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Crisis Económica 4: Opciones

¿Por cuál de estas opciones, y con qué otros componentes, pudiera vislumbrarse una salida de esta gran crisis?

¿Qué otras opciones y escenarios son actualmente posibles?

En una primera instancia de análisis y búsqueda de alternativas, se presenta una cuestión fundamental, de la cual dependen muchas otras, por lo que conviene referirse a ella en primer lugar. Es la cuestión de las “dimensiones” geo-económico-políticas del posible nuevo ordenamiento mundial.

Una primera opción la podemos llamar “mundialización económico-política”, que supone avanzar en la dirección de una globalización acentuada, que pudiera manifestarse en una serie de procesos entre los que destacarían:

a) La creación de una moneda única mundial (sustitutiva del dólar, el euro, el yen y todas las monedas nacionales).

b) El establecimiento de una institucionalidad económica que fije regulaciones financieras, comerciales, fiscales, energéticas, ambientales, laborales, jurídicas e incluso militares, que deban regir y aplicarse en todas las naciones del mundo (con la sola exclusión de aquellos países que soberanamente quieran sustraerse del sistema y que quedarían política y económicamente aislados).

c) Se implica en este escenario una dramática reducción del poder de los Estados nacionales, que entre otras muchas atribuciones que posee actualmente perdería la capacidad de poner restricciones al libre comercio.

Una segunda opción la podemos llamar “regionalización económico-política”, que implicaría el surgimiento de tres grandes regiones económicas que competirían entre ellas por el control de los mercados (y de los principales recursos) mundiales, y por el dominio y/o la hegemonía política internacional.

En este escenario podemos visualizar la formación y consiguiente confrontación entre grandes regiones geográfica, económica y políticamente configuradas, que serían América del Norte, la Unión Europea y un Bloque Asiático.

Cada una de estas potencias tendría su propia moneda y sistema financiero, fijaría sus propias regulaciones, inclusivas de un fuerte proteccionismo de sus mercados y fronteras económicas, y compitiendo por los recursos y los mercados de las zonas que permanecerían probablemente sin integrarse a dichas regiones, tales como América Latina, Rusia, los países petroleros, etc.

Una tercera opción sería el prevalecer de los estatismos nacionalistas, con la mantención de las monedas nacionales, el incremento de las políticas proteccionistas, el aumento de las restricciones al libre comercio, el Estado nacional asumiendo crecientes funciones, y probablemente dándose lugar al recrudecimiento de los conflictos y guerras entre países.

Formular estos tres escenarios posibles es en realidad un ejercicio intelectual menor. También es fácil imaginar que las tres opciones tendrán sus promotores e impulsores, de modo que durante un cierto período de tiempo veremos y podremos seguir el debate y la confrontación entre estas tres opciones. Lo verdaderamente complejo y que plantea desafíos intelectuales mayores, lo podemos diferenciar en dos aspectos.

El primero es prever el curso de los acontecimientos, identificar a los actores (incluidas las naciones) que se pondrán a favor de cada opción, visualizar la relación de fuerzas que se manifestará entre ellos, y adelantar el resultado histórico-político de la confrontación (que será, obviamente, teórica y práctica).

El segundo, por cierto distinto del anterior aunque el pensamiento ideológico tiende a menudo a confundirlos, es identificar cuál de las opciones señaladas es la mejor, o la más conveniente y adecuada en términos de superar la crisis actual y de alcanzarse un mejor futuro para la humanidad.

 

 

Antes de abordar esta pregunta volvamos la mirada sobre la magnitud e intensidad de esta gran crisis. Pues se habla y escribe con demasiada facilidad sobre “la salida de la crisis”. Se anuncia que ella durará dos o tres semestres, o un año, incluso algunos dicen que hasta dos años completos. Este último es el escenario que la describe como una crisis en forma de U, imagen con la cual se indica que a la caída acelerada seguirá una relativamente prolongada situación depresiva, luego de la cual inevitablemente vendrá la subida, que se espera será tan acelerada como fuera la caída. Nadie, en efecto, duda que de esta crisis se sale, y que la economía recuperará el crecimiento, volviendo a la normalidad, e iniciándose un nuevo ciclo de expansión y crecimiento.

Se piensa y razona de este modo, porque se concibe que esta crisis es una más entre las crisis cíclicas que acostumbra experimentar el mercado.

Yo no lo creo. Cuando sostengo que esta crisis será prolongada, no pienso en dos o tres años, sino en tantos cuantos se requieran para que se cumplan las condiciones de salida de esta crisis, a los que me he referido en post anteriores y que podemos resumir así: Una nueva moneda internacional, un nuevo orden financiero, un nuevo ordenamiento institucional, jurídico y político de dimensiones globales, y una nueva cultura que implique una transformación profunda de los comportamientos económicos de las personas, grupos y sociedades. Así, la crisis podrá durar tres años, cinco años, diez años, veinte años, o más. Menos o más, dependiendo de lo que nos demoremos en crear estas nuevas condiciones.

Cuando afirmo que esta crisis será profunda, no pienso en uno, dos o hasta tres puntos (como creen los más pesimistas) de decrecimiento, sino en una caída generalizada de la producción y del consumo, tanto o más grande como la que ocurriera con la crisis del 1929-30, y cuya efectiva superación empezó solamente al término de la Segunda Guerra. Obviamente, en este juicio está contenido un cierto concepto de la crisis, que comprende las dimensiones económica, social, política y cultural.

Observemos algunos hechos.

Primer hecho. Hace apenas unos meses (mediados de Julio 2008) el petróleo alcanzaba casi 150 dólares el barril, y los analistas anunciaban que llegaría rápidamente a 200 dólares, y algunos planteaban cifras mayores. ¿Se equivocaron los analistas? Obviamente, en cierto sentido, pero ello no tiene mayor importancia. El hecho es que el petróleo llegó a costar 150 dólares, y que “el mercado” prospectaba que el precio seguiría subiendo aceleradamente. Todo ello estuvo acompañado de otros dos hechos: a) Una sorpresiva difusión de la teoría del “ peak oil ” de Hubbert, según la cual se avecina una catástrofe como consecuencia de que no existen capacidades productivas ni reservas de petróleo capaces de mantener en el tiempo los niveles actuales de producción de esta fundamental fuente de energía. b) Los gobiernos de todo el mundo realizaron una campaña coordinada tendiente a reducir el consumo energético y a buscar fuentes alternativas; una campaña que tuvo escasos resultados.

Segundo hecho. En el momento en que el precio del petróleo llegó a su máximo histórico, se inició una brutal contracción del dinero disponible en la economía, que generó una “sequía” del crédito, no solamente al consumo y a las hipotecas inmobiliarias, sino también a las más grandes empresas. Los índices de las Bolsas de valores caen entre un 40 y un 70 % en todos los países del mundo. Al mismo tiempo se derrumban entre un 25 y un 60 % los precios de las viviendas y de las principales materias primas.

Tercer hecho. Los Bancos Centrales y los gobiernos en todas partes salen simultáneamente “al rescate” selectivo de los principales bancos y empresas que se tornan insolventes, evitando así que entren definitivamente en bancarrota.

Crisis Económica 5: ¿Hay alguna lógica detrás?

Hay muchas explicaciones que dan los analistas, respecto a cada uno de estos hechos considerados aisladamente. Una explicación distinta para cada hecho. Todos, hechos que se explican por “el mercado”, afectado por desequilibrios, que motivan acciones especulativas, pánicos, comportamientos esquizoides, en fin, “volatilidad” extrema. Detrás de ello, por cierto, burbujas que se inflan y desinflan. ¿Es eso todo?

Con nuestra Teoría Económica Comprensiva tratamos de comprender los procesos, aplicando una estructura conceptual compleja. Resumimos las hipótesis a las que hemos llegado.

1. El mercado determinado, actualmente no está funcionando como un mecanismo automático que responde a decisiones independientes de sujetos en competencia. El mercado determinado tiene un nivel de extrema concentración, y responde en gran medida a las decisiones de pocos gigantescos y muy poderosos grandes grupos económicos, y se encuentra comandado y articulado por pocos y muy determinados grandes poderes públicos nacionales y supranacionales.

2. Existe, efectivamente, un gravísimo problema de escasez de petróleo, cuya producción no alcanza a sostener ya el crecimiento de la economía a nivel global, y cuyas disponibilidades (reservas no explotadas) no permitirán mantener durante las próximas décadas ni siquiera los niveles de producción actuales. Desde este punto de vista, y hasta que no se resuelva el problema energético con nuevos descubrimientos, nuevas tecnologías, nuevas soluciones, el mundo se verá enfrentado a una inevitable contracción económica.

3. Si el mercado estuviese operando en libre, espontánea y automática competencia, el escenario más probable sería catastrófico. Pero el mercado determinado se encuentra controlado y comandado, como sostiene nuestra hipótesis. Y quienes comandan el mercado, han decidido asumir el problema de la doble crisis (energética y financiera) en su real magnitud, y evitar la catástrofe, imponiendo una profunda y prolongada depresión económica.

4. Lo que han hecho para evitar la catástrofe, puede sintetizarse en los siguientes movimientos:

Primero, con el petróleo a 150 dólares estuvimos (nos llevaron) al borde del abismo de una posible crisis energética. Ello nos hace comprender a todos, que el crecimiento económico sostenido no es ya posible.

Segundo, con la contracción monetaria y la consiguiente inevitable depresión, se espera evitar el colapso energético (con una fuerte contracción de la demanda de petróleo), pero ello nos pone al borde de otro abismo, el del colapso financiero global. Así comprendemos que será necesario adaptarse a una economía no sólo sin crecimiento sino en depresión, por un largo tiempo.

Tercero, con los “rescates”, las nuevas regulaciones, el control de los grandes bancos y de las grandes empresas automovilísticas, aerolíneas y otras, los grandes poderes se aprontan a tomar el control de la situación y así manejar una prolongadísima y profunda gran crisis. Comprendemos que bajo estas condiciones una crisis profunda y prolongada no sería la peor alternativa. Este tercer momento no será sin conflicto entre muchos grandes intereses involucrados, pero terminará por establecerse (con el predominio de alguno de los tres escenarios que expusimos en el punto anterior).

En los próximos años y tal vez durante décadas, viviremos en depresión económica, oscilando entre dos abismos mucho peores: el abismo de la crisis energética y el abismo de la interrupción de la cadena de pagos. El avance por tan estrecho sendero será dramático, pues para evitar caer en el abismo energético será necesario reducir el crecimiento económico (la producción y el consumo). Pero al reducir el crecimiento se hace insostenible el funcionamiento del sistema financiero, que solamente puede operar con cierta normalidad si hay crecimiento de la producción y del consumo y de la creación del dinero como deuda. Así caminaremos por el estrecho sendero de una crisis prolongada y profunda, entre dos abismos catastróficos: intentando evitar el primero nos asomaremos al segundo, y evitando caer en el segundo nos asomaremos al primero. Nos mantendremos en la grande crisis sólo si logramos evitar caer en cualquiera de los abismos.

Y ahora un video para comprender como el dinero se crea «de la nada», nace de la deuda y no del valor de los activos.


Crisis Económica 6: La salida


En el supuesto de que evitamos el abismo y la catástrofe, podremos decir que se ha iniciado la superación de la gran crisis cuando avancemos simultáneamente en la construcción de las siguientes seis condiciones:

    1. Disponer de un nuevo sistema monetario y financiero, que no requiera elevado crecimiento de la producción y del consumo para sostenerse. Ello supone que el dinero deja de crearse como crédito, y que recupere credibilidad y sus cinco importantes funciones. El dinero se crea partiendo del valor (claramente se crea a partir del invertido en infraestructuras para la economía).
    2. Disponer de una nueva matriz energética, ambientalmente sostenible.
    3. Una gran reforma intelectual y moral, que sustente un nuevo modo de vida, una nueva economía, una nueva cultura, orientadas hacia el levantamiento de una nueva civilización, más justa y solidaria.
    4. La creación de un nuevo orden institucional, jurídico y político, que de estabilidad y garantice la permanencia de las tres condiciones anteriores.
    5. Restringir el poder de los bancos (sobre todo centrales) y de los políticos para que en ningún caso el crecimiento de la masa monetaria sea superior a la producción y el incremento de la masa monetaria en manos del público a nivel individual sea superior al incremento de la productividad. La evolución sostenible debe basarse no sólo en serlo medioambientalmente sino también en que el aumento del bienestar es directamente proporcional al incremento del valor, no precio, de los bienes y servicios producidos. En el caso Español debe realizarse además una rotación del trabajo, de sociedad de trabajadores, a sociedad de valor añadido; el modelo de crecimiento basado en el ladrillo, de turismo masificado y en el incremento de producto interior añadiendo más masa laboral pero con un diferencial de productividad por cada unidad añadida inferior se ha mostrado como un modelo incompleto y tremendamente vulnerable. El incremento del producto interior bruto en los próximos años debe realizarse mediante el aumento del valor añadido en cada unidad producida. Por poner un ejemplo en el sector de automoción, no puede permitirse España lo que hizo en tiempos pasados: Un motor brillante desarrollado en España, si el valor añadido Español de la ingeniería y desarrollo, Barreiros, se evapora y en cambio se montan fábricas dónde los la ingeniería y el desarrollo viene de terceros países y en España nos dedicamos a, permítaseme la expresión, «apretar tornillos».
    6. Vuelta del consumismo al consumo. Ismo, exaltación. La exaltación del consumo como única alternativa al crecimiento en el capitalismo, de consumir más y más sin que los productos sean necesarios para el consumidor (todos conocemos la generación de necesidades que el sistema ha realizado en la última época en la que ya no basta con tener 10 cosas para la misma función sino además que deben ser de una determinada marca para evidenciar el nivel social en el que está o le gustaría estar al consumidor) y sin ser sostenible desde el punto de vista medioambiental y sustento financiero ha sido el cáncer de la economía.

Un fragmento de la película El Concursante, ¿algo para reflexionar?