesta que es un espejo

Granátula celebra a su Virgen como quien celebra a su propia madre: con respeto, con emoción y con esa mezcla de solemnidad y alegría que solo se da en los pueblos que han sabido conservar su alma. Estas fiestas son un espejo en el que cada vecino se reconoce: en la fe, en la música, en los concursos, en la procesión, en el puñao, en la Salve, en la luz de los fuegos artificiales.

Un año más, la Virgen vuelve a mirar a su pueblo. Y Granátula, como siempre, vuelve a mirarla a Ella.

 

San Isidro 2026 en Granátula de Calatrava: fe, campo y comunidad bajo el cielo de mayo

Granátula amaneció este mayo con ese brillo antiguo que sólo aparece en los días grandes. Desde primera hora, el pueblo entero parecía respirar al compás de las cornetas, del murmullo de los preparativos y del perfume de las flores blancas y amarillas que anunciaban, un año más, la llegada de San Isidro Labrador, patrón de agricultores y ganaderos. Bajo la luz tibia de la tarde, la imagen del santo —serena, campesina, cercana— volvió a ocupar su lugar en el corazón de la comunidad.

La plegaria que abre el tiempo de la esperanza

Este año, la celebración ha estado marcada por la emoción especial de la Oración por la lluvia, una de esas joyas de la religiosidad popular que en Granátula se recita con la misma devoción con la que se siembra. En sus versos late la preocupación de un pueblo que mira al cielo tanto como a la tierra: las cebas que se secan, los trigos que no nacen, los corderos que esperan pasto. Y, al mismo tiempo, la confianza en la Virgen de Zuqueca, en San Ramón, en la Encarnación y en el propio San Isidro, “que el agua de un risco hiciste salir”.

La oración, colocada este año en el programa oficial, ha sido el pórtico espiritual de unas fiestas que recuerdan que la agricultura no es sólo oficio: es identidad.

Actos religiosos: tradición que camina

Jueves 14 de mayo

La celebración comenzó con la concentración de la Junta Directiva, la Hermandad y los vecinos en la Antigua Sindical. El pasacalles recorrió las calles principales hasta desembocar en la Iglesia Parroquial, donde se celebró la misa en honor al santo y la tradicional ofrenda floral. Las flores —blancas y amarillas, como manda la costumbre— formaron un tapiz humilde y luminoso a los pies del patrón.

Viernes 15 de mayo

El día grande. La Banda de Cornetas y Tambores Santa Ana abrió la tarde recogiendo a hermandad y autoridades. Después, la Solemne Función Principal, presidida por el consiliario D. Ángel Daniel de Toro González, llenó el templo de cantos manchegos gracias a la Rondalla Oretana, que aportó ese timbre de raíz que convierte la liturgia en memoria viva.

La procesión posterior, acompañada de nuevo por la Banda Santa Ana, fue un desfile de fe y orgullo agrícola: calles engalanadas, balcones abiertos, niños con espigas, mayores que recuerdan otras sequías y otras abundancias. La imagen de San Isidro avanzó entre aplausos, promesas y silencios que decían más que las palabras.

Actos festivos: la alegría compartida

Sábado 16 de mayo

El Auditorio Municipal acogió la Comida de Hermandad, un encuentro que cada año reafirma el espíritu comunitario de Granátula. Tras el sorteo del cuadro, la fiesta continuó con un tardeo animado por el grupo La Clave, que convirtió la tarde en un baile intergeneracional. Hubo barra, risas, reencuentros y juegos populares para todas las edades, recuperando ese sabor de verbena antigua que tanto identifica a la localidad.

Domingo 17 de mayo

El broche final lo puso el Concurso Tradicional de Arada (El Surco), celebrado en el paraje de El Montero, a las 11,30 de la mañana. Allí, entre tractores, jueces y aficionados, se midieron destreza, técnica y cariño por la tierra. Los participantes recibieron obsequios y los mejores fueron premiados. Enhorabuena a Cristina, Alejandro, Alex y José Javier por sus merecidos galardones. Lo esencial fue ver cómo el oficio del campo sigue transmitiéndose con orgullo.

Un cierre mirando al cielo

San Isidro 2026 deja en Granátula de Calatrava la estampa de un pueblo unido por la fe, la tradición y el trabajo. En cada acto, en cada flor ofrecida, en cada nota de la banda, late la misma petición que desde hace generaciones acompaña a los agricultores manchegos: que la tierra sea generosa y que el cielo responda.

Quizá por eso, al despedirse del santo, muchos vecinos murmuraron de nuevo aquellos versos que este año han resonado con especial fuerza:

“Virgen de Zuqueca, corona de oro, riéganos los campos que se seca todo.”

Granátula celebra, recuerda y espera. Y en esa espera, como siempre, se hace comunidad.

 

La Hora de Ciudad Real, nuevo períodico

En el tiempo de internet que un grupo de personas emprendan creando un nuevo periódico con edición en papel puede parecer un tanto de Quijotada o locura.

Quizás porque los ideales al final superan las barreras y quizás también porque los número lo avalaban se ha hecho realidad la edición del periódico La Hora de Ciudad Real. Este semanario incluye un apartado para los pueblos de la provincia.

Hace ya meses que contactó conmigo César para proponerme ser columnista con artículos sobre Granátula de Calatrava, y aquellos relacionados con su entorno, el Campo de Calatrava.

El caso es que aquí me tienen en este nuevo proyecto. Quien me conoce sabe que toda mi vida he estado ligado a Granátula, a Ciudad Real, y a la historia. Ahora vamos a por un nuevo proyecto, el de ser columnista de un periódico.

Os dejo la portada (perdón por la calidad pero es lo que hay), del número «cero» y del número especial de «Semana Santa» con la portada de mi fotografía de Jesús de Nazareno, que ganó el primer concurso de carteles anunciadores de la Ruta de la Pasión Calatrava.