Y hoy me apetece compartir esta actuación del grupo Zas Candil, de La Mancha que hace las canciones típicas de nuestra tierra en algunos casos con estilo folk, y de Rozalén.
Y hoy me apetece compartir esta actuación del grupo Zas Candil, de La Mancha que hace las canciones típicas de nuestra tierra en algunos casos con estilo folk, y de Rozalén.
En Granátula de Calatrava se encuentran los restos del obispado visigodo de Oreto. La lápida del obispo Amador, con silla en el Toledo, fue encontrada. La historia de mi pueblo se extiende desde la época de los íberos, pasando por los romanos y el visigodo, antes de llegar a la época musulmán contando como vestigio de esta época el que posiblemente es el Hamman más antiguo de toda la península ibérica. cuya salida de agua intervino en el mausoleo del diácono enterrado en Oreto.
Aún está pendiente de restauración, pero en breve se podrá disfrutar de la Lauda sepulcral. Los investigadores han recuperado una lauda sepulcral “excepcional” de la Hispania visigoda en Granátula del diácono enterrado en ella hace 1.400 años: un clérigo de 1,70 que murió a los 70 años.

Aurelius Vincentius. Los investigadores del yacimiento arqueológico de Oretum, en Granátula de Calatrava, creen que este es el primer nombre y apellido de un cristiano cien por cien ciudarrealeño. Así se llamó un misterioso diácono (clérigo) asociado al obispado visigodo de Oretum del siglo VI, enterrado en un lujoso mausoleo de la necrópolis visigoda oretana entre los años 580 y 600 de nuestra era.

Tenía 70 años cuando murió, una edad excepcional para la época, y es posible que en el reino Hispano-Visigodo de Toledo reinaran Leovigildo o Recaredo. “Estamos en un momento de reunificación territorial y de credo, en el que los visigodos abandonan el arrianismo e impulsan el cristianismo”, explica Antonio Manuel Poveda, el profesor de la Universidad de Alicante que codirige la investigación junto con el arqueólogo ciudarrealeño José Luis Fuentes, de la Universidad de Granada.
Y continuando con la historia de los Visigodos y su decadencia os comparto este magnífico video del Instituto CEU de Estudios Históricos. Como la decadencia del reino visigodo facilitó la conquista islámica. Conquista que llegó a Oreto, que pasaría Urit y Zuqueca.
Primera parte de este documental y recreación de lo que fueron las guerras carlistas en el País Vasco.
Y continuando con esta serie de videos de historia de la época de Espartero, os dejo este de Por la Senda Liberal.
Fernando VII, visto el pueblo y que peligraba su reinado, no tuvo otra que aceptar el liberalismo, aquello de marchemos pro la senda liberal y yo el primero, apartando el absolutismo que había sido su forma de gobierno.
Después de su muerte se levantaría en armas su hermano para reclamar el trono que derogada la ley sálica, dejó a Isabel II.
En estas guerras carlistas sería donde Espartero hizo y deshizo, a veces obedeciendo, a veces tomando decisiones por cuenta propia, habida cuenta que María Cristina estaba dispuesta a negociar matrimonio con el pretendiente al trono Isidro, absolutista radical. cosa que no era del agrado de Espartero, la involución que supondría en España la vuelta al absolutismo y a la gobernanza de la iglesia.
En la guerra Carlista, en su resolución, hay cosas curiosas como la intervención de un arriero, Tío Martín, quien sería primordial para la consecución del Abrazo de Vergara, como cuento en la biografía de Espartero.
Memoria de España – Por la senda liberal
Y visto lo visto, como resistió España, en diciembre de 1813 Bonaparte propuso firmar un acuerdo en la localidad francesa de Valençay, por el que el emperador Napoleón Bonaparte ofreció la paz y reconocía a Fernando VII como rey de España. Y es que la guerra de la Independencia nunca fue lo que planeó Napoleón, en particular por el deterioro de las tropas francesas por el continuo acoso que la guerra de guerrillas y otras formas de guerra no convencional que utilizaron los españoles y los ingleses (apoyando a España en este caso por su rivalidad con Francia, eso si apoyando poco, más enredando que otra cosa y de paso llevándose de España alguna de nuestras joyas artísticas, sobre todo cuadros).
Hay que decir que el tratado no entró en vigor en España ya que las Cortes y la Regencia en Madrid no lo aceptaron. Fuera como fuere Espartero estaba en esa época en la que debía decidir. Habían sucedido muchas cosas en su vida pasando por el suspenso en el segundo curso por unos motivos inexplicables (y tanto es así que hubo una protesta formal de contrastar exámenes de los aprobados con el suyo, que se saldó nombrándole subteniente), a la vez que, y por aquello de que los astros confluyen de vez en cuando, sucedieron dos cosas que le ayudaron a decidir su futuro:
En esta ocasión os dejo este enlace al video de, «Vivan las caenas», como gritaba la gente deseando la vuelta del Rey Fernando VII, del que luego detestarían por su política. Pero eso es harina de otro costal, Azañón ya nos lo contará.
Para enmarcar la época en la que vivió Espartero voy a dejar una serie de videos de la historia de aquella época, empezando por la época revolucionaria que vendría de la mano de Francia y Bonaparte, hasta la restauración de los borbones.
En esta ocasión os dejo este enlace al video de Memoria de España, «A la sombra de la revolución».
En Europa soplaban vientos de cambio. El pueblo francés a la cabeza se levantó asaltando la Bastilla.
Mientras en España el reinado de Carlos IV, de manos de su valido Manuel Godoy, pasaba por épocas bajas. A la vez las clases pudientes y la iglesia conspiraban, utilizando para ello al Príncipe de Asturias, el que sería después Fernando VII. Si, el hijo del rey conspiró contra su padre, y sobre todo contra Godoy al que consideraba el mal de todos los males, a la vez que hablaba de su madre como de una cualquiera por su amistad con el que fue Príncipe de la Paz.
La mecha de la revolución prendió en el pueblo, asaltando el palacio de Godoy y a continuación yendo a por el rey. Detrás estaba Napoleón, quien movía los hilos de un Fernando VII que le adoraba y le había escrito alabándole como emperador.
Al final en Bayona Napoleón reuniría a Fernando VII, para que devolviera la corona a su padre Carlos IV, y después éste lo hiciera en su hermano José Bonaparte. Mientras padre gritaba al hijo que «era tonto de capirote».
¿Te parece ficción? Espero que poro a poco la Novela de Azañón, que estoy escribiendo, cuente con sus peripecias lo que fue la España convulsa de esa primera mitad del siglo XIX.
Ingredientes:

El artículo está disponible aquí Microsoft Word – azuqueca09pdf.doc (biblioarqueologia.com)
Zuqueca (Granátula de Calatrava, prov. Ciudad Real) representa un conjunto arqueológico de primer orden a nivel regional en Castilla-La Mancha. Las fuentes coinciden al exponer una continuidad de poblamiento en este lugar prácticamente ininterrumpida desde, al menos, la época hispanorromana (GARCÉS et alli, 2000; 2009). Así lo indica la hipótesis de un templo romano localizable en el entorno periurbano de la ciudad de Oreto, con evidencias de una necrópolis tardorromana que pervive en época hispanovisigoda y, quizás, durante los primeros momentos de ocupación beréber, con los mozárabes; un baptisterio tardorromano; un edificio de carácter religioso de época visigoda; los restos islámicos hallados recientemente, entre los que se documentan un complejo palaciego con su baño; y las complejas descripciones del santuario tras la reconquista.
En el presente análisis se desglosan las conclusiones de un estudio para el cual se ha tenido muy presente que los elementos se definen, tanto por su significante en el contexto histórico y geográfico de la raíz árabe andalusí >skk< como por su significado, en relación a la evolución de su poblamiento y las vías que articulan las comunicaciones, profundizando en la correcta definición en torno a la familia de topónimos afines.

Entre el Cerro Domínguez, pausible ubicación de la Oreto iberorromana, y el de Los Obispos, con la vega del río Jabalón al Norte, se alza el santuario de Nuestra Señora de Oreto y Zuqueca, en el actual término municipal de Granátula de Calatrava (CNIG, 2002: Hoja 811, UTM ED-50: x=437720, y=4290600, Huso=30; IGE, 1887: Hoja 811; Lámina 02, Fig.02a).
El área tiene una ubicación privilegiada en el sistema de comunicaciones, ya que conforma una verdadera encrucijada de caminos y de vías pecuarias que unen el Alto Guadalquivir con la submeseta a través de los pasos de Sierra Morena y el Oeste peninsular con el Levante, favoreciendo su apertura a las corrientes culturales. En la zona se localizan además una serie de asentamientos agropecuarios de origen hispanorromano, situados en la fértil vega del Jabalón y articulados en torno al eje de comunicación entre los dos principales núcleos del territorio: la Caracuel romana (Carcuvium) y el propio Cerro Domínguez (Oretum). Las noticias correspondientes a restos arqueológicos en el entorno se remontan ya al siglo XVI, con el hallazgo en el cercano Cerro de Los Obispos de una lápida funeraria correspondiente a uno de los obispos de Oretum (VARIOS, 1600; HERVÁS, 1882); o la existencia del puente e inscripción romana de Baebio, sobre el Jabalón.
El yacimiento arqueológico de “Oreto y Zuqueca”, la Zuqueca de este artículo, se encuentra situado en el llano, al pie del Cerro Domínguez, en el actual santuario mariano homónimo (Lámina 01, Fig. 01c). Manifiesta éste una compleja evolución histórica, desde el siglo IV hasta la actualidad, seleccionando para el presente estudio el periodo comprendido hasta el siglo XII, en el que se suceden los tres topónimos mencionados por diversas fuentes para la zona (Oretum/Oreto, >Urîth< y Zuqueca).
Entre el siglo IV al VI, época plenamente romana, se mantiene el topónimo de Oretum Germanorum, o simplemente Oreto, como vestigio de su antecedente desde el siglo IV a.C al VI d.C, en el Cerro Domínguez y al que no nos referiremos en mayor profundidad, por escasez de espacio, pese a que Manuel Retuerce lo referencia, atestiguando en él presencia de cerámica islámica (RETUERCE, 1998: II, 18).
Del material encontrado en el interior del yacimiento no existen fuentes escritas que permitan su interpretación, salvo los testimonios obtenidos mediante las investigaciones arqueológicas realizadas desde 1996 a través de la financiación de la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Los restos in situ de mayor antigüedad pertenecen a una serie de tumbas, dispersas principalmente en la parte norte del yacimiento; restos de dos pequeños asentamientos de hábitat, uno localizado próximo al actual santuario, al Norte del mismo, del que se tiene escasa información, y otro más alejado, al Sur; aunque el testimonio material más importante de esa época es una pila bautismal por inmersión, fechada en el siglo IV, que ya indica la cristianización del lugar.
Se ha comprobado, por los materiales cerámicos encontrados, que el ocaso de los asentamientos descritos se inició, posiblemente, a finales del siglo IV, agravándose quizá en un momento ulterior con la amenaza de las invasiones godas, que debieron afectar al poblamiento rural. El pequeño hábitat meridional debió de quedar al menos semiabandonado, ya que no existe ninguna información documental ni material sobre una posible reocupación concreta de este espacio hasta mucho después.
Tampoco hay noticia que confirme la presencia visigoda hasta el III Concilio de Toledo, en el año 589, donde se menciona la existencia de Oreto como obispado. Las tierras de Oreto, y de toda la Oretania, quedaron dentro del área de influencia visigoda debido al carácter estratégico de la zona, con lo que Oreto se convirtió en parte del reino visigodo, aunque la población debió de seguir siendo mayoritariamente hispanorromana.
Queda confirmada la localización del obispado de Oreto como ciudad con sede episcopal por la aparición de la referida lápida funeraria, correspondiente al obispo Amador, encontrada a poca distancia del yacimiento, lo que es indicativo de la proximidad de la ciudad. Hoy en día ésta puede verse en la iglesia parroquial de la localidad.
Asimismo, resulta llamativo que Suavila o Suanila (según la fuente que se consulte), uno de los obispos conocidos, merced a su participación en el V y VI Concilio de Toledo, porte un nombre de ascendencia claramente visigoda, lo que podría evidenciar un control directo por parte de la nobleza visigoda de los cargos de mayor responsabilidad en el territorio, en detrimento de la aristocracia local; o bien, por el contrario, un fenómeno de fuerte asimilación cultural de esta última para perpetuarse en el poder, teniendo presente que el resto de obispos conocidos cuentan con nombre hispanorromano.
Pese a que la ciudad episcopal de Oreto aún no se ha localizado, las sucesivas campañas de excavaciones realizadas desde el año 1996, han puesto de manifiesto una necrópolis de esta época con cerca de 500 tumbas, de tipología muy variada. Siguiendo el modelo general, este cementerio se debió situar fuera de la ciudad, ocupando el espacio religioso y funerario de época romana. Entre los restos arquitectónicos localizados durante las excavaciones,
además de las tumbas señaladas, se ha excavado un gran edificio religioso-funerario de planta rectangular tripartita que, no sólo se superpuso y rompió las tumbas de época tardorromana, sino que también amortizó física y ritualmente la pila bautismal ya mencionada. El pequeño núcleo de hábitat existente al sur, ya irreconocible debido al prolongado abandono, perdió su identidad cuando las nuevas tumbas se superpusieron sobre los restos de sus muros y los rellenos producidos por los tapiales de las estructuras.
El hallazgo de una serie de tumbas colectivas de época visigoda, con los restos amontonados o incluso impregnados de cal, localizadas principalmente al norte del área excavada, debe de corresponder con las graves crisis documentadas de finales del siglo VII.
A pesar de la explicación generalista en torno al progresivo abandono urbano, o al menos olvido, en el que entraron las antiguas ciudades desde el siglo VII, se tiene constancia que el episcopado oretano subsistía aún en el siglo VIII, de modo que la ciudad seguía manteniendo su importancia y su nombre definía a todo el distrito.
En el siglo VIII, los primeros conquistadores musulmanes ocuparon las antiguas ciudades episcopales, buscando la asimilación entre el >´âmil< islámico y el obispo. En el caso de Oreto, las fuentes mencionan a la ciudad, tanto con el nombre de Oretum como con su transcripción al árabe > Urîth <, desprendiéndose de su atento análisis un posible asentamiento para esta zona de contingentes beréberes sobre un substrato hispanorromanovisigótico. En las excavaciones queda constatada la existencia de una primera serie de nuevas estructuras de hábitat, asentadas directamente sobre las tumbas de época visigoda, datables en la segunda mitad del siglo VIII, con un marcado carácter oficial, con un complejo palatino (Lámina 01, Fig. 01c) que incluye su correspondiente baño (>hammam<).
Entre los materiales hallados hasta el momento, destacan una serie de ollas-trípodes (GARCÉS et alii, 2009; Lámina 01, Fig. 01c), definidas como “elemento guía” para la época emiral en el contexto de los hallazgos efectuados en la zona giennense del Alto Guadalquivir (CASTILLO, 1998; SALVATIERRA & CASTILLO, 2000), rastreables también al sur de Toledo (CABALLERO et alii, 2003), y que corroboran indudablemente unas intensas relaciones entre ambas vertientes de Sierra Morena, basadas en vías de comunicación previas, justificando así la posible definición para esos momentos históricos de una epi-oretania.
Sobre estas primeras estructuras, a partir de la segunda mitad del siglo IX, coincidiendo con el cambio de capitalidad para el territorio, impuesto por Muhammad I con la refundación después del 854 de Calatrava la Vieja (Carrión de Calatrava, prov. Ciudad Real), se documenta en el yacimiento una segunda fase islámica, con la amortización de parte de las estructuras precedentes, y con la construcción de un amplio complejo de hábitat dotado también de elementos de representación, que mantiene en uso el baño. Entre los restos cerámicos asociados, siguen presentes las ollas-trípodes, junto a un conjunto datable en la segunda mitad del siglo IX.
La localización en el propio santuario de un arco de herradura islámico (Lámina 01, Fig. 01c), actualmente en avanzada fase de estudio por los autores, merced a la cofinanciación de la administración, evidencian la importancia del enclave.
Las medidas de Estado emprendidas por Muhammad I, con la mencionada pérdida de la capitalidad por parte de > Urîth < en beneficio de Calatrava la Vieja, conllevaron inevitablemente una nueva articulación en importancia de la red de comunicaciones. La antigua ruta utilizada entre la metrópolis cordobesa, el valle del Guadiana y Toledo, atravesando Sierra Morena por los pasos del Alto Guadalquivir, se desplazó hacia Poniente, reforzándose el tramo del eje axial Peninsular que unía Córdoba, por el Valle de Alcudia y Caracuel, con la ciudad de Calatrava la Vieja, su vado sobre el Guadiana, en busca de Toledo, sin necesidad de desviarse hacia el Este por la otrora capital oretana: Zuqueca.
A pesar de la rearticulación de las comunicaciones, el hecho constatado es que Zuqueca siguiría manteniendo un importante rango a otro nivel: en el área septentrional del paso hacia tierras giennenses, franqueando uno de los vados posibles sobre el Jabalón. La ubicación próxima de los castillos de Salvatierra, primero, y posteriormente del de Calatrava la Nueva, junto con la localización sobre el Cerro Domínguez de una pequeña fortificación medieval, deficientemente estudiada; la descripción de las grandes campañas militares de Alarcos o las Navas de Tolosa; o la presencia de topónimos, como “Cañada de la Plata” o “La Calzada” (Calzada de Calatrava, prov. Ciudad Real), así lo evidencian hasta finales de la Edad Media.
El significado del topónimo en árabe, teniendo presente el análisis y evolución de las distintas grafías analizadas, desde sus primeras menciones en fuentes andalusíes hasta época moderna, la correspondencia del conjunto de enclaves estudiados con vías de comunicación, cuyas noticias se remontan en su mayoría a época romana, y la constatación de la difusión del topónimo árabe no sólo por la geografía nacional, corrobora, como adelantábamos a título de hipótesis al principio de este estudio, la identificación del mismo con el diminutivo árabe de >sikka<, con el valor de camino con carácter secundario, atajo, desvío o caminejo, en contraposición a los caminos con mayor entidad, vías o calzadas principales de época islámica, herederos todos ellos en buena medida de anteriores vías de comunicación en la zona central de la Península. Sin descartar que, por supuesto, al estar refiriéndose a un punto
concreto de dichas vías de comunicación, designen paralelamente, y por extensión, un lugar de especial referencia en el itinerario caminero de las mismas, coincidente con un enclave de la época con posibilidades de fácil aguada y con la existencia de vados en los cauces señalados, y no una “callejuela” o “zoquillo”.
Aplicando las teorías en torno a la articulación de las comunicaciones en época islámica expuestas por Juan Zozaya (ZOZAYA, 1987: 219 y ss; Lámina 03, Fig. 03a), al que agradecemos también desde estas líneas su infinita paciencia ante las dudas que se han ido suscitando durante la redacción del presente artículo; su situación geográfica, junto a la entidad y evolución de los restos arqueológicos hallados; y la relación con el poblamiento circundante, el enclave del actual yacimiento de “Oreto y Zuqueca” pasó de ser un punto caminero de primera magnitud, en tiempos de la > Urîth < islámica, a ser un elemento referencial de segundo orden en el camino, ya en época medieval cristiana, eclipsada por la proximidad de los castillos de Salvatierra, primero, y Calatrava la Nueva, después, a principios del siglo XIII, pasando posiblemente a denominarse Zuqueca, en algún momento, con posterioridad a mediados del siglo IX o ya entrado el X.
Recordar que podéis leer el documento completo en Microsoft Word – azuqueca09pdf.doc (biblioarqueologia.com)
De la Economía de Mercado a la Economía de las PersonasCon la noticia de que Amartya Sen va a recibir el premio Príncipe de Asturias, y dado que fue fuente de Inspiración, he rescatado el libro que en su momento escribí.
Gracias, por fomentar la cultura y hacer valer el patrimonio artístico, y preservar el medio ambiente.
Gracias por rescatar del olvido edificios, libros y documentos.
Gracias por inculcar a los niños el amor al arte y a la naturaleza.
Gracias por promover la lectura del Quijote y hacer posible que el ingenioso hidalgo y su escudero cabalguen de nuevo por la imaginación de los lectores.
Gracias por mantener vivas las tradiciones al tiempo que se abren las puertas del futuro a través de las páginas de Internet.
Gracias, en definitiva, por hacer cultura y difundirla y por mantener viva la memoria y arrancar de los brazos polvorientos del olvido los restos de la grandeza que en la antigüedad tuvo este pueblo.
Un pueblo situado en “un maar de culturas”. Vivís, como sabéis, en un cráter explosivo volcánico de 2 kilómetros de diámetro, afortunadamente dormido desde hace muchos siglos, que en su día produjo violentas explosiones por la interacción del magma en ebullición con la existencia de acuíferos.

Y este volcán terrible, como otros en la zona, resultó ser, pasado el tiempo, providencial y benéfico porque de él surgió una tierra fértil, junto al río Jabalón y en torno a grandes lagunas: las lagunas de Valdeleón.
Ese contexto geográfico, hizo que desde siempre Granátula, que significa granero, por la abundancia de los cereales, fuera asentamiento elegido por múltiples culturas que se disputaron este lugar.
Desde el Neolítico, hombres y mujeres vivieron, amaron, trabajaron la tierra y apacentaron sus ganados en los verdes pastos de esta tierra.
Generaciones y generaciones, con culturas distintas y lenguas diferentes y de procedencias lejanas y creencias variopintas hicieron de este lugar su casa, su hogar.
Aquí también nacieron sus hijos y enterraron sus muertos. Y celebraron sus fiestas.
Unas fiestas que están en el alba de los tiempos.
Dice el filósofo José Antonio Marina, que cuando los humanos quisieron sacralizar el espacio construyeron templos y cuando quisieron sacralizar el tiempo, instituyeron fiestas.
Por eso, sobre las festividades paganas, se instituyeron las festividades religiosas y sobre las religiosas, las laicas.
Y en Granátula, esas fiestas paganas y luego religiosas han ido sucediéndose desde siempre, porque Granátula es una encrucijada de culturas que han ido superponiéndose a lo largo del tiempo.

En el Cerro de la Encantada, o de los Castillejos, a 3 kilómetros al norte de Granátula, hay yacimientos de la Edad del Bronce que datan de 2.000 años antes de Cristo. Allí, hubo una gran acrópolis, una ciudad que tuvo también su necrópolis, en la que se enterraba a los muertos junto a sus ajuares funerarios, lo que evidencia la creencia de vida después de la muerte y ritos funerarios de contenido religioso.
Pero será sobre todo en época romana cuando estas tierras alcancen una extraordinaria importancia. Y es que, ya sabéis, en el Cerro de los Obispos y sus alrededores se levantó, imponente y altiva, la capital de la Oretaria, llamada Oretum. Oreto fue una pujante y activa ciudad, situada en un estratégico cruce de caminos, donde se juntaban dos de las más importantes calzadas romanas:
Y ambas calzadas, para atravesar el Jabalón, utilizaron un gran puente edificado por Publio Venusto a finales del siglo I y compuesto de 3 ojos en el cauce central y otros siete en los cauces secundarios.
Gracias a su privilegiada situación, a la fertilidad de su vega y a sus abundantes pastos, Oretum tuvo una gran importancia económica, militar y comercial.
Tuvo importantes edificios públicos. Como un circo, lo que evidencia la existencia de una población muy numerosa. Una gran necrópolis y un templo dedicado a Proserpina, la diosa de la Agricultura, hija de Júpiter y Ceres y esposa de Plutón, el dios de los Infiernos.

Después de la dominación romana, Granátula siguió teniendo importancia. En la época visigoda, Oreto fue sede episcopal. En el llamado “Cerro de los Obispos” muy cerca de la ermita de Zuqueca, se han localizado los yacimientos correspondientes a aquella época, entre ellos, lo que parecen ser restos de una basílica.
Y después del esplendor llegó la destrucción. Muchos autores creen que Oreto fue arrasada por la invasión musulmana en el 711. Y sobre la devastación volvió a surgir otra población musulmana llamada Urit, que fue ocupada entre los siglos VIII y X. Una población que debió también tener su importancia, puesto que contó con una fortaleza y baños. Eran baños públicos que tenían una finalidad no sólo higiénica y terapéutica sino también social y religiosa.

Tras al victoria de las Navas de Tolosa, las tropas cristianas ocuparon este lugar y habitaron una población llamada Zuqueca que significa “lugar de ruinas”. De este periodo, finales del S. XIII nos queda la preciosa talla gótica de la Virgen de Zuqueca.
La ciudad de Zuqueca, tuvo una corta duración y quedó despoblada en el S. XV. Sus habitantes pasaron a Granátula que quedó incluida en las vastas posesiones de la Orden de Calatrava. Tras la incorporación a la Corona quedó unida a Almagro como una aldea, hasta que el 3 de marzo de 1712, obtiene el privilegio de Villa tras el pago de 4.000 ducados, 1.250 fanegas de cebada y 30 caballos que el pueblo de Granátula hizo a Felipe V.
Amigos y amigas esto esta resultando ser una lección de historia. Pero permitidme la licencia, porque creo que es muy importante que conozcamos nuestras raíces.
“El futuro depende del pasado y el presente no se hará a partir de la nada”, escribe Pierre Villar.
En gran medida, somos lo que otros fueron y otros serán lo que nosotros seamos.
Por eso es importante que en fiestas y a lo largo del año pongamos en valor nuestra historia, nuestras tradiciones.
Pisamos una tierra mágica, fértil y volcánica, donde Proserpina volcó sus dones.
Una tierra que ha dado grandes hombres y mujeres. Como el General Baldomero Espartero. El hijo de un humilde carretero que pudo haber sido Rey de España. El, que acumuló honores y títulos como el de duque de la Victoria, fue reclamado por el pueblo para ceñir la corona, frente a otros candidatos.

ESPARTERO, Baldomero (1793-1879). Spanish military man and liberal politician. Painting. SPAIN. CASTILE-LA MANCHA. Toledo. Army Museum.
Decía una copla popular:
“Dichosa sería España
bajo demócrata mando,
altiva no tolerando
la corona en sien extraña;
de los Borbones la saña
olvidar nunca sabemos
Montpensier no lo queremos,
Espartero es popular,
Rey lo queremos alzar
o sin Rey nos quedaremos”.
Pero Baldomero Espartero renunció y la prensa de la época dejo escrito:
“Don Baldomero Espartero ha renunciado al honor de ceñirse la corona de cien reyes. Por algo se ha dicho que este general era una persona decente, un español honrado y un político consecuente”.
Defendiendo la cultura de Granátula, y a sus habitantes e hijos, sean nacidos allí o no.
Juan Jesús Donoso Azañón
Y se me hizo la boca agua, rememorando el sabor de las «gachillas», viendo a este Calatravo haciéndolas. Si fuéramos franceses le diríamos pudding con aroma de chorizo y panceta. Una diferencia en la receta, le echa pimentón, y nosotros preferimos «freir» un guindillón y machacarlo, dándole ese sabor tan característico.
Y compartimos que en Corral de Calatrava se junta el Guadiana con el afluente, el Jabalón, que atraviesa mi pueblo e incluso hay una presa llamada «Vega del Jabalón».
Y bueno os dejo las cantidades a usar, de unos productos muy sencillos y baratos, medida por persona:
Y para que queden buenas deben follar adecuadamente, esos volcanes que surgen y que nos dan idea de la textura y finura con la que han quedado cocinadas.
Os dejo al padre elaborándolas.
En este año tan especial por el Covid, y dado que no he podido hacer las fotografías habituales de las Cruces y de la Santa Cruz, os dejo el video que ha elaborado el Ayuntamiento de Granátula de Calatrava.
Segunda parte de esta banda sonora… con resumen de Don Quijote
Os dejo esta magnífica obra, con banda musical, haciendo un recorrido por la parte primera de Don Quijote de la Mancha.